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La Corte Suprema de
Justicia de Honduras
está inhabilitada para
procesar a los genocidas
del 5 de julio, pues los
supremos magistrados
fueron los principales
cómplices del aparato
militar activado para
derrocar al presidente
Zelaya. El golpe
troglodita estalló para
impedir que Manuel
Zelaya ejecute su plan
de eliminar una base
militar norteamericana
que opera
anacrónicamente en
territorio hondureño. El
terrorismo de la CIA no
puede seguir impune tras
tantas décadas de
desestabilización del
futuro latinoamericano.
Honduras nos dice que es
hora de la justicia
continental.
“Un
golpe jurásico”.
Así lo definió el
periodista cubano Fidel
Díaz Castro. Y será tan
breve como el cuento de
Monterroso, aquel acerca
del inmutable
dinosaurio. Deberá ser
también, entonces, el
último dinosaurio. Pero
este brutal retorno a
las cavernas deja una
huella irracional de
dolor y muerte, trae
llanto y luto en
humildes e inocentes
familias hondureñas.
Volver a la paz
democrática no será
posible al margen del
camino de la justicia,
que es el único camino
iluminado por la
esperanza de un pueblo
que dio su sangre para
resistir al último
dinosaurio y hacer que
el reloj de la historia
no se detenga. Los
humanos les debemos
honra y gratitud a las
víctimas de Honduras por
haberle dado cuerda a
ese reloj.
Honduras resultó ser,
para Latinoamérica, lo
que Pando para Bolivia:
el eslabón más débil.
Allí tiene su feudo la
reacción más
reaccionaria de estos
tiempos, allí está el
bastión del capitalismo
más corrupto y el
sometimiento más servil;
y desde allí el último
dinosaurio quiere volver
a poblar nuestro
continente.
Eva Golinger
desenmascaró con
implacable transparencia
las motivaciones del
golpe del 28 de junio:
“Estados Unidos mantiene
una base militar en Soto
Cano, ubicada a 97
kilómetros de la
capital, operativa desde
el año 1981, cuando fue
activada por el gobierno
estadounidense durante
la administración de
Ronald Reagan. En los
años ochenta, Soto Cano
fue utilizada por el
Coronel estadounidense
Oliver North como una
base de operaciones de
la ‘contra’, las fuerzas
paramilitares entrenadas
y financiadas por la
Agencia Central de
Inteligencia (CIA)
encargadas de ejecutar
la guerra contra los
movimientos
izquierdistas en
Centroamérica, y
particularmente contra
el gobierno sandinista
de Nicaragua. Desde Soto
Cano, la ‘contra’
lanzaba sus ataques
terroristas, escuadrones
de muerte y misiones
especiales que dieron
como resultado miles de
asesinatos,
desaparecidos,
torturados, lisiados y
aterrorizados en
Centroamérica.
La base de Soto Cano es
la sede de la ‘Fuerza de
Tarea Conjunta Bravo’ (JTF-B)
de Estados Unidos,
compuesta por efectivos
del ejército, las
fuerzas aéreas, fuerzas
de seguridad conjuntas y
el primer
batallón-regimiento
número 228 de la
aviación estadounidense.
Son aproximadamente 600
personas y 18 aviones de
combate, incluidos
helicópteros UH-60
BlackHawk y CH-47
Chinook. Soto Cano
también es la sede de la
Academia de la Aviación
de Honduras. Más de 650
ciudadanos hondureños y
estadounidenses viven
dentro de las
guarniciones de la base.
En 2005, se empezaron a
construir viviendas
dentro de la base,
incluidos 44 edificios
de apartamentos y varias
residencias para las
tropas.
La Constitución de
Honduras no permite
legalmente la presencia
militar extranjera en el
país. Un acuerdo ‘de
mano’ entre Washington y
Honduras autoriza la
importante y estratégica
presencia de los cientos
de militares
estadounidenses en la
base, por un acuerdo ‘semi-permanente’.
El acuerdo se efectuó en
1954 como parte de la
ayuda militar que
Estados Unidos ofrecía a
Honduras. Todos los
años, Washington
autoriza cientos de
millones de dólares de
ayuda militar y
económica a Honduras,
que es el tercer país
más pobre del
hemisferio. Este acuerdo
que permite la presencia
militar de Estados
Unidos en el país
centroamericano puede
ser retirada sin aviso.
El 31 de mayo de 2008,
el presidente Manuel
Zelaya anunció que Soto
Cano (Palmerola) se
utilizará para vuelos
comerciales
internacionales. La
construcción de la
Terminal civil se
financió con un fondo
del ALBA (Alianza
Bolivariana para las
Américas).
El comandante de la
aviación de Honduras,
general Luis Javier
Prince Suazo, estudió en
la famosa Escuela de las
Américas de Estados
Unidos en 1996. El jefe
del estado mayor
conjunto, general Romeo
Vásquez, destituido por
el presidente Zelaya el
24 de junio por
desobedecer sus órdenes,
y luego actor principal
en el golpe militar
pocos días después,
también es graduado de
la Escuela de las
Américas. Los dos altos
oficiales hondureños
mantienen relaciones muy
estrechas con el
Pentágono y las fuerzas
militares
estadounidenses en Soto
Cano”.
Más claro agua.
Desactivar los cuarteles
del Pentágono en la base
de Soto Cano no solo
implica expulsar a un
invasor del suelo
hondureño, sino también
afectar intereses
económicos y
empresariales que medran
del sucio negocio de la
guerra, del mercado
negro de la guerra
sucia, donde el chantaje
y la corrupción hacen al
ejercicio del poder.
La agresión inferida al
presidente Zelaya por
parte de estas oscuras
fuerzas no es una ofensa
al pueblo de Honduras
solamente; es una
afrenta a toda América
Latina, donde la
democracia se transforma
y se radicaliza
rompiendo exclusiones e
integrando a los
pueblos.
Integración democrática
El 23 de mayo del 2008,
en Brasilia, se firmó el
Tratado Constitutivo
de la Unión de Naciones
Sudamericanas (Unasur)
que compromete a 12
países sudamericanos
(incluyendo Guyana y
Suriname) en un proceso
de integración que se
proyecta hacia la
conformación de un
bloque mayor uniendo a
Sudamérica con
Centroamérica y el
Caribe.
La fragua de los cambios
democráticos en el
continente está
convirtiendo a
Unasur en un
referente sin
precedentes para los
pueblos
latinoamericanos. Junto
a la Alternativa
Bolivariana para América
Latina y El Caribe (Alba),
la Comunidad Andina , el
Grupo de Río y el
Sistema de Integración
Centroamericana (Sica),
Unasur ha
arrastrado tanto a la
OEA como a la mismísima
ONU, sin olvidar a la
Comunidad Europea ,
hacia una vigorosa
corriente mundial que
aisló a los cavernarios
atrincherados en
Honduras.
Con trece meses y unos
cuántos días de
existencia formal,
Unasur ya es un
espacio irreversible
para la integración
latinoamericana como
parte de las emergentes
construcciones
democráticas. Si bien en
este proceso integrador
pueden existir
susceptibilidades
producidas por ciertos
hegemonismos,
discutibles o no, lo
cierto es que a partir
de Honduras este
organismo está
predestinado a ser un
bastión de la nueva
democracia
latinoamericana, esa que
exige con voz universal
que Manuel Zelaya sea
restituido en la
Presidencia de su país.
La actitud errática y
desafiante de los
golpistas hondureños
enceguecidos por su
sumisión al Pentágono y
la CIA , ha producido
muertes y violaciones a
los derechos humanos, es
decir crímenes de la
lesa humanidad, que
merecen el juicio del
continente que repudia y
resiste al unísono la
barbarie infringida
sobre nuestra pobre
Honduras por la fuerzas
del pasado.
“Si el jefe de la
estación de la CIA no
sabía que los militares
hondureños preparaban
una asonada contra
Manuel Zelaya, debe ser
despedido por Leon
Panetta, el director de
la Agencia Central de
Inteligencia. Y si este
mismo espía con base en
Tegucigalpa conocía los
intentos de los
generales de Honduras de
derrocar al mandatario
de ese país y no hizo
nada para evitarlo,
debería ser despedido
por el presidente Barack
Obama”, escribe Agustín
Alcalá en un lúcido
comentario titulado “Los
fantasmas del pasado”.
Después de la Segunda
Guerra Mundial, el
concierto de naciones
que combatió a Hitler
dando lugar al
nacimiento de la ONU ,
afirmó la victoria de la
democracia sobre el
fascismo enjuiciando a
los criminales nazis en
un tribunal
internacional. Los
juicios de Nuremberg son
el precedente inmediato
de los principios
consagradas en la Carta
Universal de los
Derechos Humanos que,
desde 1948, rige para
todos los Estados
miembros de las Naciones
Unidas.
El Holocausto hitleriano
abrió una polémica
acerca de la necesidad
de someter los crímenes
de guerra a una
jurisdicción universal,
independientemente del
país en que estos se
hubieran cometido. La
ola de tribunales
internacionales para
procesar crímenes de
lesa humanidad que no
solamente se perpetran
en guerras
convencionales sino
también en conflictos
internos (cortes de
Luxemburgo, Tokio,
Russel, etcétera),
motivó que la ONU
establezca el
Tribunal Penal
Internacional (TPI)
que debutó procesando
los crímenes cometidos
entre serbios y croatas
durante la guerra de los
Balcanes, así como las
matanzas en Sierra Leona
y Ruanda durante los
años 90. Esta
jurisdicción todavía
anda en construcción.
El TPI de la ONU
tiene su sede oficial en
la ciudad holandesa de
La Haya ; pero sus
estatutos establecen que
este órgano judicial
podrá sesionar en el
territorio de cualquier
Estado signatario.
Un TPI para el Sur
Todos los países
integrantes de
Unasur son
signatarios del TPI, y
existe esa cobertura
formal para que en
aplicación de aquel
estatuto judicial de la
ONU , y en ese marco
global, los países
latinoamericanos puedan
conformar un Tribunal
Penal del Sur (TPS) para
enjuiciar a los
golpistas de Honduras.
Aquella necesidad de
territorializar en
nuestros países los
mecanismos del TPI, a
través de
Unasur, se hace
más apremiante al
constatar que un juicio
a los golpistas en
jurisdicción de
Honduras, podría tener
los mismos resultados
del interminable juicio
a Pinochet en Chile o lo
que fue peor con la Ley
del Punto Final que
premió con la impunidad
a los militares
golpistas argentinos. En
Honduras de Micheletti
los magistrados de la
Corte Suprema de
Justicia prevaricaron
contra Zelaya y
prácticamente ordenaron
el golpe militar del 28
de junio al dictar una
sentencia a favor del
general títere de la CIA
, quien usó esa
“legalidad” para ordenar
abrir fuego en los
luctuosos hechos del
domingo 5 de julio,
cuando se impidió el
arribo de Zelaya a
Tegucigalpa.
El gorila Romeo Orlando
Vásquez, su títere civil
Roberto Micheletti,
además de los políticos
oligarcas y los jueces
venales de Honduras,
junto con los agentes de
la CIA , deberán
comparecer ante un
Tribunal Penal
organizado por
Unasur en los
marcos del estatuto
judicial de la ONU.
El caso de Honduras abre
la posibilidad de
iniciar un proceso de
justicia contra los
asesinos, al mismo
tiempo que ese proceso
afianzará la
institucionalidad
integradora de
Unasur.
El primer paso para la
conformación de este
Tribunal Penal del Sur
deberá consistir en la
incorporación de
Honduras, y de todos los
demás países de la
región que aún
permanecen al margen,
como Estado asociado de
Unasur en
conformidad de los
artículos 19 y 20 del
Tratado Constitutivo de
esta Unión Sudamericana
de Naciones.
La necesidad y
factibilidad de
conformar un específico
órgano jurisdiccional
para enjuiciar a esos
advenedizos dinosaurios
que osen cometen
crímenes contra la
humanidad en
Latinoamérica, está
plenamente amparada por
un postulado en el
preámbulo del Tratado
Constitutivo de
Unasur, donde se
afirma que:
“ La Unión de Naciones
Suramericanas tiene como
objetivo construir, de
manera participativa y
consensuada, un espacio
de integración y unión
en lo cultural, social,
económico y político
entre sus pueblos,
otorgando prioridad al
diálogo político, las
políticas sociales, la
educación, la energía,
la infraestructura, el
financiamiento y el
medio ambiente, entre
otros, con miras a
eliminar la desigualdad
socioeconómica, lograr
la inclusión social y la
participación ciudadana,
fortalecer la democracia
y reducir las asimetrías
en el marco del
fortalecimiento de la
soberanía e
independencia de los
Estados”.
Estos principios
rectores de la
integración
latinoamericana con
autonomías, que son los
principios rectores de
la democracia en sí, han
sido violados por los
militares y políticos
golpistas en Honduras
bajo la intervención
imperialista. El
Tribunal Penal del Sur
es una necesidad urgente
para liquidar de una vez
por todas al breve
dinosaurio.
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