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Los que hace ya algún
tiempo venimos
interesándonos casi a
diario por todo aquello
cuanto va aconteciendo
en los diversos medios
de comunicación al
servicio del
imperialismo, poniendo
especial atención en
determinados asuntos de
la actualidad política
internacional, a menudo
nos vemos obligados a
tener que escribir este
tipo de artículos para
denunciar la indignidad
periodística que, en
modo de manipulación,
falsedad, servilismo o
cobardía, brota de las
plumas, los micrófonos o
las cámaras de
televisión de los
principales medios de
comunicación a nivel
internacional.
Son tantos los ejemplos
de este tipo de
periodismo (servicial y
lacayo) que podemos
encontrar a diario en
los medios, que la
denuncia y el análisis
constante se convierte
casi en una necesidad
ideológica, al ser la
única arma que nos
queda, junto con los
medios alternativos, y
ante el inmenso poder
que tienen estos medios
imperialistas, para
poder llevar la otra
cara de la realidad a la
ciudadanía sobre ciertos
temas de carácter
político y social
(normalmente la cara que
no dejan ver los medios
tradicionales), así como
arrojar un poco de luz
en la consciencia de
todas aquellas personas
que se ven arrastradas
sin remedio a la espiral
alienante que, día tras
día,
tratan de generar estos
medios con tales
manipulaciones y
mentiras sobre las
noticias de actualidad,
especialmente, como
digo, las noticias de
tipo político que
afectan a temas muy
concretos del panorama
internacional.
Es la guerra de cuarta
generación; una guerra
psicológica destinada a
dominar las consciencias
del receptor de tales
informaciones, a falsear
la realidad según los
intereses económicos de
los propietarios de los
grandes medios de
comunicación, con el
único objetivo de
aplastar la disidencia
antes incluso de que
pueda llegar a
consolidarse como fuerza
de resistencia y cambio
social. Es una guerra,
por tanto, que tiene por
objeto la sumisión en
masa de los pueblos a
los intereses y
privilegios de las
clases dominantes, más
aun, que tiene por
objeto la sumisión en
masa de los pueblos a
los intereses y
privilegios de aquellos
mismos que los explotan,
los oprimen y los
utilizan a su antojo
como mera fuerza de
trabajo que se compra y
se vende, como mera
mercancía laboral, como
meros consumidores
pasivos sin más derechos
civiles y políticos que
el agachar la cabeza
ante los designios de
los poderes fácticos.
Una guerra cuyos
comandantes al mando se
ubican cómodamente en
los consejos de
administración de las
principales empresas
multinacionales de la
información, cuyos
generales y demás mandos
subordinados se asientan
en los correspondientes
consejos de redacción de
los diferentes medios, y
cuyos
soldados-mercenarios a
sueldo se forman en las
facultades de ciencias
periodísticas de
cualquier parte del
mundo para acabar
disparando sus armas de
destrucción masiva desde
cualquier parte del
mundo y contra cualquier
objetivo que sus amos
les indiquen, sin
consciencia, dignidad ni
remordimiento de ningún
tipo. Simplemente
obedeciendo las órdenes
de aquellos que les
pagan para intoxicar
conscientemente la mente
de millones de personas.
Es un guerra sucia y
despiadada que no se
detiene ante nada, que
es constante y diaria,
que únicamente va
variando el nivel de su
intensidad a medida que
los acontecimientos lo
requieren, pero que está
siempre activa, día tras
día, noche tras noche,
mes tras mes, año tras
año, siempre apuntando y
disparando sutilmente
contra todo aquel
objetivo que sea marcado
por los comandantes y
generales a sus
respectivos soldados.
En estos días, en
relación a los sucesos
que han venido
aconteciendo antes,
durante y después del
Golpe de Estado en
Honduras, hemos tenido
una nueva muestra de
este ataque masivo
contra la ciudadanía.
Todos los frentes del
batallón mediático
imperialista se han
despertado para entrar
en combate desde todos
los rincones del mundo,
aumentando el nivel
habitual de ataque hasta
niveles de combate
directo y masivo. La
complicidad y el
compadreo con los
golpistas, de manera
directa o encubierta,
han sido la tónica
generalizada en la
inmensa mayoría de los
medios internacionales.
Bien pertrechados y
coordinados para no
dejar títere con cabeza,
para que el ataque no
sea en vano.
El eje central de la
batalla se ha
desarrollado, por
supuesto, en el interior
de la propia Honduras.
Las cohibiciones a la
libertad de expresión
comenzaron ya desde el
primer minuto después
del golpe. La cadena del
Estado fue tomada por
los militares y sacada
del aire a los pocos
minutos del mismo, y
únicamente volvió a
emitir una vez estaba
totalmente controlada
por los golpistas, y su
programación pudo ser
puesta completamente al
servicio del nuevo
gobierno de facto
instaurado en el país.
Además, las autoridades
golpistas han
perseguido, detenido y
amenazado a aquellos
periodistas, nacionales
e internacionales, que
no se plegaron a sus
intereses (para la
historia quedará la
detención “en directo”
del equipo reporteril de
TeleSur). Como
consecuencia de ello,
diferentes medios de
comunicación hondureños
fueron cerrados o
tomados por los
militares (Canal 36,
Radio Progreso, Radio
Globo Honduras, etc.) y,
cuando los han dejado
emitir, los cortes de
emisión han sido una
constante, de manera
absolutamente descarada
y vergonzante,
simplemente por tratar
de informar al país de
la verdad de todo cuanto
allí estaba
sucediendo minuto a
minuto. Los golpistas
dieron también orden a
las compañías de cable
para que sacaran del
aire a todas las cadenas
internacionales de
noticias, no podían
permitir emisiones de
cadenas, por muy
próximas ideológicamente
a ellos que estuvieran,
que no eran capaces de
controlar directamente a
través de la presión
militar (mediante la
toma de las
instalaciones desde
sonde se realizaban las
emisiones) o las
restricciones al espacio
radioeléctrico (mediante
los cortes de emisión
cuando se decía algo que
no era del agrado del
gobierno golpista).
Mientras tanto, en apoyo
a todo lo anterior, los
medios que han podido
actuar con normalidad,
es decir, todos aquellos
medios partidarios del
Golpe de Estado, se han
dedicado a ocultar y
tergiversar la realidad.
La mayor parte del
tiempo, con un país en
plena ebullición social
y en un clima masivo de
resistencia contra el
Golpe militar, las
principales televisiones
privadas han basado el
núcleo central de su
programación en la
emisión de telenovelas y
series de dibujos
animados, programas
musicales, espectáculos
deportivos y cotilleos
de la farándula, según
ha podido saber el mundo
entero gracias a las
reiteradas denuncias
llegadas desde la propia
Honduras por ciudadanos
indignados ante tal
muestra de intoxicación
mediática, y verificado
posteriormente por los
diversos corresponsales
internacionales que se
encuentran en la zona
realizando su tarea,
además de poder verse en
directo gracias a
imágenes emitidas por
TeleSur en reiteradas
ocasiones con conexiones
en directo a la
programación de algunas
de estas cadenas. Por si
fuese poco, tales
cadenas únicamente
cortaban esta
programación para emitir
informaciones
relacionadas con las
actividades políticas de
los golpistas; la sesión
del Congreso que otorgó
el poder al nuevo
gobierno golpista, las
declaraciones del
presidente de facto y
otros cómplices
judiciales, políticos y
militares del Golpe, las
manifestaciones públicas
a favor del Golpe, etc..
Al tiempo, las masivas
manifestaciones de la
población hondureña que
resiste contra el Golpe
de Estado han sido
sistemáticamente
silenciadas, y sus
asistentes calificados
como turbas o “mareros”
(pandilleros). En
cambio, como digo, las
manifestaciones de los
ciudadanos pro Golpe de
Estado, paradójicamente
llamadas
“manifestaciones por la
paz y la democracia”
(sic), han sido
impulsadas, publicitadas
y totalmente cubiertas
por estos medios, tanto
de televisión, como los
de radio y prensa
escrita. Además, durante
toda la semana, las
“cadenas” (emisiones de
obligada transmisión
para todos los medios en
el aire tanto de radio
como de televisión,
tanto públicos como
privados) con mensajes,
entrevistas o ruedas de
prensa de las nuevas
instituciones de facto o
de voceros favorables al
Golpe de Estado, han
sido una constante, en
especial a medida que la
resistencia popular se
intensificaba en las
calles de todo el país.
Particularmente
vergonzante ha sido la
actitud de la prensa
escrita. A este
respecto, Yaifred Ron y
Mauricio Rodríguez, han
realizado una importante
investigación,
presentando editoriales
y portadas de los
diarios hondureños El
Heraldo, la Prensa y La
Tribuna, en la cual
han demostrado cómo
estos medios
(perteneciente a la SIP)
fueron progresivamente
manipulando la
información e intentando
colocar a la opinión
pública en contra de
Manuel Zelaya desde
meses antes del Golpe,
así como en referencia a
la cobertura que estos
medios han dado a la
situación del país una
vez este era ya una
trágica realidad, con
portadas absolutamente
escandalosas el día
después de haberse
llevado a cabo el mismo.
Esta investigación, que
no tiene desperdicio, y
que a buen seguro es un
gran complemento para
este mismo artículo que
estoy escribiendo yo, la
podemos encontrar en el
siguiente enlace:
http://www.radiomundial.com.ve/yvke/noticia.php?t=27679.
Recomiendo
encarecidamente a todo
el mundo su lectura, ya
que pone de manifiesto
muy claramente cuál ha
sido el grado de
bombardeo de cuarta
generación al que se han
visto sometidos los
ciudadanos hondureños
durante los últimos
tiempos. Estos mismos
medios impresos, han
llegado incluso a tener
la osadía de manipular
macabramente la foto del
joven asesinado por el
ejército hondureño el
pasado domingo 05 de
Julio mientras se
manifestaba
pacíficamente junto a
cientos de miles de
compatriotas. En tal
manipulación, impropia
de una persona que ose
considerarse un ser
humano, los redactores
del diario La Prensa
borraron todo rastro
de sangre en la foto del
joven asesinado para
tratar de enmascarar la
crudeza de la represión
a la que se habían visto
sometidos los
manifestantes,
eliminando tanto la
sangre que brotaba de la
cabeza del muchacho,
como la que se podía ver
manchando parte de su
camiseta, como el rastro
que iba dejando la misma
sobre la carretera.
Lo podemos ver aquí.
En conclusión, el cerco
mediático en el que han
vivido los hondureños
durante todos estos días
ha sido total y
absoluto, sin
posibilidad alguna de
conocer la realidad de
todo aquello cuanto
estaba aconteciendo en
su propio país. No es
descabellado afirmar
que, en estos días,
cualquier ciudadano
extranjero, con interés
sobre lo que allí estaba
sucediendo, ha podido
tener un conocimiento
infinitamente más veraz
de lo que estaba
ocurriendo en aquel país
que la inmensa mayoría
de los propios
hondureños. El apagón
informativo ha sido
total. La batalla
mediática interior ha
sido de tal magnitud,
que lo acontecido en
Venezuela en el año 2002
pasará ya a la historia
como una minucia en
relación a lo que los
hondureños han tenido
que sufrir estos días.
Una dictadura mediática
en toda regla,
obviamente en
consonancia directa con
el tipo de régimen
político que ha sido
instaurado en el país
tras el Golpe de Estado.
Pero la batalla interna
no ha sido la única que
se ha desatado. Los
principales medios de
comunicación
internacionales han
sabido dar plena
cobertura a los ataques
iniciados por sus
colegas por-golpistas en
el interior del país. Si
bien es cierto que
algunos medios
aprendieron la lección
tras el fallido Golpe de
Estado en Venezuela y se
han guardado con
bastante cautela de
apoyar abiertamente el
Golpe, el apoyo
encubierto del mismo,
destinado a crear un
clima de opinión pública
internacional favorable
a los intereses y el
discurso de los
golpistas, ha sido la
línea habitual en las
ediciones de los
diferentes medios.
Ciertamente sólo
podremos encontrar unos
pocos ejemplos a nivel
internacional de medios
que se han atrevido a
apoyar abiertamente el
golpe, la mayoría de
ellos vinculados con la
derecha más retrógrada
del planeta (en el
Estado Español, cómo no,
Libertad Digital ha sido
su representante), pero
los apoyos encubiertos
en la mayoría de los
medios tradicionales han
sido continuos. En el
Estado Español, en
concreto, el apoyo
encubierto al Golpe ha
sido completamente
descarado, tanto que lo
de “apoyo encubierto”
casi se puede
considerar un eufemismo.
Varias han sido las
líneas seguidas por los
medios españoles de
mayor tirada para
legitimar de manera
encubierta el Golpe de
Estado militar, todas
ellas repetidas a modo
de matriz informativa en
los diferentes formatos
de radio, prensa y
televisión. Nos
centraremos aquí en un
análisis de este apoyo
encubierto llevado a
cabo a través de los
cuatro principales
diarios españoles con
tirada en todo el
territorio estatal (El
País, El Mundo, La Razón
y el ABC):
1) La manipulación
del lenguaje empleado
para dar cobertura a la
noticia:
Como bien afirma el
profesor Vicente Romano
en su magnífico libro
“La intoxicación
Lingüística. El uso
perverso de la lengua”,
“las palabras son
como minúsculas dosis de
veneno que pueden
tragarse sin que uno se
dé cuenta. A primera
vista parecen no tener
efecto y luego, al poco
tiempo, se manifiesta la
reacción tóxica (…) En
el lenguaje de los
medios predominan los
términos utilizados
deliberadamente para
confundir, para
intoxicar las mentes”.
O, lo que viene a ser lo
mismo, el uso que
hagamos del lenguaje en
referencia a un
determinado tema,
especialmente si tiene
componentes de tipo
político, no es en
absoluto neutro. Según
el lenguaje que
utilicemos así cobrará
un sentido u otro la
información que
transmitamos una vez
ésta sea captada por el
receptor de la misma.
Las palabras tienen la
capacidad de construir
realidades,
especialmente cuando nos
enfrentamos ante una
realidad no vivida, y
que, por tanto, estamos
teniendo conocimiento de
ella a través de las
palabras que nos llegan
al respecto. Para un
mismo tema, el uso de
una palabra o de otra
puede hacer varíe por
completo la compresión
que alcancemos de la
misma, así como las
reflexiones consecuentes
que nos genere la
información recibida.
Por poner un ejemplo
fácil de entender, muy
de actualidad
lamentablemente durante
los últimos años, para
nada es lo mismo llamar
“daños colaterales” que
“asesinatos” a los
muertos civiles
generados a causa de un
determinado bombardeo
militar. Mientras la
primera palabra exime de
toda responsabilidad a
los autores del
bombardeo, la segunda
los señala como
responsables directos de
la muerte de esos
civiles inocentes.
Mientras la primera
exime a los responsables
de toda responsabilidad
penal por la muerte de
esas personas, la
segunda los sitúa en una
órbita bien distinta,
como causantes de un
delito de lesa-humanidad
que algún día pudiera y
debiera ser juzgados.
Así pues, el uso que los
medios de comunicación
hacen del lenguaje a la
hora de transmitir una
serie de noticias a la
ciudadanía, acaba por
condicionar la
percepción misma que esa
ciudadanía desarrollará
en referencia a los
sucesos tratados por
tales noticias. La
sustitución de unos
términos lingüísticos
por otros, no es en
absoluto algo inocente,
sino todo lo contrario.
El uso que los medios de
comunicación hagan del
lenguaje en relación con
un determinado tema,
dejará ver cuál es la
verdadera actitud que
esos medios tienen sobre
el tema. Tan sólo habrá
que analizar
cuidadosamente el
lenguaje utilizado por
un determinado medio en
relación a una
determinada realidad
política, y así sabremos
cuál es la postura real
que ese medio mantiene
respecto de esa realidad
política, más allá de lo
que puedan decir de
manera oficial en sus
editoriales o en el
trato que le den a las
noticias que hablen
sobre ello. En el caso
que nos ocupa, un
análisis del lenguaje
utilizado por los medios
españoles durante estos
días que lleva en el
poder el gobierno de
Facto del señor
Micheletti, nos deja ver
muy claramente cuál es
la verdadera posición de
estos medios en relación
a lo que ha venido
sucediendo en Honduras
desde entonces: un apoyo
claro a los golpistas y
una deslegitimación
constante del gobierno
legítimamente electo por
el pueblo hondureño del
señor Manuel Zelaya
Rosales.
Para empezar, todo tipo
de artimañas
lingüísticas han sido
utilizadas por los
diferentes medios
internacionales para
recubrir con eufemismos
varios la crudeza que
supone utilizar la
expresión “Golpe de
Estado” de manera clara
y sin ambigüedades.
CNN en español marcó
la línea al catalogar el
Golpe como “Sucesión
Forzada”,
y los medios españoles
rápidamente se subieron
al carro, aunque
paulatinamente han
tenido que ir reculando,
al menos en lo que
respecta a este asunto.
Otra artimaña habitual
ha sido la de calificar
el golpe como “constitucional”
o, recogiendo las
palabras de los propios
golpistas, como “sucesión
constitucional”,
bien directamente, bien
a través de todo tipo de
explicaciones sobre las
legitimidad
supuestamente
constitucional que han
tenido los golpistas a
la hora de derrocar por
la fuerza al presidente
Zelaya. El diario ABC,
por ejemplo, titulaba
así la noticia sobre el
Golpe de Estado del
pasado domingo 28 de
Junio: “El
parlamento de Honduras
destituye a Zelaya por
violar la Constitución”.
Nadie diría, leyendo tal
titular, que el
presidente Zelaya fue
sacado de su cama a
punta de pistola,
amenazado de muerte, y
puesto de manera
obligada y por la fuerza
en un avión rumbo a
Costa Rica, en un
procedimiento no
contemplado en ningún
caso en ninguno de los
más de trescientos
artículos de la actual
Constitución hondureña.
También podrían haber
presentado la noticia
bajo el siguiente
titular “El ejército
hondureño viola la
Constitución y destituye
ilegalmente a Zelaya en
un nuevo Golpe de Estado
en Honduras”, mucho
más acorde con la
realidad de los hechos,
pero que, obviamente, no
hubiera tenido el mismo
contenido
simbólico a la hora de
ser captado por sus
lectores. Dime como
redactas tus titulares,
y te diré con quién
estás.
Otra técnica claramente
visible en todos y cada
uno de los medios
españoles tradicionales,
ha sido el modo con el
que tales medios se han
referido al gobierno
usurpador de Micheletti.
“Presidente interino”,
“Nuevo presidente”,
han sido los
calificativos más
utilizados, dando con
ello total legitimidad
al cargo ocupado de
manera ilegal por este
señor, a la vez que a
Manuel Zelaya, en contra
de lo acordado por toda
la comunidad
internacional
(exceptuando a Taiwán e
Israel), se le ha
calificado como “Presidente
depuesto” o “ex
Presidente”.
Cualquier manual
ético-periodístico
sencillo, nos hace ver
que a todo gobierno
golpista se le ha de
calificar como un
Gobierno de facto,
que a todo presidente
golpista se le ha de
calificar como
Presidente de facto
(cuando no directamente
como Presidente
golpista), y que a todo
Presidente, elegido
legítimamente por su
pueblo y que ha sido
derrocado del poder por
un Golpe de Estado, se
le ha de seguir llamando
Presidente legítimo al
menos mientras no haya
un reconocimiento masivo
de la comunidad
internacional, o gran
parte de ella, al nuevo
gobierno salido del
Golpe de Estado. Pero la
prensa española no
entiende de manuales
ético-periodísticos.
Ellos saben muy bien lo
que hacen cuando usan
estos términos para
calificar a los
implicados en los
sucesos, dando
legitimidad para
gobernar al que no la
tiene, y quitándosela al
que democráticamente le
pertenece. Eso sí, luego
son los primeros en
atreverse a dar
lecciones de moral y
democracia a todo aquel
gobierno legítimo que no
sea de su agrado, como
tenemos tantos y tantos
ejemplos recientes.
Pero, lo más aberrante
en este aspecto de la
manipulación
lingüística, ha sido,
sin duda alguna, el uso
que estos medios
tradicionales han hecho
del lenguaje para
descargar de todo tipo
de responsabilidades a
los golpistas de
cualquier suceso trágico
o doloroso que se haya
podido dar durante las
revueltas populares en
contra del Golpe de
Estado. Hablamos aquí de
un paralelismo evidente
con el ejemplo antes
puesto acerca de los
“daños colaterales” y
los “asesinatos”.
Cualquier suceso trágico
que se haya podido dar
durante estos días en
Honduras a consecuencia
de la acción de las
fuerzas y cuerpos de
seguridad hondureños que
han actuado para
reprimir al pueblo que
no está de acuerdo con
el Golpe de Estado, ha
sido para estos medios
una especie de “daño
colateral”, pero, en
ningún caso, un
“asesinato” o alguna
otra acción delictiva
que pueda implicar una
responsabilidad directa
de los golpistas en la
misma. El colmo de la
desvergüenza ha llegado
con los titulares de
estos medios en
referencia a lo
acontecido en la tarde
del domingo 05 de Julio
en el Aeropuerto de
Tegucigalpa, unos
trágicos sucesos que
acabaron con dos muertos
y varios heridos a manos
del ejército. Pero la
prensa española no debió
ver lo mismo que pudimos
contemplar en directo el
resto del mundo. El
diario El País
titulaba los sucesos de
la siguiente manera “El
frustrado regreso de
Zelaya deja un muerto y
varios heridos”.
En la misma línea, los
diarios del Grupo
Vocento (ABC)
titulaban también lo
siguiente “La
crisis hondureña se
cobra sus dos primeras
víctimas mortales”.
Por su parte, tanto el
diario El Mundo
como La Razón
prefirieron acudir a la
ya
habitual
técnica de calificar
como “enfrentamientos”
a la represión ejercida
por el ejército contra
los manifestantes
desarmados y en actitud
pacífica que protestaban
legítimamente en las
calles a la espera de su
presidente. El diario
El Mundo, por
ejemplo, titulaba la
noticia tal que así “Dos
muertos en Honduras tras
el enfrentamiento con
las fuerzas de seguridad”,
y La Razón,
aunque ofrece un titular
en apariencia más
neutro, ya en el primer
párrafo de la
noticia
deja claro que “Al
menos un muerto y una
decena de heridos se
registraron hoy en
enfrentamientos entre
militares de Honduras y
seguidores del depuesto
presidente”. Queda
claro, por tanto, que el
ejército, así como los
golpistas en el poder,
no ha tenido ninguna
responsabilidad en el
asesinato a sangre fría
de dos
ciudadanos hondureños
desarmados y que se
estaban manifestando de
manera pacífica durante
todo el día junto a
cientos de miles de
compatriotas, sino que
estos ciudadanos han
muerto a consecuencia
del “fallido regreso
de Zelaya”, “la
crisis hondureña” o
“los enfrentamientos”
entre partidarios de
Zelaya y las fuerzas de
seguridad, que cumplían
simplemente con su
trabajo. No hay
responsabilidad para
nadie, y, por supuesto,
se elimina así toda
carga emocional que el
uso de la palabra “asesinato”
pueda generar en el
receptor de las noticias
sobre estos trágicos
hechos, un componente
emocional que podría
inducir al lector a
ponerse del lado de la
población desarmada e
inocente que ha sido
atacada, y no del lado
de los “asesinos”
que dispararon contra
ellos a sangre fría.
Tampoco la palabra
represión podemos
encontrarla por ningún
lado en las noticias
expuestas. Si los han
matado como a conejos,
será, hemos de concluir
a la vista del
tratamiento informativo
que los medios españoles
dan a la noticia, porque
ellos se lo han buscado.
Por ejemplo, por ser
(turbas) “chavistas
que siembran el caos en
Honduras”,
tal y como el diario
La Razón titulaba
sin ningún pudor la
galería de imágenes
acerca de los sucesos
acontecidos en el
aeropuerto.
2) Las mentiras sobre
la reelección
presidencial y la
supuesta reforma
constitucional:
Este ha sido, sin duda,
el argumento principal
expuesto por la prensa
imperialista
internacional, y en
especial por la prensa
española, para dotar de
legitimidad encubierta
al Golpe de Estado
militar, ya incluso
antes de que se hubiese
llegado a realizar.
Analizaremos aquí varios
ejemplos de cómo, antes
y después del Golpe, los
medios españoles han
propagado esta gran
mentira a modo de
justificación del mismo.
Es significativo señalar
que en todos los casos,
es decir, en el global
de los cuatro medios
analizados, esta
argumentos fue expuesto
en primer lugar en los
días previos al golpe
(cuando los soldados
estaban ya en las calles
y los indicios del Golpe
eran más que evidentes),
y en segundo lugar una
vez el Golpe ya había
sido llevado a cabo por
los militares. Digo que
es significativo señalar
este hecho, puesto que
demuestra claramente
como antes incluso de
que el Golpe se llevase
a cabo los medios
españoles ya estaban
abonando el terreno, a
base de mentiras y
calumnias, para
legitimar cualquier cosa
que pudiese ocurrir
después, para que a la
población española no le
cogiese de improvisto el
Golpe, y supiesen ya a
qué atenerse.
Desprestigiando la
figura de Zelaya se
sentaban las bases de la
posterior legitimación
encubierta del Golpe, si
acaso éste llegase a
sucederse, como todo
apuntaba que así sería.
No es en absoluto casual
que los cuatro medios
analizados utilizasen
sistemáticamente esta
mentira sobre la
reelección presidencial
a la que supuestamente
aspiraba Zelaya en los
días previos al golpe,
sino más bien todo lo
contrario: causal. Los
escuadrones que combaten
en un guerra jamás lo
hacen sin actuar de
forma coordinada y
organizada cuando lo que
se está planeando es un
ataque conjunto y
simultaneo sobre los
objetivos marcados. Los
escuadrones de la guerra
mediática no son una
excepción a esta regla.
El trabajo conjunto y
coordenado forma parte
de su estrategia de
guerra. Este es un claro
ejemplo de ello. No hay
necesidad si quiera de
que los directores de
estos medios se sienten
en una mesa a ponerse de
acuerdo en relación a
qué tipo de información
tienen que hacer emanar
desde sus diferentes
redacciones, basta con
que acudan a analizar el
discurso manejado por la
parte implicada en los
sucesos a la que ellos
quieren dar cobertura, y
actuar en consecuencia.
La cantinela de la
supuesta reelección de
Zelaya ha sido el
argumento central que la
oposición hondureña ha
manejado durante los
últimos meses para
deslegitimar a Zelaya y
crear el ambiente
propicio entre su
ciudadanía de cara a un
eventual Golpe de
Estado. La prensa
española únicamente ha
tenido que acudir al
discurso manejado por
los golpistas, y hacerlo
propio. Por ello no es
casual en absoluto que
este
argumento central en la
estrategia política de
los golpistas
hondureños, basado en
una mentira de
envergadura, fuese
sistemáticamente
recogido en los días
previos al Golpe por la
prensa española
imperialista. Es
precisamente del
discurso de la oposición
golpista hondureña de
dónde provenía, no de
ningún otro lado. La
prensa española
únicamente se ha
limitado a amplificarlo
entre sus lectores, a
modo de legitimación de
los sucesos que estaban
ciertamente por venir,
para que los españoles
se fuesen haciendo el
cuerpo, y que al
despertarse de la siesta
del domingo, cuando
viesen en sus
telediarios o
radio-noticieros
preferidos que habían
sacado al Presidente
Zelaya a punta de
pistola del país, que no
se le indigestase la
merienda, que ya
supiesen a qué atenerse.
Así, según se desprende
la “información”
que estos medios nos
venían dando en los días
previos al golpe,
supuestamente el
Presidente electo de los
Hondureños, Manuel
Zelaya, quería llevar a
cabo una reforma
constitucional con el
objetivo de perpetuarse
en el poder, al estilo
de lo que ya han hecho
otros mandatarios
latinoamericanos como
Hugo Chávez o Evo
Morales (sic). Sin
embargo, esta
afirmación, impulsada
directamente, como ya he
dicho, desde las
argumentaciones de los
golpistas para
auto-legitimarse, a poco
que se le preste un poco
de atención a la
realidad hondureña y sus
leyes vigentes, no hay
por donde cogerla, lo
cual no ha impedido que
haya sido repetida hasta
la saciedad por todos y
cada uno de estos
medios, tanto como antes
como después del Golpe.
Ya saben, una mentira
repetida mil veces se
puede acabar
convirtiendo en una
verdad absoluta, máxima
Goebbeliana por
excelencia.
Pero, frente a las
mentiras intencionadas y
repetidas mil veces, la
realidad, la verdad.
Como bien explica el ex
director del diario
Público, Ignacio
Escolar, en su artículo
“Las
claves para entender qué
pasa en Honduras,
“la actual
constitución de Honduras
establece un mandato
único a los presidentes
de cuatro años. Zelaya
termina el suyo este año
y, en cualquier caso, no
se podría presentar a la
reelección porque para
noviembre no estaría
aprobada la reforma
constitucional que él
propone. Como mucho,
habría sido posible que
en esa fecha se votase
la posibilidad de una
reforma constitucional.”.
Es algo tan evidente,
tan elemental, que no
merece la pena si quiera
tratar de ampliar su
explicación. Afirmar que
el presidente Zelaya
quería reformar la
constitución para
perpetuarse en el poder
(más allá de que ya el
uso de la palabra
perpetuación es
totalmente incorrecta en
estos casos, como se ha
explicado reiteradamente
por muchos articulistas
cuando se llevó a cabo
el referéndum para la
reforma constitucional
en Venezuela), es
simplemente un mentira
de tal magnitud que hay
que ser idiota total
para llegar a creérsela,
simplemente por
cuestiones de tiempo,
simplemente por
condicionamientos de la
física elemental,
simplemente por la
diferencia que se
establece entre el antes
y el después (que dirían
en Barrio Sésamo). No es
posible en ningún caso
que una persona se pueda
aprovechar de una
reforma de este tipo que
se haría, llegado el
caso, una vez él ya no
sea presidente de la
República, y, por tanto,
ya no pudiera
aprovecharse de ella. Si
la reforma se haría a
partir de Febrero de
2010 y el presidente
Zelaya debía dejar el
cargo, obligado por la
ley vigente, en Enero de
ese mismo 2010, blanco y
en botella, salvo para
los idiotas totales y
las prostitutas de la
información mediática.
Todo lo más podría ser
cierto que el Presidente
Zelaya tenía pensado
proponer en un futuro,
una vez se aprobase por
el Congreso la
incorporación de la ya
famosa cuarta urna en
las elecciones de
Noviembre, una nueva
Constitución en la cual
se eliminase el límite
establecido en la actual
Constitución de un
máximo de una
legislatura para cada
Presidente de la
República. Pero en
ningún caso sería
posible que el propio
Zelaya, al menos en
estas próximas
elecciones de Noviembre,
se beneficiase de esa
nueva Constitución, ya
que esta no entraría en
vigor, si así ocurriese
finalmente, hasta la
siguiente legislatura
como mínimo, una
vez el señor Zelaya ya
habría abandonado, como
dictamina la ley actual,
su cargo de Presidente
de la República.
Sin embargo, bien es
cierto que la actual
Constitución hondureña
prohíbe expresamente la
reforma del artículo de
la misma en la cual
queda limitado por ley
el periodo presidencial
a una sola legislatura
consecutiva (en un
futuro escribiré un
artículo acerca de la
dudosa calidad
democrática de esta
limitación pétrea de la
actual Constitución),
pero no es menos cierto
que en ningún caso lo
planteado por Zelaya era
una reforma de ese
artículo constitucional,
sino una reforma
integral de la
Constitución, la
promulgación de una
nueva Constitución a
través de los acuerdos
alcanzados en una
Asamblea Constituyente,
acerca de lo cual nada
se dice en la
Constitución actual, no
pudiéndose, en
consecuencia, derivar un
comportamiento anti-constitucional
de tal propuesta. Así
que no es ya que no sea
cierto que el Presidente
Zelaya tenía pretensión
alguna de reformar la
constitución para
perpetuarse en el poder,
sino que ni tan si
quiera es verdad que
pretendiese reformar la
actual constitución
hondureña, sino
impulsar, mejor dicho,
dejar el camino abierto,
para la proclamación de
una nueva Constitución
en la siguiente
legislatura, una vez el
nuevo Presidente hubiese
sido electo, y el
congreso hubiese sido
renovado
democráticamente para
tomar en esa nueva
legislatura el carácter
de una Asamblea
Constituyente. Es
importante señalar este
hecho, porque estas dos
grandes mentiras han
venido de la mano en la
estrategia
propagandística de los
golpistas hondureños, y
así han sido recogidas,
también de la mano, por
la prensa española
pro-imperialista. Pero
quede claro que la
realidad es bien
diferente: Ni Zelaya
tenía aspiración alguna
a ser reelegido en las
elecciones de Noviembre,
ni lo que venía
planteando era una
reforma Constitucional,
sino la apertura de un
camino democrático para
dotar al país de una
nueva Constitución. Las
reformas
constitucionales se
hacen sobre la base del
articulado de la
Constitución vigente,
algo que nada tiene que
ver con lo que Zelaya
estaba proponiendo, que
no era cambiar algunos
artículos de la
Constitución, sino
sustituirla
completamente por una
nueva. Como digo, en
ningún caso la actual
Constitución hondureña
tipifica como
incumplimiento de la
misma el intento por
proclamar una nueva
Constitución sustituta
de la misma, por lo que
en ningún caso la
propuesta de Zelaya
puede ser calificada de
inconstitucional como
falsamente han
argumentado las
instituciones
pro-golpista, incluida
la propia Corte Suprema
de Honduras.
Así pues, tenemos dos
grandes mentiras,
fácilmente desmontables
con la realidad de los
hechos en la mano, que
los medios de
comunicación
pro-imperialistas han
venido manejando como
grandes verdades en su
intento por dar
legitimidad encubierta
al Golpe de Estado.
Tanto la supuesta
pretensión de Zelaya
para ser reelegido en
las elecciones de
Noviembre, como la
supuesta vía que habría
escogido para ello (la
reforma constitucional),
son una verdadera falsa,
un vil engaño destinado
a legitimar el Golpe de
Estado militar y a crear
el caldo de cultivo
apropiado para que la
opinión pública,
nacional e
internacional, se
pusiese del lado de los
golpistas. Estas dos
grandes mentiras, como
ya he dicho, han ido de
la mano en el discurso
esgrimido por los
golpistas hondureños
para auto-legitimarse, y
han sido recogidas,
igualmente de la mano,
por la prensa española
pro-golpista como eje
central de su campaña de
legitimación encubierta
del Golpe militar tanto
antes como después del
mismo.
El diario El Mundo,
por ejemplo, nos dice en
su noticia “El
ejército y la policía se
enfrentan con los
manifestantes”,
del día 30 de junio, que
“La asonada de los
militares hondureños se
produjo en la noche del
sábado al domingo, tras
varios días de tensión,
justo antes de la
celebración de un
referéndum para reformar
la constitución, que iba
a permitir al presidente
Zelaya presentarse a la
reelección”.
El diario El País
nos dice igualmente en
su noticia “Zelaya
anuncia que regresará a
Honduras acompañado de
líderes latinoamericanos”
que “ Zelaya, un
aliado del venezolano
Hugo Chávez, tuvo un
enfrentamiento político
con el poder militar y
la mayoría del
Parlamento cuando trató
de modificar las leyes
para lograr la
reelección”, o, ya
incluso antes del Golpe,
en la noticia “El
ejército hondureño se
moviliza tras la
destitución del jefe del
Estado Mayor”,
nos avisaba que “El
presidente del país
centroamericano, Manuel
Zelaya, quiere reformar
la Constitución para
seguir en el poder y,
como primer paso, ha
convocado para el
próximo domingo una
especie de referéndum
para que los hondureños
digan si están de
acuerdo o no con que
vaya iniciando los
trámites”. Incluso,
para más inri, este
diario llegó a sacar un
Editorial el día previo
al Golpe de Estado, bajo
el título “Crisis
en Honduras”,
en el que nos aseguraba
sin despeinarse que “El
presidente Zelaya quiere
repetir mandato contra
la Constitución, el
Congreso y el Supremo”
o que “El
presidente Manuel
Zelaya, un populista
elegido en 2005, quiere
presentarse a un nuevo
mandato, pese a que la
Constitución se lo
prohíbe”.
Curiosamente, en este
mismo editorial el medio
de PRISA pretendía negar
el Golpe de Estado en
ciernes pues, según nos
decía ese día, todo era
un invento de Chávez con
el “refinado
argumento de que la
burguesía intenta un
golpe
contra-revolucionario”.
Ya hemos visto pues que,
desgraciadamente, como
analistas políticos los
editorialistas de El
País no tienen
precio. Como
manipuladores
profesionales y fieles
siervos de sus amos
serán muy buenos, pero
como analistas
políticos, en fin. Salvo
que Chávez sea un Alto
mando militar del
ejército golpista
hondureño, y no nos
hayamos enterado
todavía. Seguro que
algún día El País
y sus editorialistas
podrán sacarnos del
dudas.
Siguiendo con el
análisis, el diario
ABC, como no podía
ser menos, ya nos
hablaba también, días
antes del Golpe de
Estado, en su noticia “La
OEA se reunirá hoy para
analizar la situación en
Honduras”,
de “una reforma a la
actual Constitución, que
data de 1982 y dejaría
libre el camino a Zelaya
para buscar la
reelección, algo que no
permite la carta magna
en vigor.”.
Posteriormente, ya
después del Golpe, en la
noticia “Tegucigalpa
amanece en aparente
tranquilidad tras el
toque de queda”,
nos volvía a recordar
que “Zelaya fue
detenido y sacado por la
fuerza del país por las
Fuerzas Armadas el
domingo, día en que
tenía previsto llevar a
cabo una consulta
popular sobre la
necesidad de convocar un
referéndum para reformar
la Constitución, lo que
le permitiría
presentarse a la
reelección”.
Reformas
constitucionales,
pretensiones de
reelección, ¿dónde?,
¿cómo?, ¿cuándo? Nos
toman por tontos.
Por supuesto, La
Razón también se
sumó en la previa del
Golpe a las advertencias
(sic) sobre las
intenciones de Zelaya,
y, en su noticia “El
propio partido de Zelaya
pide a los hondureños
que no concurran a votar”,
nos afirmaba que “el
propio partido del
presidente Manuel Zelaya
llamó ayer a los
hondureños a no
concurrir a votar en el
polémico referéndum con
el que el mandatario
quiere allanar su
reelección”. También
en la previa, en su
noticia del 27 de Junio
“El
presidente Zelaya
desafía al Parlamento,
la justicia y al
ejército”,
ya nos advertía que “Seguir
el modelo marcado por
presidentes como Hugo
Chávez, Evo Morales y
Rafael Correa, que
reformaron la Carta
Magna de sus países para
perpetuarse en el poder,
podría costarle caro
(al presidente Zelaya)”.
Quedaba dicha, por
tanto, cuál iba a ser la
postura del diario ante
el inminente Golpe.
Posteriormente, una vez
el Golpe ya era una
realidad y como no podía
ser de otro modo, en su
noticia “La
OEA expulsa a Honduras”,
nos volvía a refrescar
la memoria afirmando que
“La peor crisis en
Centroamérica desde la
invasión de Panamá por
EE UU en 1989 estalló
por la insistencia de
Zelaya en realizar una
consulta que abriera el
camino a la reelección
presidencial”.
Simplemente se limitaban
a ser consecuentes con
la línea editorial
pro-golpista que ya
habían marcado antes
incluso del alzamiento
militar. No se podía
esperar menos de ellos.
Como se ve, esta matriz
de opinión, fundamentada
en dos grandes mentiras
fácilmente desmontables
y esgrimida por la
oposición golpista como
principal justificación
de su campaña
desestabilizadora y
legitimadora antes y
después del Golpe, ha
sido realmente una
constante en la prensa
imperialista española, y
les puedo asegurar que
éstas son sólo algunas
de las múltiples
noticias aparecidas al
respecto durante estos
días en que cada uno de
estos medios, ya que por
razón de espacio no he
querido ni podido
recogerlas todas. Pero
basten estos ejemplos
para entender el grado
de bombardeo mediático
de cuarta generación al
que los ciudadanos del
Estado Español hemos
sido sometidos en estas
semanas.
3) La demonización de
los vínculos
establecidos entre
Manuel Zelaya y Hugo
Chávez:
Tras años de ataques
constantes y continuos
de los medios
imperialistas y sus
periodistas lacayos
contra el presidente de
la República Bolivariana
de Venezuela, Hugo
Rafael Chávez Frías, a
nadie le debe extrañar
el masivo clima de
opinión pública
desfavorable que existe
en buena parte de los
países del mundo, y en
especial en el Estado
Español, en contra de
este mandatario
democráticamente electo
una y otra vez por el
pueblo venezolano. A
consecuencia de tal
demonización continua y
constante (porque es una
demonización en toda
regla), Hugo Chávez es
visto por una inmensa
mayoría de la población
española poco menos que
como un tirano, un
dictador, un caudillo, y
no sólo entre los
sectores de la derecha
más reaccionaria, sino,
sobre todo, entre esas
masas de ciudadanos
comúnmente desinformados
de lo que ocurre en el
mundo y bastante dados a
no comprometerse
políticamente. En un
escenario así, con una
opinión pública
claramente en contra del
presidente venezolano de
una manera casi
irracional, cualquier
tema político en el que
Hugo Chávez pueda tener
alguna influencia será
automáticamente
descalificado y
rechazado por estas
masas de ciudadanos
políticamente
indiferentes (o eso
creen ellos).
Los medios imperialistas
son perfectamente
conocedores de esta
realidad sociológica
(como no podía ser de
otra forma, pues han
sido ellos los que han
generado de manera
consciente este clima de
opinión), y cada vez que
sale a la palestra
mediática algún
conflicto político en
América Latina donde
puedan estar en juego
parte de sus intereses,
sacan a colación la
figura del Presidente
venezolano para atacar a
la parte que no interese
defender y poner así a
la opinión pública
española del lado de la
parte que ellos
defienden (que son los
que a su vez defienden
sus intereses y su
visión del mundo). Es
algo así como lo que
se hace con ETA
cada vez que interesa
desprestigiar alguna
política de algún sector
nacionalista llevada a
cabo en el interior del
Estado Español. En este
caso no podía ser de
otra manera tampoco. Los
medios de comunicación
imperialistas y sus
periodistas lacayos han
hecho todo lo posible
por relacionar las
propuestas políticas de
Zelaya con supuestas
órdenes directas de
Chávez, relacionando
sistemáticamente las
políticas del presidente
Zelaya con Chávez. De
esta manera, los medios
españoles se han
centrado en hacer
entender a la opinión
pública española que a
Zelaya se le ha
derrocado del poder por
ser aliado de Chávez, o,
lo que viene a ser lo
mismo, por querer dar
entrada a Chávez en la
política hondureña, por
ser como Chávez. En
consecuencia, si usted
odia a Chávez, como
ocurre con gran parte de
la ciudanía española,
también debe odiar a
Zelaya, y, por tanto, si
usted está a favor de
que derroquen a Chávez,
como pasa también con
gran parte de
la ciudadanía española
(eso sí, una ciudadanía
muy democrática),
también debe estar a
favor de que derroquen a
Zelaya. Esa ha sido
claramente la línea
seguida por la prensa
española para seguir
dando apoyo encubierto
al Golpe de Estado junto
a las mentiras ya
analizadas con
anterioridad. Si Chávez
no respeta la
democracia, ¿por qué los
demás tienen que
respetar a Chávez y los
gobernantes de sus
cuerda en nombre de la
democracia? Poco menos
que esto, o poco más, es
lo que nos han querido
vender los medios
españoles pro-golpistas
desde que las aguas en
Honduras comenzaron a
bajar revueltas. Eso sí,
por supuesto, siempre en
nombre del respeto por
la democracia.
El diario El País,
nuevamente, lo dejaba
meridianamente claro en
su Editorial del 30 de
junio “La
vuelta del Golpe”,
en el cual se aseguraba
que “Lo que aquí se
dirimía era, en
definitiva, el
equilibrio de fuerzas en
América Latina, de forma
que si Zelaya se salía
con la suya en la
consulta reeleccionista,
ganaba terreno el
chavismo en América
Central”. ¡Y
nosotros sin enterarnos,
oiga! También en su
noticia del 29 del Junio
“Obama
exige respeto a la
democracia”
el diario nos “traducía”
la petición del
Presidente de los EEUU
para que se produjese
una resolución de la
situación pacífica y sin
intervenciones
extranjeras, como la “referencia
al aspecto de la
política hondureña que
más preocupa en
Washington: la estrecha
colaboración entre
Zelaya y el presidente
de Venezuela, Hugo
Chávez. Fuera del hecho
de que, con Zelaya,
Honduras había pasado a
engrosar la lista de
aliados de Chávez y, por
tanto, de su retórica
anti-norteamericana”.
El 1 de Julio, en la
noticia “Golpe
contra el chavismo”
(el titular lo dice
todo), se nos dice una
vez más que “Zelaya
experimentó una
conversión de
instantaneidad paulina:
a medio mandato decidió
pasarse al socialismo
del siglo XXI, y el 25
de agosto pasado firmaba
el ingreso de su país en
el ALBA, organización
creada por Chávez para
la integración económica
latinoamericana por una
vía no capitalista. Sin
que eso tenga que
desmentir la
preocupación social del
presidente, únicamente
un viraje de este
calibre podía
facilitarle un nuevo
libreto que interpretar;
como si fuera un
personaje en busca de un
autor, que sólo podía
ser Hugo Chávez (…) el
combate de fondo se
libra entre chavistas y
no chavistas”. No
contentos con ello, el 2
de Julio en su noticia “Estado
de sitio encubierto en
Honduras”
el diario volvía a
deleitarnos con la
siguiente afirmación “Ni
siquiera la manera
brutal y grosera con que
fue sacado de la cama y
llevado en pijama a
Costa Rica ha servido
para que muchos de los
hondureños le perdonen
sus múltiples errores.
Los tres que más afloran
en las conversaciones
son los de dividir a la
población, enfrentarse a
todas las instituciones
y, sobre todo, supeditar
el país a los intereses
del presidente
venezolano Hugo Chávez.
Ni siquiera los vecinos
de la colonia Tres
Caminos lo echan de
menos”. También el
mismo día, en su noticia
“Zelaya
llama desde el exilio a
la desobediencia contra
un gobierno usurpador”,
el medio insistía en
decirnos que “los
hondureños reprochan a
Zelaya su sumisión a
Chávez por dinero”,
mediante un link
insertado en el texto de
la noticia que nos
remite a la noticia
anterior, por si alguien
aún no había podido
leerla. ¿Habrá algún
lector de El País
que, a estas alturas, no
se haya enterado que
Zelaya era compadre del
malo malísimo de Chávez
y que, por tanto, era un
anti-demócrata y se
merece lo que le ha
pasado? Sinceramente lo
dudo mucho. Por otro
lado, es de resaltar el
alto número de
informaciones que El
País nos da al
respecto de las
relaciones entre Zelaya
y Hugo Chávez (ya sean
artículos de opinión,
noticias, reportajes e
incluso editoriales),
así como el nivel
siempre creciente de sus
ataques al mandatario
venezolano, aún cuando
en este caso estamos
hablando no de
Venezuela, sino de
sucesos acontecidos en
Honduras. ¿No es
significativo? En alguna
ocasión he titulado
alguno de mis artículos
de la siguiente manera:
“Obsesión
por Chávez en El País de
la impunidad y el
golpismo”.
Creo que el título no
podía ser más acertado
para la ocasión. Se ha
vuelto a demostrar con
todos estos tristes
sucesos que se vienen
aconteciendo en
Honduras, que el nivel
de obsesión que El
País tiene por
Chávez es casi
patológico (Hugo,
hombre, ¡cómprale libros
de una vez a Cebrián y
Polanco!), así como que
la impunidad para con
los golpistas y el apoyo
a los mismos, son una
realidad palpable y
tristemente constatable
cada día que pasa. No es
que nos sorprendamos por
ello, pero es bueno
recordarlo y ponerlo
nuevamente de
manifiesto, para que
nadie lo olvide.
Por su parte, el diario
El Mundo también
se sumaba a la campaña
de justificar el Golpe
ante la opinión pública
española mediante la
vinculación de Zelaya
con Chávez y la
correspondiente
demonización de ambos
(el uno a través del
otro), y, en un artículo
del consejo editorial
del 03 de Julio “El
pacto posible en
Honduras”,
nos afirma que “La
injerencia descarada de
Chávez a favor de la
deriva populista de
Zelaya desde su elección
en 2006 como candidato
de la derecha, alimenta
todo tipo de recelos y
deslegitima seriamente
el discurso del
presidente destituido”.
¡Ole ahí!, más claro,
agua. Días antes, el 30
de junio, en otro de
estos artículos del
consejo editorial “Honduras
y el realismo mágico”
(donde se ejemplifica
muy claramente el apoyo
encubierto que este
medio, como el resto,
viene prestando a los
golpistas y que aquí
estamos denunciando),
nos avisaba igualmente
sobre la naturaleza
legal de la consulta que
pretendía realizar el
Presidente Zelaya y
quiénes eran los
verdaderos impulsores: “De
ahí que la consulta
popular que había
convocado para el pasado
domingo Zelaya,
teledirigido por Chávez
y sus colegas de ALBA
(Alternativa Bolivariana
para las Américas),
fuese un fraude de ley”.
¡Y no hay más que
hablar!, ¡ Se sienten
coño! Posteriormente, el
05 de Julio, en un
pretendido “retrato
íntimo de Manuel Zelaya”,
publicado por el
periodista Javier del
Castillo en el
suplemento dominical “Crónica”,
el autor pone en boca de
una de esas anónimas y
misteriosas fuentes tan
propias de cierto tipo
de periodismo (y que
suelen ser la inmensa
mayoría de las veces la
opinión personal del
periodista), las
siguientes palabras: “Ante
las continuas trabas que
le ponen en su camino,
Zelaya ha decidido
buscar apoyo y ayuda en
el círculo del dictador
Chávez”. ¡Ahí, ahí!,
¡ya vamos hablando
claro! Chávez es un
dictador. Zelaya quiere
ser como Chávez o,
cuando poco, sigue los
mandatos de Chávez y sus
socios del Alba, ergo
¿qué es Zelaya? ¿Y el
que roba a un ladrón no
tiene cien años de
perdón? Pues eso. Que se
vayan enterando los
lectores de El Mundo.
Por su lado, el diario
ABC da una vuelta de
tuerca más en las
relaciones entre Chávez
y Zelaya y nos informa
el día 29 de Junio que “El
equipo de juristas
españoles que asesoró a
Chávez, Morales y Correa
también aconsejó a
Zelaya”,
por si acaso alguien
dudaba aún de cuál era
la naturaleza jurídica
de la consulta propuesta
por Zelaya y cuáles sus
vínculos. El 04 de
Julio, en un artículo de
opinión a cargo de la
línea editorial del
diario (sin firma) “La
democracia en Honduras”,
nos encontramos
nuevamente en este medio
con la proclamación de
los vínculos entre
Zelaya y Chávez y las
malévolas intenciones
que les mueven a ambos
(considero además que
esta cita puede servir
de perfecto resumen a la
línea central llevada a
cabo por los cuatro
diarios analizados en su
afán por vincular a
Chávez y Zelaya en un
mismo conjunto como
medio para legitimar de
manera encubierta el
Golpe): “En concreto,
el papel de Chávez,
desde que manipuló a
Zelaya para añadir un
socio más a su club de
revoluciones
bolivarianas, hasta
estos momentos en los
que ha hecho bandera de
su restitución
incondicional, no deja
lugar a dudas sobre sus
verdaderas intenciones.
Ni a Chávez ni a Zelaya
les mueve el interés de
defender la democracia”.
Lo que digo, ¿el que
roba a un ladrón no
tiene cien años de
perdón? Pues eso. Que se
vayan enterando también
los lectores del ABC.
Pero es el diario La
Razón el que se
lleva la palma en esto
de tratar de vincular
por todos los medios a
Zelaya con Hugo Chávez y
responsabilizar a ambos
de todo cuanto está
sucediendo en Honduras,
a modo de justificación
encubierta del Golpe de
Estado. Sin vergüenza ni
problema
moral alguno, como ya
apunté en el primer
punto de este mismo
artículo, este medio de
la derecha española más
reaccionaria y
cavernícola, titulaba su
galería de imágenes
sobre los trágicos
sucesos del domingo 05
de Julio en el
aeropuerto internacional
de Tegucigalpa en los
cuales, como ya se ha
dicho, murieron dos
personas y hubo decenas
de heridos a
consecuencia de los
disparos del ejército
contra los manifestantes
indefensos y desarmados,
de la siguiente manera:
“El
Chavismo dispara el caos
en Honduras”,
en el colmo de la
desfachatez y de la
falta de escrúpulos
ético-periodísticos. No
sólo han llevado de un
plumazo al chavismo
desde Venezuela hasta
Honduras, y
responsabilizan con ello
a los manifestantes de
sembrar el caos (cuando
la manifestación
transcurrió con toda
normalidad hasta que los
militares empezaron a
disparar contra el
pueblo), sino que además
lo hacen macabramente
utilizando la palabra
“dispara”, lo cual nadie
podrá negar que resulta
extremadamente
espeluznante para
cualquiera con un mínimo
de sensibilidad moral y
que esté enterado de
todo lo que el pasado
domingo sucedió en ese
lugar del planeta.
Titulares así deberían
estar prohibidos y sus
responsables deberían
ser juzgados y
sancionados por
inhumanos. Es
simplemente humillante
que se pueda mancillar
así el respeto debido a
los ciudadanos
asesinados por el
ejército golpista en el
lugar. Este titular
únicamente es comparable
en su bajeza moral a la
ya mencionada
manipulación del diario
hondureño La Prensa
para borrar de las
fotos del asesinado toda
muestra de sangre. Si
realmente hubiese
justicia en este mundo,
a los autores de estos
dos hechos (el titular
de La Razón y la
manipulación de la foto
en La Prensa),
deberían, como poco, ser
incapacitados de por
vida para trabajar en
nada relacionado de una
u otra manera con los
medios de comunicación.
Pero esta no es la única
perla que nos ha dejado
este diario al respecto.
El 27 de Junio, en la ya
mencionada noticia “El
presidente Zelaya
desafía al Parlamento,
la justicia y al
ejército”
(en la cual se
justificaba plenamente
el Golpe antes incluso
de haberse producido, en
consonancia con la línea
que ha tenido este
diario, como todos los
analizados, con
posterioridad al mismo),
el diario instruía a sus
lectores con unas clases
rápidas de historia
revolucionaria
bolivariana: “Si bien
Zelaya siguió el manual
bolivariano y
«patrocinó»
adecuadamente a los
grupos sociales,
indígenas y sindicatos,
no hizo lo propio con el
Ejército. Y es que, por
ejemplo, uno de los
primeros consejos que
Chávez le dio a Evo
Morales fue la
importancia de tener
contentos a los altos
mandos militares y
controlar la Justicia,
un capítulo que no
parece haber leído
Zelaya y que, ahora,
podría llevarle a la
destitución”. ¡Toma
ya! Y se quedan tan
panchos. Luego nos
vendrán con los
discursos sobre lo muy
malos que son los
terroristas de ETA o de
Al Qaeda, o lo poco
respetuosos que son con
la democracia estos o
aquellos líderes de
Irán, China, Corea del
Norte o determinados
países de América
Latina. ¿Pero qué no
están queriendo decir?,
¿qué si no quieres que
te den un Golpe de
Estado tienes que saber
cómo manejar a la
justicia del país y al
ejército?, ¿o
directamente nos están
queriendo decir que para
poder llevar a cabo
procesos de cambio
político en tu país, al
estilo de los llevados a
cabo democráticamente
por Hugo Chávez, Evo
Morales, etc., no puedes
tener a la Justicia y el
ejército en contra
porque si no te darán un
Golpe de Estado en
nombre de la democracia
y tendrás que aguantarte
por muchos votos que
hayas sacado y por mucho
apoyo popular que
tengas?, ¿está La Razón
sugiriendo que si mañana
Zapatero y los diputados
del PSOE deciden que hay
que hacer cambios
drásticos en el sistema
político y económico
imperante en el Estado
Español, y una mayoría
de españoles los apoya
en las urnas, si la
Justica y el ejército no
están de acuerdo, le
pueden dar un Golpe de
Estado y aquí paz y
después Gloria? En pocas
palabras, sí, eso mismo
están diciendo.
Democracia lo llaman
además. De todas
maneras, por si esto no
era suficiente y no
había quedado claro ya
cuál es el peligro real
que entrañan las
relaciones de Zelaya con
el demonio Chávez, en la
misma noticia el diario
ultra-conservador vuelve
a la carga: “Uno de
los aspectos más
inquietantes de la
crisis política que vive
Honduras es el
intervencionismo
ejercido abiertamente
por Hugo Chávez”.
Vamos, que lo
inquietante el día 27
de Junio para La
Razón, no era que
las calles hondureñas
estuviesen repletas de
militares dispuestos a
dar un Golpe de Estado y
con afán de subvertir el
orden constitucional
vigente, que el
presidente Zelaya
estuviese a un paso de
ser sacado por la fuerza
y antidemocráticamente
del país, sino el
intervencionismo
ejercido por Chávez.
Como si el 23 de Febrero
de 1981 lo inquietante
en Valencia no hubiese
sido que los tanques del
ejército habían salido
de sus cuarteles y
estaban tomando las
calles dispuestos a
secundar un Golpe de
Estado, sino que cierto
dirigente de la URSS
tuviese X o H relaciones
con algunos miembros del
PCE, o que el presidente
que iba a ser nombrado
ese día en las cortes
españolas se hubiese
reunido alguna vez o
hubiese comulgado
ideológicamente en
alguna propuesta con un
líder de un país
extranjero no del agrado
de La Razón.
Cualquier cosa con tal
de justificar el Golpe
de Estado. Simplemente
vergonzoso. Y ya en el
colmo del despropósito y
la paranoia, un
articulista de este
medio, el señor Juan
Roldán, en su artículo
publicado el 1 de Julio
“El
dominó Bolivariano”,
ha llegado incluso a
sugerir la posibilidad
de que exista una
connivencia entre el
gobierno de Obama y el
gobierno de Hugo Chávez
en favor de Zelaya y en
apoyo a las ansias
“imperialistas” del
gobierno Venezolano en
Centro-América: “El
«golpe» hondureño es un
mal presagio para la
nueva Administración
norteamericana. O Barack
Obama y sobre todo el
Departamento de Estado,
que dirige Hillary
Clinton, no tuvieron
conocimiento previo de
lo que se estaba
tramando en Tegucigalpa
o el miedo o la
connivencia con las
aspiraciones de los
nuevos «socialistas»
hace la vista gorda a
los planes –De Chávez-
para dominar Bolivia,
Nicaragua, Ecuador y el
resto de Centroamérica”.
Leer para creer.
Definitivamente en La
Razón hay más de un
sujeto con graves
problemas mentales,
cuando menos por falta
de cualquier tipo de
escrúpulos éticos, algo
consecuente con esa
enfermedad que
seguramente brota como
la gripe A de mesa en
mesa por esa redacción:
el fascismo sociológico.
4) El supuesto populismo
de Zelaya:
La palabra populista es
otra de esas palabras
mágicas que los medios
de comunicación
imperialistas suelen
utilizar para atacar y
tratar de menospreciar a
todos aquellos líderes
políticos que no son de
su agrado, o no se
apegan a la defensa de
sus negocios e intereses
en el país en cuestión.
Una palabra viciada
hasta el extremo y que
suele aplicarse con
especial saña cuando se
hace referencia a los
líderes latinoamericanos
que aspiran a realizar
procesos de cambio
social en sus
respectivos países,
teniendo como meta la
construcción de algún
tipo de proyecto
político de corte
revolucionario.
Llevar a cabo un
acercamiento del
gobierno a los
ciudadanos, hacer
participes a los mismos
en la vida política del
país, aumentar los
derechos sociales o
instaurar programas para
combatir el hambre, el
analfabetismo o los
problemas derivados de
la falta de una correcta
atención sanitaria, son
para estos medios
imperialistas una
muestra inequívoca de
populismo. Se supone
que esta palabra se usa
en contraposición con
los serios y respetables
líderes occidentales,
los cuales gobiernan
según las necesidades
reales del pueblo, y no
según las peticiones
populares y las medidas
propagandísticas de
ciertas propuestas
sociales en busca de
votos.
Ser populista, por
tanto, es lo peor que
puede ser un determinado
dirigente político,
según se deriva de los
criterios morales y
políticos establecidos
por estos medios
imperialistas. Otra cosa
es ser popular, y más
distinta aún si se es
del Partid Popular,
quede claro. Populista
son Chávez, Correa, Evo
Morales, Daniel Ortega
Cristina Fernández,
Fernando Lugo y, por
supuesto,
Zelaya. Y como el
populismo, nadie explica
bien por qué, se supone
que es lo peor que puede
tener un gobernante para
gobernar a su pueblo,
pues lo ideal y oportuno
es sustituirlos por
líderes políticos no
populistas, al estilo,
por ejemplo, de los
líderes opositores en
Venezuela o del
mismísimo señor
Micheletti. Ser
populista es una cosa
muy grave y muy dañina
para la democracia, en
consecuencia, siempre
que haya un populista en
el poder la democracia
se estará viendo
amenazada. Basta, por
tanto, con poner la
etiqueta de populista a
un determinado líder
político internacional,
y todo cuanto se haga en
contra de ese líder,
todo aquello cuanto vaya
destinado a su
sustitución por otro
líder no populista, será
bueno para la
democracia. Incluso si
hablamos de un Golpe de
Estado, como es el caso
que nos atiene.
El diario ABC nos
deja bastante claro, en
su noticia del 27 de
junio, en plena
emergencia del Golpe,
que lleva por título “Un
liberal seducido por el
populismo”,
cuál debía ser el camino
a seguir a partir de ese
mismo momento en caso de
que finalmente se
llevase a cabo la
asonada militar: “Su
segunda participación en
las primarias del
liberalismo lo llevó a
la candidatura
presidencial en 2005.
Con un programa basado
en generalidades y en la
«idea fuerza» del poder
ciudadano (articulada en
democracia
participativa, reformas
políticas y «mano dura»
contra la corrupción),
tras una reñida campaña
y un recuento plagado de
irregularidades, fue
proclamado vencedor
frente al candidato del
Partido Nacional,
Porfirio Lobo. A los dos
años de asumir el poder,
Honduras ingresó en la
Alternativa Bolivariana
para Nuestra América
(ALBA) de la mano de «Mel»”.
Populista, que ganó las
elecciones en base a un
recuento plagado de
irregularidades y que
para colmo llevó a su
país hasta el ALBA. Casi
nada. Todo lo que pueda
ser considerado como
democrático, es mera
coincidencia. Luego
simplemente había que
incidir en la misma
línea propagandística
para dar respaldo
encubierto al Golpe de
Estado. Así pues, el 29
de Junio lo tenían
fácil, tanto que el
titular de la noticia
con que presentaron la
crónica del Golpe no
dejaba lugar a dudas: “Un
golpe militar en
Honduras pone fin a la
aventura populista de
Manuel Zelaya”,
acompañada además ese
mismo día por una
especie de biografía
política del presidente
Zelaya bajo el título de
“Manuel
Zelaya, un terrateniente
convertido al populismo”.
Todo por si alguien no
había leído la edición
del periódico de dos
días atrás y no había
podido comprender
todavía que el
presidente derrocado no
era más que un vil
populista, que
además ni más ni menos
que había sido “recibido
en Cuba por Fidel
Castro, que se deshizo
luego en elogios hacia
él en una de sus
reflexiones”. Es
decir, traduciendo el
mensaje encubierto del
diario, el presidente
Zelaya es, ni más ni
menos, que un populista
empedernido y amigo de
Fidel Castro, ¿hace
falta algo más para que
lo derroquen del poder
mediante un Golpe de
Estado Militar? Para los
lectores habituales del
ABC la pregunta
es evidentemente
retórica. Además, por si
alguien aún no tenía
claro el significado
político de la palabra
populista, o
cuándo uno pasa a ser
miembro del club oficial
de los populistas,
el enviado especial de
este diario a
Tegucigalpa nos los
clarifica todo en su
artículo “Manuel
Zelaya, un sainete
bananero”:
“Los dos primeros
años de Zelaya en el
poder transcurren sin
demasiados sobresaltos,
aunque el mandatario
comienza a distanciarse
de los poderes públicos,
incluidos sus compañeros
de partido, y de la
oligarquía financiera
del país. La sorpresa
llega en agosto de 2008,
cuando Honduras ingresa
en la actual Alianza
Bolivariana para las
Américas (ALBA). Lo que
al principio parecía una
frivolidad destinada a
obtener petróleo
venezolano a buen precio
devino en una deriva
populista por parte de
Zelaya”. O, lo que
viene a ser lo mismo,
uno deviene en populista
en el mismo momento en
que se acerca al ALBA y
comienza a adoptar
medidas destinadas a
combatir la pobreza
extrema en su país, así
como otros proyectos de
tipo social en apoyo de
los más desfavorecidos
(aumentar el salario
mínimo, por ejemplo). Si
alguien no tenía claro
aún a qué aluden estos
señores cuando hablan de
populismo, ya
está todo aclarado. Eres
populista si te acercas
al ALBA, y no lo eres si
ejerces un gobierno al
estilo de Felipe
Calderón,
Álvaro Uribe, Oscar
Arias, Alan García, etc.
No hay más
consideraciones al
respecto, ni falta que
hace.
En esta misma tónica se
expresaba El País
en los días previos al
golpe, con otra especie
de biografía política
del presidente Zelaya
sospechosamente
similar a la de sus
compañeros del ABC.
“Manuel
Zelaya, un populista de
familia bien”,
era el título escogido
en este caso el día 26
de junio por el diario
de PRISA para
presentarnos la figura
del Presidente
hondureño. Al día
siguiente, en el ya
nombrado editorial “Crisis
en Honduras”,
este diario seguía
abonando el terreno para
justificar el Golpe al
populista Zelaya:
“El presidente Manuel
Zelaya, un populista
elegido en 2005, quiere
presentarse a un nuevo
mandato, pese a que la
Constitución se lo
prohíbe y ha sido
avisado en ese sentido
por el Congreso y el
Tribunal Supremo”.
Nuevamente el día 30 de
Junio, dos días después
del Golpe, en una
noticia que nos hablaba
sobre la instauración
del toque de queda
y el recorte de las
libertades
constitucionales de la
población, el diario ex
independiente de la
mañana nos decía con
renovadas fuerzas que “El
sábado por la noche,
cuando el presidente
Manuel Zelaya se puso el
pijama creyéndose a
salvo, Honduras era un
país golpeado por la
pobreza y la
delincuencia, gobernado
por un mandatario
populista con un punto
de fanfarrón y otro de
fullero”. Incluso
después de los sucesos
del día de 05 de Julio
en el aeropuerto, El
País
seguía con la cantinela
de asociar en un mismo
párrafo el Golpe militar
y la supuesta condición
populista del
presidente Zelaya: “En
medio del mutismo
decretado por el nuevo
Gobierno de Honduras,
hay voces que denuncian
la violencia que sacude
al país centroamericano
tras el golpe de Estado
que terminó con la
presidencia del
populista Manuel Zelaya
el pasado 28 de junio”.
Quede claro, una vez
más, que por malos que
puedan llegar a ser los
golpistas, su Golpe se
ha dado contra un
presidente populista, no
contra un presidente
cualquiera, no contra un
presidente respetable y
serio como sería de
desear por el bien de la
democracia hondureña.
También El Mundo,
en la presentación de
una
entrevista al presidente
golpista Michelettí,
nos presenta la figura
de Zelaya como “Zelaya,
el ganadero liberal que
viró hacia el populismo”.
Nuevamente se funden en
un mismo texto las
alusiones a los
golpistas y la
clarificación de la
condición populista del
presidente contra el que
esta gente habría
llevado a cabo el golpe.
Si un lector despistado
tiene a bien leer la
entrevista con el
presidente golpista,
pues ya antes de empezar
a leer las respuestas
del mismo tiene una
buena base para saber
cuál era la naturaleza
política del Presidente
legítimo al que este
señor había derrocado
del cargo a punta de
pistola de las Fuerzas
Armadas. No vaya a ser
que leer algunos
cuestionamientos que se
le hacen al tal
Micheletti acerca de la
de naturaleza legal de
su actual cargo
político, pudiera
escandalizar al
despistado lector.
Zelaya es un
populista y este
señor que habla en la
entrevista un supuesto
golpista sí, pero un
golpista que ha
derrocado (por el bien
de la democracia
hondureña) a un
populista de tres al
cuarto. Puede usted
seguir con su despiste,
nada de escandalizarse.
Pero es el diario La
Razón el que una vez
más riza el rizo del
esperpento
al calificar el discurso
dado por el presidente
Zelaya el pasado 30 de
junio ante la Asamblea
General de las Naciones
Unidas como un discurso
“populista”:
“En un discurso
populista, el líder
hondureño pidió respeto
para las decisiones
democráticas de Honduras”.
Resulta entonces que
además de lo ya
mencionado con
anterioridad respecto de
las políticas sociales y
otros asuntos, pedir que
se respeten las
decisiones democráticas
de los pueblos es
también un rasgo
inequívoco de populismo.
Surrealista ¿no? ¿Qué
será lo próximo que
harán estos malvados
populistas?,
¿convocar unas
elecciones, en fecha
acorde a la legalidad
establecida, en las que
las encuestas previas
les dan como ganadores?
Visto lo visto,
cualquier día nos
desayunamos el siguiente
titular: “La deriva
populista de Hugo Chávez
lo lleva a convocar unas
elecciones
presidenciales en las
que las encuestas lo dan
como claro ganador”.
Acompañado, por
supuesto, por el
siguiente párrafo en
algún lugar del cuerpo
de la noticia: “Los
modales populistas de
Hugo Chávez no tienen
límites. En esta
ocasión, ni corto ni
perezoso, ha considerado
oportuno convocar las
elecciones
presidenciales, en la
fecha establecida por la
ley vigente, una vez se
ha sabido que las
encuestas le dan como
claro favorito en las
mismas”. Y cuando
digo Chávez, puedo decir
también Evo Morales,
Correa, Lugo, o
cualquiera de los demás
populistas
oficiales. Habría
incluso quien se
indignaría con Chávez o
cualquiera de ellos tras
leer la noticia, y no
pocos.
5) La polarización de
la sociedad hondureña y
las mayorías a favor de
los golpistas:
Es otra técnica habitual
de manipulación en los
medios de comunicación
imperialistas cuando de
informar sobre la
realidad de América
Latina, y en especial de
los procesos políticos
revolucionarios que
están emergiendo la
región, se trata. Esta
técnica consiste en
hacer ver al público
español que existe una
sociedad divida entre
partidarios y
detractores de un
determinado líder
político o un
determinado proceso
revolucionario. Si hay
evidencias sobradas
acerca de que la inmensa
mayoría del pueblo
respalda a los lideres
que no son del agrado de
esta prensa
imperialista, se
presenta entonces la
situación como si
hubiese una división más
o menos equitativa de la
población entre los que
se decantan por un bando
y los que se decantan
por el otro. Una
polarización social al
50%. Esta ha sido la
táctica escogida para
presentar a través de
esta prensa la realidad
venezolana, boliviana o
ecuatoriana, cuando años
tras año, votación tras
votación, se demuestra
justamente lo contrario:
que la inmensa mayoría
del pueblo está de lado
de los procesos de
cambio revolucionario.
Además, se hace ver
siempre la fuerza que
tienen los opositores a
los líderes políticos
que no son de la cuerda
de estos medios
imperialistas, y se
oculta, se menosprecia o
se trivializa la fuerza
que tienen los
partidarios de estos
líderes molestos. La
cobertura que los medios
españoles dieron a las
acciones de campaña de
la oposición venezolana
durante el pasado
referéndum
constitucional, la
exaltación del poder de
la “media luna”
boliviana, o los
intentos por poner en un
mismo nivel los
resultados electorales
de Guayaquil con la
aplastante victoria de
Correa en el referéndum
sobre la asamblea
constituyente en
Ecuador, son claros
ejemplos de esta técnica
de manipulación de la
opinión pública.
Ahora, en Honduras, si
bien no sabemos a
ciencia cierta cuál
puede ser la correlación
real de fuerzas entre
los partidarios de
Manuel Zelaya y los
partidarios del gobierno
golpista en un país
tradicionalmente
conservador e inclinado
electoralmente hacia la
derecha (baste decir que
los dos partidos
mayoritarios se mueven
en la esfera de la
derecha política), si
tuviésemos que hacer
caso únicamente a los
partidarios de uno y
otro bando que han
salido estos días
manifestarse, los
partidarios de Zelaya
ganarían por goleada.
Sólo hace falta ver las
multitudinarias
manifestaciones llevadas
a cabo por estos
seguidores de Zelaya
desde que se llevó a
cabo el Golpe y
compararlas con las
concentraciones
convocadas por el
gobierno golpista y los
medios de comunicación
afines. Los videos se
pueden encontrar
fácilmente en youtube o
muchos otros lugares de
la red. Mientras en las
manifestaciones de los
golpistas todos cabían
en una misma plaza, y
todo lo más podríamos
hablar de unas 30.000
personas siendo
extremadamente
generosos, cientos de
miles de personas se han
movilizado en todo el
país pidiendo la
restitución del señor
Zelaya. Ríos de gente
invadieron las calles de
la capital durante todo
el fin de semana en que
los hondureños estaban a
la espera de la llegada
del Presidente Zelaya al
aeropuerto de
Tegucigalpa. Sin
embargo, la versión que
nos dan los medios
imperialistas españoles
es bien diferente: las
mayorías son las que
están a favor de los
golpistas.
El diario El Mundo,
por ejemplo, en su
noticia “Miles
de Hondureños marchan a
favor y en contra de
Zelaya”,
nos dice literalmente
que “Hasta ahora,
los detractores de
Zelaya han conseguido
llevar más gente a las
manifestaciones que
sus seguidores” (las
letras en negrita son
sacadas del propio
periódico, como hecho a
resaltar en el interior
de la noticia). En otra
noticia, el diario
pretende incluso poner
en cuestión el apoyo
popular del presidente
Zelaya en aquellos
lugares donde se le
presupone un mayor apoyo
de las bases y de la
gente empobrecida: “Los
barrios populares en
Honduras, divididos
sobre el retorno del
presidente Zelaya”.
Ya en el primer párrafo
de la noticia se nos
deja bien clara la
“información”: “En
los barrios pobres de
Tegucigalpa, la
población parece tan
dividida como en el
resto de Honduras en
torno al golpe de Estado
que el pasado domingo
expulsaba a golpe de
pistola al presidente
Manuel Zelaya”.
Vamos, que si ni los
pobres apoyan a Zelaya,
ya se pueden “imaginar”
los lectores el nulo
apoyo que el “depuesto”
Presidente tiene
entre el resto de la
sociedad hondureña.
El diario La Razón
también
se empeñaba el día 30 de
junio en dejar claro
desde un principio el
“escaso” apoyo recibido
por el presidente Zelaya:
“Simpatizantes del
derrocado presidente aún
seguían en las calles
ayer, exigiendo su
regreso y propiciando
una huelga general. Las
manifestaciones, sin
embargo, no eran
mayoritarias”. El
día 1 de Julio volvía a
recordar a todos sus
lectores la división
existente en el país y
cuáles eran las marchas
mayoritarias y cuáles
las minoritarias: “Honduras
espera a su depuesto
presidente, Manuel
Zelaya, dividida. Las
manifestaciones a favor
y en contra de su vuelta
son la cara más visible
de la polarización que
vive el país tras el
golpe de Estado. En la
multitudinaria marcha
que se realizó ayer en
el Parque Central de
Tegucigalpa los
hondureños pedían que se
arrestara a Manuel
Zelaya Rosales si se
atrevía a regresar al
país al mismo tiempo que
exigían el respeto a la
soberanía rechazando la
intromisión de gobiernos
extranjeros (…)En otra
parte de la ciudad y a
escasos metros de la
Casa Presidencial,
varios cientos de
sindicalistas y miembros
de organizaciones
sociales colocaban de
nuevo barricadas
improvisadas, como el
martes, mientras
demandaban la vuelta al
poder de Mel”. Es
decir, en el lado de los
partidarios del Golpe,
multitudes, en el lado
de los partidarios de
Zelaya, unos cientos,
queda claro. Y no hagan
más preguntas.
El diario ABC,
por su parte, el pasado
sábado 04 de Julio,
cuando las
manifestaciones a favor
de Zelaya concentraban
ya cientos de miles de
personas y era imposible
negar su condición de
“multitudinarias”, nos
hacía un resumen de lo
acontecido durante toda
la semana en lo que
respecta al número de
manifestante en las
diferentes marchas y
concentraciones de uno y
otro signo, en una
noticia que lleva por
título “Insulza
llega a Honduras en
medio de marchas
multitudinarias”:
“Mientras tanto, y en
un clima de mayor
agitación en las calles
que en días anteriores,
miles de seguidores y
detractores de Zelaya se
congregaron en sendas
manifestaciones
multitudinarias. Cada
uno de los grupos logró
juntar a entre 10.000 y
15.000 personas para
tomar las calles de
forma pacífica, en la
primera jornada en que
ambos bandos han sido
capaces de convocar en
masa a la población.
Hasta hoy, los
seguidores de Zelaya
sólo habían congregado a
unos centenares de
seguidores, mientras que
los partidarios del
nuevo Gobierno habían
reunido a unas 5.000
personas el martes”.
En ningún caso se puede
aceptar que los
partidarios de Zelaya
sean mayoría.
Curiosamente, después de
las manifestaciones del
Domingo 05 de Julio, no
se han vuelto a producir
en estos medios
alusiones de ningún tipo
a las comparaciones
numéricas entre las
manifestaciones de uno y
otro signo.
En definitiva, aunque,
exceptuando a Libertad
Digital, pocos han sido
los medios españoles que
se han atrevido
claramente a dar su
apoyo público al Golpe
de Estado del pasado 28
de Junio en Honduras, el
apoyo encubierto, como
se puede comprobar por
todo lo dicho, ha sido
la tónica habitual en la
inmensa mayoría de los
medios de comunicación
tradicionales del Estado
Español, exceptuando tal
vez al diario Público,
que en esta ocasión sí
han mantenido claramente
y con pocas ambigüedades
una actitud de rechazo
frontal respecto del
Golpe. Además, aunque
este análisis se ha
basado en la prensa
escrita, cualquiera que
haya seguido las
informaciones sobre el
Golpe de Estado y los
sucesos consecuentes a
través de las
principales cadenas
televisivas españolas o
las emisoras de radio
con mayor audiencia,
sabrá que el tratamiento
que se ha dado a las
noticias referidas a
estos acontecimientos ha
sido exactamente el
mismo que aquí se está
denunciando, e incluso
peor. Los medios
españoles
pro-imperialistas han
vuelto a demostrar así,
una vez más, de qué lado
están, en que parte de
la trinchera mediática
combaten, aunque en esta
ocasión, en una actitud
más cobarde que otra
cosa, se han cuidado
mucho de hacerlo público
por la vía directa.
Aún así, la coincidencia
de los puntos analizados
con el discurso emitido
de manera oficial por el
gobierno golpista y
usurpador del señor
Micheletti es más que
evidente. El apoyo
podemos decir que ha
sido un apoyo
encubierto, pero apoyo
claro al fin y al cabo.
O, mejor dicho, ha sido
un apoyo, sin más. De
eso no debe cabernos la
más mínima duda. Por
tanto, los medios
imperialistas se han
vuelto a poner del lado
de los golpistas y en
contra de una democracia
en la que no creen y
nunca creerán salvo para
usarla como coartada en
defensa de sus intereses
y del bienestar de sus
negocios. Los amos
vuelven a ordenar qué
hacer, y los periodistas
lacayos, las prostitutas
de la información,
vuelven a obedecer sin
rechistar y hasta con
gusto. Es la misma
historia de siempre. Y
todavía hay quien se
atreve a llamarlo
libertad de expresión, y
nos hace comulgar con
los cuentos de la
libertad de prensa.
Libertad sí, pero para
mentir, engañar,
manipular, falsear la
realidad y hacerle el
juego a los golpistas y
los intereses de los
poderes fácticos. |