|
No conocí a Ada Elba.
Personalmente quiero
decir. Solamente supe de
ella por referencias
lejanas que, a la larga,
muy poco tuvieron que
ver con la verdad.
Pero, como en la vida
hay caminos inexorables,
un buen día de no
recuerdo bien si el año
1995 ó 1996 encontré en
la biblioteca de la
Fundación Alejo
Carpentier, su imagen en
una convocatoria como un
lejano rumor[1].
A partir de aquella
primera Bienal, me
vinculé realmente con
los textos de Ada, con
Olga, con Jarahueca, la
Casa de la Poesía, los
“bienaleros” del Ave
Libre…
Nunca desde entonces he
dejado de participar y
en ellas siempre
encuentro un rinconcito
para hablar de Ada,
independientemente del
tema específico que se
debata en cada Bienal.
Tanto por su vida, como
por su creación, se hace
muy interesante conocer
cómo, para ella, los
eventos vitales, los
hechos son pautas,
instrumentos precisos
para advertir
sensibilidades,
dispuestos a dar otra
nueva vuelta al hacer.
De ahí que, esta vez, al
amparo de avatares mejor
no contables y de
síntesis de elementos
expresados ya se me haga
necesario este pequeño
artículo- reseña-
biografía- estudio que
permita aprehender e
integrar lo conocido
durante ya tantos
encuentros compartidos.
Nuevamente, Ada Elba
Pérez, tema y objeto de
estudio de un trabajo,
cuyo campo o radio de
acción asume los lugares
aquellos donde la joven
supo, durante casi 30
años, defender aquello
con lo que soñó.
I. Jarahueca es un
jardín
Jarahueca es un jardín
de
pensamientos profundos,
un pueblo
donde confundo
azul,
violeta y carmín.
Jarahueca
es un jazmín
en otoño
y primavera,
leyenda
de voz minera
con
presencia de cowboy
donde
siempre, ayer y hoy
la
amistad abre fronteras.
Así define un poeta a la
tierra donde nació Ada
Elba Pérez Rodríguez,
poblado singular hoy
perteneciente al
municipio de Yaguajay,
en la provincia de
Sancti Spíritus; un
sitio donde se acaban o
inician todos los
caminos. Si el poeta
exagera o no en sus
decires no es cosa de
discutirlo in sito,
pero yo, que conozco el
territorio, y he estado
allí en más de seis
ocasiones, puedo decirle
que realmente es un
lugar diferente. Otro
país, al decir de
Teresita Fernández.
Para llegar a Jarahueca
hay que atravesar una
infinitud de otras
pequeñas comunidades,
cada cual con su
historia por o para
contar. Nunca, antes de
llegar allí, vi un
pueblo con las aceras
tan altas, que servían
para que los jinetes
bajaran directamente del
caballo a la casa, al
bar o al establecimiento
a que fuese a concurrir.
Hasta hace muy poco no
había necesidad de
policías: ¡nunca a nadie
se le pierde nada! En
ese Macondo nacional,
los chivos, gallinas y
toros conversan en la
vieja estación, única de
la provincia que
conserva su carácter
original.
Surgido como pueblo
minero, cerca de 1921,
los primeros habitantes
de la zona fueron todos
isleños, dueños de
pequeñas fincas vegueras
y/o de autoconsumo en
los alrededores, quienes
se constituyeron en un
pequeño núcleo de
autóctonos pobladores,
luego de que el influjo
de las dos guerras
mundiales, provocara la
fiebre de la extracción
de mineral en
yacimientos que
rápidamente fueron
agotados.
En el lugar de la jara
hueca[2]
solían reunirse para
tomar decisiones, cantar
y hacer guateques y se
asentaron allí, dándole
de esta forma nombre al
pequeño pueblo, médula
de una cultura singular.
Sus carnavales y
parrandas eran tan
afamados como otras de
las provincias
centrales, dos barrios
discutían habilidades
escénicas, coreográficas
y de otros tipos, los
mismos que
posteriormente, pasados
los festejos se reunían
para conmemorar con una
comida común el
nacimiento del Apóstol
José Martí u otras
efemérides patrióticas
importantes.
En gastronomía destacan
por sus excelentes
quesos blancos y platos
tradicionales, el arroz
guajiro o imperial es de
lo mejor que puede
encontrarse en la
provincia espirituana.
¿Y qué no decir de ese
glotonísimo “pan de
empellas” u otros que se
adornan de azúcares o
sorpresas para algún que
otro cumpleaños?
El hacer de la buena
décima, improvisada o
escrita, el amor al
teatro, al terruño, la
hospitalidad, la
tenacidad, la cultura,
los buenos modales, la
solidaridad y el buen
vestir, caracterizan a
sus vecinos entre los
que poetas, pintores,
artistas y creadores no
han faltado nunca.
Camilo Cienfuegos, el
Comandante Rebelde,
sigue siendo venerado
por los niños del pueblo
como si aún paseara por
sus calles, no siempre
asaltadas, como en aquel
ya lejano 1958, hoy las
señoras gustan de
trabajar la técnica del
“parche” o el collage,
hacer muñecas con viejos
retazos, adornos con
alambres vencidos o
semillas y muchos niños
encuentran cómo hacer
nidos en el bosque de
los abuelos o hamacas
mágicas para dormir a
las mariposas.
En este pueblo único,
donde “todas las palmas/
tienen el alma/ ¡ay!
medio clueca…”[3]
la hospitalidad y ayuda
entre vecinos los
identifica, así como los
juegos de mesa, que
mantienen entretenidos
no solo a los muchachos,
sino a muchas personas
mayores y parece que
cada quien está
dispuesto a vivir por
más de 120 años.
En Jarahueca, las casas
son mayormente de un
solo piso, con lo que el
bloque de edificios que
se encuentra a la salida
del pueblo, ubicado
hacia Meneses, parece
querer salir corriendo a
escapadas de allí. Una
fábrica de zapatos y el
trabajo en el tabaco
son, además de la
cooperativa y la siembra
de autoconsumo, los
principales medios de
producción.
Escuela primaria,
secundaria y especial,
cafetería, panadería,
diferentes mercados,
tienda, restaurante
discreto, bodega, puesto
médico, tienda, correos
y servicios digitales de
telefonía acercan las
condiciones de vida a la
de muchas comunidades
rurales pequeñas del
país.
Con su fuerza y voluntad
han conquistado el
derecho a tener una bien
surtida biblioteca, cine
teatro, Casa de Cultura,
pista de fiestas
populares, y alumbrado
público...
En sus hogares se
albergan cada dos años,
los participantes en la
Bienal Identidad en
homenaje de una de sus
hijas: Ada, personaje
central de esta reseña
quien con su hermana
Olga aún parece que
recorre las calles del
lugar.
Muchos de nosotros, sus
visitantes “bienaleros”
encontramos allí un
segundo hogar, una
segunda familia, alguien
con quien compartir no
solo esos días, sino
mucho más allá. Así,
para la trovadora
Teresita Fernández: a
ese otro país quisiera
irse a vivir cualquier
día no muy lejano.
Refugio formidable para
los sueños y la vida, en
este pueblo a nadie le
extraña que sus hormigas
“se pinten de violeta
las barrigas”[4],
que un huevo decida
declinar una invitación
a la Argentina “a ver si
consigue/ llegar a
pollo”[5]
o que tengan un piojo,
que entre otros
atributos sea tuerto y
cojo.
Pronto una editorial
pequeña para imprimir
con papel manufacturado,
hecho por los propios
niños, permitirá a sus
autores editar y tener
sus libros creados con
los recursos que brinda
la localidad.
No se puede dejar de
decir que, cuando es
necesario, saben pelear
por aquello que les
pertenecen, sin
amilanarse, por lo
general.
II. Ada en la isla
Allí en ese pueblo
de gente única y
envolvente nació en el
año 1961 una pequeña,
segunda hija del
matrimonio de José Pérez
(Pepe) y Eloísa
Rodríguez (Nena),
vecinos, desde su
nacimiento, del lugar.
La mayor de las hijas,
Olga Lidia, había nacido
dos años antes y al
igual que su padre y
hermana tenía buen oído
para la poesía, habiendo
adquirido de sus padres
un tremendísimo amor por
la lectura y el saber.
Nació
Ada Elba Pérez
Rodríguez,
el 20 de
septiembre de 1961. Allí
transcurrió su infancia.
Cursó toda la enseñanza
primaria en la Escuela
Mariana Grajales.
Participaba en
actividades culturales
recitando poemas o
cantando, acompañada de
su propia “guitarrita”.
Para Olga Lidia Pérez,
la hermana mayor: “El
entorno del poblado, sus
paisajes, sus colores,
la sencillez y el candor
de sus pobladores y la
vida cultural espontánea
y casi permanente en la
época, nutrieron
determinante y
fructíferamente el
surtidor de la creación
artística y vital de
Ada”.[6]
“Desde pequeña —ha
referido Olga Lidia en
reiteradas ocasiones—,
Ada andaba por todo el
pueblo con una
guitarrita pequeña, que
no recuerdo ya ni cómo
se había agenciado,
cantando, improvisando
tonadas y participando
en cada actividad
escolar.”
A la par que por la
música y la literatura,
desarrollaba un interés
profesional por las
artes plásticas, lo que
la lleva a solicitar y
aprobar los exámenes
para el estudio en la
Escuela Provincial de
Arte Olga Alonso, de
Santa Clara, en la
especialidad de Artes
Plásticas.
Por ajustes en los
programas de estudios,
se ve obligada a
terminar en dos años sus
estudios en dicha
institución. Al acabar
solicitó y aprobó los
exámenes para
matricular, en 1976, la
Escuela Nacional de Arte
(ENA), donde en compañía
de múltiples amigos y
compañeros de aulas toma
parte activa del
movimiento cultural
estudiantil.
Graduada en 1980, de la
especialidad de
escultura, solicita
cumplir su Servicio
Social en la Isla de la
Juventud, como profesora
de la Escuela de Arte.
En los cuatro años
vividos en la Isla,
marcó imborrables
huellas con su hacer
cultural; colaboró con
el periódico Victoria
y con la revista
Mangle Rojo, integró
el taller literario
municipal, ingresó en la
Brigada Hermanos Saíz en
las secciones de
Literatura y Artes
Plásticas.
Organizó y presidió el
Círculo Cultural Alejo
Carpentier, creado en la
Galería de Arte
Universal del
territorio, formó parte
del Coro Municipal,
integró un grupo musical
que abordaba la música
cubana y
latinoamericana.
Además, dirigió la
Brigada “Raúl Gómez
García”, a la que en las
secciones de Artes
Plásticas y Literatura
se había integrado en
1982, así como fundó el
taller de Cine Debate,
allí esculpió el primer
busto en Cuba y América
a Alejo Carpentier.
Retorna definitivamente
a La Habana en 1984 y
trabaja como instructora
de arte de pintura en la
Casa de la Cultura de
Plaza. En 1986 se gradúa
en Idioma Inglés en la
Escuela Abraham Lincon.
Despliega un importante
trabajo en la Asociación
Hermanos Saíz y como
promotora cultural;
desarrolla su obra
literaria y musical,
obtiene numerosos
premios en concursos
municipales,
provinciales y
nacionales, entre los
que destaca el Luis
Rogelio Nogueras de
Poesía en 1989, y el
Premio Abril en Música
en 1990. También recibe
numerosos
reconocimientos
internacionales.
Fue jurado del Festival
Nacional de la Radio y
participa como jurado en
otros eventos; escribe
conduce y dirige tres
programas radiales (Mirarse
por dentro, Vivir
para crear y 6+1)
en Radio Metropolitana.
Colabora con las
revistas Somos
Jóvenes, Letras
Cubanas, Son y
Sol y El Caimán
Barbudo; publica sus
primeros cuadernos de
poesía (Identidad,
Apremios,
Cuatro muchachas
violadas por los ángeles),
realiza numerosos
trabajos de cerámica,
ofrece recitales y
conferencias en
diferentes
instituciones…
En 1988, el Ateneo de
Caracas y el Museo de
Arte de Maracay
auspician recitales de
poesía y conferencias
suyas en varios estados
de Venezuela junto a
destacadas figuras de la
cultura venezolana.
Visitó y dio a conocer
su obra en México y
Francia. En 1991 fue
invitada al país maya a
impartir una conferencia
durante las jornadas de
homenaje a Sor Juana
Inés de la Cruz. Durante
su estancia en dicho
país ofreció
conferencias y charlas
en diferentes
instituciones mexicanas.
Trabajó para los niños
en la VIII Fiesta
Nacional de Teatro de la
Comunidad.
De nuevo en la patria,
fue galardonada con el
Diploma de Honor por el
Ministerio de Cultura
por su contribución al
desarrollo del
Movimiento de Artistas
Aficionados. Realizó en
Cuba y en el extranjero
nuevos trabajos
periodísticos.
Directamente vinculada a
las artes plásticas y la
literatura durante estos
años continúo
perfeccionando sus
actitudes musicales;
creó, escribió y
musicalizó innumerables
composiciones para
públicos infantiles y
también para adultos. De
esta manera, música,
plástica y poesía se
conjugan en su obra como
un todo orgánico reflejo
de estos convulsos
años.
Entre las muestras y
exhibiciones donde
participan sus obras
destacan:
-Exposición colectiva
permanente en el Comité
Municipal de la UJC,
Nueva Gerona.
-Exposición colectiva
(Fundación de la
Subsección de Cerámica
de la Brigada Hermanos
Saíz) en la II Feria
Nacional de Cerámica,
Nueva Gerona.
-Exposición colectiva
(cerámica), Brigada
Hermanos Saíz, en la
Casa de Amistad con los
Pueblos, Nueva Gerona.
-Exposición colectiva
(cerámica) en la Casa
del Joven Creador, La
Habana.
-Exposición colectiva
Cerámica de la Isla,
Museo de Artes
Decorativas.
Ada Elba Pérez Rodríguez
fallece el 14 de julio
de 1992 a causa de un
accidente de tránsito,
cuando tan solo tenía 30
años de edad y en un
momento de ascendente y
fructífera creación
artística. Postmorten
le fueron conferidos
el Premio Especial Abril
por el conjunto de su
obra artística y la
Orden Raúl Gómez García
como las más importantes
condecoraciones
recibidas.
Su obra poética, para
adultos, fue publicada
íntegra en la antología
Fin del pájaro sur,
Editorial Letras
Cubanas. La Habana,2002,
y la infantil, cantada
por Liuba María Hebia
aparece publicada
primeramente por la casa
editorial Extramuros de
la capital (2001),
Ediciones Sed de
Belleza, Santa Clara
(2005), y por la Editora
Abril. Su presencia es
constante en conciertos,
discos, casetes, CD en
los que divulgan y
mantienen viva su
canción infantil.
Libros y plaquettes
como Apremios e
Identidad
(Extramuros, 1986 y
1989), Acecho en el
ritual (Edición
impresa en la Dirección
de Gobernación del
Estado Bolívar, sin
año), A dos voces
(Colección la Rosa
Náutica n. 35, Casa
Naútica de la Poesía,
Tenerife 1991) y La
cara en el cristal,
Colección Pinos Nuevos
(Editorial Unión, 1994)
forman parte de sus
publicaciones.
III. Dicen algunos
amigos
Quien primero habla de
un hada, el mejor amigo,
es su pueblo esa
comunidad en la que,
para siempre dejó sus
primeros versos.
Jarahueca le
corresponde en ese
cariño, y por eso es que
la comunidad en pleno,
organiza cada dos años,
un evento comunitario
cultural que la honra y
mantiene viva su
presencia entre ellos.
La defensa y promoción
de los valores
culturales en que Ada
Elba se forjó, los
cuales nutrieron su obra
creativa, son recordados
en cada calle, en la
sencilla Casa de
Cultura, en los talleres
de la escuela o la
biblioteca que lleva su
nombre.
La bienal Identidad,
asumida por los
pobladores es un ejemplo
de cómo ellos también
saben defender aquello
con que sueñan,
crecer defendiendo
nuevas posibilidades, no
dejarse usurpar aquello
con que se soñó y logró
hacerse realidad
practican la
hospitalidad cubana de
la más clásica manera al
albergar en sus propias
casas a los
participantes, quienes
se sienten familias de
aquellos con quienes,
durante unos infinitos e
inacabables cinco días,
van a compartir en una
simbiosis cultural y
afectiva que no ocurre
en ningún otro
un evento cultural
comunitario, con una
fuerza “¿mágica?”, que
solo ella puede
enfrentar.
Olga Lidia Pérez, esa
hermana mayor, amiga y
también poeta recuerda
en la dedicatoria a su
libro para niños En
Jarahueca como aun
las calles parecen
sentir a dos niñas
corriendo, jugando…
Pero hay otros amigos,
como esta autora,
quienes no conocimos a
Ada, entre ellos
también, Pedro Péglez,
para quien ella es un
hermoso libro de poemas
en décimas innovadoras
llamado La noche es
ella; Argel
Fernández, el tunero
decimista en su libro
homenaje Casi todo,
la noche y lo demás,
dice que recordar a Ada:
“es hacer que estés tan
viva/ como la flor del
coralillo…”[7]
En más de una Bienal,
Teresita Fernández, esa
duenda cantora y siempre
maestra, a quien Ada
ayudaba en sus memorias
al fallecer, nos ha
dicho que Ada es una
mariposa, una mariposa
blanca, que a veces se
posa en su mano, en sus
dedos por instantes a la
que ella saluda diciendo
alegremente: “Hola Ada,
Adita.”
Ana María, ex
instructora de teatro de
la Casa de Cultura de
Plaza, la recuerda como
un rehilete de luz,
siempre corriendo,
haciendo algo, como
queriendo romper con la
rutina cotidiana, a la
que no era fácil seguir
los pasos.
Amigo de la etapa
escolar y visitante de
la casa en aquellos
tiempos es Alejandro
Greenigde (Dickson),
diseñador gráfico, quien
la recuerda como una
cosita pequeña que no
paraba de hacer cosas,
llena siempre de
actividades y ganas de
hacer; “Salías con Ada
para un concierto, todo
el grupo, y no sabías
cómo ni cuando
regresabas, al terminar
no sé de dónde sacaba
milagrosamente su
guitarra y amanecíamos
en algún parque cantando
y/o leyendo poemas. Al
otro día en clases,
menos ella, todos
estábamos ojerosos,
dormidos, acabados”.
Omar Perdomo, poeta y
crítico literario
considera sus poemas
como increíblemente
maduros para la edad de
su autora, muy bien
pensados, maduros,
cargados de sorpresas,
ricos, cubanos, con un
tempo y un estilo de
decir que se iba muy por
encima de otros jóvenes
escritores de fines de
los 80 y los 90.
Desde Jarahueca, una de
sus primas cercanas,
Marta Julia Pérez,
recuerda de sus
travesuras por todo el
poblado, de las fiestas
que organizaba ella
solita, de cómo, cuando
había que estudiar “en
serio”, no dejaba que
nada la desviase, ¡hasta
guardaba la guitarra!
Cárdenas 2009.
Bibliografía
Fuentes
Bibliográficas:
Martínez,
Lorena:
Inventario de Adas
Texto (ensayo), inédito
2005.
Pérez,
Ada Elba: Fin del
pájaro sur.
Editorial Letras
Cubanas, La Habana,
2002.
Travesía Mágica.
Editorial Extramuros, La
Habana, 2001.
Travesía Mágica.
Ediciones Sed de
Belleza, Santa Clara,
2005.
Apremios.
Editorial Extramuros, La
Habana, 1986.
Identidad.
Editorial Extramuros,
La Habana, 1989.
Acecho en el ritual.
Edición impresa en la
Dirección de
Gobernación del Estado
Bolívar, sin año.
A dos
voces.
Colección la Rosa
Naútica n. 35, Casa
Naútica de la Poesía,
Tenerife 1991).
La
cara en el cristal.
Editorial Unión, La
Habana, 1994.
Pérez,
Olga Lidia: En
Jarahueca. Casa Maya
de la Poesía. Michoacán,
2000.
Con diez pinceles.
Editorial Gente Nueva,
La Habana, 2006.
Fuentes
Periódicas
Martínez
Lorena: La estación
de Jarahueca.
Revista Sendas,
Ministerio de Transporte
Año 3 No. 15 1998.
Fuentes
Documentales
Manuscritos, documentos
e impresos relacionados
con las seis bienales
Identidad celebradas.
Ver Pérez Olga Lidia
Pérez. Archivos de la
Bienal. Desde 1995.
Entrevistas y
conversaciones con Olga
Lidia, José Pérez,
Eloísa Rodríguez,
familiares y otros
amigos.
Texto leído en la Bienal
Identidad. |