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Muchas gracias, buenas
tardes compañeros y
compañeras, agradezco al
Presidente del Centro
Miranda la invitación a
participar en esta mesa
de coyuntura, en la que
me siento muy honrado de
compartir con el General
Alberto Muller Rojas y
el Dr. Edgardo Lander.
Creo que tras sus dos
exposiciones ya hay
bastantes elementos de
interés para el debate.
Yo voy a añadir algunos
y no redundaré en cosas
que han dicho y con las
que coincido, pues me
parecen muy neurálgicas
para este asunto. Pues
lo que nos conviene es
conectar los
acontecimientos más
recientes y relevantes,
en este caso con el
epicentro en Honduras,
con las líneas de fondo,
en las que se mueve
aceleradamente el cambio
de escenario en el plano
internacional. Y con los
dilemas y problemas
político-ideológicos que
nos plantea esto a los
revolucionarios: qué
pasa en la coyuntura,
cómo conecta eso con
líneas de fondo y, para
los que tenemos
compromisos de
transformación política
y social, cómo digerir y
plantear un análisis lo
mas sólido posible para
abordar los grandes
dilemas suscitados.
Seguramente hace tiempo
que no se veía una
condena tan clamorosa y
unánime de todos los
gobiernos del mundo a
una acción reaccionaria
y golpista. Muchas ha
habido en las ultimas
décadas, ninguna ha
recibido una unanimidad
como ésta en la condena
de los gobiernos y de
los pueblos, habría que
ver por qué se ha
producido.
Preciso: unanimidad de
gobiernos y pueblos,
entendiendo por pueblos
a los sujetos sociales
organizados
protagonistas de los
procesos. Unanimidad de
estos dos elementos; no
me refiero a otros
sectores de la sociedad,
los sectores dominantes
en los que siempre hay
daltónicos interesados
que donde hay un golpe
del tamaño de una
catedral gótica no
consiguen ver más que
aplicados militares
instigados por
sacrificados empresarios
y obispos dispuestos a
llenar los vacíos de
poder de gobernantes a
los que de repente se
les ocurre renunciar al
ejercicio de sus
responsabilidades
ejecutivas. Entonces
estos “próceres” se ven
obligados a sucesiones
forzadas, forzadas y
forjadas con una torpeza
en algunos casos como el
de Honduras dignas del
superagente 86, aunque
eso sí, a punta de
fusiles y bayonetas.
El decreto forjado que
se presentó en el
Congreso de Honduras,
falsamente firmado por
Zelaya lo presentan el
domingo 28 y lleva fecha
Tegucigalpa, 25 de
Junio. Ni se molestaron
en cambiar la fecha, lo
tenían preparado y
firmado desde el 25 de
Junio. El 26 y el 27
estuvo el presidente en
pleno ejercicio
cumpliendo sus
funciones, preparando la
consulta del domingo,
recibiendo los
representantes
internacionales
invitados a la consulta
el 27 por la noche. Pero
ya había firmado el 25
su renuncia, debido a
“problemas insuperables
de salud que me han
impedido concentrarme en
los asuntos
fundamentales de
Estado”. Firmado el 25,
es de una caradura y de
un desparpajo… pero ojo,
porque a punta de
fusiles y bayonetas, es
trágico y muy peligroso.
Claro, Honduras quizás
es, como ya se ha dicho
aquí, uno de los países
en que lo que esta
ocurriendo mejor expresa
lo que llamaría un
viejo libreto en una
época nueva. Porque
lo de dar golpes es
viejo, pero ahora se
presenta con una
novedad, la de esta
coyuntura histórica, en
la que sin duda estamos
en un cambio de época.
Que no solo es un cambio
de época en términos de
confrontaciones
políticas, en términos
del viejo orden
geopolítico
internacional que ya
está en declive. (Otra
cosa es lo que pueda
durar ese declive, en
función de la
correlación de fuerzas
entre los diferentes
actores). Pero el cambio
mencionado por Lander es
un cambio que viene
sobre todo basado en la
profunda crisis
civilizatoria, que es
una acumulación de
crisis en una sola que
no deben verse como
aspectos separados,. Yo
creo que es una
situación paradójica
porque hablamos de
amenazas y riesgos y a
la vez el protagonismo
de los pueblos del Sur,
sobre todo en América
Latina, le concede
rasgos muy
esperanzadores dentro de
las amenazas.
Quizás podría decirse,
de modo paradójico, que
vivimos tiempos
sombríos pero llenos de
esperanza. La
situación es peligrosa
en términos de fondo,
porque las encrucijadas
frente a las que nos
hallamos pueden tomar
rumbos contrapuestos,
antagónicos. Nada nos
garantiza que la
historia avance por su
lado mejor, no nos
sirven ingenuidades ni
falsos determinismos. Y
quizás aquí debo añadir
una cautela: los que
vivimos la historia
desde América Latina y
queremos formar parte de
este sujeto social
transformador quizás
podemos exagerar nuestro
optimismo viendo el
mundo desde América
Latina. Porque aquí es
donde ha avanzado más y
mejor la nueva época y
la nueva correlación de
fuerzas y sujetos
sociales y políticos que
muestran que otro mundo
sí es posible además de
urgente y necesario. Es
en América Latina donde
más se han acelerado los
cambios, y eso quizá nos
puede distorsionar la
visión.
Si vemos las recientes
elecciones europeas,
vemos el pantano en el
que se encuentra Europa,
la amenaza del
neofascismo, la
xenofobia, el racismo,
no es un fantasma: es
una realidad que va a
más en Europa. Seguro
que un hombre de
izquierda que viva y
milite en Europa estará
pesimista, los que
estamos acá estamos más
esperanzados. En África
la situación es muy
complicada, es muy
trágica: sin ser para
nada culpables de la
crisis son las
principales victimas de
la crisis; los pueblos
de Asia y África, el Sur
es víctima de la crisis.
Y no hay hoy en otros
continentes la misma
fuerza social en marcha
y que se traduce en
gobiernos, en fuerza
política y electoral.
Por tanto, sin falsas
ilusiones pero sí con
sólida esperanza, creo
que nos encontramos en
un punto de mucho
interés, en el que a mí
me parece bastante claro
algo que pongo a
discusión: que las
salidas que se plantean
a esta crisis
civilizatoria y a esta
dislocación del orden
geopolítico viejo no
parecen encontrarse en
lo que podríamos llamar
supuestos puntos medios
o de equilibrio, a los
que podríamos llegar
como consenso armónico
desde partes muy
distintas. Y esto lo
digo como
contraposición, sin
quitar ni un gramo de
valor a la decisión
unánime de la Asamblea
General de la ONU de
ayer martes. Estos
momentos serán
excepcionales y no han
de provocar espejismos.
Yo creo que no va a
haber punto intermedio y
de consenso celestial en
la tierra ante ninguno
de los problemas
planteados: ni la crisis
civilizatoria en sus
dimensiones energética,
ecológica, ni la
consolidación de
democracias dignas de
ese nombre, que
realmente merezcan el
nombre de democracia, va
a ser un camino fácil ni
de consenso. En unos
casos, porque hay
fuertes intereses en
juego y aunque sean
minoritarios, son
poderosos y lo estamos
viendo en Honduras. Las
clases sociales no
desaparecieron en la
historia y sabemos que
la lucha de clases no
desaparece por decreto,
como pretendió hacer el
dictador Francisco
Franco en España,
firmando un decreto que
abolía la lucha de
clases. Pero eso no es
así, las clases
dominantes no ceden sus
privilegios ni
desaparecen de la
historia gentilmente, no
ha ocurrido nunca, y yo
añadiría no sólo no
desaparecen de la
historia gentilmente
sino que tampoco
acostumbran a hacerlo
pacíficamente en ninguna
parte. No son los
revolucionarios los que
han querido que las
revoluciones no fueran
pacificas; son los
revolucionarios los que
se han visto obligados
con la fuerza popular,
armada de razones y de
más cosas, a subvertir
los viejos órdenes que
se negaban a salir del
escenario de la historia
a pesar de ser
minoritarias, a pesar de
perder elecciones, no
les importa dar un golpe
luego. Véase Chile.
¿Qué está pasando en
Honduras? Creo que por
ser éste el patio más
trasero del patio
trasero, precisamente
por eso, yo diría que es
emocionante lo que está
ocurriendo. Hace como 20
años, en 1986, el
segundo presidente tras
la instauración de la
pseudodemocracia
truncada y trucada y a
la que ahora me
referiré, y verán cuánta
razón tiene el pueblo
hondureño y el
presidente Zelaya que se
proponían cambiar esa
constitución, cuanta
razón tienen, cuan
necesario era ese
cambio. Hace 20 años,
con la Constitución de
1982 impuesta por los
militares y los poderes
fácticos, la actualmente
vigente, aunque varias
veces reformada, un
Presidente, José Azcona
Hoyos, el segundo
Presidente del partido
liberal, aunque acá lo
de liberal no quiere
decir nada, como
sabemos, no se ruboriza
al explicar el papel que
cumple Honduras en la
estrategia diseñada por
EEUU para la región y
dice textualmente: “Un
país tan pequeño como
Honduras, no puede
permitirse el lujo de
tener dignidad”. ¡Dicho
por el presidente!
Bueno, eso lo había
dicho de otra manera en
el año 1929, pero estos
ya son habituales, el
presidente de la Cuyamel
Fruit, empresa que más
tarde se anexionó la
United Fruit, quien
refiriéndose al valor de
los diputados hondureños
a la hora de comprar sus
servicios dijo: “un
diputado en Honduras
cuesta menos que una
mula.” Eso lo dijo en
1929, y tiene vigencia.
Hay que ver qué
congreso, este congreso
hondureño instrumento de
la oligarquía hondureña
y de las
transnacionales,
instrumento del
pentágono, toda la vida.
Por eso hablo de una
democracia trucada. Hay
un informe hondureño,
hecho por un hondureño,
sobre la democracia
hondureña,: “Honduras:
Poderes Fáctitos y
Sistema Político”; este
libro se publicó en 2007
en Honduras y ha tenido
bastante eco. Ahí
explica cómo funcionan
los grupos económicos
hondureños, en
particular y en la
sociedad en general.
Cómo los grupos fácticos
controlaron la
transición a la
democracia a principios
de los 80, cómo
condicionaron el poder
político, cómo
participaron los grupos
económicos en la
construcción de la
pseudodemocracia actual,
cuál es el papel del
capital financiero en
Honduras, cuál es el
vínculo con los partidos
tradicionales, el
Liberal y el Nacional,
la caracterización de
los grupos generadores
de electricidad, que son
grupos de poder
económico fuertes ahí,
el papel de los señores
mediáticos en Honduras,
el poder de las grandes
familias.
Todo eso deja la estela,
las claves, de cómo
pequeños pero poderosos
círculos de poder
tomaron las riendas de
la transición a la
democracia en Honduras a
favor de sus intereses,
sin importarles para
nada el país ni el
destino de las mayorías
empobrecidas. En este
libro hablan de cómo
funcionan esos poderes,
como logias obscuras
subterráneas que
cultivan la hermandad de
los secretos. Son
plutocracias, y hasta
cleptocracias, cuyo
resultado es haber
construido
sistemáticamente uno de
los países más pobres de
América. Ese es el
mérito de esta
oligarquía Hondureña.
Podía extenderme más, no
lo hago por respeto a
los horarios, pero esta
democracia truncada es
una democracia que tiene
una Constitución vigente
en la que se impide la
reforma de algunos
artículos. Se impide
taxativamente la reforma
de algunos artículos los
llama “artículos
pétreos”, que no pueden
reformarse ni con
plebiscito ni con
referéndum. Articulo
374: “no podrá
reformarse en ningún
caso el articulo
anterior 373, que decía
“la reforma de esta
constitución podrá
decretarse por el
Congreso Nacional, en
sesiones ordinarias, con
dos tercios de votos de
la totalidad de sus
miembros. El decreto
señalará el artículo o
artículos que hayan de
reformarse…” “Pero no
podrán reformarse en
ningún caso los
relacionados a la forma
de gobierno, al
territorio nacional, al
periodo presidencial, a
la prohibición para ser
nuevamente Presidente de
la Republica el
ciudadano que lo haya
ejercido anteriormente y
el referente a quienes
no pueden ser
Presidentes de la
República por el periodo
subsiguiente.” Y por
supuesto, los que
pretendan cambiar este
artículo serán acusados
de traidores de la
patria y serán cesados
de sus cargos.
Esto es lo que dice la
Constitución hondureña.
No nos extrañe que las
organizaciones populares
y sociales quieran
cambiarla, ni nos
extrañe que haya una
desconfianza total de la
ciudadanía sobre los
poderes políticos
establecidos. Antes de
las elecciones en las
que salió elegido
Zelaya, días antes,
salió un informe acerca
de “la pérdida de
confianza en la
representatividad que
actualmente sufren
debido a múltiples
acciones deshonestas y
corruptas... El problema
es que los partidos
políticos no representan
ni defienden los
intereses de la mayoría
de la población y
tampoco se han renovado
ideológica y
organizativamente. El
creciente abstencionismo
electoral es una prueba
del desencanto de la
población ante quienes
dicen representarlos. El
Congreso Nacional, donde
se aprobó de madrugada
el paquete de
contrarreformas es una
institución
desprestigiada por el
desempeño de quienes lo
integran y manipulan…
Democratizar el Congreso
Nacional debe ser
prioridad de todos los
sectores que quieren a
Honduras”. Y esto sigue.
Entonces no nos extrañe
que haya individuos que
quieran cambiar la
historia, apoyándose en
el pueblo y en los
sectores más
necesitados, es lo que
ha intentado este
presidente y es lo que
no le han permitido los
oligarcas y poderosos de
siempre. El editorial de
La Jornada, digno
periódico mexicano, del
domingo 28 de junio lo
dice muy claro “La
crisis política en
Honduras es, más que
consecuencia de un
proyecto político
personal, el producto
del choque entre un
poder político-económico
anquilosado y vetusto y
una sociedad cada vez
más organizada que
demanda el cambio y la
ampliación de las reglas
democráticas en ese
país.” Hacia ahí es que
se iba y hay centenares
de organizaciones
sociales, de indígenas,
de trabajadores, de
derechos humanos,
comunidades
eclesiásticas,
involucradas en este
proyecto social. Y un
Presidente dispuesto a
abrir caminos en esta
vía. Y esto era seguir
la vía de Venezuela,
Ecuador, Bolivia, esa
era la vía.
Entonces, que los
poderes constituidos
hayan reaccionado de esa
manera, ojalá pudiéramos
llamar torpemente, si no
se consolidan por la
torpeza en que lo han
hecho, pues hasta ahora
habían logrado mantener
la etiqueta de
demócratas. Sea cual sea
los intereses al
condenar el golpe, por
torpes o brutos, porque
lo han hecho mal, que
les obligue a condenar
el golpe, eso tampoco
debe extrañar porque
ahora nadie regala la
bandera de la
democracia; es una
bandera que nosotros no
hemos regalado al
enemigo, lo que hemos
hecho es llenarla de
sentido y de contenido.
Hablar de democracia es
convertir al pueblo todo
en ciudadanos con todos
los derechos y por tanto
cambiando las
condiciones económicas y
sociales que impiden que
la democracia sea digna
de ese nombre si no hay
una justicia económica y
social.
El declive de la única
superpotencia, su
conversión en una más de
las grandes potencias,
eso va a durar un
tiempo. La emergencia de
China, India, Brasil,
lleva un tiempo tras el
que se sustituirá el
viejo orden por uno
nuevo, en el que Asia
jugará un papel central.
Pero cómo todo eso va
hacia allá, los ritmos,
vamos a ver. Claro, en
algunas cosas la crisis
lo ha acelerado. Por
ejemplo, en los últimos
10 años, entre los 20
bancos principales,
había 15 que eran 11 de
EEUU y 4 de Inglaterra.
Tras las quiebras, en
enero de 2009, entre los
20 primeros sólo quedan
3 de los 11 de EEUU y 1
de Inglaterra. Estos son
datos que muestran que
se va más aceleradamente
desde el viejo orden a
un nuevo orden
económico, con la
crisis. Pero ojo, porque
eso requiere un tiempo,
y ahora hay una
emergencia y una
multipolaridad que
todavía se puede
configurar de formas
distintas. ¿Quién va a
poder más en la
multipolaridad, EEUU,
Japón y la U.E. o los
países del Asia
emergente, China,
América Latina… quién va
a pesar más en esa
multipolaridad?
Yo creo que la
disyuntiva está entre ir
hacia democracias
burguesas autoritarias,
preservando la
formalidad democrática,
porque dictadura está
mal visto, o hacia
democracias populares,
participativas y
protagónicas, llámense
socialismo del siglo
XXI, llámense democracia
popular, o llámense como
quieran llamarse según
los países. Y la línea
roja que distinga la
democracia
representativa de las
otras, de la democracia
popular, ¿cuál es? ¿Las
elecciones? Porque ahí
también hay un problema,
¿los viejos poderes van
a existir siempre dentro
de las democracias
participativas como
viejos poderes al
servicio de los
poderosos? ¿Qué va a
ocurrir en Honduras?
Cómo acabar con los
poderes constituidos,
los tres organismos,
todos emanan de lo
mismo. ¿Hay que
suprimirlos? ¿Es un
atentado a la democracia
suprimir eso? ¿Cómo se
hace? Ahí hay un
problema, es una batalla
de ideas por la
hegemonía, por el
concepto de democracia,
lo que se nos viene
encima.
Y ahí tenemos dos
modelos, la democracia
que se está construyendo
en los países del ALBA y
la democracia gringa, en
la que aunque haya
alternancia y el gerente
sea distinto y permita
aplicar políticas
distintas, porque es lo
que permite desacelerar
el declive del imperio…
Esos creo que son los
dilemas que tenemos
delante, no me alargo
más. Ese es el reto, a
través de Honduras a
América Latina, a la
nueva correlación de
fuerzas emergentes y lo
que está en juego,
además del derecho a la
dignidad de los
hondureños en la que no
creyó ningún presidente
anterior a éste, además
del derecho a la
dignidad como pueblo, es
algo que tiene que ser
refundado, como se está
haciendo en otros países
de América Latina hoy.
Ese es el reto, en un
contexto de crisis que
va a polarizar mas las
cosas. Por tanto ha
habido hasta hoy una
“unanimidad democrática”
frente al golpe y la
dictadura, pero ojo, que
la disyuntiva se viene
abierta a partir de hoy.
Intervención en la Mesa
de Análisis de
coyunturas en torno al
golpe de Estado en
Honduras. 1 julio 2009.
Centro Internacional
Miranda. Caracas |