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Los liberales que han
idealizado a Obama no
quieren creer que su
presidente sea capaz de
comportarse como un
abusón con
Latinoamérica. Era Bush,
dicen, el que encarnaba
el estilo arrogante de
imperialismo
estadounidense y no el
nuevo inquilino del 1600
de Pennsylvania Avenue.
Sin embargo, hechos
recientes en
Centroamérica nos
fuerzan a mirar a la
administración Obama con
una nueva y
desilusionante luz.
Mientras no está claro
si Obama fue avisado con
anterioridad del
inminente golpe militar
en Honduras, la Casa
Blanca no ha salido
impoluta del caso
Zelaya.
En diciembre de 2008,
incluso antes de su
estreno, Obama recibió
una iracunda carta del
presidente de Honduras,
Manuel Zelaya, exigiendo
un punto final a la
arrogancia e
intervencionismo de los
embajadores
estadounidenses en
Tegucigalpa. Sólo ocho
meses antes, el
embajador
estadounidense, Hugo
Lorens, la tomó con el
gobierno haciendo
declaraciones
incendiarias. Durante
una rueda de prensa el
diplomático declaró que
el intento de Zelaya de
reescribir la
constitución era “un
asunto hondureño y
delicado como para
comentar algo siendo un
diplomático extranjero.”
Pero entonces,
contradiciéndose a sí
mismo e insertándose en
el volátil entorno
político, Lorens reseñó
que “no puedes violar la
constitución para crear
una constitución, porque
si no tienes una
constitución, reina la
ley de la selva.”
Si Obama iba en serio
con lo de restaurar la
credibilidad moral de
EEUU en el mundo entero,
podría haber limpiado la
casa deshaciéndose de
los delegados de Bush
tales como Lorens.
Emigrado de la Cuba de
Castro, Lorens trabajó
como Tesorero Auxiliar
del Chase Manhattan Bank
antes de entrar en el
Servicio Diplomático.
Como Director adjunto de
la Oficina de Políticas
Económicas y Suma
Coordinación en el
Departamento de Estado,
durante la época de
Clinton, jugó un papel
importante atacando la
corporativamente-amistosa
Zona de Libre Comercio
de las Américas (FTAA en
sus siglas en inglés).
Pero fue principalmente
en los años de Bush
cuando Lorens se
distinguió sirviendo
como Director de Asuntos
Andinos en el Consejo de
Seguridad Nacional (NSC
en inglés). En el NSC
Lorens fue el consejero
más importante para Bush
y Condoleezza Rice en
asuntos pertenecientes a
Colombia, Venezuela,
Bolivia, Peru y Ecuador.
A la vez que el intento
de Zelaya de reescribir
la constitución
hondureña antagonizó con
Lorens, también encendió
a la élite local
empresarial y, sin duda,
a las autoridades de la
política exterior
estadounidense. Quizás
estos grupos temieran
una repetición en
Honduras de la “marea
rosa” sudamericana: a lo
largo de la región,
líderes de izquierda
desde Hugo Chávez a
Rafael Correa han
movilizado a la sociedad
civil en un esfuerzo por
reescribir sus
respectivas
constituciones
nacionales.
La constitución de 1999
de Chávez proporciona
unos de los contenidos
más comprensivos en
derechos humanos a la
vez que incluye especial
protección para la
mujer, los pueblos
indígenas y el medio
ambiente. Además, la
constitución permite a
un ciudadano extranjero
participar de la vida
nacional. El preámbulo
establece que uno de los
objetivos de la
Constitución es la
instauración de una
democracia participativa
conseguida a través de
representantes elegidos,
votos populares en
referendums y, puede que
lo más importante,
movilización popular.
Fue la constitución de
Chávez la que le ayudó
en Venezuela a
solidificar su alianza
con los sectores de la
población
tradicionalmente
marginados.
En Ecuador los partidos
políticos tradicionales
y las élites acaudaladas
etiquetaron a Correa de
“dictatorial” después de
que el presidente
hiciera un llamamiento a
empezar la redacción de
una nueva constitución.
Sin embargo, al final,
una gran pluralidad de
votantes aprobó la nueva
constitución de 2008 que
ofrece sanidad universal
y gratuita, derecho
universal al agua y la
prohibición de su
privatización y una
redistribución de
grandes latifundios en
desuso. Incluso en un
tono más dramático, la
constitución declara que
Ecuador es un “estado
pacífico” y deja fuera
de la ley a bases
militares extranjeras en
suelo ecuatoriano.
Como explico en mi
libro, recientemente
editado, ¡Revolución!
Sudamérica y el ascenso
de la Nueva Izquierda,
últimamente ha habido
potentes alianzas entre
líderes de izquierda
latinos por una parte y
dinámicos movimientos
sociales por la otra. En
Ecuador apoyaron la
nueva constitución tanto
la principal federación
indígena como la clase
obrera organizada. De
hecho, el intento de
Correa de redactar una
nueva constitución pudo
ayudarle a establecer
lazos más estrechos
entre la presidencia y
las fuerzas sociales
progresistas como en la
Venezuela de Chávez.
El embrollo de Honduras
ha sido descrito en los
medios como un tira y
afloja sobre poderes
presidenciales y límites
de legislatura. Pero
mientras que cualquier
nueva constitución puede
haber extendido el
período de legislatura,
tal reforma podría haber
llevado también a nuevas
enmiendas progresistas a
la ley y a una mayor
radicalización en la
base. En años recientes
Honduras ha visto surgir
una vibrante escena
política y social
incluyendo obreros,
garifuna (gente
afrohondureña) e
indígenas. Si Zelaya
hubiera tenido éxito en
su puja por una reforma
constitucional, habría
podido movilizar a esos
grupos.
¿Cuál es la conexión
entre los intereses
estadounidenses y la
reforma constitucional?
Si tenía usted alguna
duda sobre las
verdaderas intenciones
de Washington en
Honduras, tome en
consideración la
siguiente información de
la agencia AP del 8 de
julio sobre las
negociaciones
diplomáticas entre el
régimen golpista y el
expulsado presidente
Zelaya: “Clinton no
discutiría los detalles
del proceso de
mediación, que ha dicho
empezaría pronto, pero
un alto cargo
estadounidense dijo que
una opción que se
barajaba sería la de
conseguir un compromiso
bajo el cual se
permitiría la vuelta a
Zelaya, el cual
terminaría los seis
meses que le quedan de
mandato con poderes
limitados (en cursiva).
Zelaya, por su parte,
prometería abandonar
toda aspiración a un
cambio constitucional.”
Entonces es el
Departamento de Estado
bajo Hillary Clinton, el
que, espiritualmente
aliado con figuras del
viejo régimen Bush, está
buscando cortar reformas
constitucionales en
Honduras--- reformas que
podrían llevar a la
movilización popular
como hemos visto en
Ecuador y Venezuela.
Obama mientras tanto ha
condenado el golpe pero
su fracaso en sujetar
las riendas de Lorens o
Clinton sugiere que él
también cree que la
propuesta de Zelaya para
una reforma
constitucional es
peligrosa y debe ser
detenida. |