|
Primero de
diciembre de 1990. A punto de
cumplir 88 años y en su casa del
Vedado capitalino, Dulce María
Loynaz, Premio Nacional de
Literatura 1987 y posteriormente
Premio Cervantes 1992, accedió a
recibir a una joven poeta, Ada
Elba Pérez, que por esa época
escribía, dirigía y conducía el
programa “6 + 1”, en Radio
Metropolitana. ¿Motivo? Una no
muy extensa entrevista para
dicho programa que cada domingo,
a las 2:30 de la tarde, salía al
aire, casi siempre dedicado a
alguna personalidad de la
cultura cubana.
Por su valor
testimonial, y como homenaje al
aniversario 106 del nacimiento
de Dulce María Loynaz, se
reproduce esta entrevista, a
partir de la transcripción de la
grabación original que se
conserva en los archivos de la
familia de Ada Elba.
Doctora Dulce
María Loynaz, usted nació el 10
de diciembre de 1903, es decir,
que el próximo 10 de diciembre
cumplirá 87 años, ¿no?
No, 88.
¡Ah, 88 años!...
…Porque no nací
en el tres sino en el dos.
Entonces, está
incorrecta la fecha en el
Diccionario de la Literatura
Cubana.
No tiene
importancia un año más o menos,
¡cuando ya son tantos!
Usted estudió en
su propio hogar con profesores
particulares, al igual que sus
hermanos.
Sí, estudié, al
igual que mis hermanos, en mi
propio hogar de cuantas cosas se
podían estudiar en la casa.
Algunas veces, sobre todo cuando
ya fue la carrera universitaria,
para algunas asignaturas tuve
que ir allá.
A pesar de esto,
¿puede considerarse que su
formación cultural es
autodidacta?
No, autodidacta
no, porque autodidacta es el que
aprende solo, y yo sola no
aprendí, aprendí con buenos
maestros, con buenos profesores.
¿Cuándo inició
su carrera literaria?
Ah, eso sí que
es muy difícil. ¿Cuándo sabe uno
cuándo abre una rosa, en qué
momento abre una rosa? ¿Usted lo
puede decir? Bueno, pues yo
tampoco.
¿No recuerda
cuándo escribió sus primeros
poemas tampoco?
No lo recuerdo.
¿Cómo recuerda a
su padre, el General mambí
Enrique Loynaz del Castillo?
Bueno, ahora
acaba de editarse un libro en
que él recoge sus memorias,
memorias de la guerra, que es un
libro muy interesante que
deberían leer todos los jóvenes
para que vean lo que es una vida
de sacrificios y de gloria.
¿Su padre
influyó en su orientación
literaria?
No, en
absoluto.
En 1920, cuando
usted tiene 17 años, viaja a
EE.UU. y a partir de entonces
realiza un extenso recorrido por
Europa y otros países del mundo.
¿En qué medida estos viajes
influyeron en su desarrollo
intelectual?
No, porque yo
propiamente iba como turista,
iba como viajera curiosa, no iba
a compartir ideas ni programas
propiamente ajustados. No, yo
iba como una turista corriente,
no iba con mis ideas.
Pero esas
influencias, esas vivencias,
esas experiencias influyeron…
Bueno, cuando
viajé a Egipto me impresionó
mucho la noche que pasé en la
antigua ciudad de Tebas, que hoy
se llama Luxor, allí estaba la
tumba, allí descubrí la tumba de
Tutankamen, y eso me impresionó
mucho, y esa noche no pude
dormir y empleé el insomnio en
escribir la “Carta de amor a
Tutankamen”, que anda por ahí,
no sé si todavía exista.
Su poesía es
intensa, lírica y muy humana.
Salvador Bueno en su Estudio
de la Literatura Cubana
plantea que su poesía se
caracteriza por la sencillez y
la intimidad. ¿Cómo caracteriza
usted su propia poesía?
Bueno, los
críticos son los que deben
caracterizarla, no el que la
hace, porque eso sería una
opinión, digamos con una palabra
de moda, mediatizada,
mediatizada por el propio
autor.
¿Qué poetas le
han sido más afines? ¿Con cuáles
usted se identificó más?
Eso es por
épocas. Por ejemplo, los poetas
que más a mí me impresionaron
fueron Julián del Casal y
Gustavo Adolfo Bécquer. Son los
poetas que más influyeron en mis
primeros pasos. Después me
gustaron los clásicos españoles.
Después de los clásicos
españoles me fui a Francia, los
poetas franceses, tan finos, tan
delicados, me dejaron huellas. Y
la última influencia que
reconozco, la última que pasó
porque ya no reconozco ninguna,
y piensa que yo dejé de hacer
versos hace más de 30 años,
porque yo entiendo que solamente
los jóvenes deben hacer versos.
Yo no he dejado de escribir, yo
sigo escribiendo, escribo como
Directora de la Academia, y a
cada momento tengo que hacer un
estudio sobre determinado tema
literario, pero versos no.
Después de los 60 años no se
deben hacer versos. Es una
ridiculez hacerlos.
Así que bueno,
le decía que los poetas
orientales, Rabindranath Tagore,
Saadi, Omar Khayyam, todos esos
poetas influyeron quizá en mí.
Aunque me parece que no me
influyeron tanto, que yo más
bien los admiraba.
¿Entonces usted
sigue trabajando todavía incluso
a pesar de su edad y de su
estado de salud?
Yo tengo que
seguir trabajando porque soy la
Directora de la Academia y como
no me quieren aceptar la
renuncia que 40 veces les he
presentado, tengo que seguir
trabajando hasta que me dejen
descansar.
Usted fue electa
miembro de la Academia Nacional
de Artes y Letras en 1951; de la
Academia Cubana de la Lengua en
1959 y de la Real Academia de la
Lengua Española en 1968. Su
poesía ha tenido resonancia
internacional, sin embargo, su
labor ha sido omitida por varios
antologadores y ha sufrido, a
nuestro modo de ver, un olvido
sistemático. ¿Usted está de
acuerdo con esto?
Completamente.
Me gusta mucho la palabra
‘sistemático’ que usted ha
empleado. Muy aguda.
¿Y a qué usted
atribuye eso?
Vamos a no
meternos en honduras.
Muy bien. ¿Qué
puede decirme de la nueva poesía
cubana? ¿Ha leído a los jóvenes
poetas cubanos?
Bueno, yo estoy
muy mal de la vista hace años, y
si he de cansar mi vista en leer
poesía, espero que alguien me la
recomiende, y entonces la leo.
Pero de primera intención no he
leído a nadie.
¿Qué es para
usted el hecho poético? ¿Cómo
definiría el hecho poético?
Bueno, ¿cómo
define usted una rosa?
Como una cosa
maravillosa que conmueve.
Bueno, pues eso
mismo.
¿Y para usted
qué es la belleza? ¿Igualmente
una rosa?
La belleza puede
tener muchas formas, incluso hay
cosas que se dicen que son feas
y dentro de la fealdad tienen
cosas maravillosas. Por ejemplo,
el arte chino está concebido,
como decía mi madre, con
elementos feos, con dragones,
con monstruos y, sin embargo,
difícilmente haya un arte más
bello en el mundo que el arte
chino.
¿Tuvo algún
anhelo que no pudo alcanzar?
Todos, porque
los que he alcanzado no eran lo
que yo quería.
¿Qué piensa de
la fama? ¿Alguna vez usted
anheló la fama?
No, da mucho
trabajo, y hay que tratar a
mucha gente pesada.
¿Está satisfecha
con su obra?
No estoy
satisfecha porque no me dejan
trabajar. Yo todavía tengo que
escribir dos libros, empezados
ya, pero me parece que a este
paso no los voy a terminar
porque soy ya muy vieja y
constantemente me están ocupando
en esto, en lo otro, en aquello
y… no me dejan trabajar. Y ya yo
trabajo muy lento, porque,
¿ves?, todas estas cosas
modernas yo no las entiendo. Yo
soy una mujer del siglo pasado,
aunque nací en este, mis gustos
y mi temperamento son del siglo
XIX. No me adapto a nada
moderno. Yo no utilizo
grabadoras, ni computadoras, ni
sé en qué consisten. Para mí son
misterios más grandes que los
del antiguo Egipto. Así que por
esa razón pienso que me voy a
quedar sin terminar mis obras,
porque casi sin ver y como
estoy, tengo que escribir con
una letra enorme para poderla
ver, tengo que escribir con
plumón una letra muy grande. Y
no puedo usar grabadoras ni
máquinas de escribir ni ninguna
cosa de esas. Entonces, si no me
dejan, no me dan tiempo, se
quedará todo por hacer.
¿Qué libros son
esos en los que está trabajando?
Mire, uno es un
libro muy serio, es la historia
del Vedado. Porque al Vedado yo
lo vi nacer. Y es una historia
muy interesante, hecha desde los
inicios del Vedado que yo
conocí, porque además tengo una
gran memoria. Por ejemplo, me
acuerdo cuando la calle Calzada
del Vedado era efectivamente una
calzada porque era de tierra, no
tenía nada a los lados, nada más
que casitas de madera,
insignificantes. En fin, todas
estas cosas que son muy
interesantes para quien no las
vio o tenga algún interés por
cosas del país.
Usted debía
tratar de auxiliarse para esos
libros, para que pudiera
realizar su trabajo, porque la
información que usted tiene, la
cultura que usted tiene, no la
tiene todo el mundo.
Yo tengo una
información muy grande porque
tengo mucha memoria, pero ya no
puedo, por falta de vista, no
puedo consultar archivos, no
puedo consultarlos, y tengo que
hacerlo todo en mi memoria.
Necesita
entonces alguien que la ayude, o
algo…
Sí, pero no lo
tengo. Y como soy una mujer
vieja, soy una mujer malgeniosa,
así que no es probable que
alguien se adapte a mí, ni yo a
nadie.
Dulce María,
nosotros le agradecemos
muchísimo que nos haya dedicado
un poquito de su valioso tiempo
para este programa. Así que
muchas gracias.
Bueno, muy
agradecida siempre a la juventud
que se ocupa de la vejez.
Tomado de: http://www.habanaenlinea.cu/musica_arte/16.html |