Año VIII
La Habana

19 al 25
de SEPTIEMBRE
de 2009

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¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

Lancelot Alonso

Observa y goza, o sufre, como quieras…

Píter Ortega Núñez • La Habana

 

Voyeur: inquietante título el de la exposición de pinturas de Lancelot Alonso Rodríguez que se exhibió desde el pasado 14 de agosto (y hasta el 13 de septiembre) en la céntrica galería capitalina del Centro Cultural Cinematográfico ICAIC. Inquietante y efectivo, pertinente. Y es que Lancelot nos convida a aproximarnos a realidades sexo-eróticas que habitualmente suelen ser preteridas o distanciadas, en nombre de cierto “recato” que las convierte muchas veces en temas “tabú”. El artista nos sitúa en la posición de quien observa sin temor la intimidad del “otro”, desde una mirada concupiscente, libidinosa. Una intimidad que se nos revela desinhibida, mórbida, pletórica de placer y éxtasis. Son cuerpos que necesitan —demandan— la mirada ajena, intrusa. Esa que descree del pudor, de la castidad. Incontinencia, lujuria, lascivia: son esos los términos que mejor cualifican la dramaturgia de las obras. Un espíritu dionisiaco que reclama espectadores desprejuiciados, más allá de poses moralistas afectadas.

El artista parece recordarnos que estamos en la vida de pasada, y que hay que disfrutarla hasta la saciedad. Que el placer es nuestro mejor aliado, y el cuerpo, nuestra arma más poderosa. Nos insta a la fruición, todo el tiempo, allí donde el raciocinio ha sido desterrado. Es así que desfilan ante nuestros ojos parejas que fornican procazmente; féminas que toman una ducha, se rasuran el pubis, duermen en ropa interior henchidas de sensualidad, o bien se bajan el blúmer sin el menor problema, en un gesto sedicioso, provocador, epatante para los voceros de la cautela. Al igual que ocurre en muchas obras de Gustavo César Echevarría, más conocido como “El Cuty” (salvando las distancias en el orden técnico y estilístico, claro está), estas chicas parecen decirnos: “observa y goza, o sufre, como quieras…”

Y esta “agresividad” temática o de contenido, encuentra la correspondencia perfecta en el plano formal: para canalizar las ideas que interesan al artista, nada más idóneo que los recursos del "fauvismo", en especial el uso de una gama cromática estridente, con fuertes contrastes de complementarios, donde la intensidad de los matices resulta medular. Así el “Eros” se expresa a sus anchas, desde una paleta seductora, que estremece la retina. Además de esos salientes que provocan las texturas, esos empastes gruesos del material, en suma tentadores para la experiencia de lo sensorial, de lo táctil. Destacan también en las obras la presencia de espaciosas áreas planas, así como la recurrencia a los grandes formatos.

Hay dos cuadros particularmente interesantes dentro de la muestra, y son aquellos que conforman el díptico “Jarrón quebrado”. Mientras en las demás obras el erotismo suele ser más directo o frontal, sobre la base de las incitaciones mismas del cuerpo, en estas dos piezas el artista opta por la sutileza del sentido, prefiere aproximaciones oblicuas, tangenciales. Aquí no aparece el ser humano, solo indicios objetuales que lo evocan de manera solapada: en especial una nota que reza “Fui a buscar cigarros. Yo”, colocada junto a un florero encima de una mesa. Entretanto, en el segundo plano narrativo ese mismo florero se vislumbra en el suelo hecho pedazos, lo cual acentúa la tensión dramática de la escena, toda vez que marca un antes y un después de la acción, e insinúa un desenlace turbio, difícil. Resulta fabuloso cómo el creador logra condensar, con solo unas marcas físicas y escenográficas mínimas, toda una historia cargada de turbadoras sugerencias erógenas; un relato en el que los presuntos personajes implicados hablan desde la elipsis, desde la ausencia. Intriga, "suspense", narración inteligente, bien articulada. Oportuno y lúcido aprovechamiento de los resortes dramáticos del cine. Buen arte, sin duda.  

En el contexto cubano actual la pintura neoexpresionista tiene una presencia muy marcada, sobre todo en las promociones de artistas más jóvenes. Una prueba elocuente de ello —entre muchas otras— es el proyecto pedagógico “Los nuevos fieras”, liderado por la artista cubana Rocío García y gestado desde la academia San Alejandro, proyecto del cual Lancelot ha formado parte. De ahí que sean visibles en sus trabajos algunas influencias de la obra de esta creadora del patio, lo cual es perfectamente lógico. Sin embargo, más allá de los influjos, Lancelot ha logrado ya —en muy poco tiempo, ciertamente— una manera propia, un estilo, un sello ideo-estético que lo singulariza notablemente dentro del panorama de “Los nuevos fieras” y dentro del arte todo que se hace ahora mismo en la Isla.

Con solo 22 años de edad, egresado hace apenas un año de San Alejandro, ningún espectador medianamente sensato pondría en duda que estamos ante un artista de una capacidad creativa y un talento sui generis. Alguien que el Instituto Superior de Arte necesita, para integrar y oxigenar sus aulas, como lo han hecho históricamente. Un creador que llegará bien lejos, siempre que defienda esas ideas polémicas, irreverentes. Siempre que conserve ese oficio impecable. Tiempo al tiempo.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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