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Mentiríamos si no
reconociéramos que los
medios españoles
terminaron reconociendo
que lo sucedido en
Honduras la madrugada
del domingo 28 fue un
golpe de Estado. En
realidad, si no lo
hicieran serían, junto
al golpista Roberto
Micheletti, los únicos
que no lo interpretaran
así. Tres días después,
no solamente los países
de la región, sino que
desde la ONU hasta
Estados Unidos y la UE,
estaban condenando la
asonada. Sin embargo, en
las primeras 48 horas el
modo de presentar la
noticia en los medios
españoles se limitaba a
afirmar que hubo una
detención del
presidente. Así lo
refleja la recopilación
de titulares del día 28
realizada en el blog
Diseccionando a
El País, del medio
Tercera Información:
“El Ejército de Honduras
detiene al presidente
Zelaya y lo expulsa a
Costa Rica” (El País),
“El presidente de
Honduras ha sido
detenido por fuerzas
militares” (ABC),
“Detenido el presidente
de Honduras el día de su
polémica consulta
popular” (El Mundo),
“El ejército hondureño
detiene al presidente
Manuel Zelaya antes de
que comience el
referéndum” (RTVE),
“El Presidente de
Honduras es detenido por
militares” (Antena 3),
“El ejército hondureño
detiene al presidente
Manuel Zelaya antes de
que comience el
referéndum” (Radio
Nacional). Sólo los
medios del grupo
Mediapro calificaban
desde el primer momento
de golpe de Estado:
“Golpe de Estado en
Honduras: Zelaya
detenido por los
militares” (Público),
“El golpe de Estado ya
está” (La Sexta).
Utilizar el término
detención cuando la
protagonizan militares
contra un presidente
constitucional es
totalmente erróneo si
recurrimos a la acepción
de la Real Academia
Española: “Privación
provisional de la
libertad, ordenada por
una autoridad
competente”.
¿Consideraban los medios
que la autoridad
competente en Honduras
era el Ejército?
Incluso algunos intentan
colaborar en consolidar
el golpe, como el caso
de El País el día
29 (“Micheletti ocupará
el cargo hasta 2010”),
criminaliza a los
partidarios del
presidente
constitucional (“cubren
sus rostros con máscaras
y van armados con
palos”) e insinúan una
legítima vía de
derrocamiento
(“destituido por el
Parlamento de su país”).
Honduras es un sistema
presidencial, el
Parlamento no nombra al
presidente como en
España, lo votan los
ciudadanos, por lo que
no puede ningún
parlamento puede
destituirlo. Incluso la
información la presentan
intencionalmente
confusa, como cuando
señala que “los miembros
del Congreso han
aceptado una supuesta
carta de renuncia
firmada por Zelaya, algo
que éste ha negado en
una conversación
telefónica con el
presidente de El
Salvador”. Si alguien
dice que no ha firmado
su renuncia no procede
discutirlo frente a
quien afirma que sí lo
hizo.
¿Y el periodismo
independiente?
Poco a poco comienzan a
llegar las condenas
internacionales y los
medios a rectificar su
forma de definir lo
sucedido. Lo paradójico
es que mientras se
produce en éstos el
reconocimiento y la
condena del golpe,
muchos analistas se
permiten abroncar al
presidente y darle
recomendaciones
precisamente en la línea
de lo exigido por los
militares.
Es como si se
reivindicase la
democracia y la
legitimidad de los
líderes políticos
elegidos en las urnas
pero, eso sí, aplicando
políticas condicionadas
por la espada de
Damocles de los
militares. Encontramos
comentarios como “El
presidente Zelaya
debería buscarse
valedores distintos a
Castro y Chávez” (Luis
María Anson, El Mundo
30-6-2009), “Que vuelva
Zelaya, que se olvide
del referéndum, y que
las presidenciales de
noviembre decidan hacia
dónde quiere ir el país”
(Miguel Ángel Bastenier,
El País
29-6-2009).
Las conclusiones que
podemos extraer es que
el giro en el discurso
de los medios, que
pasaron de denominar
detención a golpe de
Estado –a pesar de que
siempre estuvieron
claros los
acontecimientos– sólo ha
demostrado que no existe
el periodismo
independiente, que han
necesitado comprobar las
condenas de EE UU, del
Gobierno español y de la
Unión Europea para
comenzar a reconocer lo
obvio. Y que, además, no
temen alinear su
discurso político con el
de las demandas de
militares golpistas. |