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La acumulación de
evidencias sobre la
responsabilidad directa
de factores de poder
dentro del Imperio y de
la República
estadounidense en la
organización y dirección
del golpe de Estado en
Honduras iniciado
brutalmente por los
militares el pasado 28
de junio del año 2009 y
luego sobre el
continuado apoyo abierto
o solapado para su
consolidación y triunfo,
me lleva a la necesidad
de anticipar en los
elementos de
culpabilidad de esos
factores antes que se
pongan en evidencia
pública quizás dentro de
30 o 40 años cuando se
desclasifiquen los
documentos oficiales
correspondientes, en
específico por parte de
la Secretaria de Estado,
Hillary Clinton, y del
propio presidente Barack
Obama, ya que nadie pone
en duda la
responsabilidad de las
acciones golpistas por
parte de la CIA y de
otras agencias
subversivas,
conspirativas y
desestabilizadoras como
la USAID y la NED, del
Pentágono y en
particular del
Comando Sur del ejército
de EE.UU., de agentes
fascistas y terroristas
estadounidenses de vieja
data como
Otto Reich, John
Negroponte, John McCain
y Richard Cheney y de
los grandes medios de
comunicación con CNN en
Español a la cabeza.
Hasta ahora tampoco
nadie duda que las
fuerzas de la extrema
derecha y fascistas de
EE.UU. en particular los
neoconservadores, los
republicanos
fundamentalistas
cristianos-sionistas y
las mafias y grupos de
poder de proyección
internacional más
extremistas como la
mafia cubana-americana,
harán todo lo posible
por el fracaso de la
administración demócrata
de Barack Obama y de
esta forma facilitarles
su retomo al poder aun
con más fuerza en los
próximos procesos
electorales de los años
2010 y 2012 y quizás a
través de la culminación
del golpe de Estado en
progreso en EE.UU. desde
el 11/09/01. ¿Pero que
pasa con los
saboteadores internos
que eliminan toda
credibilidad a las
acciones de Barack
Obama?, tal como expresé
sobre ambos temas en uno
de los artículos
anteriores, ahora
incorporando también las
posibles ambiciones de
la Secretaria de Estado
Hillary Clinton, y del
vicepresidente Joseph
Biden como futuros
aspirantes potenciales a
la presidencia de EE.UU.
en las próximas
elecciones.
Hasta el presente una de
las principales
estrategias del
presidente Barack Obama
ha sido la imposición
dentro y fuera de EE.UU.
de la amnesia histórica
con el pretendido mayor
acto de ilusionismo de
la historia de la
humanidad, la
desaparición de la
imagen del Imperio
estadounidense y de la
conciencia de su
existencia a nivel
mundial, pretensión en
la que el mago Obama
debe apoyarse y ser
apoyado por sus
ayudantes, supuestamente
fieles, entre los cuales
deberían estar la
Secretaria de Estado,
Hillary Clinton y el
vicepresidente Joseph
Biden. Veamos algunas
situaciones recientes
que nos permitan evaluar
el comportamiento de
estos dos ayudantes en
los casos de Rusia,
Medio Oriente, Irán y
Honduras en cuanto a su
posible fidelidad al
mago principal de la
Casa Blanca, el
presidente Barack Obama.
Durante la primera
semana de mayo del año
2009 ante el
agravamiento de las
relaciones de Washington
con Moscú en particular
por las anunciadas
maniobras militares y
provocadoras de la OTAN
en Georgia, en momentos
además que la oposición
política de ese país
reclamaba en forma
masiva e intransigente
la renuncia del agente
provocador y conspirador
a favor de occidente, el
evidentemente
desequilibrado mental
presidente Mijail
Saakashvili, la
Secretaria de Estado,
Hillary Clinton, se
reunía con el Canciller
ruso, Serguei Lavrov,
para a través de la
promesa de futuras
negociaciones
supuestamente
respetuosas sobre temas
en disputa tratar de
calmar y apaciguar a los
dirigentes rusos, cada
vez más conscientes del
peligro que representa
la actual etapa
fundamentalista,
agresiva y demencial de
EE.UU. como imperio a
escala universal.
A principios de julio
del año 2009 durante una
visita del dialogante
presidente Barack Obama
a Moscú en un intento de
restañar los vínculos
dañados con Rusia se
firmaba un acuerdo marco
para una importante
reducción de ojivas
nucleares y de
portadores de ambos
países en
correspondencia al
tratado
ruso-estadounidense
sobre reducción de armas
estratégicas ofensivas
conocido como START-1
firmado en el año 1991 y
vigente hasta el año
2009, pero sin superarse
las diferencias sobre
una posible reactivación
del Tratado de Defensa
de Misiles, conocido por
ABM (Anti Ballistic
Missile Treaty) de 1972
por la insistencia de
EE.UU. en mantener parte
de su escudo antimisil
en la República Checa y
en Polonia, se abogaba
por nuevas medidas de
control fronterizo de
cada país en cuanto a la
extracción y la
transportación de
materiales nucleares y
se abogaba por acciones
que mejoraran las
relaciones comerciales
mutuas. Por su parte el
gobierno de Moscú
autorizaba la
utilización del espacio
aéreo ruso para la
transportación de armas
y tropas hacia
Afganistán.
Sin embargo pocos días
después se realizaban
provocadoras,
publicitadas y ridículas
maniobras navales
realizadas por un
destructor de EE.UU. y
guardacostas georgianos
en el Mar Negro con
declaraciones
amenazantes contra Rusia
y Osetia del Sur por
parte del presidente de
Georgia, Mijail
Saakashvili, y se
anunciaba la próxima
visita del
vicepresidente de
EE.UU., Joseph Biden, a
Georgia y a Ucrania
seguramente para
estimular y respaldar el
futuro ingreso de esos
países a la OTAN
cercando militarmente
cada vez más a Rusia;
maniobras y
declaraciones
que fueron replicadas
por una visita de apoyo
y respaldo del
presidente ruso, Dmitri
Medvédev, a Osetia del
Sur como nuevo país
independiente y por su
presencia en maniobras
desarrolladas con
poderosos y modernos
medios navales y aéreas
de Rusia incluyendo el
lanzamiento exitoso de
un misil balístico
intercontinental desde
un submarino de nueva
generación. De esta
forma se ratificaba
una vez más que el
presidente Barack Obama
anda por un lado
tratando de lavar la
cara y mejorar la imagen
del Imperio y el
Pentágono, el
Departamento de Estado y
el propio vicepresidente
andan por otro lado
saboteándolo en su
intento.
En Egipto el
indiscutiblemente hábil
y habilidoso Barack
Obama trataba de
comenzar a cambiar la
imagen pública de más de
60 años de agresiones
por parte de su país en
el Medio Oriente al
proclamar el 4 de junio
del año 2009 en forma
genérica en la
Universidad Islámica de
Al-Azhar en el Cairo la
oferta de “buscar un
nuevo comienzo para
Estados Unidos y los
musulmanes alrededor del
mundo (unos 1,100
millones de personas y
de potenciales
consumidores), que se
base en intereses mutuos
y el respeto mutuo…”,
sin aclarar como se
manifestaría ese respeto
cuando las tropas y
armamentos de EE.UU., la
OTAN e Israel sigan
interviniendo, ocupando,
matando y masacrando a
cientos y miles de
civiles islamistas en
Iraq, Afganistán,
Paquistán y Palestina,
torturando a cientos o
miles de prisioneros
musulmanes en las
cárceles públicas y
secretas que EE.UU.
mantiene fuera de su
territorio incluyendo
naves de su flota de
guerra, o contribuyendo
en forma destacada al
negativo cambio
climático con cada vez
más graves y terribles
efectos y consecuencias
de incidencia económica,
social y humanitaria en
numerosos países,
pueblos, sociedades y
las llamadas
civilizaciones del Medio
Oriente, de Asia
Central, del Asia Sur
Occidental y de África
con poblaciones de
mayoría islámica o
musulmana.
Durante el discurso del
4 de junio del año 2009
pronunciado en la
Universidad Islámica de
Al-Azhar, en el Cairo el
mago y presidente de
EE.UU., Barack Obama,
trató de imponer una vez
más su estrategia de
amnesia histórica y
tratar de desaparecer al
Imperio realizando
grandes esfuerzos
típicos de mecanismos de
persuasión y de
promoción
mercadotécnicos en
particular de relaciones
públicas utilizados
entre otros por muchos
predicadores religiosos
en EE.UU. tratando con
frases, en forma de
apotegmas y a veces
ecuménicas, de
contrarrestar la justa
visión del mundo
musulmán e islámico
sobre un gran imperio
agresor, fascista,
asesino y genocida que
representa EE.UU. en
forma directa e
indirecta a través de
Israel su incondicional
aliado en la zona, así
como sobre la falsedad e
hipocresía al menos
parcial de sus conceptos
públicos sobre desarme y
no proliferación nuclear
(en particular referido
a cuestionar a Irán a
tenerlas en un futuro y
a no cuestionar a Israel
por las entre 150 y 200
armas nucleares que se
afirma dispone desde
hace años con la ayuda
de EE.UU.), así como
sobre democracia,
libertades,
imparcialidades,
respetos, tolerancias,
derechos humanos,
igualdad, independencia
y soberanía de los
Estados.
Amnesia histórica y
desaparición del Imperio
estadounidense referida
a las políticas
genocidas de EE.UU. que
se pretende extender a
un Irán persa donde el
soporte al Sha de ese
país provocó terribles
sufrimientos al pueblo y
con el cual EE.UU.
comenzó a apoyar
inicialmente su
desarrollo nuclear al
considerarlo su más fiel
aliado y guardián de sus
intereses en la zona y
donde el estímulo y
apoyo político,
económico y militar al
Iraq de Sadam Husein,
incluyendo la capacidad
de producir armas
químicas que se usaron
en la guerra contra Irán
durante 8 años desde
1980 resultante en la
muerte de unos 600,000
iraníes y 400,000
iraquíes y terribles
pérdidas económicas,
tecnológicas,
productivas y sociales
en ambos países.
Respecto a Irán a
principios de junio del
año 2009 el presidente
Barack Obama se veía
obligado a despachar a
un enviado especial a
Tel Aviv días antes de
su reunión con Benjamín
Netanyahu en Washington
para reclamar al
gobierno de Israel que
se abstuviera de crearle
a EE.UU. situaciones
internacionales de facto
de naturaleza muy
negativas por un ataque
preventivo y sorpresivo
por su propia cuenta a
instalaciones nucleares
de Irán. Pocos días
después el
vicepresidente Joseph
Biden declaraba en una
entrevista publica que
Israel tenía todo el
derecho de emplear sus
armas contra Irán
incluyendo instalaciones
nucleares para defender
su “soberanía e
intereses”, obligando a
Obama dos días después a
desmentirlo públicamente
y a ratificar la
posición de su
administración respecto
a su política de cambio
del régimen gobernante
en Irán por medio de la
promoción de la
desestabilización, la
subversión y la
contrarrevolución
interna.
En una reunión de Obama
con la presidenta de
Chile, Michele Bachelet,
en Washington a finales
de junio del año 2009,
ante el recordatorio de
ésta del apoyo del
gobierno de EE.UU. al
golpe fascista de Estado
contra el presidente
electo democráticamente,
Salvador Allende, y su
resultante vil y cobarde
asesinato, el Sr. Obama
abogaba por olvidar el
pasado y mirar al
futuro, casi
coincidiendo con el
inicio del cruento golpe
de Estado militar en
Honduras en la madrugada
del domingo 28 de junio.
En el caso del golpe de
Estado en Honduras
evidentemente en el
bando demócrata el
principal papel de
sabotear los esfuerzos
del mago Obama por
desaparecer la nefasta
imagen de EE.UU. como
imperio y de imponer su
estrategia de amnesia
histórica en el sur del
Continente, hasta ahora
lo ha asumido la
Secretaria de Estado, la
Sra. Hillary Clinton.
Entre los días 28 y 29
de junio del año 2009
los principales
organismos de
integración y
concertación regional
como el MERCOSUR, la
UNASUR, el Grupo de Río,
el CARICOM, el
Sistema de Integración
Centroamericano (SICA) y
en especial la Alianza
Bolivariana para los
Pueblos de Nuestra
América (ALBA), se
movilizaron en forma
rápida y decidida para
repudiar el golpe de
Estado y respaldar a
José Manuel Zelaya
Rosales como presidente
legítimo de Honduras,
arrastrando de esta
forma a la OEA y al
Departamento de Estado a
adoptar una posición
similar so pena de
entrar en una crisis que
la llevaría en forma
irreversible a su rápida
desintegración, cosa que
el gobierno de EE.UU. no
podía darse el lujo de
permitirse en esos
momentos.
Sin embargo la
administración de Barack
Obama, el Departamento
de Estado e Hillary
Clinton en específico,
se negaba a retirar a su
Embajador en Honduras y
a suspender la ayuda
económica y militar a
los golpistas alegando
que estaba en evaluación
legal la existencia o no
de un golpe militar a
pesar de que Barack
Obama el día 30 de junio
se veía obligado a
expresarse en forma
pública dándole el
respaldo de su país al
gobierno legítimo del
presidente José Manuel
Zelaya Rosales al
declarar como acto
“ilegal” al golpe de
Estado en Honduras (cosa
que nunca hizo Hillary
Clinton) en el marco de
una reunión con su par
colombiano Álvaro Uribe,
así como de
declaraciones
posteriores en Moscú de
considerar a Manuel
Zelaya como único
presidente válido de
Honduras (a pesar de las
diferencias con el
gobierno de Zelaya por
sus críticas a acciones
pasadas del imperio
estadounidense, quizás
cuando Honduras era
conocida como el
portaviones del
Pentágono en
Centroamérica, tratando
de esta forma de imponer
al mundo una vez más una
irracional e inaceptable
política de amnesia
histórica en momentos
que el imperio acababa
de dirigir un nuevo
golpe de Estado en ese
país).
De esta forma Hillary
Clinton como Secretaria
de Estado, al nunca
calificar a las acciones
de los golpistas de
ilegales ni tan siquiera
de golpe de Estado
militar (EE.UU. hubiera
tenido que cesar
automáticamente la ayuda
económica y militar
estadounidense al
gobierno de facto)
respaldaba en forma a
veces directa y otras
veces en forma más
indirecta y taimada el
golpe de Estado fascista
y la resultante
dictadura cívico-militar
hondureña cada día más
fascista, mientras
defendía posiciones
débiles y burocráticas
en el marco de la OEA en
forma directa a través
de su Secretaría e
indirecta a través de
gobiernos aliados y
subordinados en la
región como el de Costa
Rica y en la práctica
negaba las Resoluciones
de la OEA y de la ONU de
total e incondicional
respaldo a Zelaya como
presidente
constitucional de
Honduras, Resoluciones
que en el caso de la
ONU, EE.UU.
farisaicamente fue uno
de sus promotores.
Retórica contra
realidades, demostrando
una vez más la doble
moral y el doble rasero
y juego de las
administraciones de
EE.UU. relacionados con
el terrorismo, los
golpes de Estado en
América Latina y el
Caribe y las dictaduras
fascistas, represivas y
asesinas resultantes.
Ante el rechazo
mayoritario y valiente
al golpe fascista por
parte del pueblo
hondureño y de sus
dirigentes
constitucionales y el
total rechazo de la
comunidad internacional,
el gobierno de EE.UU. a
través de Hillary
Clinton establecía una
nueva estrategia para
perpetuar el golpe de
Estado y la dictadura
fascista establecida en
Honduras imponiendo con
su poder e influencia y
la ingenuidad de algunos
como el propio
presidente Manuel Zelaya
la supuesta búsqueda de
la restauración del
orden constitucional a
través de “la mediación,
el diálogo y la
negociación”, utilizando
al siempre servil,
sumiso y servicial
presidente de Costa Rica
el Sr. Óscar Arias, que
como buen neoliberal y
conservador al servicio
siempre de las
oligarquías nacionales
en el sur del Continente
y del imperio del norte,
bochornosamente se
prestaba al juego sucio
y tramposo de Washington
al ser designado por
Hillary Clinton como
intermediario o mediador
como si pudiera haber
una mediación, un
diálogo y una
negociación entre partes
legal, ética y
moralmente desiguales y
antagónicas y gestionaba
una reunión para el
jueves 9 de julio en su
país con la pretendida
participación conjunta
de la víctima el
presidente
constitucional Manuel
Zelaya y del victimario
golpista el presidente
de facto Roberto
Micheletti.
Un antecedente directo
de la actitud del Sr.
Arias en cuanto a la
mediación impuesta la
encontramos en la
reunión del día 30 de
junio del año 2009 en
Washington, cuando en
forma premonitoria el
representante de Costa
Rica ante la OEA
expresaba a nombre del
presidente Óscar Arias
su “preocupación” por la
seguridad del presidente
Zelaya ante el anunciado
propósito de regresar a
Honduras, lo cual fue
duramente refutado por
el Canciller de
Venezuela, Nicolás
Maduro. A los pocos días
se hizo evidente la
complicidad de Arias
posiblemente incluso
antes del comienzo del
golpe el día 28 de junio
con los planes del
Departamento de Estado
de apoyo solapado a los
golpistas, planes sin
duda liderados o al
menos apoyados por su
Secretaria, la Sra.
Hillary Clinton. Con
razón los golpistas
expulsaron al presidente
Manuel Zelaya a Costa
Rica como parte del plan
previendo seguramente el
posible papel de Óscar
Arias de neutralizador
de las reacciones
regionales e
internacionales al
cruento y brutal golpe
de Estado.
El jueves 9 de julio se
celebraba la primera
sesión de la mediación
de Óscar Arias con
reuniones por separado
con el presidente
constitucional de
Honduras, Manuel Zelaya,
y el presidente de facto
designado por los
golpistas, Roberto
Micheletti, donde ambos
ratificaron la postura
antagónica de cada uno
anunciada el día
anterior, quedando
establecidos grupos de
trabajo para continuar
las conversaciones. Todo
parecía indicar que se
confirmaba la estrategia
de los golpistas
promovida, orientada y
apoyada por el
Departamento de Estado
de EE.UU. de consolidar
hechos consumados,
legalizar en lo posible
a los golpistas y ganar
tiempo y así diluir la
resistencia interna en
Honduras al igual que la
presión y el rechazo
internacional al golpe
de Estado, en este caso
tratando de contribuir a
la estrategia
internacional del mago
Obama, de imponer una
amnesia histórica
mundial (darle la vuelta
al pasado) y convertir
en bueno de ahora en
adelante al imperio
estadounidense y a los
nuevos golpes de Estado
en la región, así como a
las dictaduras fascistas
resultantes.
El lunes 13 de julio el
presidente Zelaya
anunciaba un ultimátum a
los golpistas en función
de los resultados de una
próxima reunión de las
Partes en la mediación
organizada por Óscar
Arias en Costa Rica,
mientras los principales
medios de comunicación
golpistas nacionales e
internacionales tanto
del sur como del norte
de la Américas trataban
de contribuir a
preservar el golpe y la
impunidad de sus autores
e instigadores empleando
términos como los de
gobierno y presidente
interino, la amnistía
para el presidente
depuesto y a sus
ministros por supuestos
delitos y las elecciones
de noviembre como salida
de la crisis y salían a
la luz a través de
medios de comunicación
alternativos los
antecedentes fascistas,
corruptos e inmorales de
algunos de los
principales golpistas
como Billy Joya, Roberto
Micheletti y el General
Romeo Vázquez Velásquez.
El martes 14 y el
miércoles 15 de julio se
producían eventos que
confirmaban la
complicidad de la
administración de Barack
Obama en especial de su
Secretaria de Estado en
el golpe de Estado en
Honduras, además del
Pentágono y del Comando
Sur en particular. El
vocero del Departamento
de Estado, Ian Kelly,
expresaba su desacuerdo
con Zelaya en establecer
un plazo “artificial”
para la mediación de
Óscar Arias, el propio
Arias ratificaba su
compromiso con los
planes de Washington de
darle el mayor tiempo
posible a los golpistas
para desmoralizar al
presidente
constitucional y a la
resistencia del pueblo
hondureño alargando la
próxima reunión de la
mediación hasta el
sábado y la ministra de
finanzas nombrada por el
régimen de facto en
Honduras expresaba a la
prensa que los planes de
ayuda militar y
económica de EE.UU. no
habían sido afectados en
lo más mínimo en
especial la Cuenta del
Milenio por más de 200
millones de US dólares y
que no se había recibido
ninguna comunicación de
afectación a los
créditos por parte de
organismos financieros
multilaterales como el
BM y el BID ampliamente
dominados por EE.UU.
El jueves 16 de julio se
informaba de dos
acontecimientos de
interés, la posibilidad
de renuncia al cargo de
presidente de facto por
parte de Roberto
Micheletti (documentado
oficialmente como
aparente instigador
principal interno del
golpe de Estado militar)
condicionado al no
regreso a Honduras del
presidente
constitucional Manuel
Zelaya sabiendo que los
golpistas y el
Departamento de Estado
de EE.UU. habían
acordado sustituirlo y
enviarlo de nuevo al
Congreso como parte de
la maniobra salvadora y
una mayor exposición
pública de la
despreciable catadura
política y moral del
títere del Departamento
de Estado de EE.UU. el
Sr. Óscar Arias, al
informar que propondría
a la mesa de diálogo la
formación de un Gobierno
de Reconciliación
nacional en Honduras con
la participación de los
golpistas en ministerios
claves tal como lo hizo
en los conflictos
centroamericanos de los
años 80 del siglo XX,
con la correspondiente
inmunidad (impunidad) a
favor de los golpistas.
Una vez confirmada la
anuencia, participación,
responsabilidad y
posiblemente la
dirección compartida del
Departamento de Estado
de EE.UU. en el golpe de
Estado en Honduras queda
la pregunta ¿conocía el
presidente Barack Obama
de los planes para
llevar a cabo el golpe
en Honduras? Solo dos
antecedentes extremos
para ayudar al análisis
sobre golpes de Estado
por parte de
administraciones de
EE.UU., el primero, el
golpe de Estado contra
el presidente Salvador
Allende en Chile
incluyendo su asesinato
en caso necesario, fue
ordenado personalmente
por el presidente
Richard Nixon con la
exclusión en cuanto a su
conocimiento y
participación de algunas
importantes entidades
subordinadas a su
administración, y el
segundo, el golpe de
Estado contra John F.
Kennedy iniciado con el
asesinato del presidente
que evidentemente fue
ordenado por factores de
poder excluyendo esta
vez a la propia víctima.
La respuesta a la
pregunta anterior le
corresponde darla al
actual presidente del
Imperio, el mago Barack
Obama, con acciones
valientes y decididas
contra la permanencia de
los golpistas en el
poder o con su
inactividad cómplice
respecto a los próximos
acontecimientos
derivados del golpe de
Estado en Honduras. Mago
Obama, da lo mismo que
no lo supiera antes si
lo supo después y no
hizo nada para revertir
esa ignominia. En un
caso como este la magia
y el ilusionismo no
funcionan.
Sr. Barack Obama muévase
rápido que su propia
gente le están
serruchando el piso y el
Imperio está en riesgo
de perder en forma
abrupta y definitiva a
la región de América
Latina y el Caribe.
Mientras tanto se
producirá
inevitablemente la
aplicación de las tres
leyes básicas o clásicas
del materialismo
científico,
histórico y dialéctico
establecidas como
necesarias para lograr
un desarrollo en espiral
ascendente de las
sociedades y el
enriquecimiento de la
historia de la
humanidad, a saber:
los cambios
cuantitativos en
cualitativos, la unidad
y la lucha de contrarios
y la negación de la
negación. Las
masas críticas que están
alcanzando los procesos
de cambios cuantitativos
en la región resultarán
sin dudas en profundos
cambios cualitativos
debido a la cada vez
mayor unidad de los
pueblos y de los
gobiernos progresistas
que se enfrentarán sin
tregua a sus contrarios
y negarán radicalmente
el estatus quo actual,
convirtiéndose sin dudas
en el gran mago, y no
precisamente un
ilusionista, que se
encargará de hacer
desaparecer para siempre
al Imperio
estadounidense de la faz
de las tierras de
América Latina y el
Caribe.
El
presente artículo
constituye parte de
varios epígrafes de un
nuevo Ensayo titulado
“La Destrucción del
Imperio Estadounidense”
pendiente de
publicación.
El
presente artículo
constituye en cierta
forma una continuación
de tres artículos
anteriores sobre Barack
Obama referido al golpe
de Estado en Honduras
publicados el pasado 1
de julio que cubrió el
periodo del 25 al 30 de
junio del 2009, el 6 de
julio que cubrió el
periodo del 1 al 5 de
julio y el 13 donde
realicé un análisis
sobre los posibles
resultados y
consecuencias del nuevo
golpe de Estado en
América Latina y el
Caribe. |