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Más allá de saber que la
máxima dirección del
Imperialismo ha dirigido
y mantiene el Golpe de
estado en contra de un
gobierno que les estaba
resultando muy incomodo
y peligroso para sus
intereses en una de sus
repúblicas bananeras,
como llamaron a la
hermana Honduras desde
principios del siglo
pasado, el
internacionalismo
proletario debe discutir
desde la praxis qué
hacer con una dictadura
fascistoide que nace y
amenaza con afianzarse
en Honduras.
El pueblo hondureño, los
trabajadores, los
campesinos y los
estudiantes no se han
lanzado a la calle para
jugar a 15 días de
playa. Esa masa
proletaria consiente,
tiene hambre de historia
en la lucha por hacer
del socialismo un
huracán victorioso que
recorra todo nuestro
continente.
Cada día que pasa
fortalece a los
fascistas, guachimanes
del Estado Hondureño
ante las trasnacionales
que dirigen al
Imperialismo. Se inicia
una dantesca cacería
humana en las calles de
Tegucigalpa, en los
caminos y en los campos
de la hermana Honduras.
2 semanas, y ya nada se
podrá hacer para
extirpar a estas hienas
hambrientas de carroña,
disfrazadas de
magistrados, de
congresistas, de
profesores e
intelectuales
desclasados, y de
cualquier otra
metafísica mafiosa y
disimulada.
La masa de trabajadores
hondureños no le queda
otra que tomar las
armas, porque si no lo
hacen serán masacrados a
mansalva, simplemente
para castigar su
rebeldía y sus ansias de
vencer la miseria que le
ha impuesto el
capitalismo. La deuda
que el sistema
capitalista tiene con
los trabajadores del
Mundo es una deuda de
sangre. Está maduro el
momento para que las
armas proletarias
vomiten su fuego de
justicia directo al
corazón de los
opresores.
Las hienas empresarias,
mercachiflas, a quienes
el Estado burgués ha
dado el Gobierno de
Honduras, han suspendido
el Estado de Sitio para
disparar impunemente
sobre el Pueblo bajo
cualquier peregrina
acusación.
Con toda seguridad habrá
decenas de miles de
líderes en Honduras
capaces de conducir una
relampagueante acción
armada en contra de los
militares made in
Escuela de las Américas,
quizás haya un líder más
alto que todos, que
conozca la estrategia,
que esté armado de la
palabra quemante y
convincente, pero por
encima de todo que tenga
las manos callosas de
vender su trabajo al
maldito capitalismo.
Entonces Honduras
estaría salvada, la
salvarían sus
trabajadores. |