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Los últimos asesinatos
de dirigentes regionales
de la Unificación
Democrática en Honduras
indica que Honduras
podría volver atrás
hacia los años
siniestros del tiempo de
la guerra sucia de
Álvarez Martínez,
supervisado por John
Negroponte. Desde
Managua, Robert Callahan,
el compinche de
Negroponte en su
promoción en Honduras en
aquel tiempo del Estado
de Seguridad Nacional,
observa los
acontecimientos. El
domingo 19 de julio
marca el treinta
aniversario del triunfo
de la Revolución Popular
Sandinista sobre la
dictadura somocista. Es
un buen momento para
hacer inventario:
La situación actual
en Honduras
Este último fin de
semana, en el norte de
Honduras, personas
desconocidas asesinaron
a dos dirigentes
regionales de la
Unificación Democrática.
Las circunstancias de
los asesinatos hicieron
recordar el tiempo de la
guerra sucia en Honduras
de los años 1980s. El
domingo, el régimen
usurpador expulsó del
país a dos equipos de
periodistas venezolanos.
Eso deja a Honduras sin
ningún medio
internacional
comprometido en asegurar
una cobertura justa de
la masiva resistencia
del movimiento popular
al golpe de Estado.
Sólo quedan algunas
estaciones de radio
independientes que
siguen trasmitiendo
información confiable de
lo que pasa – Radio
Globo, Radio Progreso y
Radio Es-lo-de-menos.
Casi todos los medios
principales del país
pertenecen a los
golpistas. El Canal 11
de Jaime Rosenthal
intenta mantener una
especie de neutralidad.
Radio Globo y Radio
Progreso fueron tomados
por los militares por un
tiempo poco después del
golpe. Pero ahora siguen
transmitiendo, a pesar
del hostigamiento de las
fuerzas golpistas de
inseguridad. De igual
manera, el periódico
alternativo el
Libertador ha estado
bajo vigilancia
constante de parte de
los militares y la
policía. Jhonny José
Lagos, su editor, está
bajo constante amenaza
de ser detenido.
Después de dos semanas,
el régimen golpista
levantó el toque de
queda, pero el estado de
excepción queda vigente.
Entonces los militares y
la policía hacen lo que
quieren, libre (¿s?) de
debido proceso y de las
protecciones legales
fundamentales. El Comité
de la Defensa de los
Derechos Humanos en
Honduras informó la
semana pasada que hay
por lo menos 400
personas todavía
detenidas en el país.
Con los dos asesinatos
del fin de semana se
eleva a 5 el total de
las personas asesinadas
por las fuerzas de
seguridad, incluyendo el
asesinato a sangre fría
de Isis Obed Murillo. El
padre de Murillo es un
activista ambiental del
departamento conflictivo
de Olancho. Cuando éĺ
denunció públicamente el
asesinato de su hijo,
fue arrestado bajo
pretextos falsos y
llevado a la cárcel en
Olancho.
Aunque se haya levantado
formalmente el toque de
queda, el ejército y la
policía siguen con las
detenciones. Casi no ha
salido información sobre
la gran cantidad de
jóvenes, y hasta niños,
reclutados forzosamente
por los militares en los
barrios marginales y
comunidades rurales.
Varios alcaldes en
lugares como Concepción
del Norte y Trinidad, en
la zona de Santa Bárbara
o Tocoa, en el
departamento de
Atlántida, aparentemente
siguen incomunicados.
Podría ser que fueran
detenidos o quizás estén
en la clandestinidad,
como parece ser el caso
del alcalde de San Pedro
Sula, la segunda ciudad
del país.
El movimiento popular ha
organizado acciones a
nivel nacional con
protestas bajo el
liderazgo de los
sindicatos,
organizaciones
comunitarias de base,
centrales de campesinos
y otras. El sistema de
educación pública está
cerrado por una huelga
nacional de maestros. Se
bloquean las carreteras
principales del país
para para la actividad
comercial y así mantener
la presión económica
sobre la oligarquía
golpista.
Los golpistas emboscaron
y expulsaron al
Presidente Manuel Zelaya
a punta de fusiles para,
dijeron, salvaguardar la
Constitución. Ahora, en
la tercera semana del
golpe, los usurpadores
mantienen suprimidas las
garantías de la misma
Constitución que juraron
proteger. Radio Globo ha
reportado que
el-golpista-a-sueldo
Roberto Carmona ha
visitado Tegucigalpa
para reunirse con los
golpistas. Billy Joya,
antiguo dirigente de los
escuadrones de la
muerte, ha sido nombrado
como asesor del
usurpador-en-jefe,
Roberto Micheletti.
La diplomacia
regional de Estados
Unidos
Esta es la panorámica
actual en lo que fue el
patio-más-favorecido por
John Negroponte, el
gerente de los
escuadrones de muerte en
Honduras en los 1980s.
No fue un mero capricho
de Condoleezza Rice,
Negroponte y sus
compinches del régimen
Bush, enviar a Robert
Callahan, uno de sus más
destacados tenientes,
como embajador a
Managua. Tampoco queda
Callahan en aquel puesto
debido a pura inercia de
parte de la
administración de Barack
Obama. Callahan es un
consejero para tiempos
de guerra. Se mandó a
Managua para sustituir
al peluche Paul Trivelli
para desestabilizar
mejor el gobierno del
FSLN. Si uno considera
los currículums de los
embajadores
estadounidenses en la
región, todos, en algún
momento, han terminado
un curso de estudio en
una u otra de las
academias militares de
su país.
La biografía del
Departamento de Estado
para Robert Callahan nos
informa que él dio
clases por dos años en
el Colegio Nacional de
Guerra en Washington. La
nota biográfica de Hugo
Llorens nos informa que
éste recibió una
Maestría de Ciencias en
Estudios de Seguridad
Nacional del Colegio
nacional de Guerra en
1997. Como nota de pie
es de interés que
Llorens se integró al
servicio diplomático
desde el banco Chase
Manhattan. El embajador
estadounidense en
Guatemala, Stephen
McFarland es graduado
del Colegio de Guerra
Aérea de su país.
Temporalmente al frente
de la embajada de
Estados Unidos en El
Salvador, en este
momento, está Robert
Blau como encargado
interino. La biografía
de Blau dice, “fue
anteriormente
Director-Diputado de
Asuntos Cubanos en la
Oficina de Asuntos del
Hemisferio Occidental
del Departamento de
Estado, después de estar
dos años en la Sección
de Intereses
Estadounidense en La
Habana como Consejero
para Asuntos Políticos y
Económicos. En aquel
puesto ganó el Premio
por Excelencia James
Clement Dunn por motivo
de su apoyo a la
oposición democrática
cubana.”
En cada país de la
región, Estados Unidos
ha asignado estos clones
- altamente
experimentados,
calificados y
profundamente motivados
ideológicamente. Cada
uno tiene conocimientos
exhaustivos de lo que es
la desestabilización.
Nada de esto es nuevo.
Es de conocimiento común
en América Latina.
La gente de quién el
Presidente Obama depende
por asesoría en América
Latina comparte
características muy
parecidas. Arturo
Valenzuela, miembro del
muy poderoso Consejo por
Asuntos Extranjeros, fue
Asistente Especial del
Presidente para Asuntos
de Seguridad Nacional y
Director Superior de
Asuntos Interamericanos
en el Consejo de
Seguridad Nacional
durante la segunda
administración de Bill
Clinton. Dan Restrepo,
el más importante asesor
de Barack Obama en
asuntos
latinoamericanos, ha
sido Director del
Programa de las Américas
de la importante fábrica
de sueños de producción
masiva de propaganda y
políticas, el Centro
para el Progreso
Americano.
Una visita al sitio web
de esta entidad revela
otra línea de producción
robótica de realidad
virtual, vomitando las
variedades de análisis
falsos,
auto-exculpatorios y
vacíos que han sido la
marca característica de
las esferas más altas de
la vida intelectual
ortodoxa estadounidense,
incluyendo al Presidente
Obama. Esta es la misma
clase intelectual que
cantó tan agresivamente
alabando su sistema de
consumo capitalista –
ahora en la caída
estrepitosa más
sensacional de los
últimos setenta años. Y,
ahora que el declive
imperial ya no se puede
negar, el enjambre de
individuos que
constituye esta clase
estrella podrida, ha
empezado asumir un
vocabulario de
conciliación y de
diálogo.
Pero no importa cuánto
esfuerzo hacen para
llevar de una manera
convincente sus máscaras
de amabilidad. Su
arrogancia, su hubris (¿hibris?),
su fanático loco amor
para el poder militar se
derrama por todos lados.
La aspiración de Barack
Obama de recuperar para
Estados Unidos el
liderazgo en América
Latina implica no
solamente mantener la
presencia militar
estadounidense en la
región, sino de
aumentarlo
decisivamente. Por
ejemplo, en Colombia la
administración de Barack
Obama está negociando no
una base militar, sino
cinco más.
Continuidad de las
políticas en que se debe
creer
El golpe en Honduras
hace bien claro que a
los seis meses de la
administración del
Presidente Obama el
patrón de
desestabilización de
parte del gobierno
estadounidense, tan
obvio bajo el régimen de
George Bush, sigue igual
de feroz y sucio como
antes aunque,
posiblemente, con
mayores posibilidades de
poder negarlo
oficialmente. Como
candidato presidencial
antes de noviembre 2008,
Barack Obama insistió
que como Presidente él
recuperaría el liderazgo
– léase dominio - de
Estados Unidos en el
continente.
Aquella bola de nieve no
sobrevivió ni dos
microsegundos en el
infierno del golpe de
Estado en Honduras. La
verdad fue que los
países del ALBA
asumieron el liderazgo
del continente. La
reacción instantánea de
Venezuela, Cuba y
Nicaragua hizo aparecer
a Hillary Clinton y
Barack Obama como los
fraudes de doble cara
que son.
El gobierno
estadounidense insiste
en preferir su propia
propaganda que reconocer
los hechos. Su política
en América Latina se
basa en una confección
de realidad virtual –
reproducida
mecánicamente
innumerables veces por
los medios corporativos
internacionales – dónde
los gobiernos de Estados
Unidos están
comprometidos a promover
la democracia. Si uno
puede lograr escapar de
la jaula mental de
aquella propaganda del
Departamento de Estado,
aunque sea por un
momento, se descubre que
esta política de
“promoción de la
democracia” ocupa las
herramientas de la
intervención neocolonial
para alimentar las
fuerzas anti-democráticas
en toda América Latina.
Uno ve esta realidad en
el caso de los
separatistas asesinos de
Bolivia, en las
oligarquías amargadas
de Venezuela, Ecuador o
Perú y también en sus
contrapartes golpistas
de América Central. En
México y en Colombia, la
ayuda militar
estadounidense apoya
regímenes altamente
corruptos y
comprometidos con la
represión generalizada y
salvaje de los pueblos
indígenas, de defensores
de derechos humanos,
sindicalistas y
dirigentes de las
organizaciones
comunitarias. La
credibilidad de Estados
Unidos entre las grandes
mayorías en América
Latina está por el
suelo.
La idea-timo clave que
acompaña la falsa
“promoción de
democracia” de los
gobiernos
estadounidenses es otro
mito sin credibilidad,
la prosperidad derivada
del mercado libre. La
realidad innegable ahora
es que el capitalismo
corporativo ha destruido
la economía. Ha creado
el desempleo masivo y un
estancamiento
recalcitrante. Las dos
van a durar quizás por
una década o más. La
misma clase intelectual
que supervisaba esa
catástrofe hasta ahora,
todavía, aun en medio
del colapso categórico
de su sistema, sigue
proclamando a América
Latina los beneficios
milagrosos de la
prosperidad del mercado
libre.
El corolario falso de la
idea evidentemente
absurda que el gobierno
estadounidense promueva
la democracia es que sus
opositores, como
Venezuela, por supuesto
hagan lo contrario.
Entonces el gobierno de
Venezuela y sus aliados
son proyectados como
malévolos o a lo mejor
cómicamente ineptos que
actúan para negar la
libertad y la
prosperidad a los
pueblos de la región.
Por supuesto, la mirada
más breve de los hechos
muestra la absoluta
deshonestidad de aquella
propaganda.
La maquinaria de deuda y
ayuda de Estados Unidos
y sus aliados en América
Latina ha fallado
completamente en
suministrar la seguridad
energética y
alimentaria, en reducir
significativamente el
analfabetismo,
garantizar una atención
adecuada de salud o de
mejorar radicalmente el
acceso al crédito para
las mayorías excluidas.
En cambio, sólo desde
2004, en cinco años,
Venezuela, Cuba y sus
aliados han logrado
cambios dramáticos en
todas esas áreas. Por
ejemplo, en junio UNESCO
confirmó que Nicaragua
ahora es libre de
analfabetismo. Sin
embargo, todavía,
fraudes deshonestos como
Barack Obama, Hillary
Clinton, Dan Restrepo,
Thomas Shannon, y Arturo
Valenzuela siguen
repitiendo su propaganda
totalmente inverosímil.
Como clase política sus
homólogos en la economía
doméstica han
traicionado el futuro
bienestar del pueblo de
los Estados Unidos por
muchos años en adelante.
Aquella clase y sus
representantes son
iguales de falsos y
torcidos en la política
extranjera. No importa
dónde se metan, se
equivocan constantemente
porque parten de
premisas obtusas, torpes
y equivocadas. En
América Latina se ha
demostrado la idiotez de
aquellas premisas una
vez tras vez. El ejemplo
más contundente es la
adhesión de 20 países
con más de 110 millones
de habitantes a las
iniciativas de
Petrocaribe y el ALBA
impulsados por Venezuela
en base a una agenda de
solidaridad e
integración soberana.
En cuanto a la izquierda
neocolonial
norteamericana, sobre
Nicaragua e Irán ellos
repitieron la falsa
línea imperialista,
alegando masivo fraude
electoral. Con respecto
a Honduras, han dejado
caer el tema del golpe
igual de rápido que los
principales medios
corporativos. En la
práctica, a un nivel
fundamental, la
izquierda norteamericana
es casi completamente
irrelevante para los
esfuerzos de las
mayorías empobrecidas en
América Latina de
realizar cambios
decisivos.
América Central –
falsificando los hechos
Muchos escritores han
notado el contraste
chocante entre la bulla
mediática-política
alrededor del asesinato
de una joven mujer en
Terán y la indiferencia
total al asesinato de
Isis Obed Murillo en
Tegucigalpa. Uno podría
hacer el contraste
también entre el
reportaje de abusos de
derechos humanos en Irán
y la falta de reportaje
habitual de los
asesinatos y violaciones
cometidos por las
fuerzas de los gobiernos
de México y de Colombia.
Para muchas personas en
América Latina, la
yuxtaposición de los
hechos en Irán con los
acontecimientos en
Honduras ha sido muy
convincente y totalmente
desfavorable, tanto al
gobierno de Estados
Unidos como a los medios
corporativos en general.
Los reportajes
distorsionados y
parciales de CNN
probablemente abrieron
los ojos para mucha
gente que antes no
reflexionaban sobre lo
que miraron en aquel
canal.
En Estados Unidos y sus
países aliados, casi
todo el comentario sobre
el golpe en Honduras, de
todas partes del
espectro político, giró
alrededor de dos
términos impuestos por
los poderosos intereses
que apoyan el golpe.
Primero, casi todo el
comentario describió al
Presidente Manuel Zelaya
como “izquierdista”.
Segundo, casi todo el
comentario insistió
sobre el tema
irrelevante de la
re-elección como si
fuera algún tipo de
explicación congruente
del golpe.
Veremos. Manuel Zelaya
jamás ha hablado de
nacionalizar los medios
de producción en
Honduras. Sería
totalmente tendencioso
describir a él como
socialista. Cuando
Manuel Zelaya necesitaba
apoyo para manejar los
graves problemas de
seguridad energética de
Honduras fue el primero
a pedir apoyo al
gobierno de George W.
Bush. Bush desinfló toda
esperanza de una
respuesta útil. El caso
del Presidente Manuel
Zelaya es otro más en
que la política
extranjera incompetente
de Estados Unidos busca
un cliché exculpatorio
para justificar su
fracaso.
La trayectoria de Manuel
Zelaya, en términos de
política pública desde
su tiempo como un
funcionario
gubernamental con
responsabilidad en la
reconstrucción después
de Huracán Mitch, ha
sido de buscar cómo
mejorar las condiciones
de la mayoría
empobrecida de su país.
EL caso de Manuel Zelaya
demuestra que ahora
hemos alcanzado un punto
en que una amplia gama
de opinión, desde la
derecha hasta la
izquierda, piensa que
acciones comprometidas
para reducir la pobreza
son de izquierda.
Garantizar los derechos
fundamentales a la salud
y la educación ahora es
de izquierda.
Asegurar el acceso a
créditos baratos para
las mayorías
empobrecidas ahora es de
izquierda. Preocuparse
por cómo estimular la
producción agrícola de
pequeños y medianos
productores ahora es de
izquierda. Garantizar la
seguridad energética y
alimentaria ahora es de
izquierda. Sin embargo,
ni una de aquellas
políticas estaría fuera
de lugar en cualquier
programa de gobierno en
Norte América o Europa.
El tipo de lógica que
refleje de una manera
tan inútil el adjetivo
“izquierdista”, como si
fuera aplicable a un
político como Manuel
Zelaya, ahueca las
palabras. Las convierte
en cascarones vacíos.
Aquellos cascarones se
ocupan por timadores
como Barack Obama para
confundir su público. Un
uso tan corrupto del
lenguaje reduce las
posibilidades de
comprensión a unas
avenidas de miras
estrechas, cuidadosa,
nítida y engañosamente
arregladas por los
progenitores de la
propaganda mediática
corporativa, como los
funcionarios del Centro
para el Progreso
Americano.
A pesar de la retórica
eufórica usada por
Manuel Zelaya, de vez en
cuando, para alentar o
quizás para seducir una
parte de su audiencia
nacional, en la práctica
sus decisiones han sido
de un nacionalista
céntrico-quizás-
socialdemócrata muy
parecido a Ramón Villeda
Morales, otro presidente
hondureño reformista
derrocado por un golpe
de Estado en 1963. Si
uno ubica al Presidente
Manuel Zelaya en una
perspectiva que incluye
su propia biografía
política y, además, la
historia relevante de
los últimos cincuenta
años, que se le describa
como “izquierdista” se
parece a la barata, poco
seria etiqueta
desechable que es.
De igual manera, el tema
de la reelección siempre
ha sido completamente
incongruente. Si el
Presidente Zelaya
quisiera participar en
otra elección
presidencial, lo más
pronto que lo podría
hacer será en 2013, aun
si una posible futura
Asamblea Constituyente
hubiera logrado cambiar
las normas electorales
correspondientes. Sin
embargo, la gran mayoría
de escritores han
insistido en tratar el
tema de la reelección
como si fuera un motivo
del golpe, más allá de
un pretexto descarado,
transparentemente
deshonesto.
Fue la combinación de
aquellos dos términos en
el sentido de
“izquierdista busca
reelección” que ha
permitido a los medios
corporativos y muchos
medios supuestamente
progresistas de
minimizar la importancia
del golpe en Honduras.
Se logró de esa manera –
entre otras – disfrazar
la ferocidad y
profundidad de la
ruptura de las normas
democráticas en
Honduras. Lo que ha sido
un tremendo choque moral
y emocional para la
mayoría de la gente en
América Latina se ve con
mucho mayor tranquilidad
desde afuera. En los
medios corporativos los
golpistas han hecho casi
aceptable su idiótico
argumento que una
consulta no vinculante
podría ser anti-democrática
– una estupidez pasmosa.
La administración de
Barack Obama ha quedado
atrás en la reacción
continental de las
mayorías que rechazan
los términos falsos de
los medios corporativos
y sus acompañantes
progresistas. El motivo
por qué han quedado
atrás es que el gobierno
estadounidense apoya los
objetivos de los
golpistas. Esos
objetivos son varios e
interconectados.
Uno es de impedir la
participación
democrática de la
mayoría empobrecida en
la toma de decisiones
que afectan sus
oportunidades de tener
una vida mejor. Su
participación acabaría
con el dominio completo
de los recursos de
Honduras por su
oligarquía corrupta.
Permitiría la
redistribución necesaria
de recursos a favor de
las mayorías. Otro
objetivo del golpe es de
defender la ocupación
militar del país que es
una absoluta necesidad
que acompaña la toma
feudal del país por su
oligarquía tiránica.
Los fines
desconocidos por sus
comienzos
Anoche, Manuel Zelaya
dio un ultimátum a los
golpistas. Al hacer eso
desenmascaró el juego
desleal de Barack Obama
e Hillary Clinton con
respecto a la farsa del
diálogo mediado por el
Presidente Oscar Arias
en Costa Rica. Las
actividades del domingo
19 de julio en Managua
podrían incluir
declaraciones muy
importantes para el
futuro de América
Central. Como Fidel
escribió en el título de
su reciente reflexión –
o muere el golpe o
mueren las
constituciones. Como
otros han observado, no
hace sentido tener
elecciones nacionales si
se puede instalar
gobiernos de facto así
no más.
Desde su inicio hasta su
termino, todavía a ser
decidido, el golpe de
Estado en Honduras se ha
mostrado un momento
definitivo e histórico.
La condena lenta y tibia
de parte del gobierno
estadounidense apenas
esconde su apoyo para
los objetivos del golpe.
Han sido los gobiernos
del ALBA que han
galvanizado los demás
gobiernos de la región
para tomar medidas
contundentes contra los
golpistas en Honduras.
Dentro del país el golpe
ha provocado una
resistencia no vista
desde la gran huelga de
1954. Sea cual fuere el
resultado de los
acontecimientos en
Honduras, si el
Presidente Obama no
rectifica su política
actual, lo más probable
es que Estados Unidos
vaya a terminar aún más
aislado y con todavía
menos prestigio que en
el tiempo de George W.
Bush. |