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Una noticia me llamó
mucho la atención este
domingo, al llegar a mi
puesto de trabajo para
iniciar la crónica del
retorno del depuesto
presidente José Manuel
Zelaya, un colega se
apareció en mi chat y me
pasó unas declaraciones
que realizó el canciller
impuesto por el gobierno
de facto hondureño,
Enrique Ortez Colindres,
que decían lo siguiente.
“Dejad a los hondureños
que resuelvan sus
problemas. Ellos
permiten lo que sea. Ya
Estados Unidos no es el
defensor de la
democracia. En primer
lugar, el presidente de
la República, que lo
respeto, el negrito, no
conoce dónde queda
Tegucigalpa. Nosotros
somos los que conocemos
dónde está Washington y
somos los obligados como
país pequeño, un pigmeo
democrático, a
aclararles las
concepciones y a leerle,
tal vez en su idioma, lo
que está pasando”.
Lo que me pregunto es si
Ortez habla solo.
Horas después, los
colegas Cristina
González y Hernán Cano
entrevistan al sociólogo
James Petras en la
emisora YVKE Mundial de
Caracas.
Petras no se plantea la
discusión en los mismos
términos que propongo en
esta nota, él critica
abiertamente a Obama por
no romper relaciones con
los golpistas, y por no
imponer sanciones
comerciales, pero me
robo parte de sus
declaraciones para
utilizarlas en pro del
interrogante que plantea
esta nota.
Dice Petras: "Bueno,
por lo menos veamos los
indicadores concretos.
Primero, el embajador
norteamericano sigue
allá. Segundo, los
generales, mayores y
coroneles
estadounidenses
estacionados en la base
de Honduras siguen en
contacto con los
asesinos como si fuera
una cosa rutinaria.”
Me vuelve la pregunta de
antes.
¿Ortez habló solo?
Obama no habrá sido del
todo tajante, pero el
lunes 29 de junio dijo
que el gobierno de
Michelleti era ilegal y
que el único presidente
que reconocía EEUU era
Zelaya.
¿Fue una declaración de
condena real o una
actuación para las
cámaras?
No estoy seguro, pero al
día siguiente las
agencias internacionales
informaron que Estados
Unidos había decidido
suspender sus
actividades militares
conjuntas con Honduras
como medida de presión
tras
el golpe de Estado
.
Esta noticia era
interesante, pero al día
siguiente el periodista
Walter Martínez informó
en su programa Dossier
-que transmiten
Venezolana de Televisión
y Telesur- en Venezuela,
que esta orden había
sido desacatada.
Eso fue el miércoles
posterior al golpe del
domingo 28 de junio.
Cuatro días después leí
declaraciones de otro
periodista venezolano
-quien fue
vicepresidente de
Chávez- y que suele
tener muy buena
información.
Rebotada por la Agencia
Bolivariana de
Información, la noticia
era la siguiente:
“El periodista José
Vicente Rangel denunció
este domingo que en
Honduras actuaron dos
líneas políticas de
Estados Unidos antes de
que se fraguara el golpe
de Estado contra el
presidente
constitucional de ese
país, Manuel Zelaya.
‘En Honduras se hicieron
presentes dos niveles de
la política del gobierno
norteamericano, una
proveniente de la Casa
Blanca y otra de la
maquinaria que dejó
montada la
administración de George
W. Bush a través de la
base militar implantada
en la población
hondureña de Palmarola’,
sostuvo.
Rangel explicó que las
razón es que en la
madrugada del domingo 28
de junio dos importantes
funcionarios del
Departamento de Estado,
James Steimberg y Tom
Shannon, contactaron la
embajada estadounidense
en Tegucigalpa y la base
militar que tiene ese
país en la población
hondureña de Palmarola
para advertir del golpe
y disuadir cualquier
intento de apoyo.
‘En Honduras operaría,
además del Departamento
de Estado, la línea del
Pentágono a través de la
base militar cuyo jefe,
el general Douglas
Fraser, días antes del
golpe en ese país hizo
declaraciones contra el
presidente (Hugo)
Chávez, las cuales
asumió de inmediato el
gobierno usurpador de
(Roberto) Micheletti’,
comentó Rangel.
Indicó que fue por esa
situación que el
embajador
estadounidense, Hugo
Llórens, se vio forzado
a pronunciarse en contra
de lo ocurrido, con
reservas al principio y
luego en forma más
categórica.”
Otra vez la pregunta.
¿Por boca de quién habló
Cortez?
Robert Gates es el
secretario de Defensa de
Estados Unidos, Obama le
mantuvo el puesto que su
antecesor George W. Bush
le había confiado en
2006. Su función clave
es vencer en la guerra
de ocupación en
Afganistán y Pakistán,
para lo que la
administración de Obama
está dispuesta a seguir
bombardeando
indiscriminadamente a
sus pueblos, como ya lo
ha demostrado.
En octubre de 2007,
Gates declaró desde El
Salvador que Chávez “es
una amenaza para la
libertad y prosperidad
económica de los
venezolanos.”
Durante la década del
’80, Gates fue el
subdirector de la CIA,
la época en la que
Honduras era una base de
operaciones para la
inteligencia
estadounidense, que
mantenía una guerra de
alta intensidad para
derrocar a los
sandinistas en
Nicaragua.
La presencia
estadounidense (con base
y 600 soldados hasta
hoy) en Honduras
permanece, y dudo mucho
que los contactos entre
los militares de ambos
países y Gates puedan
haber desparecido.
También es imposible
pensar que Gates no esté
congratulado con el
golpe de Estado que
afecta al ALBA y a
Chávez directamente.
Una vez más la pregunta.
¿Habló solo Cortez?
Repito y repito esta
pregunta porque esa
declaración racista e
irrespetuosa es
prácticamente inédita en
la historia golpista del
continente, y que no
surjan represalias más
llamativo aún.
Petras confirma que “los
generales, mayores y
coroneles
estadounidenses
estacionados en la base
de Honduras siguen en
contacto con los
asesinos como si fuera
una cosa rutinaria.”
Walter Martínez informa
que la orden de
suspender la ayuda
militar fue desoída y
Rangel revela que
diplomáticos de Obama
debieron llamar a
Tegucigalpa para que
EEUU quedé despegado del
golpe, y que el
embajador Llórens se vio
“forzado” a declarar
contra la intentona.
Todo parecería indicar
que hay un doble poder,
tal vez el embajador
Llórens, el Pentágono y
probablemente el
secretario Gates, estén
de acuerdo en que Obama
“es un negrito que no
sabe dónde queda
Tegucigalpa” y en que
“Estados Unidos ya no es
el defensor de la
democracia” y “permite
lo que sea”.
Tal vez alguna línea de
poder le transmitió a
Cortez la seguridad
necesaria, o la luz
verde para que se
dirigiera al Presidente
de Estados Unidos en
esos términos sin el
temor a sufrir la
represalia
correspondiente, que yo
pensaría que es el
derrocamiento del
gobierno golpista.
Por qué no podría
concluir esto este
periodista, si esta idea
acerca de Obama es la
que promueve todo el
tiempo Richard Cheney,
el ex vicepresidente de
Bush, que
permanentemente declara
los mismos conceptos que
Cortez con diferentes
palabras. Y Gates era
uno de los principales
funcionarios de Bush y
Cheney.
Es cierto que Obama
sigue atacando
Afganistán y Pakistán,
pero no sé si podría
dejar de hacerlo sin ser
derrocado. Es cierto que
mantuvo a Gates, y todo
pareciera indicar que
podría haberlo removido
sin que esto le
represente represalias,
pero no me animaría a
afirmarlo de manera
tajante.
También es cierto que
algunas cuestiones
cambiaron en materia de
política exterior
estadounidense y eso
puede tener muy molestos
a muchos
ultraconservadores
acostumbrados a detentar
el poder en Washington.
De hecho lo tiene muy
molesto a Cheney, y
entonces me permito
pensar que para el viejo
lobo de operaciones de
inteligencia y
desestabilización de la
guerra fría, Robert
Gates, tampoco le caerá
bien el negrito.
Pareciera ser que esto
mismo es lo que piensa
la presidenta argentina
Cristina Fernández de
Kirchner, quien en la
madrugada del pasado
domingo declaró lo
siguiente en la Asamblea
Extraordinaria de la OEA
en Washington.
Cristina es una mujer
inteligente, recomiendo
prestarle atención:
“ Creo también, esto
corre por cuenta
exclusivamente de quien
habla, que también hay
aquí atrás otros
intereses, intereses que
tal vez quieran torcer
el rumbo que ha
comenzado a tomar el
conjunto de la América
como por ejemplo en
Trinidad y Tobago
(Cumbre de las Américas)
donde pudimos volver a
dialogar y a intentar
tener una relación
diferente. Yo no soy
ingenua y creo que no
solamente el ataque es a
Ud. presidente Zelaya, o
a la República de
Honduras, tal vez hay
una estrategia más fina,
mas profunda que no
solamente involucra a
quienes tal vez en su
país quieren seguir con
un modo de no
redistribución del
ingreso, etc etc.
Creo que también se
intenta frustrar una
política diferente para
el conjunto de América
para el conjunto de
todos países que
conformamos América.
Pensémoslo. ¡Qué
curioso!, durante los
últimos 8 años no se
habían registrado, salvo
el episodio de
Venezuela, casos
similares. Cambia la
administración del país
más poderoso del mundo
en el cual estamos aquí,
con una nueva tónica a
la que todos aspiramos
como cambio y comienzan
a suceder cosas como
estas que pareciera ser
que retroceden o ponen
el tela de juicio los
avances que hemos
comenzado a tener a
partir de un cambio de
administración que ha
sembrado mucha
esperanza, no solamente
en América, sino en el
mundo en la necesidad de
cambiar.
Sin visiones
conspirativas pero con
la inteligencia que
todos tenemos la
obligación de tener al
mirar los hechos, no
solamente en el lugar
que se producen y por
las apariencias que
presentan, creo que
estamos todos obligados
a tener una gran dosis
de racionalidad, una
gran dosis de
inteligencia para
entender las cosas que
están en juego a partir
de lo que ha sucedido en
Honduras.
Restituir entonces las
cosas a su lugar no va a
ser solamente un acto de
justicia con el pueblo
de Honduras y con el
respeto estricto a los
Derechos Humanos sino
también la posibilidad
de continuar y
profundizar un cambio
que comenzó a partir de
Trinidad y Tobago, de la
derogación de la hermana
Republica de Cuba y de
un aire diferente que se
empezó a respirar en
toda la América”.
El director de Human
Rights Watch, el chileno
José Miguel Vivanco,
declaró el fin de semana
que la solución a la
crisis de Honduras
depende de la
administración del
presidente de los
Estados Unidos, Barack
Obama, ya que, si va a
fondo, el gobierno de
facto “no resiste más
que unas horas”.
Obama también es un
hombre muy inteligente,
yo no me animo a
asegurar qué es lo que
quiere y/o qué es lo que
puede hacer, pero el
envalentonamiento
racista de Cortez, y la
nula represalia de
Washington, sumado al
silencio de Llórens, me
sigue revoloteando en la
cabeza.
¿Habrá sido este un
golpe de Estado contra
el presidente negro? |