|
El 28 de junio Peter
Kent, Ministro de Estado
para Asuntos Exteriores
(encargado de las
Américas) del gobierno
conservador canadiense
de Stephen Harper,
emitió una declaración
previa a la reunión de
emergencia de la
Organización de Estados
Americanos (OEA) que se
celebraría el mismo día
a las 3 de la tarde.
Kent declaró que “Canadá
condena el golpe de
estado que ha tenido
lugar [en Junio 28] en
Honduras, y llama a
todos los partidos a
demostrar refrenamiento
y buscar una solución
pacífica a la actual
situación política, que
respete las normas
democráticas y el apego
a la ley, incluida la
Constitución Hondureña.”
Al siguiente día, el 29
de junio, el importante
periódico de derecha
canadiense, el National
Post, analizaba con
aprobación la
declaración del gobierno
indicando que ella “…se
hacía eco de la rápida y
creciente oposición al
golpe, pero no
mencionaba al señor
Zelaya por su nombre, ni
hacía un llamado directo
a su retorno al poder”.
El 29 de junio, en una
conferencia de prensa en
la Casa Blanca brindada
durante la visita del
presidente colombiano
Uribe, el Presidente
Obama declaró que “…el
golpe no fue legal y el
Presidente Zelaya sigue
siendo el Presidente de
Honduras, el Presidente
democráticamente electo
en ese país”. Esta
declaración representa
un cambio en el discurso
político de los EE.UU.
Reflejando este cambio
de palabras, al día
siguiente, el 30 de
junio, los 192 miembros
de la Asamblea General
de la Organización de
las Naciones Unidas
(ONU) celebraron una
sesión extraordinaria
acerca de Honduras y de
modo unánime adoptaron
una resolución que
“demanda
la inmediata e
incondicional
restauración del
gobierno legitimo y
constitucional del
presidente de la
república don José
Manuel Zelaya Rosales.”
La delegación
canadiense, por
supuesto, votó con los
restantes 191 miembros
de las Naciones Unidas.
Y de nuevo el National
Post expresó en su
edición del 30 de Junio
lo que parecía ser su
aprobación, indicando
que:
“La decisión de Canadá
de unirse a los
patrocinadores de esas
medidas marcó una
evolución de la posición
[de Canadá] acerca del
derrocamiento el domingo
del Sr. Zelaya por las
fuerzas armadas de
Honduras…. Hasta el
martes [junio 30],
Canadá había llamado a
reasumir el proceso
democrático en Honduras,
pero se había abstenido
de llamar a la
reinstalación del Sr.
Zelaya. Los Estados
Unidos parecen sostener
una posición similar,
hasta el que el
Presidente de los EE.UU,
Barack Obama dijo el
lunes [junio 29] que
Washington considera que
“ ‘El Sr. Zelaya
continúa siendo el
Presidente electo
democráticamente….’ ”
El 1 de Julio, la
Organización de Estados
Americanos (OEA)
incluyendo a Canadá,
resolvió unánimemente
“condenar el golpe” y
“reafirmar
que el Presidente José
Manuel Zelaya Rosales es
el Presidente
constitucional de
Honduras y exigir la
restauración inmediata,
segura e incondicional
del Presidente a sus
funciones
constitucionales.”
El 2 de Julio el
National Post reportó
que “aunque Canadá ha
seguido el liderazgo de
Venezuela y otros países
de izquierda
latinoamericanos que
demandan la
reinstalación del señor
Zelaya, Peter Kent,
Ministro de Estado para
las Relaciones
Exteriores (encargado
con las Américas), dijo
que el respaldo de
Ottawa se centra en los
esfuerzos liderados por
la OEA… Hay razón para
creer que individuos
responsables en el
gobierno [actual]
reconocerán que fue
cruzada una línea
inaceptable y que ellos
deben regresar al lado
democrático… Mientras
que el señor Kent decía
que no puede haber
compromiso acerca de si
el señor Zelaya es
reinstalado, señalaba
que el accionar anterior
del señor Zelaya no
había tampoco pasado
inadvertido”. El
periódico de nuevo cita
al señor Kent:
“ ‘el [gobierno
provisional- el
paréntesis es del
National Post] debe
primero restaurar el
orden democrático y el
apego a la ley. Una vez
ahí, el pueblo de
Honduras y aquellos del
gobierno [provisional-
paréntesis del Nacional
Post] tienen toda la
razón para creer en que
la OEA está prestando
atención y estará bien
al cuidado de las
transgresiones de
cualquiera de las
partes.’ ” Esta
declaración representa
un alejamiento de las
resoluciones de la ONU y
la OEA, a favor de las
cuales el Gobierno de
Canadá votó y cuya
esencia en ambas
instancias demandaba el
retorno seguro,
incondicional e
inmediato del Presidente
Zelaya.
El 4 de Julio, el día
antes del enfrentamiento
en el aeropuerto de
Honduras entre los
partidarios del
Presidente Zelaya junto
al pueblo de Honduras
por un lado y el
gobierno militar por el
otro, Peter Kent, según
un cable de Reuters,
declaró a la sesión de
la OEA. “ ‘No está nada
claro que las
condiciones actuales
puedan garantizar su
retorno seguro.’ ” Esta
política fue confirmada
por la CNN el 4 de Julio
cuando reportaba que “el
delegado canadiense a la
reunión de la OEA
recomendó el sábado por
la noche [Julio 4] que
Zelaya no retorne
inmediatamente a causa
del peligro en que se
podría encontrar.” No
hay dudas que el
aterrizaje del
Presidente Zelaya en el
aeropuerto internacional
de la capital de
Honduras en las
condiciones del 5 de
Julio, presentaba
peligros para él, sus
acompañantes y las
decenas de miles de
partidarios que lo
esperaban, frente a la
represión de las fuerzas
armadas en completa
disposición de combate.
Pero ¿qué hizo el
gobierno canadiense para
sumar su voz y prestigio
a forzar al gobierno de
facto a deponer su
actitud? ¿Se unió él a
los países de América
Central y América Latina
en insistir que las
resoluciones de la ONU y
la OEA fueran aplicadas
en su letra y en su
espíritu? La
recomendación de que
Zelaya no retornara es
una señal indirecta o
virtualmente directa
para estimular al
régimen militar y a
culpar al Presidente
Zelaya por cualquier
acto de violencia o
derramamiento de sangre
resultante de la
aplicación de las
resoluciones
internacionales.
El 6 de Julio, el vocero
del Departamento de
Estado Norteamericano,
Ian Kelly, sostuvo una
conferencia de prensa
con reporteros acerca de
Honduras y otros temas.
Con respecto a Honduras,
en su declaración
inicial, el señor Kelly
afirmó, que “nuestra
meta lo sigue
constituyendo la
restitución del orden
democrático en
Honduras”. Un reportero
no pudo evitar destacar
que había algo que no
estaba claro y era
ambiguo. Teniendo en
cuenta la definición
nebulosa y con doble
moral de democracia para
los EE.UU, el reportero
realizó una pregunta que
resultó muy
significativa. Él
preguntó: “¿Que tienen
ustedes en cuenta,
cuando se refieren a una
restauración de un orden
democrático?, ¿qué
significa esa cosa,
muchachos?” El señor
Kelly expresó: “Bueno,
yo pienso que eso
significa, de modo más
inmediato, el retorno
del presidente
democráticamente electo
a Tegucigalpa.”. Si el
reportero no hubiera
planteado el tema, esta
demanda clave de los
pueblos del mundo
hubiera podido no ser
explicitada, aun cuando
sea sólo en palabras.
Otra discusión entre el
Sr. Kelly y diversos
reporteros, se centró en
el tema de los vínculos
de Washington y su
asistencia a Honduras.
Quedó sin aclarar,
debido a las respuestas
evasivas del Sr. Kelly
ante el cuestionamiento
de los periodistas, si
se mantenía cierta ayuda
en tanto otra se
eliminaba o estaban en
proceso de ser evaluada
y/o eliminada.
En relación a los
vínculos militares con
el gobierno de facto, el
Sr. Kelly dijo,
respondiendo a las
preguntas de los
reporteros, que “el
Comando Sur ha
minimizado el contacto
con los militares de
Honduras”. Adviértase
que el contacto ha
continuado y que solo ha
sido “minimizado”, sin
más especificaciones. No
obstante, las
especificaciones se
hicieron más tarde,
cuando el reportero
preguntó acerca de la
base militar Soto Cano
en Honduras. La pregunta
formulada por el
reportero: “¿Se habló en
algún momento de
permitir al avión de
Zelaya aterrizar en esa
base militar?”. La
respuesta del Sr. Kelly
fue: “…Esa base es
controlada por las
autoridades de Honduras,
así que no nos está dado
a nosotros dar derechos
de aterrizajes o
cualquier otra cosa”.
¡Qué conveniente!
Los Estados Unidos por
varias décadas han usado
la política de Dos
Carriles para sus
relaciones con América
Latina: por un lado la
intervención directa
incluida la militar y
por el otro lado la
diplomacia “suave” y las
negociaciones, estas
últimas lo mismo
abiertas como a puertas
cerradas. La política de
los EE.UU hacia Honduras
desde el 28 de junio
hasta el presente día 7
de Julio es esta misma
doble política, esto es,
involucrados
indirectamente, si es
que no directamente, en
el golpe militar, al
mismo tiempo que usan
los discursos y la
diplomacia para
“resolver” la situación;
pero ¿resolverla a favor
de quien? Por un lado
las palabras sabias de
restaurar la democracia
y al Presidente electo,
pero al mismo tiempo
ponen a los líderes del
golpe de estado y al
presidente secuestrado
violentamente, casi al
mismo nivel.
Los gobiernos de Canadá
por su parte han sido
por muchos años voceros
del Segundo Carril hacia
Latina América.
(Han habido excepciones,
por ejemplo el sincero
acercamiento a Cuba y
América Latina del
Primer Ministro Trudeau
durante su visita a Cuba
en 1976, que reflejaba
el sentimiento de la
amplia mayoría del
pueblo canadiense).
Compromiso y diplomacia
pero para motivos
ulteriores
se supone que predominan
y en este sentido tratan
de distinguirse de la
política brutal de
intervención de los
EE.UU que casi siempre
ha predominado por
encima del Segundo
Carril. El pueblo de
Canadá en su inmensa
mayoría repudia
fuertemente las
políticas de
intervención y agresión.
El actual gobierno
canadiense es parte de
la tendencia de derecha.
En realidad no hay en
Canadá hogar para los
neoconservadores que
alimenten las llamas del
Carril I como son los
elementos del exilio
cubano y venezolano en
el sur de la Florida. Lo
más próximo a esto que
podemos encontrarnos es
el National Post y la
sección de los círculos
elites que él
representa. No obstante,
como podemos ver de lo
expuesto más arriba, el
Partido Conservador y la
sección conservadora de
los círculos gobernantes
pueden acomodarse muy
bien tanto al Carril I
como al Carril II como
muestran los sucesos de
Honduras, incluso si la
política exterior cambia
como un camaleón de un
día para otro.
El gobierno de Obama, en
comparación con el
gobierno Conservador
Canadiense, se supone
que esté en el centro
izquierdo y opuesto a la
derechista de la era de
la política de Bush. La
esencia de todo es que
los Carriles I y II son
dos alas de la misma
política de dominación y
control, es todo
cuestión de cuál de
ellas es más eficiente y
“funciona”. Ambos
carriles son útiles para
los dos, “conservadores”
y “liberales”, los dos
carriles se pueden
mezclar uno con el otro
en un instante.
Una de las lecciones que
debemos aprender y sobre
la cual actuar
inmediatamente, es que
tenemos que hacer
responsable al gobierno
de Canadá por su
violación de las
resoluciones de la OEA y
la ONU. Los
Conservadores deben
cambiar su posición
inmediatamente y
distanciarse de la
política de los EE.UU y
en su lugar, aliarse
inmediatamente con los
amplios movimientos de
América del Sur. Ya
algunos partidos
políticos en el
Parlamento Canadiense
han planteado objeciones
valientes y honorables
acerca de la política
del Gobierno Canadiense
respecto a Honduras
desde el día 28 hasta el
día de hoy. No puede
haber demoras. El
gobierno de facto de
Honduras tiene que ser
obligado a retroceder
ahora y permitir el
regreso del Presidente.
Si el gobierno
canadiense está
realmente preocupado por
el peligro que corre el
Presidente si regresa a
su país y su pueblo, la
respuesta no puede ser
mantenerlo alejado, sino
forzar la renuncia de
los usurpadores de
acuerdo a las posiciones
y las resoluciones
internacionales.
Creo firmemente que el
golpe contra Honduras es
un golpe dirigido contra
los movimientos que
representan la soberanía
y el progreso de todos
los pueblos de América
Latina. Los pueblos del
mundo, especialmente
ahora en América Latina,
deben estar siempre
vigilantes y opuestos a
la política de Dos
Carriles del
imperialismo proveniente
del Norte.
Desde hace ya más de 50
años, los pueblos
latinoamericanos, tras
muchos sacrificios y
luchas, han venido
labrando sus propios
conceptos de soberanía y
democracia; por ello
merecen el pleno apoyo
de los pueblos de Canadá
y Estados Unidos.
* Arnold
August, Montreal, Canadá
es un autor y periodista
especializado en Cuba.
|