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La deposición violenta,
el secuestro y la
expulsión del país del
legítimo presidente
constitucional de
Honduras Manuel Zelaya
Rosales, el 28 de junio
pasado fue un operativo
montado con plena
complicidad de la
Embajada y el
Departamento de Estado
de los Estados Unidos.
La afinidad de los
golpistas con el
Pentágono es de vieja
data. El jefe del Estado
Mayor Conjunto, el
General Romeo Vásquez,
destituido por el
Presidente Zelaya
Rosales y actor
principal en el golpe es
graduado de la Escuela
de las Américas. También
lo es el Comandante de
la Aviación de Honduras,
General Luis Javier
Prince Suazo, asiduo
visitante de Palmerola.
El secuestro el mismo
día 28 de la canciller
hondureña Patricia
Isabel Rodas Baca, tan
activa en su solidaridad
latinoamericanista, la
violación de la
integridad diplomática y
física de tres
embajadores de países de
la Alianza Bolivariana
para los Pueblos de
Nuestra América (ALBA)
(1), que protegían a la
canciller, ratifica la
direccionalidad del
Golpe.
El cuartelazo en curso
se enlaza con una serie
de actos
antidemocráticos y
violentos realizados en
la región en los últimos
años por las elites
locales, con el apoyo y
dirección de los Estados
Unidos. Entre ellos está
el Golpe de Estado
producido en Venezuela
en 2002 y el intento
secesionista de la
oligarquía santacruceña
del 2008 en Bolivia.
Ahora con los
acontecimientos
hondureños se percibe
muy cercano el peligro
de la vuelta para
Nuestra América, de los
días en que las botas de
los gorilas y oligarcas
hacían su fiesta de
traición y horror.
Las reacciones
La asonada golpista
recibió la unánime
crítica de la comunidad
internacional. La
Organización de Naciones
Unidas (ONU), Unión
Europea, Organización de
Estados Americanos
(OEA), el Movimiento de
Países No Alineados (MNOAL)
y otras organizaciones y
países, condenan el
golpe de Estado y el
secuestro del presidente
Manuel Zelaya Rosales, y
solicitan la inmediata
restitución del orden
constitucional en la
nación. A menos de 24
horas de estar los
militares en el gobierno
del país
centroamericano, en
hecho inédito, los
mandatarios del ALBA se
reunieron en Managua
para brindar toda su
solidaridad al gobierno
legalmente constituido
de Zelaya Rosales.
Acordaron retirar a sus
embajadores de Honduras,
y apoyar el rápido
retorno del Presidente
hondureño a su país.
La Organización de
Estados Americanos (OEA)
actuó tardíamente. El 26
de junio cuando se
desató el llamado por
Zelaya Rosales “golpe de
Estado técnico”, debía
haber estado en
Honduras, como lo
reclamó el presidente
hondureño. Ya ante los
alegatos de los
presidentes de los
países del ALBA, el día
1º de julio entra en
acción la OEA y fija un
plazo de 72 horas al
gobierno de facto para
la inaplazable
restitución del legítimo
presidente en su cargo.
Para los miles de
telespectadores que
asistimos –con el
concurso inapreciable de
TeleSur-, a las fuertes
y convincentes
declaraciones de los
líderes del ALBA, nos
quedó claro que Zelaya
Rosales optó por el
discurso más
conciliatorio de la OEA,
y confío en la crítica
que el gobierno
estadounidense había
realizado a los
golpistas. Bien conocía
el Presidente hondureño
que sin el apoyo yanqui,
los usurpadores no
podían resistir. Pero en
realidad la
administración Obama no
pasaría de las palabras
a los hechos.
Si el político Zelaya
Rosales equivocó su
apreciación, no lo hizo
el patriota consciente
de su responsabilidad
histórica. Los cantos de
sirena del imperio no le
impidieron al Presidente
reiterar su decisión de
regreso a Honduras ese
fin de semana.
Como era de esperar, los
golpistas desconocieron
la autoridad de la OEA y
rechazaron el intento de
hacerlos ceder por parte
de José Miguel Insulza,
Secretario General de la
entidad que viajó a
Tegucigalpa. Mientras,
se aferraban al objetivo
de ganar tiempo para
aumentar su credibilidad
y las posibilidades de
represión y desgaste
contra el movimiento
popular. Para este
propósito intensificaron
la represión al
movimiento popular y
continuaron emitiendo
órdenes de captura
contra ministros y
gobernadores de los
departamentos,
dirigentes populares y
sindicales, así como a
los dueños de
televisoras y radios
independientes.
Los golpistas con la
explícita colaboración
de CNN en español, la
espuria Sociedad
Interamericana de Prensa
(SIP) y otros medios del
aparato de propaganda
imperialista emprenden
su propia operación de
contra-propaganda para
insistir en la
“legalidad” de la
deposición de Zelaya
Rosales. Cambian al
espurio expediente de la
renuncia del presidente,
y problematizan su
regreso, instruyendo a
la Fiscalía para que le
levante numeroso cargos.
Crean sus propias
huestes de “masas” con
contra-manifestaciones
de los vecinos de los
barrios de la burguesía
y obligan a las
trabajadoras y operarios
semiesclavizados de las
maquilas a secundarlos.
A su vez, acusan a
Venezuela, Cuba y
Nicaragua de intervenir
en sus asuntos internos.
Una maniobra de
autoagresión en la
frontera es abortada con
la oportuna denuncia del
Presidente nicaragüense
Daniel Ortega.
El 4 de julio la
Asamblea extraordinaria
de la OEA, que sesiona
en Washington, suspende
a Honduras de esa
institución. En gesto
solidario la presidenta
Argentina, Cristina
Fernández de Kirchner, y
los presidentes de
Ecuador, Rafael Correa
Delgado y Paraguay,
Fernando Lugo Méndez,
junto a José Miguel
Insulza, se brindan a
acompañar a Zelaya
Rosales en su regreso a
la patria.
El día 5 Zelaya Rosales
hace realidad su
decisión de regresar, lo
acompañan Miguel
d´Escoto presidente pro
témpore de la Asamblea
General de las Naciones
Unidas, Patricia Rodas y
otros acompañantes. Lo
escoltan en otro avión
los presidentes
suramericanos, así como
Insulza, que hacen
escala en El Salvador a
la espera de ver cómo se
desarrolla la situación.
Pero los militares
impiden el aterrizaje
del avión en el
Aeropuerto Internacional
Toncontín de
Tegucigalpa.
Cientos de manifestantes
que logran llegar hasta
el aeropuerto para
esperar a su presidente
son fuertemente
reprimidos y, como parte
de una calculada
contingencia de terror,
dos jóvenes son abatidos
por disparos de
francotiradores.
La frustrada llegada del
presidente legítimo a
Tegucigalpa deja varias
lecciones. Quienes
usurpan y se aferran al
gobierno en Honduras
están dispuestas a
impedir a toda costa la
entrada de Zelaya
Rosales al país. Tanta
tozudez ratifica el
temor que tienen a la
presencia del líder. Ni
siquiera se arriesgan a
tenerlo prisionero
dentro del país.
Demuestra que la
instrucción de falsos
cargos es sólo una
medida tendiente a una
negociación en el
exterior.
La impunidad de los
golpistas, su desprecio
por la integridad física
y la vida de los
manifestantes –aún a
sabiendas de que no han
podido neutralizar a
Telesur y el episodio
del aeropuerto Toncontín
es seguido en vivo por
millones de televidentes
en América Latina y el
mundo-, ratifica que se
sienten acompañados, que
el amo imperialista les
ha asegurado su apoyo.
El “acompañamiento” del
imperio
Las declaraciones de
rechazo a los golpistas
por parte del gobierno
del Presidente Barack
Obama no pueden
confundirse. Del
discurso a los hechos,
si de los yanquis se
trata, siempre media un
gran trecho. Señales
inmediatas lo fueron los
subterfugios para no
catalogar el
acontecimiento como
golpe de Estado.
La administración de
Obama condenó la
sedición militar de
manera muy mesurada,
clasificándola como una
acción que estaba
''evolucionando hacia un
golpe'', pero
confirmando que
legalmente no la
consideraba como tal.
Esta ambigüedad no fue
fortuita. Permitió a los
Estados Unidos cuidar su
imagen “de rechazo
democrático” y a su vez
mantener la relación
diplomática con el
gobierno de facto y
reconocerlo en la
práctica. En caso de
clasificar los hechos
como un golpe de Estado,
bajo ley estadounidense
el gobierno de Obama
estaría obligado a
romper relaciones
diplomáticas y suspender
la mayoría de su apoyo
económico y militar al
país.
Las dudas sobre la
posición estadounidense
quedaron despejadas
cuando se supo que el
gobierno de ese país
admitió que tenía
conocimiento previo del
golpe de Estado. En
declaraciones a la
prensa el lunes 7 de
julio, dos voceros del
Departamento de Estado
comentaron que su
Embajador en Honduras y
un equipo de la
diplomacia
estadounidense “estaban
en conversaciones” con
los actores principales
del golpe desde hace un
mes. Esas
“conversaciones” se
intensificaron, cuando
el embajador
estadounidense en
Tegucigalpa, Hugo
Llorens, se reunió tres
veces con los militares
golpistas y los grupos
civiles que conspiraban
para tratar de buscar
otra salida. The New
York Times confirmaría
que también el
Secretario de Estado
Adjunto para Asuntos del
Hemisferio Occidental,
Thomas A. Shanon
participó de los
contactos con los
golpistas. Entonces… ¿no
pudo o no quiso Estados
Unidos conjurar el
golpe? ¿Por qué olvidar
la recurrente Carta
Democrática de la OEA?
¿Por qué no alertar al
gobierno de Zelaya
Rosales para que éste
tomara las medidas
pertinentes?
Cada día hay más
evidencias de cómo el
Embajador Llorens,
coordinó el Golpe contra
Zelaya Rosales, junto
con el subsecretario de
Estado Thomas Shannon y
John Negroponte, quien
trabaja actualmente como
asesor de la Secretaria
de Estado Hillary
Clinton. Así mismo,
Llorens aparece en
estrecha relación con
otros conspiradores
procedentes del
exterior, en particular
con su amigo Otto Reich,
antiguo miembro de la
junta de la Escuela de
las Américas, ex
Subsecretario de Estado
para América Latina
durante el gobierno de
Bush, de quienes se
conoce que estuvieron en
contacto permanente con
los golpistas.
Sin dudas para el
Embajador Llorens, el
hombre de Bush en
Tegucigalpa, nada había
cambiado en enero del
2009 cuando Barack Obama
asumió la presidencia
del imperio. Sus órdenes
y misión
desestabilizadora
quedaron en pie. Y aquel
28 de julio logra al fin
con el concurso de los
golpistas sacar del
gobierno y del país al
molesto Presidente
Zelaya Rosales ¿Conocía
el Presidente Obama lo
que hacían sus
representantes en
Tegucigalpa?
Barack-Bush: Una
comparación a tener en
cuenta
Hay quienes no se
percatan de la
diferencia sustancial
que existe entre las
administraciones de
Barack Obama y George W.
Bush. Este último
gobernó el imperio con
el pleno respaldo de la
mayoría de la elite de
poder. Retoño de esa
clase, nieto de quien
amasó una fortuna en
connivencia con los
nazis, hijo de un espía
mayor que llegó a
Presidente (2), Bush fue
precedido de una
plataforma ideológico
cultural ultra
conservadora, que logró
imponerse a escala
social, y fue elevada a
política de Estado tras
los atentados
terroristas del 11 de
septiembre del 2002.
Bush, a partir de
entonces, logró dar un
inédito Golpe de Estado
fascista a las
instituciones y las
libertades ciudadanas de
la República del Norte,
e impuso al mundo la
voluntad guerrerista de
los sectores más
reaccionarios y
criminales de la gran
burguesía
norteamericana.
Frente al creciente
desprestigio del
Emperador Bush, luego de
sus errores y sobre todo
su bancarrota moral y su
fascismo desembozado e
irresponsable, en la
inmediatez de la crisis
económica, un sector de
la clase dominante –ni
siquiera cerca del
consenso de aprobación
de su predecesor-, logró
el balance
imprescindible para
lanzar y hacer triunfar
la candidatura de Obama.
No es extraño entonces
que el actual Presidente
carezca de liderazgo
reconocido entre los que
deciden el curso real de
la política del Estado.
Muchos lo desprecian por
su origen de migrante
africano, color de la
piel y condición de hijo
de clase subalterna (3).
El hecho insólito de que
un representante de los
golpistas hondureños, el
canciller de facto, se
atreviese a insultar a
Obama de “negrito que no
sabe nada de nada…ni
sabe dónde queda
Tegucigalpa”, es una
buena pista para
entender qué le
transmiten sus aliados
de la derecha
estadounidense.
Obama hoy por hoy, sólo
administra el imperio. A
pesar el todo el
superpoder que tiene un
Presidente de los
Estados Unidos sobre la
vida y la muerte de
millones de personas en
el planeta, Obama es reo
del gran capital
financiero transnacional
que es quien decide en
el imperio. Es un ensayo
de alternativa sistémica
más “blanda” y
edulcorada, mientras se
reacomoda el poder.
No se puede olvidar que
tras el discurso amable
y las sonrisas del
actual Presidente,
trabaja un político del
sistema imperialista. Su
declaración en la Quinta
Cumbre de las Américas
(Puerto España, Trinidad
y Tobago, abril del
2009), de abrir una
nueva relación con
América Latina pronto
tuvo el mentís de la
continuidad del asedio y
el bloqueo a la nación
cubana.
El presidente Obama y su
Secretaria de Estado
Hillary Clinton de hecho
continúan los intentos
de condicionar un
pretendido diálogo con
Cuba a “cambios”
políticos internos.
Sigue la guerra
económica, la
persecución de
empresarios y los
castigos a quienes
desacatan el férreo
bloqueo. Se ha
intensificado el apoyo a
los mercenarios que paga
el imperio dentro y
fuera del país, y Obama
mantuvo a Cuba, como en
los peores años de la
histeria
contrarrevolucionaria de
Bush, en la lista
prepotente e infame de
los países que colaboran
con el terrorismo. La
señora Clinton hasta el
último momento estuvo
conspirando en la 39
Asamblea General de la
OEA (Honduras, junio del
2009), para impedir la
histórica resolución que
puso fin al espurio
acuerdo que en 1962
expulsó a la Mayor de
las Antillas de la
organización… ¿Quién
puede asegurar que esa
misma doble cara no se
emplee ahora en
Honduras? ¿Que el
imperio apoye a los
golpistas, pero evite
responsabilizar
directamente a Obama
para no empañar su
sonrisa de “nuevos
tiempos”?
La trampa: La
“negociación” de San
José
El Presidente Obama y el
Departamento de Estado
no solo se negaron a
catalogar la asonada
hondureña como golpe.
Desde el primer momento
Washington introdujo el
concepto de las "dos
partes" involucradas y
la necesidad de un
"diálogo" para restituir
el orden constitucional,
legitimando de esta
forma a los golpistas.
Fue evidente la negativa
del Presidente del
imperio y su Secretaria
de Estado a priorizar
una entrevistarse con
Zelaya Rosales, con la
oportunidad de la
estancia del legítimo
Presidente hondureño en
el país del Norte para
participar en la reunión
de situación convocada
por OEA, y después en la
Asamblea General de las
Naciones Unidas,
invitado por el padre
Miguel d´Escoto. En esos
primeros días de julio
muy poco interesaba al
presidente
estadounidense la
situación en Honduras.
Mientras el pueblo del
país centroamericano
resistía el golpe, el
Presidente Obama
celebraba la fiesta
nacional del 4 de julio
en la Casa Blanca, con
familiares de militares
y su propia familia.
Habló una vez más de la
importancia y el orgullo
de "ser" americano y dar
gracias por las cosas
que ellos poseen. En tal
ocasión sus temas
giraron en torno a los
grandes desafíos a los
que se enfrenta el
imperio: un planeta en
peligro, dos guerras,
recesión económica, las
reformas que se están
llevando a cabo, como la
educativa y la
sanitaria, y el objetivo
de conseguir la
independencia en el
suministro del petróleo.
La señora Clinton se
dignó a reunirse con
Zelaya Rosales a la
altura del 7 de julio.
Terminada la entrevista
la declaración de la
Secretaria de Estado fue
de hecho un espaldarazo
a los golpistas: “Ahora
que tenemos un proceso
de mediación… no deseo
prejuzgar lo que pueden
acordar las partes. Hay
muchos temas que tendrán
que ser discutidos y
acordados”. Y para no
dejar dudas de la
posición “conciliadora”
de Washington, la
Secretaria de Estado
también habló
personalmente, vía
telefónica, con el
usurpador Micheletti.
(Foto archivo)
Horas antes Obama había
declarado que defendía
al Presidente
Constitucional de
Honduras no por simpatía
personal, sino por un
principio de defensa de
la democracia. Y esta
declaración coloca el
análisis en otro eje:
No se compromete el
presidente del imperio
con el regreso de Zelaya
Rosales, sino con la
vuelta del orden
democrático.
En este camino, la
restitución de la
legalidad no significa,
para Obama, la vuelta de
Zelaya Rosales. En este
punto de razonamiento,
se entiende el apoyo de
la administración
norteamericana a la
tesis liquidacionista de
la anticipación de las
elecciones que están
fijadas para noviembre
en el país
centroamericano. Ello
sacaría completamente
del escenario al
presidente Zelaya
Rosales. Habría que
preguntarse ¿dónde quedó
el acatamiento de los
Estados Unidos a la
posición acordada dentro
de la OEA,
explícitamente contraria
a negociar con los
golpistas, que incluso
acordó suspender a
Honduras como miembro
del organismo?
Si existía alguna duda
sobre la dirección de
las declaraciones de la
señora Clinton y su
Presidente, la
terrorista
cubanoamericana y
congresista republicana
Ileana Ros-Lehtinen se
encargó de eliminarlas.
Apoyó con rapidez la
posición manifestada por
la Secretaria de Estado:
Esa es una mejor
posición de la que
teníamos hace 24 horas”,
dijo. “Creo que es la
posición correcta que
tiene que adoptar el
Departamento de Estado”.
El presidente de Costa
Rica, Óscar Arias, no
casualmente devenido en
el eje de la
“mediación”, aseguró que
las conversaciones que
sostendría en San José
con el presidente Zelaya
Rosales, y el gorila
Micheletti, no serían
"de igual a igual", pues
la comunidad
internacional no
reconoce al gobierno
golpista. Pero lo que en
definitiva sucedió ese
día fue el
reconocimiento “de
hecho” del gobierno
usurpador. Poco importa
que el protocolo en el
aeropuerto, haya sido
para el presidente
legítimo. El delincuente
y asesino Micheletti que
debería ser detenido
como delincuente
internacional, fue
recibido por Arias con
la misma atención que
Zelaya Rosales. Lo
sustantivo es que se le
reconoció como
interlocutor válido. Lo
demás sería un diálogo
de sordos.
Prepotentemente,
Micheletti ya había
adelantado que él no iba
a Costa Rica a negociar
nada.
Las cartas en la mesa
Afortunadamente el
presidente Zelaya
Rosales salió rápido de
la trampa y evitó
sentarse en una mesa “de
negociación” con el
gorila Micheletti. Horas
antes de partir para
Costa Rica, tomó
distancia del concepto
negociador de la señora
Clinton. Ofreció una
conferencia de prensa
desde Washington donde
dijo que en San José no
habría una negociación,
sino que Costa Rica solo
serviría como una
"plataforma para la
salida de las
autoridades de facto y
retorno del gobierno
legítimo". Al distinguir
entre negociación y
diálogo Zelaya Rosales
aportaba la definición
exacta. Nada había que
negociar con los
usurpadores, aunque se
hace imprescindible el
diálogo para ver cómo se
resuelve la situación de
la entrega del gobierno
y el retoro del legítimo
presidente sin más
violencias, represiones
y muertes.
El encuentro entre los
delegados de Zelaya
Rosales y del régimen de
facto de Micheletti
culminó el viernes 11 de
julio en San José tras
dos días de
deliberaciones, sin
lograr la renuncia
incondicional de los
usurpadores y el regreso
del presidente. Los
golpistas ganaron más
tiempo y regresaron a
Tegucigalpa con la
victoria de una
interlocución sin haber
cedido terreno. Después
de este encuentro se
evidenció aún más que la
pretendida negociación
es un camino muerto,
pero el Presidente
Arias, impuesto de su
misión imperial de
“mediador”, se adelantó
a informar que “ambas
partes volverán a
conversar próximamente”.
José Miguel Insulsa por
su parte refuerza el
concepto de negociación
al afirma que “hay un
amplio margen para el
compromiso" que lleve a
un acuerdo entre Zelaya
Rosales y Micheletti. La
mención a tan distendida
“amplitud” resulta una
negación de los términos
bien precisos del
mandato acordado para la
OEA. Preocupa que
Insulsa -tildado de
“chavista” por las
furibundos medios de la
derecha golpista-, haga
en definitiva una vez
más la labor que siempre
le ha correspondido a la
OEA, la de fiel vocera y
ejecutora de las
posiciones e intereses
de Washington.
Los golpistas en lo
fundamental afirman la
“legalidad y
constitucionalidad" de
su acto vandálico, y se
niegan a ceder el
gobierno. Han declarado
su interés por adelantar
las elecciones y afirman
que estas serían
"transparentes",
mientras Zelaya Rosales
podría volver a Honduras
sólo si le dan amnistía.
Se trata con ello de
presionar para que el
legítimo presidente
negocie un regreso
condicionado o un
humillante perdón por
las ilegalidades
fabricadas por los
usurpadores después que
lo secuestraron y
expulsaron de su patria.
Como alerta Fidel en sus
Reflexiones (4), tal
acto significaría ante
los suyos y ante el
mundo su desaparición de
la escena política. No
sería comprensible que
Zelaya admita ahora
maniobras dilatorias que
desgastarían las
considerables fuerzas
sociales que lo apoyan y
solo conducen a un
irreparable desgaste.
El Presidente legítimo
de los hondureños,
hombre de probada
honestidad política,
cada día que pasa
confirma la inobjetable
realidad. Interrogado
sobre la intensa
propaganda diversionista
alrededor de una
pretendida injerencia
del Presidente
venezolano Hugo Chávez
en su país, declaró: “El
que tiene injerencia en
Honduras es Estados
Unidos”
NOTAS
1. En el ALBA asocian
Venezuela, Cuba,
Bolivia, Nicaragua,
Dominica, Honduras,
Ecuador, San Vicente y
las Granadinas, y
Antigua y Barbuda.
Paraguay ha anunciado su
próxima integración.
2. Emilio J. Corbère:
“Del abuelo nazi a la
"Dictadura Mundial",
http://www.soberania.info/,
Caracas, Venezuela,
24-03-03
3. Barack Obama: Dreams
from My Father: A Story
of Race and Inheritance.
Times Books, 2004
4. Fidel Castro Ruz:
Reflexiones de Fidel,
Muere el golpe o mueren
las constituciones,
Cubadebate, sábado 11 de
julio del 2009
Publicado por La Polilla
Cubana en 9:52
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