Año VIII
La Habana

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Arremetida derechista

Ildefonso Finol • Caracas

 

Las resoluciones de la OEA no le importan a los golpistas hondureños. La unanimidad no luce sincera. El Secretario General quedó para lleva y trae. La OEA ha muerto estando muerta. Ha muerto la OEA.

La derecha en cambio se reanima. Lo que no pueden ganar con votos, lo arrebatan a bayonetazos. Es ley del desarrollo capitalista que en tiempos de crisis estructural, se apele a la opción de las guerras como forma de preservar el poder político y acelerar la acumulación de capital en pocas manos. En la era del predominio de los monopolios la violencia es la esencia vital del sistema.

La derecha continental está bien engranada. Estados Unidos sabe que sin su “patio trasero” no podrá seguir siendo la potencia mundial hegemónica. La ALBA es un ejemplo que los gringos no quieren que se reproduzca. La solidaridad es enemiga mortal del mercado.

Por eso los medios derechistas del mundo han titulado que el Golpe en Honduras es contra Chávez. Así debemos entenderlo nosotros los bolivarianos, ellos saben que el epicentro de la Revolución Continental es Venezuela; de allí que debamos ser cada vez más exigentes y más cuidadosos con nuestro proceso, en el que siguen ocurriendo situaciones indeseables y no tenemos los espacios formales para exponerlo y buscar correcciones.

La derecha está hoy más clara. Nos han monitoreado meticulosamente, se han agrupado para analizar nuestras debilidades y han trazado estrategias. El plan derechista tiene como objetivo fundamental la restauración de su poderío, recolonizando nuestros países con sofisticados mecanismos diplomáticos, que incluyen la táctica de la doble agenda, y reprivatizar los servicios, los recursos naturales y las actividades estratégicas.

El Golpe a Zelaya fue bien calculado. La fragilidad institucional de su gobierno fue utilizada como Caballo de Troya que abrió las murallas al zarpazo militar. Bajo la óptica goda, Honduras es el eslabón más débil de los países ALBA. La aparente intransigencia de los golpistas, a pesar de las impresionantes movilizaciones populares que exigen el retorno de su Presidente y del rechazo unánime de la comunidad internacional, debemos leerla como síntoma de los apoyos clandestinos con que cuentan.

También debemos apuntar el descaro con que la derecha de aquí y de todo el continente apoya el Golpe. Ni siquiera el atropello a la sacrosanta legalidad ni la represión física contra pacíficos manifestantes y la suspensión de garantías les ha conmovido sus sensibles vocaciones democráticas. Tanta coordinación y sintonía no se logra gratis. Hay detrás un esfuerzo intelectual y material que sólo ha sido posible por un respaldo con mucho poder.

El avance creciente de los procesos de liberación ha sufrido un duro Golpe. Si en Bolivia se ha ido conjurando el plan fascista y en Venezuela fue derrotado en 2002 y 2003, lo ocurrido en Honduras nos recuerda que la derecha no duda en actuar por la fuerza y que la mano dura del imperialismo no descansa.

Urge crear una Continental Revolucionaria que agrupe a los partidos y movimientos sociales para dar respuesta coordinada a esta nueva arremetida imperialista y salvar la Revolución en Nuestra América.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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