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¿El Presidente Obama es
inocente, en los
acontecimientos que se
desarrollan en Honduras,
en particular, en el
golpe de Estado del
ejército hondureño que
terminó con el rapto y
deportación forzada del
Presidente
-democráticamente
elegido- Manuel Zelaya?
Obama denunció el golpe
y exigió que se honraran
las normas de la
democracia. Con todo,
siguen quedando una
serie de preguntas
inquietantes.
Primero, casi todos los
oficiales superiores del
ejército hondureño que
participaron en el golpe
de Estado son diplomados
de la Escuela de
Américas, creada por el
Pentágono (y que muchos
de nosotros calificamos
de “Escuela de
asesinos”). El ejército
hondureño, aconsejado,
equipado, adoctrinado y
financiado por el Estado
de Seguridad Nacional de
los Estados Unidos.
Generales que nunca
habrían atrevido moverse
sin el consentimiento
tácito de la Casa-Blanco
o el Pentágono y de la
CIA.
En segundo lugar, si
Obama no está
directamente implicado,
en ese caso, podemos
reprocharle por no tener
un control firme de los
agentes americanos que,
ellos, están
absolutamente implicados
en el asunto. El
ejército americano
estaba informado del
asunto, y los servicios
de información militares
americanos también, por
tanto tendrían que haber
informado de los hechos
a Washington. ¿Por qué
la gente de Obama que
había comunicado con los
autores del golpe de
Estado no habló? ¿Por
qué no revelaron y
denunciaron el asunto,
lo que habría permitido
hacer fracasar
completamente sus
planes? En vez de eso,
los Estados Unidos se
callaron a este respecto
y su silencio tuvo como
efecto omisión por
complicidad, aunque la
intención no fuera esa
al principio.
Tercero, inmediatamente
después del golpe de
Estado, Obama declaró
que se oponía al uso de
la violencia para operar
un cambio y que a las
partes implicadas en
Honduras les
correspondía solucionar
sus desacuerdos. Sus
observaciones
constituían una
respuesta más tibia y
más obstruida a un golpe
organizado por
gángsteres.
En cuarto lugar, Obama
nunca se espero que
hubiera tal escándalo
con respecto al golpe de
Estado en Honduras. No
se aceleró congregar las
protestas contra los
autores del golpe hasta
que resultó evidente que
la oposición a los
golpistas era casi
universal en América
Latina y en otros
lugares en el mundo.
Quinto, Obama no ha
dicho nada sobre los
numerosos otros actos de
represión que
acompañaron el golpe y
que han sido perpetrados
por el ejército y la
policía hondureños:
raptos, palizas,
desapariciones,
agresiones contra
manifestantes, cierre de
Internet y supresión de
algunos de los pequeños
medios de comunicación
críticos que existen en
Honduras.
Sexto, como me lo
recordaba James Petras,
Obama se negó a
entrevistarse con el
Presidente Zelaya.
Detesta a Zelaya sobre
todo debido a sus
estrechos lazos
políticos e inesperados
con Hugo Chávez, el
Presidente venezolano.
Y, debido a sus
esfuerzos reformistas
igualitarios, Zelaya es
odiado por los oligarcas
hondureños, los mismos
que, desde hace muchos
años, fueron próximos a
los constructores del
imperio americano a
quienes sirvieron
espléndidamente.
Séptimo, según una ley
aprobada por el Congreso
nortemericano, a todo
país cuyo Gobierno
democrático ha sido
víctima de una
intervención militar
debe negársele la ayuda
militar y económica de
los Estados Unidos.
Obama todavía no ha
suprimido la ayuda
militar y económica a
Honduras como es
supuesto hacerlo de
acuerdo con esta ley.
Quizá, este es
–efectivamente- el dato
más importante relativo
al campo del cual él es
favorable.
Como Presidente, Obama
tiene una influencia
considerable y cuenta
con recursos inmensos
que habrían podido hacer
fracasar a los autores
del golpe y que podrían
-por otra parte- todavía
aplicarse contra ellos,
con un efecto evidente.
En la actualidad, su
posición a propósito de
Honduras es demasiado
suave y demasiado
tardía. Como es en
realidad, el mismo caso
con un excesivo número
de cosas que emprende.
Entre las recientes
obras de Parenti
figuran: Contrary
Notions (City Lights); y
God and His Demons (Prometheus,
a punto de aparecer).
Para más amplia
información, visitan su
sitio Internet:
www.michaelparenti.org.
*Traducido
por Patricia Parga Vega
para Investig'Action. |