|
Los recientes
acontecimientos en
Honduras han puesto en
evidencia que en la
región centroamericana
se está dando cambios
sociales en América
Latina. En efecto, la
revolución bolivariana,
la creación del ALBA,
han inducido a los
movimientos políticos no
sólo a examinar sus
concepciones sobre la
lucha revolucionaria y
sus métodos, sino que
también ha obligado al
gobierno de los Estados
Unidos a revisar su
política hacia
Centroamérica y el
Caribe y a instrumentar,
por el momento, una
política “dura” hacia la
región. De allí, el
golpe de Estado reciente
en Honduras.
Hoy, América Latina es
el continente
revolucionario. Apareció
en Europa casi con el
siglo XX y allí se
mantuvo agónica entre la
primera guerra mundial y
las postrimerías de la
segunda. La revolución
frustrada en Europa
donde sólo alcanzó a
entronizarse en Rusia;
luego la marea
revolucionaria pasó a
otros continentes,
llegando a Asia,
específicamente, a
China. La revolución
china crearía la
vietnamita, que se midió
con tres imperialismos,
el japonés, el francés y
estadounidense.
Actualmente, la llama se
ha avivado en América
Latina.
En América Latina desde
el momento en que
apareció la revolución
se hizo ciudadana de
nuestro continente y
entró a ser uno de los
componentes del drama
latinoamericano.
La actividad
revolucionaria de
nuestra región, única en
el mundo, no es casual
ni inesperada. Aquí se
están dando las
condiciones que
culminarán en el cambio
revolucionario como en
ninguna otra latitud del
planeta tierra.
Ahora bien: ¿Por qué el
golpe de Estado en
Honduras?
Para explicar este golpe
de Estado, partiremos
desde el campo
geopolítico y militar
estratégico. Desde este
sentido, por una parte,
diremos que para los
Estados Unidos, Honduras
es un enclave militar;
por otro, el Presidente
Zelaya ha tenido el
atrevimiento de
adherirse al ALBA del
Comandante Chávez, cuyos
miembros no están de
acuerdo con las bases
militares en el
territorio de América
Latina.
Como estrategia militar,
el golpe hondureño está
orientado a preservar
una pieza clave del
control militar de la
región. Honduras le
sirve al imperialismo
estadounidense para
mantener el poder armado
sobre las reservas de
petróleo, agua y
biodiversidad; todo
control militar tiene un
objetivo económico.
Asimismo, la “revoltosa
ALBA” complica y
desestabiliza la
presencia directa del
Pentágono en Honduras.
Para Estados Unidos es
inaceptable “una
solicitud futura por
parte de ese país del
desmantelamiento de la
base militar, ubicada en
Soto Cano a 97
kilómetros de
Tegucigalpa”. Este
escenario no causa un
perjuicio económico al
imperio yanqui, sino
otro, y es de orden
político-militar.
Pero Washington para
mantener su dominio usa
la fachada, denominada
“sistema democrático”,
por ello debe respetar
formalmente las
decisiones de los
gobiernos de la región.
Por ejemplo, el
Presidente Rafael Correa
decidió retiró la base
militar estadounidense
de Ecuador. Mucho menos
acepta gobiernos que
luchan por la justicia
social.
En conclusión, la
estrategia de control
con el poder blando de
la “democracia”,
constituye la principal
debilidad de Washington.
Es decir, se encuentra
en la imposibilidad de
reprimir abiertamente
los movimientos
desestabilizadores
contra su aparato de
dominación militar. Por
ello acude al poder
duro, que consiste en
golpes de Estados,
invasiones. De esta
manera, ha mantenido por
más de un siglo su
hegemonía en nuestro
continente. |