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La Biblia refiere que
cierta vez los maestros
de la ley llevaron ante
Jesús a una mujer
adúltera. Pretendían
apedrearla hasta la
muerte, según los
obligaba la ley de Dios,
que por entonces dicen
que era también la ley
de los hombres. Maestros
y fariseos quisieron
probar a Jesús, de lo
cual se induce que Jesús
ya era conocido por su
falta de ortodoxia con
respecto a las leyes más
antiguas. Jesús sugirió
que quien estuviese
libre de pecado tirase
la primera piedra. Así
nadie pudo ejecutar la
ley escrita.
De esta forma y de
muchas otras, la misma
Biblia se fue cambiando
a sí misma, pese a ser
una suma de libros
inspiradas por Dios. Las
religiones se han
preciado siempre de ser
grandes fuerzas
conservadoras que,
enfrentadas a los
reformistas, se
convirtieron en grandes
fuerzas reaccionarias.
La paradoja radica en
que toda religión, toda
secta ha sido fundada
por algún subversivo,
por algún rebelde o
revolucionario. Por algo
pululan los mártires,
perseguidos, torturados
y asesinados por los
poderes políticos del
momento.
Los hombres que
perseguían a la adúltera
se retiraron,
reconociendo con los
hechos sus propios
pecados. Pero a lo largo
de la historia el
resultado ha sido
diferente. Los hombres
que oprimen, matan y
asesinan a los presuntos
pecadores siempre lo
hacen justificados en
alguna ley, en algún
derecho y en nombre de
la moral. Esta regla,
más universal, fue la
aplicada en el mismo
ajusticiamiento de
Jesús. En su época no
fue el único rebelde que
luchó contra el imperio
romano. No por
casualidad se lo
crucificó junto con
otros dos reos. Por
asociación, se quiso
significar que se estaba
ajusticiando a un reo
más. Ni siquiera a un
disidente religioso. Ni
siquiera a un disidente
político. Invocando
otras leyes, se sacó del
medio al subversivo que
ponía en cuestión la pax
romana y el
colaboracionismo de la
aristocracia y las
jerarquías religiosas de
su propio pueblo. Todo
fue realizado según las
leyes. Pero la historia
los reconoce hoy por sus
métodos.
El gobierno de George
Bush nos dio tema de
sobra y a gran escala.
Todas las guerras y las
violaciones a las leyes
nacionales e
internacionales fueron
acometidas en defensa de
la ley y el derecho. Por
sus intereses sectarios
será juzgado por la
historia. Por sus
métodos se conocerán sus
intereses.
En América latina, el
papel de la iglesia
católica ha sido casi
siempre el papel de los
fariseos y los maestros
de la ley que condenaron
a Jesús en defensa de
las clases dominantes.
No hubo dictadura
militar, de origen
oligarca, que no
recibiera la bendición
de obispos y de
influyentes sacerdotes,
legitimizando así la
censura, la opresión o
el asesinato en masa de
los supuestos pecadores.
Ahora, en el siglo XXI,
el método y los
discursos se repiten en
Honduras como un
latigazo del pasado.
Por sus métodos los
conocemos. El discurso
patriota, la
complacencia de una
clase alta educada en la
dominación de los pobres
sin educación académica.
Una clase dueña de los
métodos de educación
popular, como lo son los
principales medios de
comunicación. La
censura; el uso del
ejército en acción de
sus planes; la represión
de las manifestaciones
populares; la expulsión
de periodistas; la
expulsión por la fuerza
de un gobierno elegido
por votación
democrática, su
posterior requerimiento
ante Interpol, su
amenaza al
encarcelamiento de los
disidentes si regresaban
y su posterior negación
por la fuerza a que
regresen.
Para ver mejor este
fenómeno reaccionario
vamos a dividir la
historia humana en
cuatro grandes períodos:
1) El poder colectivo de
la tribu concentrado en
un miembro fuerte de una
familia, por lo general
un hombre.
2) Un período de
expansión agrícola
unificado por un tótem
(algo así como un
apellido vencedor) y
luego un faraón o
emperador. En este
momento surgen las
guerras y se consolidan
los ejércitos más
primitivos, no tanto
para la defensa sino
para la conquista de
nuevos territorios
productivos y para la
administración estatal
de la sobreproducción de
su propio pueblo y la
opresión de sus pueblos
esclavos. Esta etapa se
continúa con sus
variaciones hasta los
reyes absolutistas de
Europa, pasando por la
Era Feudal. En todos, la
religión es un elemento
central de cohesión y
también de coacción.
3) En la Era Moderna
tenemos un renacimiento
y una radicalización del
experimento griego de
democracia
representativa. Sólo que
en este momento el
pensamiento humanista
incluye la idea de
universalidad, de la
igualdad implícita de
todo ser humano, la idea
de la historia como un
proceso de
perfeccionamiento y no
de inevitable corrupción
y el concepto de moral
como un producto humano
y relativo a un
determinado tiempo. Y
quizás la idea más
importante, ya desde el
filósofo árabe Averroes:
el poder político no
como la pura voluntad de
Dios sino como el
resultado de los
intereses sociales, de
clases, etc. El
liberalismo y el
marxismo son dos
radicalizaciones
(opuestas en sus medios)
de esta misma corriente
de pensamiento, que
también incluye la
teoría de la evolución
de Charles Darwin. Este
período de democracia
representativa fue la
forma más práctica de
reunir las voces de
millones de hombres y
mujeres en una sola
casa, el Congreso o
Parlamento. Si el
Humanismo es anterior a
las técnicas de
popularización de la
cultura, también es
potenciado por éstas. La
imprenta, los libros de
bolsillo, los periódicos
a bajo precio en el
siglo XIX, la necesaria
alfabetización de los
futuros obreros fueron
pasos decisivos hacia la
democratización. No
obstante, al mismo
tiempo las fuerzas
reaccionarias, las
fuerzas dominantes del
período anterior,
rápidamente conquistaron
estos medios. Así, si ya
no era posible demorar
más la llegada de la
democracia
representativa, sí era
posible dominar sus
instrumentos. Los
sermones medievales en
las iglesias,
funcionales en gran
parte a los príncipes y
duques, se reformularon
en los medios de
información y en los
medios de la nueva
cultura popular, como la
radio, el cine y la
televisión.
4) No obstante la ola
democrática siguió su
camino, con frecuencia
regado en sangre por los
sucesivos golpes
reaccionarios. En el
siglo XXI la ola del
humanismo renacentista
se continúa. Y con ella
se continúan los
instrumentos para
hacerla posible. Como
Internet, por ejemplo.
Pero también las fuerzas
contrarias, las
reacciones de los
poderes constituidos por
las etapas anteriores. Y
en la lucha van
aprendiendo a usar y
dominar los nuevos
instrumentos. Cuando la
democracia
representativa no
termina de madurar, ya
surgen las ideas y los
instrumentos para pasar
a una etapa de
democracia directa,
participativa, radical.
En algunos países, como
hoy en Honduras, la
reacción no es contra
esta última etapa sino
contra la anterior. Una
especie de reacción
tardía. Aunque en
apariencia implica una
escala menor, tiene una
trascendencia
latinoamericana y
universal. Primero
porque significa un
llamado de atención ante
la reciente complacencia
democrática del
continente; y segundo
porque estimula el
modus operandi de
aquellos reaccionarios
que han navegado siempre
contra las corrientes de
la historia.
Antes anotamos las
pruebas de por qué el
presidente depuesto en
Honduras no violó
ninguna ley, ninguna
constitución. Ahora
podemos ver que su
propuesta de una
encuesta popular era un
método de transición
entre una democracia
representativa hacia
una democracia
directa. Quienes
interrumpieron este
proceso pusieron reversa
hacia la etapa anterior.
La cuarta etapa era
intolerable para una
mentalidad bananera que
se reconoce por sus
métodos. |