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Se cuenta un revelador
chiste entre los
presidentes
latinoamericanos:
“- ¿Sabes por qué no hay
golpes de Estado en
Estados Unidos? - ¡No! -
Porque en EE.UU. no hay
embajada de EE.UU.”
Además, sabemos que los
golpes en Estados Unidos
se dan a través del
asesinato, puro y simple
de sus presidentes (como
en el caso de John
Kennedy) o con la ayuda
de la Suprema Corte para
impedir el recuento de
los votos (como en el
caso de Bush).
A pesar de estos y
muchos otros
precedentes, vemos ahora
a los líderes del
Partido Demócrata
indignarse con la
negativa a recontar los
votos en Irán, acusado
de ser una tremenda
dictadura.
¿Pero cual es la lección
de Honduras? Por primera
vez en la historia, los
Estados Unidos apoyan la
condena de un golpe de
Estado en América Latina
permitiendo que se
realice una condena
unánime de un acto de
fuerza militar en todas
organizaciones
internacionales.
¿Esto quiere decir que
de esta vez la embajada
americana no participó
del acto de fuerza?
Desgraciadamente no. De
manera indiscreta, un
diputado de la derecha
hondureña reveló
públicamente la
conspiración que
mantenían los golpistas
con la embajada de
EE.UU.
Él lo hizo en la
memorable sección de
primitivo disfraz
democrático en la cual
se realizó la “elección”
del “sucesor” del
presidente Zelaya, que
había renunciado según
la carta falsa leída por
este bisoño “sucesor”,
que se olvidó de forjar
una carta de renuncia
del vice-presidente, a
quien cabría suceder al
presidente secuestrado.
Esta sesión fue
transmitida por la Radio
Globo de Honduras,
última en ser silenciada
por los “demócratas” del
“gobierno provisorio”.
Según este diputado, el
embajador de Estados
Unidos, que aprobaba la
movilización golpista,
había estado en contra
de realizar el golpe
antes de la consulta
popular no vinculante,
llamada “referéndum” por
la Corte Suprema
hondureña y por la gran
prensa internacional que
busca desesperadamente
justificar el golpe.
Sería muy difícil creer
que el gobierno de
Estados Unidos estuviera
ausente de la
conspiración en un país
que sirvió de base a sus
organizaciones militares
mercenarias que
desestabilizaron al
gobierno legítimo de los
sandinistas. En este
mundo de contra
información en el cual
vivemos, escuché al
locutor de la TV Globo
News en Brasil decir que
las organizaciones
militares de los
“contras” hondureños
luchaban contra los
“guerrilleros”
nicaragüenses.
Sabemos todos los altos
costos de estas
operaciones de guerra de
baja intensidad, las
cuales pueden servir de
modelo de corrupción
para las organizaciones
de defensa de los
derechos humanos y
transparencia. El
Congreso de Estados
Unidos se ocupó de
revelarnos los detalles
tenebrosos de la
operación triangular en
contra del gobierno
sandinista, comandada
por el entonces
vice-presidente de
Estados Unidos, George
Bush: El gobierno de
Estados Unidos expandió
las operaciones del
narcotráfico a partir de
Colombia a través de los
“contras” asentados de
Honduras, Costa Rica y
El Salvador. Sus
ganancias servían para
financiar sus
operaciones y, al mismo
tiempo, para comprar
armas para el eterno
“enemigo” público de
EE.UU.: el gobierno del
Irán.
A pesar de sus
diferencias, los líderes
religiosos iraníes
habían acordado con el
entonces candidato
George Bush prolongar el
secuestro de los
norteamericanos
prisioneros en su
embajada en Teherán para
desmoralizar a Carter y
permitir la victoria
electoral de Reagan a
cambio de esta ayuda
militar secreta.
Inmediatamente surgen
las acusaciones de que
este tipo de información
hace parte de teorías
“conspirativas”. Sin
embargo, nos estamos
refiriendo a los hechos
revelados por las
investigaciones del
Congreso de Estados
Unidos, el que, todo
indica, sí cree en las
conspiraciones, exitosas
o fracasadas.
Estas conclusiones se
refuerzan con los
planteamientos de Ramsey
Clark y el Obispo Filipe
Teixeira de la Diócesis
de San Francisco de
Asís, en su mensaje
urgente al Presidente de
Estados Unidos:
“Tomando en
consideración:
“1. La cercana
colaboración de los
militares de Estados
Unidos con el ejército
hondureño manifestado
por el entrenamiento y
los ejercicios comunes;
“2. El papel de la base
militar Soto Cano, ahora
bajo el comando del
coronel Richard A.
Juergens, quien era
Director de Operaciones
Especiales durante el
secuestro en febrero del
2004 del Presidente
haitiano Jean-Bertrand
Aristide;
“3. Que el jefe del
Estado Mayor del
ejército hondureño,
general Romeo Vásquez,
fue entrenado en la
Escuela de las Américas
de los EE.UU.;
“4. Que el Secretario
Adjunto de Estado Thomas
A. Shannon Jr. y el
Embajador de los EE.UU.
en Honduras, Hugo
Llorens estaban
plenamente enterados de
los conflictos que
conducían al golpe
militar,
“Concluimos que el
gobierno de Estados
Unidos tiene
responsabilidad del
golpe y está obligado a
exigir que el ejército
hondureño regrese al
orden constitucional y
evite acciones
criminales contra el
pueblo hondureño.
“Por lo tanto
insistimos, por de la
paz en la región, que el
presidente Barack Obama
corte inmediatamente
toda la ayuda y las
relaciones con el
ejército de Honduras y
suspenda todas las
relaciones con el
gobierno de Honduras
hasta que el Presidente
constitucional regrese a
su puesto”.
En resumen, el currículo
estadounidense en
Honduras muestra la
dificultad de confiar en
sus designios
democráticos en la
región. Quizás la vuelta
de los sandinistas y de
los revolucionarios
salvadoreños al gobierno
después de años de
brutal represión en sus
países haya enseñado
algo a la diplomacia
estadounidense, aún
vacilante en condenar
definitivamente el golpe
de Estado hondureño.
La prensa internacional
expresa estas
vacilaciones al llamar a
Zelaya Presidente
“depuesto” y al golpista
Roberto Micheletti
Presidente “interino”;
al llamar a la consulta
no vinculante, propuesta
por Zelaya para crear
una Constituyente,
“referéndum” para
perpetuarse en el poder.
Cosas que no se ha
podido escuchar sobre el
presidente asesino de
Colombia que busca el
tercer período
presidencial, ni se
escuchaba sobre las
pretensiones
reeleccionistas de
Fujimori, Menen o
Fernando Henrique
Cardoso.
Es también revelador
entre sus motivaciones
la ausencia de
referencia en la prensa
a la falsa carta de
renuncia del presidente
Zelaya leída en el
parlamento para
justificar la elección
de su sucesor. Es cómico
que se afirme que este
señor fue elegido por
unanimidad cuando no
comparecieron a esa
sesión los diputados
gobiernistas amenazados
con prisión. Por fin,
entre otras insidiosas
tergiversaciones, se
pretende que hay una
confrontación más o
menos igual entre los
defensores armados del
golpe y los desarmados
manifestantes en contra
del mismo.
Todo esto y las
declaraciones de la
secretaria Hilary
Clinton sobre el
necesario respecto de
las instituciones
hondureñas que tienen
acuerdos con EE.UU. nos
muestran que hay
divergencias dentro del
gobierno de EE.UU. Con
el fantástico apoyo
internacional con el
cual cuenta el
presidente Zelaya, se
está buscando obligarlo
a una negociación
espuria con los
golpistas. Hasta hoy la
justicia venezolana no
acepta definir como un
golpe de Estado lo que
realizaron sus gorilas
locales en 2002.
Imagínese lo que van a
proponer en Honduras…
Zelaya y el pueblo
hondureño tienen muchas
dificultades por delante
pero no deben
acobardarse frente a
ellas. No tiene porque
bajar la cabeza frente a
los mercenarios y sus
jefes, ni frente a los
golpistas que son
despreciados por toda la
humanidad, a pesar de
los apoyos abiertos o
incluso disfrazados de
los grandes medios de
comunicación. |