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Las resoluciones de la
OEA no le importan a los
golpistas hondureños. La
unanimidad no luce
sincera. El Secretario
General quedó para lleva
y trae. La OEA ha muerto
estando muerta. Ha
muerto la OEA.
La derecha en cambio se
reanima. Lo que no
pueden ganar con votos,
lo arrebatan a
bayonetazos. Es ley del
desarrollo capitalista
que en tiempos de crisis
estructural, se apele a
la opción de las guerras
como forma de preservar
el poder político y
acelerar la acumulación
de capital en pocas
manos. En la era del
predominio de los
monopolios la violencia
es la esencia vital del
sistema.
La derecha continental
está bien engranada.
Estados Unidos sabe que
sin su “patio trasero”
no podrá seguir siendo
la potencia mundial
hegemónica. La ALBA es
un ejemplo que los
gringos no quieren que
se reproduzca. La
solidaridad es enemiga
mortal del mercado.
Por eso los medios
derechistas del mundo
han titulado que el
Golpe en Honduras es
contra Chávez. Así
debemos entenderlo
nosotros los
bolivarianos, ellos
saben que el epicentro
de la Revolución
Continental es
Venezuela; de allí que
debamos ser cada vez más
exigentes y más
cuidadosos con nuestro
proceso, en el que
siguen ocurriendo
situaciones indeseables
y no tenemos los
espacios formales para
exponerlo y buscar
correcciones.
La derecha está hoy más
clara. Nos han
monitoreado
meticulosamente, se han
agrupado para analizar
nuestras debilidades y
han trazado estrategias.
El plan derechista tiene
como objetivo
fundamental la
restauración de su
poderío, recolonizando
nuestros países con
sofisticados mecanismos
diplomáticos, que
incluyen la táctica de
la doble agenda, y
reprivatizar los
servicios, los recursos
naturales y las
actividades
estratégicas.
El Golpe a Zelaya fue
bien calculado. La
fragilidad institucional
de su gobierno fue
utilizada como Caballo
de Troya que abrió las
murallas al zarpazo
militar. Bajo la óptica
goda, Honduras es el
eslabón más débil de los
países ALBA. La aparente
intransigencia de los
golpistas, a pesar de
las impresionantes
movilizaciones populares
que exigen el retorno de
su Presidente y del
rechazo unánime de la
comunidad internacional,
debemos leerla como
síntoma de los apoyos
clandestinos con que
cuentan.
También debemos apuntar
el descaro con que la
derecha de aquí y de
todo el continente apoya
el Golpe. Ni siquiera el
atropello a la
sacrosanta legalidad ni
la represión física
contra pacíficos
manifestantes y la
suspensión de garantías
les ha conmovido sus
sensibles vocaciones
democráticas. Tanta
coordinación y sintonía
no se logra gratis. Hay
detrás un esfuerzo
intelectual y material
que sólo ha sido posible
por un respaldo con
mucho poder.
El avance creciente de
los procesos de
liberación ha sufrido un
duro Golpe. Si en
Bolivia se ha ido
conjurando el plan
fascista y en Venezuela
fue derrotado en 2002 y
2003, lo ocurrido en
Honduras nos recuerda
que la derecha no duda
en actuar por la fuerza
y que la mano dura del
imperialismo no
descansa.
Urge crear una
Continental
Revolucionaria que
agrupe a los partidos y
movimientos sociales
para dar respuesta
coordinada a esta nueva
arremetida imperialista
y salvar la Revolución
en Nuestra América. |