Año VIII
La Habana

19 al 25
de SEPTIEMBRE
de 2009

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Ada en tres tiempos

Lorena Martínez • La Habana

Fotos: Alain Gutiérrez

 

No conocí a Ada Elba. Personalmente quiero decir. Solamente supe de ella por referencias lejanas que, a la larga, muy poco tuvieron que ver con la verdad.  Pero, como en la vida hay caminos inexorables, un buen día de no recuerdo bien si el año 1995 ó 1996 encontré en la biblioteca de la Fundación Alejo Carpentier, su imagen en una convocatoria como un lejano rumor[1]. A partir de aquella primera Bienal, me vinculé realmente con los textos de Ada, con Olga, con Jarahueca, la Casa de la Poesía,  los “bienaleros” del Ave Libre…

Nunca desde entonces he dejado de participar y en ellas siempre encuentro un rinconcito  para hablar de Ada, independientemente del tema específico que se debata en cada Bienal.

Tanto por su vida, como por su creación, se hace muy interesante conocer cómo, para ella, los eventos vitales, los hechos son pautas, instrumentos precisos para advertir sensibilidades, dispuestos a dar otra nueva vuelta al hacer.

De ahí que, esta vez, al amparo de avatares mejor no contables y de síntesis de elementos expresados ya se me haga necesario este pequeño artículo- reseña- biografía- estudio que permita aprehender e integrar lo conocido durante ya tantos encuentros compartidos.

Nuevamente, Ada Elba Pérez, tema y objeto de estudio de un trabajo, cuyo campo o radio de acción asume los lugares aquellos donde la joven supo, durante casi 30 años, defender aquello con lo que soñó.  

I. Jarahueca es un jardín                                              
                                                                                           Jarahueca es un jardín

de pensamientos profundos,

un pueblo donde confundo

azul, violeta y carmín.

Jarahueca es un jazmín

en otoño y primavera,

leyenda de voz minera

con presencia de cowboy

donde siempre, ayer y hoy

la amistad abre fronteras. 

Así define un poeta a la tierra donde nació Ada Elba Pérez Rodríguez, poblado singular hoy perteneciente al municipio de Yaguajay, en la provincia de Sancti Spíritus; un sitio donde se acaban o inician todos los caminos. Si el poeta exagera o no en sus decires no es cosa de discutirlo in sito, pero yo, que conozco el territorio, y he estado allí en más de seis ocasiones, puedo decirle que realmente es un lugar diferente. Otro país, al decir de Teresita Fernández.

Para llegar a Jarahueca hay que atravesar una infinitud de otras pequeñas comunidades, cada cual con su historia por o para contar. Nunca, antes de llegar allí, vi un pueblo con las aceras tan altas, que  servían para que los jinetes bajaran directamente del caballo a la casa, al bar o al establecimiento a que fuese a concurrir.

Hasta hace muy poco no había necesidad de policías: ¡nunca a nadie se le pierde nada! En ese Macondo nacional, los chivos, gallinas y toros conversan en la vieja estación, única de la provincia que conserva su carácter original.

Surgido como pueblo minero, cerca de 1921, los primeros habitantes de la zona fueron todos isleños, dueños de pequeñas fincas vegueras y/o de autoconsumo en los alrededores, quienes se constituyeron en un pequeño núcleo de autóctonos pobladores, luego de que el influjo de las dos guerras mundiales, provocara la fiebre de la extracción de mineral en yacimientos que rápidamente fueron agotados.

En el lugar de la jara hueca[2] solían reunirse para tomar decisiones, cantar y hacer guateques y se asentaron allí, dándole de esta forma nombre al pequeño pueblo, médula de una cultura singular.

Sus carnavales y parrandas eran tan afamados como otras de las provincias centrales, dos barrios discutían habilidades escénicas, coreográficas y de otros tipos, los mismos que posteriormente, pasados los festejos se reunían para conmemorar con una comida común el nacimiento del Apóstol José Martí u otras efemérides patrióticas importantes.

En gastronomía destacan por sus excelentes quesos blancos y platos tradicionales, el arroz guajiro o imperial es de lo mejor que puede encontrarse en la provincia espirituana. ¿Y qué no decir de ese glotonísimo “pan de empellas” u otros que se adornan de azúcares o sorpresas para algún que otro cumpleaños?

El hacer de la buena décima, improvisada o escrita, el amor al teatro, al terruño, la hospitalidad, la tenacidad,  la cultura, los buenos modales, la solidaridad y el buen vestir, caracterizan a sus vecinos entre los que poetas, pintores, artistas y creadores no han faltado nunca.

Camilo Cienfuegos, el Comandante Rebelde, sigue siendo venerado por los niños del pueblo como si aún paseara por sus calles, no siempre asaltadas, como en aquel ya lejano 1958, hoy las señoras gustan de trabajar la técnica del “parche” o el collage, hacer muñecas con viejos retazos, adornos con alambres vencidos o semillas y muchos niños encuentran cómo hacer nidos en el bosque de los abuelos o hamacas mágicas para dormir a las mariposas.

En este pueblo único, donde “todas las palmas/ tienen el alma/ ¡ay! medio clueca…”[3]  la hospitalidad y ayuda entre vecinos los identifica, así como los juegos de mesa, que mantienen entretenidos no solo a los muchachos, sino a muchas personas mayores y parece que cada quien está dispuesto a vivir por más de 120 años.

En Jarahueca, las casas son mayormente de un solo piso, con lo que el bloque de edificios que se encuentra a la salida del pueblo, ubicado hacia Meneses, parece querer salir corriendo a escapadas de allí. Una fábrica de zapatos y el trabajo en el tabaco son, además de la cooperativa y la siembra de autoconsumo, los principales medios de producción.

Escuela primaria, secundaria y especial, cafetería, panadería, diferentes mercados, tienda, restaurante discreto, bodega, puesto médico, tienda, correos y servicios digitales de telefonía acercan las condiciones de vida a la de muchas comunidades rurales pequeñas del país.

Con su fuerza y voluntad han conquistado el derecho a tener una bien surtida biblioteca, cine teatro, Casa de Cultura, pista de fiestas populares, y alumbrado público...

En sus hogares se albergan cada dos años, los participantes en la Bienal Identidad en homenaje de una de sus hijas: Ada, personaje central de esta reseña quien con su hermana Olga aún parece que recorre las calles del lugar.

Muchos de nosotros, sus visitantes “bienaleros” encontramos allí un segundo hogar, una segunda familia, alguien con quien compartir no solo esos días, sino mucho más allá. Así, para la trovadora Teresita Fernández: a ese otro país quisiera irse a vivir cualquier día no muy lejano.

Refugio formidable para los sueños y la vida, en este pueblo a nadie le extraña que sus hormigas “se pinten de violeta las barrigas”[4], que un huevo decida declinar una invitación a la Argentina “a ver si consigue/ llegar a pollo”[5] o que tengan un piojo, que entre otros atributos sea tuerto y cojo.

Pronto una editorial pequeña para imprimir con papel manufacturado, hecho por los propios niños, permitirá a sus autores editar y tener sus libros creados con los recursos que brinda la localidad.

No se puede dejar de decir que, cuando es necesario, saben pelear por aquello que les pertenecen, sin amilanarse, por lo general. 

II. Ada en la isla 

      Allí en ese pueblo de gente única y envolvente nació en el año 1961 una pequeña, segunda hija del matrimonio de José Pérez (Pepe) y Eloísa Rodríguez (Nena), vecinos, desde su nacimiento, del lugar.

La mayor de las hijas, Olga Lidia, había nacido dos años antes y al igual que su padre y hermana tenía buen oído para la poesía, habiendo adquirido de sus padres un tremendísimo amor por la lectura y el saber.

Nació Ada Elba Pérez Rodríguez, el 20 de septiembre de 1961. Allí transcurrió su infancia. Cursó toda la enseñanza primaria en la Escuela Mariana Grajales. Participaba en actividades culturales recitando poemas o cantando, acompañada de su propia “guitarrita”.

Para Olga Lidia Pérez, la hermana mayor: “El entorno del poblado, sus paisajes, sus colores, la sencillez y el candor de sus pobladores y la vida cultural espontánea y casi permanente en la época, nutrieron determinante y fructíferamente el surtidor de la creación artística y vital de Ada”.[6]

“Desde pequeña —ha referido Olga Lidia en reiteradas ocasiones—, Ada andaba por todo el pueblo con una guitarrita pequeña, que no recuerdo ya ni cómo se había agenciado, cantando, improvisando tonadas y participando en cada actividad escolar.”

A la par que por la música y la literatura, desarrollaba un interés profesional por las artes plásticas, lo que la lleva a solicitar y aprobar los exámenes para el estudio en la Escuela Provincial de Arte Olga Alonso, de Santa Clara, en la especialidad de Artes Plásticas.

Por ajustes en los programas de estudios, se ve obligada a terminar en dos años sus estudios en dicha institución. Al acabar solicitó y aprobó los exámenes para matricular, en 1976, la Escuela Nacional de Arte (ENA), donde en compañía de múltiples amigos y compañeros de aulas toma parte activa del movimiento cultural estudiantil.

Graduada en 1980, de la especialidad de escultura,  solicita cumplir su Servicio Social en la Isla de la Juventud, como profesora de la Escuela de Arte.

En los cuatro años vividos en la Isla, marcó imborrables huellas con su hacer cultural; colaboró con el periódico Victoria y con la revista Mangle Rojo, integró el taller literario municipal, ingresó en la Brigada Hermanos Saíz en las secciones de Literatura y Artes Plásticas.

Organizó y presidió el Círculo Cultural Alejo Carpentier, creado en la Galería de Arte Universal del territorio, formó parte del Coro Municipal, integró un grupo musical que abordaba la música cubana y latinoamericana.

Además, dirigió la Brigada “Raúl Gómez García”, a la que en las secciones de Artes Plásticas y Literatura se había integrado en 1982, así como fundó el taller de Cine Debate, allí esculpió el primer busto en Cuba y América a Alejo Carpentier.

Retorna definitivamente a La Habana en 1984 y trabaja como instructora de arte de pintura en la Casa de la Cultura de Plaza. En 1986 se gradúa en Idioma Inglés en la Escuela Abraham Lincon.

Despliega un importante trabajo en la Asociación Hermanos Saíz y como promotora cultural; desarrolla su obra literaria y musical, obtiene numerosos premios en concursos municipales, provinciales y nacionales, entre los que destaca el Luis Rogelio Nogueras de Poesía en 1989, y el Premio Abril en Música en 1990. También recibe numerosos reconocimientos internacionales.

Fue jurado del Festival Nacional de la Radio y participa como jurado en otros eventos; escribe conduce y dirige tres programas radiales (Mirarse por dentro, Vivir para crear y 6+1) en Radio Metropolitana.

Colabora con las revistas Somos Jóvenes, Letras Cubanas, Son y Sol y El Caimán Barbudo; publica sus primeros cuadernos de poesía (Identidad, Apremios, Cuatro muchachas violadas por los ángeles), realiza numerosos trabajos de cerámica, ofrece recitales y conferencias en diferentes instituciones…

En 1988, el Ateneo de Caracas y  el Museo de Arte de Maracay auspician recitales de poesía y conferencias suyas en varios estados de Venezuela junto a destacadas figuras de la cultura venezolana.

Visitó y dio a conocer su obra en México y Francia. En 1991 fue invitada al país maya a impartir una conferencia durante las jornadas de homenaje a Sor Juana Inés de la Cruz. Durante su estancia en dicho país ofreció conferencias y charlas en diferentes instituciones mexicanas. Trabajó para los niños en la VIII Fiesta Nacional de Teatro de la Comunidad.

De nuevo en la patria, fue galardonada  con el Diploma de Honor por el Ministerio de Cultura por su contribución al desarrollo del Movimiento de Artistas Aficionados. Realizó en Cuba y en el extranjero nuevos trabajos periodísticos.

Directamente vinculada a las artes plásticas y la literatura durante estos años continúo perfeccionando sus actitudes musicales; creó, escribió y musicalizó innumerables composiciones para públicos infantiles y también para adultos. De esta manera, música, plástica y poesía se conjugan en su obra como un todo orgánico reflejo de estos convulsos años.  

Entre las muestras y exhibiciones donde participan sus obras destacan:

-Exposición colectiva permanente en el Comité Municipal de la UJC, Nueva Gerona.

-Exposición colectiva (Fundación de la Subsección de Cerámica de la Brigada Hermanos Saíz) en la II Feria Nacional de Cerámica, Nueva Gerona.

-Exposición colectiva (cerámica), Brigada Hermanos Saíz, en la Casa de Amistad con los Pueblos, Nueva Gerona.

-Exposición colectiva (cerámica) en la Casa del Joven Creador, La Habana.

-Exposición colectiva Cerámica de la Isla, Museo de Artes Decorativas. 

Ada Elba Pérez Rodríguez fallece el 14 de julio de 1992  a causa de un accidente de tránsito, cuando tan solo tenía 30 años de edad y en un momento de ascendente y fructífera creación artística. Postmorten le fueron conferidos el Premio Especial Abril por el conjunto de su obra artística y la Orden Raúl Gómez García como las más importantes condecoraciones recibidas.

Su obra poética, para adultos, fue publicada íntegra en la antología Fin del pájaro sur, Editorial Letras Cubanas. La Habana,2002, y la infantil,  cantada por Liuba María Hebia aparece publicada primeramente por la casa editorial Extramuros de la capital (2001), Ediciones Sed de Belleza, Santa Clara (2005), y por la Editora Abril. Su presencia es constante en conciertos, discos, casetes, CD en los que divulgan y mantienen viva su canción infantil.

Libros y plaquettes como Apremios e Identidad (Extramuros, 1986 y 1989), Acecho en el ritual (Edición impresa en la Dirección de Gobernación del Estado Bolívar, sin año), A dos voces (Colección la Rosa Náutica n. 35, Casa Naútica de la Poesía, Tenerife 1991) y La cara en el cristal, Colección Pinos Nuevos (Editorial Unión, 1994)  forman parte de sus publicaciones. 

III. Dicen algunos amigos 

Quien primero habla de un hada, el mejor amigo, es su pueblo esa comunidad en la que, para siempre dejó sus primeros versos. Jarahueca le corresponde en ese cariño, y por eso es que la comunidad en pleno, organiza cada dos años, un evento comunitario cultural que la honra y mantiene viva su presencia entre ellos.

La defensa y promoción de los valores culturales en que Ada Elba se forjó, los cuales nutrieron su obra creativa, son recordados en cada calle, en la sencilla Casa de Cultura, en los talleres de la escuela o la biblioteca que lleva su nombre.

La bienal Identidad, asumida por los pobladores es un ejemplo de cómo ellos también saben defender aquello con que sueñan, crecer defendiendo nuevas posibilidades, no dejarse usurpar aquello con que se soñó y logró hacerse realidad practican la hospitalidad cubana de la más clásica manera al albergar en sus propias casas a los participantes, quienes se sienten familias de aquellos con quienes, durante unos infinitos e inacabables cinco días, van a compartir en una simbiosis cultural y afectiva que no ocurre en ningún otro un evento cultural comunitario, con una fuerza “¿mágica?”,  que solo ella puede enfrentar.

Olga Lidia Pérez, esa hermana mayor, amiga y también poeta recuerda en la dedicatoria a su libro para niños En Jarahueca como aun las calles parecen sentir a dos niñas corriendo, jugando…

Pero hay otros amigos, como esta autora, quienes no conocimos a Ada, entre ellos también, Pedro Péglez, para quien ella es un hermoso libro de poemas en décimas innovadoras llamado La noche es ella; Argel Fernández, el tunero decimista en su libro homenaje Casi todo, la noche y lo demás, dice que recordar a Ada: “es hacer que estés tan viva/ como la flor del coralillo…”[7]

En más de una Bienal, Teresita Fernández, esa duenda cantora y siempre maestra, a quien Ada ayudaba en sus memorias al fallecer, nos ha dicho que Ada es una mariposa, una mariposa blanca, que a veces se posa en su mano, en sus dedos por instantes a la que ella saluda diciendo alegremente: “Hola Ada, Adita.”

Ana María, ex instructora de teatro de la Casa de Cultura de Plaza, la recuerda como un rehilete de luz, siempre corriendo, haciendo algo, como queriendo romper con la rutina cotidiana, a la que no era fácil seguir los pasos.

Amigo de la etapa escolar y visitante de la casa en aquellos tiempos es Alejandro Greenigde (Dickson), diseñador gráfico, quien la recuerda como una cosita pequeña que no paraba de hacer cosas, llena siempre de actividades y  ganas de hacer; “Salías con Ada para un concierto, todo el grupo, y no sabías cómo ni cuando regresabas, al terminar no sé de dónde sacaba milagrosamente su guitarra y amanecíamos en algún parque cantando y/o leyendo poemas. Al otro día en clases, menos ella, todos estábamos ojerosos, dormidos, acabados”.

Omar Perdomo, poeta y crítico literario considera sus poemas como increíblemente maduros para la edad de su autora, muy bien pensados, maduros, cargados de sorpresas, ricos, cubanos, con un tempo y un estilo de decir que se iba muy por encima de otros jóvenes escritores de fines de los 80 y los 90.

Desde Jarahueca, una de sus primas cercanas, Marta Julia Pérez, recuerda de sus travesuras por todo el poblado, de las fiestas que organizaba ella solita, de cómo, cuando había que estudiar “en serio”, no dejaba que nada la desviase, ¡hasta guardaba la guitarra! 

Cárdenas 2009. 

Notas:

1- Siempre me gusta recordar que esta añoranza de cómo “conocí” a Ada, lo tengo gracias a su hermana Olga Lidia, gran amiga y también poeta,  con la que de vez en cuando comentó dicho devenir.

2- Jara es un árbol voluminoso, de madera preciosa carmelita y  dura que solía habitar, no con mucha frecuencia, en los campos de las provincias centrales y orientales de nuestro país.

3- Olga Lidia Pérez, En Jarahueca, página 16.

4- Olga Lidia Pérez,  En Jarahueca, página 23.

5- Olga Lidia Pérez,  En Jarahueca, página 18.

6-  Ver artículo de Olga Lidia Pérez entre los materiales impresos para la III era Bienal Identidad 1997.

7- Argel Fernández: Casi todo, la noche y lo demás, página 9. 

Bibliografía

Fuentes Bibliográficas: 

Martínez, Lorena: Inventario de Adas Texto (ensayo), inédito 2005.

Pérez, Ada Elba: Fin del pájaro sur. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2002.

Travesía Mágica. Editorial Extramuros, La Habana, 2001.

Travesía Mágica. Ediciones Sed de Belleza, Santa Clara, 2005.

Apremios. Editorial Extramuros, La Habana, 1986.

Identidad.  Editorial Extramuros, La Habana, 1989.

Acecho en el ritual
. Edición impresa en la Dirección de  Gobernación del Estado Bolívar, sin año.

A dos voces. Colección la Rosa Naútica n. 35, Casa Naútica de la Poesía, Tenerife 1991).

 La cara en el cristal. Editorial Unión, La Habana, 1994. 

 

Pérez, Olga Lidia: En Jarahueca. Casa Maya de la Poesía. Michoacán, 2000. 

                       Con diez pinceles. Editorial Gente Nueva, La Habana, 2006. 

Fuentes Periódicas 

Martínez Lorena: La estación de Jarahueca. Revista Sendas, Ministerio de Transporte Año 3 No. 15 1998.

Fuentes Documentales 

Manuscritos, documentos e impresos relacionados con las seis bienales Identidad celebradas. Ver Pérez Olga Lidia Pérez. Archivos de la Bienal. Desde 1995.

Entrevistas y conversaciones con Olga Lidia, José Pérez, Eloísa Rodríguez,  familiares y otros amigos. 

Texto leído en la Bienal Identidad.
 

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La Habana, Cuba. 2009.
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