-
El Departamento de
Estado tenía
conocimiento previo
del golpe.
-
El Departamento de
Estado y el Congreso
de EEUU financiaron
y asesoraron a los
actores y
organizaciones
hondureñas que
participaron en el
golpe.
-
El Pentágono
entrenó, capacitó,
financió y armó al
ejército hondureño
que perpetró el
golpe y sigue
reprimiendo al
pueblo de Honduras.
-
La presencia militar
estadounidense en
Honduras, que ocupa
la base militar de
Soto Cano (Palmerola),
autorizó el golpe de
Estado con su
complicidad tácita y
la negativa a
retirar su apoyo a
los militares
hondureños.
-
El embajador de
Estados Unidos en
Tegucigalpa, Hugo
Llorens, coordinó la
expulsión del poder
del presidente
Manuel Zelaya, junto
con el subsecretario
de Estado Thomas
Shannon y John
Negroponte, quien
trabaja actualmente
como asesor de la
Secretaria de Estado
Hillary Clinton.
-
Desde el primer día
del golpe, el
gobierno de
Washington ha
hablado de las “dos
partes” involucradas
y la necesidad de un
“diálogo” para
restituir el orden
constitucional,
legitimando de esta
forma a los
golpistas.
-
El Departamento de
Estado se ha negado
a calificar
legalmente los
sucesos de Honduras
como un “golpe de
Estado”, no ha
suspendido ni
congelado su apoyo
financiero y el
comercio con el
país, ni ha tomado
medidas para
presionar
eficazmente al
gobierno de facto.
-
Washington manipuló
a la Organización de
Estados Americanos
para alargar el
tiempo de debate
sobre lo que había
que hacer y así no
apoyar el regreso
inmediato del
presidente Zelaya al
poder, como parte de
una estrategia que
sigue en pie y
simplemente busca
legitimar al
gobierno de facto y
desgastar al pueblo
hondureño que
todavía se resiste
al golpe.
-
La Secretaria de
Estado Clinton y sus
voceros dejaron de
hablar del regreso
del presidente
Zelaya al poder
luego de la
designación de Oscar
Arias, presidente de
Costa Rica, como
“mediador”, y ahora
califican al
dictador que asumió
el poder ilegalmente
durante el golpe,
Roberto Micheletti,
como “presidente
interino”.
-
La estrategia de
“negociar” con los
golpistas fue
impuesta por el
gobierno de Obama
como una manera de
desacreditar al
presidente Zelaya
–culpándolo por los
hechos que
provocaron el golpe–
y legitimando a los
golpistas.
-
Congresistas
estadounidenses
–demócratas y
republicanos–
organizaron una
visita de unos
representantes de
los golpistas de
Honduras a
Washington, a los
que recibieron con
honores en
diferentes
instituciones de la
capital
estadounidense.
-
A pesar de que fue
el senador
republicano John
McCain quien
coordinó la visita
de los golpistas a
Washington a través
de un bufete de
lobby, The Cormac
Group, actualmente
es el abogado de
Bill Clinton y amigo
cercano de Hillary,
Lanny Davis, a quien
se ha contratado
como “lobbista” para
lograr la aceptación
pública de
Washington del
gobierno de facto en
Honduras.
-
Otto Reich y el
venezolano Robert
Carmona-Borjas,
quien fue abogado
del dictador Pedro
Carmona durante el
golpe de Estado de
Venezuela en Abril
de 2002, ayudaron
desde Washington a
preparar el
escenario para el
golpe contra el
presidente Zelaya en
Honduras.
-
El equipo de diseño
del golpe de Estado
en Honduras
designado por
Washington también
incluía a un grupo
de embajadores de
Estados Unidos
recientemente
nombrados en
Centroamérica,
expertos en la
desestabilización de
la revolución
cubana, y a Adolfo
Franco, ex encargado
del programa de Cuba
de la USAID.
Nadie duda de la
implicación de
Washington en el golpe
de Estado de Honduras
contra el presidente
Manuel Zelaya que
comenzó el pasado 28 de
junio. Muchos analistas,
dirigentes, e incluso
presidentes, lo han
denunciado. Sin embargo,
la mayoría coinciden en
disculpar a la
administración de Barack
Obama de algún papel en
el golpe hondureño,
haciendo responsables en
su lugar a los rasgos
del gobierno de George
W. Bush y a los halcones
que todavía andan por
los pasillos de la Casa
Blanca. La evidencia
demuestra que sí, que es
cierto que los halcones
y los protagonistas de
siempre de los golpes y
sabotajes en América
Latina también han
participado esta vez, y
además existen amplias
pruebas que señalan el
papel del gobierno de
Obama.
[PARA QUIENES QUIERAN
LEER MÁS SOBRE LOS
DETALLES DE LA
PARTICIPACIÓN DE
WASHINGTON EN EL GOLPE,
SIGUE ABAJO]
El Departamento de
Estado
La nueva diplomacia
estadounidense,
denominada “smart power”
(poder inteligente) ha
jugado un papel
principal antes, durante
y después del golpe de
Estado en Honduras. Los
voceros del Departamento
de Estado, admitieron en
una rueda de prensa el 1
de julio, que tenían
conocimiento previo del
golpe y habían estado
trabajando con los
sectores que lo
planificaban para buscar
“otra solución”.i
También admitieron que
dos altos funcionarios
del Departamento de
Estado, el subsecretario
de Estado para América
Latina Thomas Shannon y
el subsecretario de
Estado James Steinberg,
estuvieron en Honduras
la semana anterior al
golpe para mantener
reuniones con los grupos
civiles y militares que
lo llevaron a cabo.
Dicen que su propósito
era “frenar” el golpe,
sin embargo su presión
verbal no concuerda con
su respaldo a los
sectores golpistas.
Después del golpe, la
Secretaria de Estado
Hillary Clinton publicó
una declaración, el
domingo 28 de junio, que
no reconocía los sucesos
como un “golpe” y
tampoco exigía la
restitución del
presidente Zelaya en el
poder. Adicionalmente,
siempre hacía referencia
a “las dos partes” del
conflicto, legitimando a
los golpistas y haciendo
responsable públicamente
al presidente Zelaya
desde el primer día: “La
acción contra el
presidente hondureño Mel
Zelaya viola los
principios de la Carta
Democrática de la OEA y
debe ser condenado.
Llamamos a todas
las partes en
Honduras a que respeten
el orden constitucional
y el Estado de derecho,
que reafirmen su
vocación democrática y
se comprometan a
resolver las disputas
políticas de manera
pacífica a través del
diálogo. Honduras debe
abrazar a los mismos
principios de la
democracia que
ratificamos hace un mes
en la reunión de la OEA
celebrada en ese país.”ii
Y desde entonces, a
pesar de diversas
referencias al “golpe”
de Honduras, el
Departamento de Estado
se negaba a calificarlo
de golpe de Estado, lo
que le obligaría a
suspender toda clase de
apoyo económico,
diplomático y militar al
país. El 1 de julio, los
voceros del Departamento
de Estado lo explicaron
de esta manera: “En
referencia al propio
golpe, lo mejor sería
decir que fue un
esfuerzo coordinado
entre los militares y
algunos actores civiles.
Obviamente, los
militares fueron quienes
condujeron la remoción
forzada del presidente y
han actuado para
asegurar el orden
público durante este
proceso. Pero para que
el golpe sea más que una
insurrección o una
rebelión, hay que ver
una transferencia del
poder a los militares. Y
en ese sentido el
Congreso –la decisión
del Congreso de
juramentar a su
presidente Micheletti,
como presidente de
Honduras, indica que el
Congreso y miembros
claves de éste han
desempeñado un papel
importante en esta
situación.”iii
Esta posición ambigua,
que condena los sucesos
de Honduras como una
ruptura del orden
constitucional pero no
llega a calificarlo como
golpe de Estado ni exige
la restitución del
presidente Zelaya, se
ratificó luego de la
reunión que sostuvo la
Secretaria de Estado
Hillary Clinton con el
presidente Zelaya el 7
de julio: “Acabo de
celebrar una reunión
productiva con el
presidente Zelaya.
Discutimos los sucesos
de los últimos nueve
días y el camino a
seguir. Le reiteré que
Estados unidos
apoya la restitución del
orden constitucional
en Honduras.
Seguimos apoyando los
esfuerzos regionales a
través de la OEA para
lograr una resolución
pacífica según las
normas de la Carta
Democrática. Llamamos
a todas las partes
a no cometer actos de
violencia y a buscar una
solución pacífica,
constitucional y estable
a las serias divisiones
en Honduras, por medio
del diálogo. Para ese
fin, hemos trabajado con
nuestros socios en el
hemisferio para
establecer una
negociación, un
diálogo que podría
desembocar en una
resolución pacífica de
esta situación.”iv
Ya estaba claro, después
de esa reunión, que
Washington no iba a
seguir abogando por el
regreso del presidente
Zelaya al poder, sino
que buscaba “una
negociación” con los
golpistas que, al final,
favoreciera los
intereses
estadounidenses. Fuentes
cercanas a la
Organización de Estados
Americanos (OEA) afirman
que una alta delegación
estadounidense presente
en la reunión del 4 de
julio en la sede del
organismo multilateral
intensificó la presión
hacia otros Estados para
que aceptaran una salida
“negociada” que no
implicase necesariamente
la restitución de Zelaya
como presidente de
Honduras.
Esta manera de desviar
el tema, manipular el
asunto y aparecer
asumiendo una posición
cuando en realidad las
actuaciones demuestran
lo contrario, forma
parte de la nueva
doctrina de Obama
denominada “smart power”
(poder inteligente), que
pretende lograr los
objetivos imperiales sin
satanizar al gobierno de
Washington. “Smart
Power” es “la capacidad
de combinar el ‘poder
duro’ con el ‘poder
suave’ para lograr una
estrategia victoriosa.
El ‘Smart Power’ utiliza
estratégicamente la
diplomacia, la
persuasión, la
construcción de
capacidades, la
proyección del poder
militar, económico y
político y la influencia
imperial, de manera
efectiva, con una
legitimidad política y
social.” Esencialmente,
es una mezcla de la
fuerza militar con todas
las formas de la
diplomacia, con énfasis
en el uso de la
“promoción de la
democracia” como táctica
para influir en el
destino de los pueblos,
en vez de perpetrar una
invasión militar.
El embajador
El periodista Jean-Guy
Allard ha revelado los
orígenes del actual
embajador de Estados
Unidos en Honduras, Hugo
Llorensv.
Según Allard, Hugo
Llorens, un cubano de
nacimiento que llegó a
Estados Unidos como
parte de la Operación
Peter Pan, es
“especialista en
terrorismo… La Casa
Blanca de George W. Bush
captó al astuto Llorens
en 2002, nada menos que
como Director de asuntos
andinos del Consejo
Nacional de Seguridad de
Washington D.C., lo que
lo convirtió en el
principal asesor del
presidente sobre
Venezuela. El golpe de
Estado de 2002 contra el
presidente Hugo Chávez
se produjo mientras
Llorens se encontraba
bajo la autoridad del
subsecretario de Estado
para Asuntos
hemisféricos, Otto Reich,
y del muy controvertido
Elliot Abrams. En julio
de 2008, Llorens fue
nombrado embajador en
Honduras.”
El pasado 4 de junio, el
embajador Llorens
declaró a la prensa
hondureña que “...Uno no
puede violar la
Constitución para crear
una Constitución, porque
si uno no tiene
Constitución vive la ley
de la jungla.”vi
Esas declaraciones se
emitieron en referencia
a la encuesta popular
sobre la convocatoria de
una posible asamblea
constituyente, que
debería haber tenido
lugar el 28 de junio si
no hubiera ocurrido el
golpe de Estado contra
el presidente Zelaya.
Los comentarios de
Llorens no sólo ponen en
evidencia su posición
contra la encuesta,
sino, además, su total
injerencia en los
asuntos internos de
Honduras.
Pero Llorens no estaba
solo en la región. Luego
de su nombramiento como
embajador en Honduras
–cargo que obviamente se
le asignó debido a la
necesidad de neutralizar
la creciente presencia
de gobiernos
izquierdistas en la
región y la potencia
regional del ALBA–, se
nombraron varios
embajadores más de
Washington en los países
vecinos, todos expertos
en la desestabilización
de la revolución cubana
y operaciones
psicológicas.
Primero llegó el
diplomático Robert Blau
a la embajada de Estados
Unidos de El Salvador,
el 2 de julio de 2008,
como el segundo de la
diplomacia
estadounidense. En enero
de este año, Blau asumió
la embajada como
encargado de negocios.
Antes de su envío a El
Salvador, Blau fue
subdirector de Asuntos
Cubanos del Departamento
de Estado, luego de
haber estado dos años en
la Sección de Intereses
de Washington en La
Habana como asesor
político. Fue tan
eficiente en su trabajo
en Cuba con la
disidencia, que el
Departamento de Estado
le concedió el Premio
James Clement Dunn a la
Excelencia, debido a su
labor con la oposición
contrarrevolucionaria en
Cuba. Llorens y Blau
eran viejos amigos,
luego de trabajar juntos
en el equipo de Otto
Reich en el Departamento
de Estado.
Después fue nombrado
Stephen McFarland como
embajador de Estados
Unidos en Guatemala, el
5 de agosto de 2008.
McFarland, graduado de
la Universidad de Guerra
de Estados Unidos y ex
miembro del equipo de
combate número dos de
los marines en Iraq, era
el segundo en la
Embajada de Estados
Unidos en Venezuela bajo
William Brownfield,
quien incrementó de
manera alarmante el
apoyo financiero y
político a la oposición
contra Chávez. Luego,
McFarland estuvo en la
embajada de Estados
Unidos en Paraguay,
apoyando la construcción
de la base militar del
Pentágono en ese país.
McFarland también fue
director de Asuntos
Cubanos en el
Departamento de Estado y
su perfil lo destaca
como un experto “en
transiciones
democráticas, derechos
humanos y seguridad.”
El embajador Robert
Callahan llegó a
Managua, Nicaragua,
también a principios de
agosto. Ha trabajado en
las embajadas en La Paz,
Bolivia, y San José,
Costa Rica, y ha sido
profesor en la
Universidad Nacional de
Guerra de Estados
Unidos. En 2004 fue
enviado a Iraq como
agregado de prensa de la
embajada en Bagdad. A su
regreso, estableció la
oficina de prensa y
propaganda de la recién
creada Dirección
Nacional de Inteligencia
(DNI) de Washington, que
en la actualidad es el
órgano más poderoso de
la inteligencia
estadounidense.
Juntos, estos
embajadores –expertos en
golpes de Estado,
desestabilización y
propaganda– han
preparado el terreno
para el golpe contra el
presidente Zelaya en
Honduras.
Financiamiento a los
golpistas
Justo en el mes anterior
del golpe contra el
presidente Zelaya se
formó una coalición
entre diferentes
organizaciones no
gubernamentales,
empresarios, partidos
políticos, la iglesia
católica y los medios de
comunicación, denominada
“la unión cívica
democrática”. Su único
propósito era derrocar
al presidente Zelaya
para impedir que abriera
el camino a una asamblea
constituyente que
permitiría al pueblo
alzar su voz y
participar en su proceso
político.
La “unión cívica
democrática” de Honduras
esta compuesta por
organizaciones como el
Consejo Nacional
Anticorrupción, el
Arzobispado de
Tegucigalpa, el Consejo
Hondureño de la Empresa
Privada (COHEP), el
Consejo de Rectores de
Universidades, la
Confederación de
Trabajadores de Honduras
(CTH), el Foro Nacional
de Convergencia, la
Federación Nacional de
Comercio e Industrias de
Honduras (FEDECAMARA),
la Asociación de Medios
de Comunicación (AMC),
el Grupo Paz y
Democracia y el grupo
estudiantil Generación X
Cambio.
La mayoría de estas
organizaciones han sido
beneficiarias de los más
de 50 millones de
dólares que anualmente
invierten la USAID y la
NED en el “desarrollo
democrático” en
Honduras. De hecho, un
informe de la USAID
sobre su financiamiento
y trabajo con COHEP,
destaca que “el perfil
bajo de la USAID en este
proyecto ayudó a
asegurar la credibilidad
de COHEP como una
organización hondureña y
no un brazo de la
USAID.”
Los voceros de la unión
cívica democrática de
Honduras en
representación, según
ellos, de la “sociedad
civil”, declararon a la
prensa hondureña el 23
de junio –cinco días
antes del golpe contra
el presidente Zelaya–
que “confían en que las
fuerzas armadas
cumplirán con su deber
de defender la
Constitución, el Estado
de Derecho, la paz y la
democracia.” Cuando
sucedió el golpe, el día
28 de junio, fueron los
primeros que salieron a
decir que no hubo un
golpe de Estado, sino
que habían “rescatado su
democracia” de las manos
del presidente Zelaya,
cuyo crimen fue querer
dar al pueblo voz,
visibilidad y
participación. También
en representación de los
sectores de clase media
y alta, la unión cívica
democrática ha
calificado a los
sectores que apoyan al
presidente Zelaya de
“turbas”.
El Instituto Republicano
Internacional, que
recibe fondos de la
National Endowment for
Democracy (NED), obtuvo
más de 1,2 millones de
dólares en 2009 para
trabajar con los
sectores políticos en
Honduras. Su trabajo se
ha dedicado a apoyar los
“centros de pensamiento”
y “grupos de presión” en
Honduras, para influir
en los partidos
políticos y “apoyará
iniciativas para
implementar posiciones
políticas durante las
campañas de 2009.” Ésta
es una clara
intervención en la
política interna de
Honduras y evidencia del
financiamiento de la NED
a los sectores golpistas
del país.
El lobby de Washington
El senador republicano
John McCain, ex
candidato a la
presidencia de Estados
Unidos, ayudó coordinar
la visita de la
delegación golpista de
Honduras a Washington
durante la semana
pasada. McCain es
conocido por su dura
postura contra
Venezuela, Bolivia y
otros países de la
región considerados
“anti imperialistas” y
por sus estrechos
vínculos con la mafia
cubana en Miami. McCain
también es jefe del
Instituto Republicano
Internacional (IRI),
ente financiero de los
golpistas de Honduras.
McCain ofreció los
servicios de su empresa
de lobby, The Cormac
Group, que organizó una
rueda de prensa de los
golpistas en el National
Press Club el 7 de
junio.
Pero más allá de la
conexión republicana con
los golpistas
hondureños, hay un
vínculo más
comprometedor con la
actual administración
demócrata de Barack
Obama. El abogado Lanny
Davis fue contratado por
la sede hondureña del
Consejo de Empresarios
de América Latina (CEAL)
para hacer lobby a favor
de los golpistas y
convencer a los poderes
de Washington de que
deben aceptar y
reconocer al gobierno de
facto de Honduras. Lanny
Davis fue abogado del ex
presidente Bill Clinton
cuando estaba en la Casa
Blanca, y es un conocido
amigo y asesor de la
actual Secretaria de
Estado Hillary Clinton.
Davis está organizando
una ofensiva diplomática
y mediática a favor de
los golpistas, incluida
la compra de publicidad
en periódicos
estadounidenses, y
organizando reuniones
entre los representantes
golpistas y diferentes
congresistas, senadores
y funcionarios del
gobierno de EEUU. CEAL
esta compuesto por los
empresarios
latinoamericanos que más
han promovido atentados
contra los movimientos
populares en la región.
Por ejemplo, el actual
representante de
Venezuela en el CEAL es
Marcel Granier,
presidente de RCTV, la
cadena de televisión que
promovió e intentó
legitimar el golpe de
Estado contra el
presidente Chávez.
Como parte de este
esfuerzo, lograron una
audiencia especial ante
el Comité de Relaciones
Exteriores del Congreso
de Estados Unidos, con
la participación de
congresistas demócratas
y republicanos, y los
testimonios de
personajes promotores
del golpe, como Michael
Shifter del Diálogo
Interamericano de
Washington, Guillermo
Pérez-Cadalso, ex
Canciller y Magistrado
de la Corte Suprema de
Honduras, y el famoso
Otto Reich,
cubano-americano
conocido por su papel en
la mayoría de las
actividades de
desestabilización contra
gobiernos izquierdistas
en América Latina desde
los años ochenta. Como
resultado de este
encuentro, el Congreso
de Estados Unidos está
promoviendo una
resolución que reconozca
como legítimo al
gobierno de facto de
Honduras.
Otro resultado del lobby
de Lanny Davis fue la
reunión convocada en el
Consejo de las Américas
el 9 de junio, en donde
participó Jim Swigert,
director de los
programas de América
Latina y el Caribe para
el Instituto Demócrata
Nacional (NDI), que
recibe su financiamiento
de la NED, Cris Arcos,
antiguo embajador de
EEUU en Honduras y
Adolfo Franco, ex
administrador de la
USAID para América
Latina y el Caribe y
encargado del programa
de “transición” en Cuba.
Estos tres personajes
han trabajado como
asesores del gobierno de
Obama frente a la crisis
en Honduras. Franco,
quien también fue asesor
de política exterior
para el senador John
McCain durante su
campaña presidencial en
2008, ha sido acusado de
corrupción por su mal
manejo de los fondos de
la USAID para el
programa de “promoción
de la democracia” en
Cuba, gran parte de los
cuales se dieron a
grupos de Miami, como el
Comité para una Cuba
Libre y el Instituto
para Estudios Cubanos en
Miami, sin pasar por
ningún proceso
transparente de
revisión.
Negroponte y Reich, de
nuevo
Muchos han especulado
sobre el papel del
antiguo embajador de
Estados Unidos en
Honduras, John
Negroponte, quien
dirigió la fuerza
paramilitar denominada
“la contra” y los
escuadrones de muerte
contra los movimientos
izquierdistas en
Centroamérica durante
los años ochenta.
Negroponte tuvo varios
cargos durante la
administración de George
W. Bush: embajador de
EEUU en Iraq, embajador
ante las Naciones
Unidas, director
nacional de Inteligencia
y, por último,
subsecretario de Estado
bajo Condoleezza Rice. A
su salida del
Departamento de Estado,
Negroponte pasó al
sector privado. Le
ofrecieron un trabajo
como vicepresidente de
la firma consultora más
influyente de
Washington, McLarty
Associates. Negroponte
aceptó. McLarty
Associates fue fundada
por Thomas “Mack”
McLarty, ex jefe de
gabinete del presidente
Bill Clinton y enviado
especial a América
Latina durante su
presidencia.
Actualmente, McLarty
maneja la consultora más
poderosa de Washington.
Hasta el año 2008,
McLarty Associates se
llamaba
Kissinger-McLarty
Associates debido a la
unión entre Thomas
McLarty y Henry
Kissinger, que evidencia
la unión política entre
los sectores demócratas
y republicanos en
Washington.
En su nuevo cargo, John
Negroponte trabaja como
asesor sobre política
exterior del
Departamento de Estado
bajo Hillary Clinton.
Recordemos que el
embajador estadounidense
en Honduras, Hugo
Llorens, trabajaba bajo
el comando de Negroponte
durante la mayoría de su
gestión.
Otto Reich lleva unos
años trabajando en una
campaña contra el
presidente Zelaya. Fue
demandado por Zelaya en
abril 2009 por haberlo
acusado públicamente de
robar 100 millones de
dólares de la empresa
estatal de
telecomunicaciones,
Hondutel. Resulta que
Reich hacía lobby para
una empresa privada de
telecomunicaciones que
quería privatizar
Hondutel. Ahora, con
Zelaya destituido y un
empresario en el poder,
lo más probable es que
Reich consiga su negocio
multimillonario.
Reich fundó una
organización en
Washington, llamada
Arcadia Foundationvii
junto a un venezolano,
Robert Carmona-Borjas,
abogado especialista en
temas militares,
vinculado al golpe de
abril de 2002 en
Venezuela, según su
propio perfil. Robert
Carmona-Borjas
supuestamente estuvo en
Miraflores con Pedro
Carmona durante el golpe
de abril de 2002 y
escapó, junto a Carmona,
del palacio cuando fue
tomado por la guardia de
honor presidencial.
Desde entonces vive en
Washington, DC. Desde el
año pasado, Reich y
Carmona-Borjas han
llevado una campaña
contra Zelaya por
asuntos de corrupción,
con una serie de micros
que hablan de
corrupción, libertad de
expresión y cambio en
Honduras.viii
Carmona-Borjas ha
viajado con frecuencia a
Honduras durante los
últimos meses, incluso
hablando de golpe de
Estado “técnico” junto
con otros actores, como
el defensor del pueblo
hondureño, Ramón
Custodia, quien declaró
a comienzos de junio que
“Los golpes son
una posibilidad que
puede ocurrir en
cualquier escenario
político”. Luego
del golpe, el 3 de
julio, Robert
Carmona-Borjas apareció
en Honduras en la
concentración de los
golpistas en
Tegucigalpa, y fue
reconocido como un actor
importante que hizo
posible la salida de
Zelaya y la llegada al
poder de Micheletti.ix
El poder militar
Estados Unidos mantiene
una presencia militar
muy grande en la base de
Soto Cano (Palmerola),
ubicada a 97 kilómetros
de la capital, que ha
estado operativa
constantemente desde el
año 1981, cuando fue
activada por el gobierno
de Estados Unidos
durante la
administración de Ronald
Reagan.
En los años ochenta,
Soto Cano se utilizó por
el coronel
estadounidense Oliver
North, como una base de
operaciones para la
“Contra”, las fuerzas
paramilitares entrenadas
y financiadas por la
Agencia Central de
Inteligencia (CIA),
encargadas de ejecutar
la guerra contra los
movimientos
izquierdistas en
Centroamérica, y
particularmente contra
el gobierno sandinista
de Nicaragua. Desde Soto
Cano, la “Contra”
lanzaba sus ataques
terroristas, escuadrones
de muerte y misiones
especiales que dieron
como resultado miles de
asesinatos,
desaparecidos,
torturados, lisiados y
aterrorizados en
Centroamérica.
John Negroponte,
entonces embajador de
EEUU en Honduras, junto
a Oliver North y Otto
Reich, dirigían estas
operaciones sucias.
La base de Soto Cano es
la sede de la Fuerza de
Tarea Conjunta “Bravo”
(JTF-B) de Estados
Unidos, compuesta por
efectivos del ejército,
las fuerzas aéreas,
fuerzas de seguridad
conjuntas y el primer
batallón-regimiento
Número 228 de la
aviación estadounidense.
Son 600 personas en
total y 18 aviones de
combate, incluidos
helicópteros UH-60
BlackHawk y CH-47
Chinook. Soto Cano
también es la sede de la
Academia de la Aviación
de Honduras. Más de 650
ciudadanos hondureños y
estadounidenses viven en
las instalaciones de la
base.
La Constitución de
Honduras no permite
legalmente la presencia
militar extranjera en el
país. Un acuerdo “de
mano” entre Washington y
Honduras autoriza la
importante y estratégica
presencia de los cientos
de militares
estadounidenses en la
base, en un acuerdo
“semipermanente”. El
acuerdo se realizó en
1954 como parte de la
ayuda militar que
Estados Unidos ofrecía a
Honduras. La base
primero fue utilizada
por la CIA para lanzar
el golpe contra Jacobo
Arbenz en Guatemala.
Cada año, Washington
autoriza cientos de
millones de dólares en
ayuda militar y
económica a Honduras,
que es el tercer país
más pobre del
hemisferio. Este acuerdo
que permite la presencia
militar de Estados
Unidos en el país
centroamericano puede
retirarse sin aviso.
El 31 de mayo de 2008,
el presidente Manuel
Zelaya anunció que Soto
Cano (Palmerola) se
utilizará para vuelos
comerciales
internacionales. La
construcción del
terminal civil se
financió con un fondo
del ALBA (Alianza
Bolivariana para las
Américas).
Los dos generales con
mayor participación en
el golpe contra Zelaya
son graduados de la
Escuela de las Américas
y mantienen lazos
estrechos con los
militares
estadounidenses en
Honduras. El comandante
de la Aviación de
Honduras, general Luis
Javier Prince Suazo,
estudió en la famosa
Escuela de las Américas
de Estados Unidos en
1996. El jefe del estado
mayor conjunto, general
Romeo Vásquez,
destituido por el
presidente Zelaya el 24
de junio por desobedecer
sus órdenes, y luego
actor principal en el
golpe militar sólo días
después, también es
graduado de la Escuela
de las Américas. Los dos
altos oficiales
hondureños mantienen
relaciones muy estrechas
con el Pentágono y las
fuerzas militares
estadounidenses en Soto
Cano.
El embajador de Estados
Unidos en Honduras que
cambió en septiembre
2008, Charles Ford, fue
transferido al Comando
Sur en Miami para
encargarse de la
asesoría para el
Pentágono sobre América
Latina.
Los militares hondureños
están financiados,
entrenados, adoctrinados
y comandados por el
ejército estadounidense
sobre la base de la
doctrina anti
izquierdista y anti
socialista. Por eso era
tan fácil actuar contra
el presidente Zelaya, su
comandante en jefe,
porque lo veían como
parte de la “amenaza
izquierdista”, contra la
que llevan combatiendo
desde hace decenios.x
De todas estas
evidencias –y habrá más
en el futuro– se
comprueba el
inconfundible papel de
Washington en el golpe
de Estado en Honduras
contra el presidente
Zelaya.
Notas:
i
http://www.state.gov/r/pa/prs/ps/2009/july/125564.htm
ii
http://www.state.gov/secretary/rm/2009a/06/125452.htm
iii
Ver nota 1.
iv
http://www.state.gov/secretary/rm/2009a/july/125753.htm
v
http://www.radiomundial.com.ve/yvke/noticia.php?28366
vi
http://www.elheraldo.hn/País/Ediciones/2009/06/05/Noticias/Lo-que-se-haga-debe-ser-legal-y-constitucional
vii
www.arcadiafoundation.org
viii
http://www.arcadiafoundation.org/videos.html
ix
http://www.youtube.com/watch?v=ukacM-77lXs.
x
http://www.aporrea.org/actualidad/n138264.html |