Año VIII
La Habana
19 al 25
de SEPTIEMBRE
de 2009

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Entrevista con el poeta Doribal Enríquez 

“Una mujer renacentista”

Liz Laura George • La Habana

 

Doribal Enríquez, escritor y especialista literario de la Casa de la Cultura del municipio Plaza trabajó junto a Ada Elba Pérez desde 1990 hasta el momento de su muerte. Además de ser su compañero de trabajo y amigo, también es un admirador de su obra poética.Tuvo la oportunidad de conocer a una extraordinaria muchacha, una joven que lo fascinó con sus aptitudes artísticas y su manera de atrapar amigos, pero ninguno de los hechizos de Ada Elba fue tan místico como el que afloraba de su ser cuando trabajaba para los niños.

Los primeros encuentros

“Mis primeros contactos con Ada Elba ocurrieron por los años 80. Yo todavía no trabajaba en la Casa de la Cultura de Plaza pues allí fue donde nos conocimos mejor. Por esa fecha muchos escritores de distintas provincias de Cuba realizaban sus encuentro-debates como parte del taller literario. Se celebraban anualmente en Colón. Ya los escritores nos conocíamos y un par de veces ella formó parte de esta generación joven. Después supe que como creadora tenía una activa participación en los talleres literarios que se realizaban en Ciudad de La Habana y en la Isla de la Juventud. Era una persona muy sociable y muy precisa en sus opiniones; no obstante, esas fueron mis primeras impresiones, luego nos compenetraríamos mejor.”

La Casa de Cultura del municipio Plaza… el reencuentro

“Nos vemos nuevamente en la Casa de la Cultura de Plaza en 1990, aunque ella trabajaba allí desde 1984. Comienzan a hilvanarse proyectos culturales de literatura, arte, teatro, etc., y ella formaba parte al igual que yo de esos propósitos: nos unía el trabajo artístico.

“Ella era Instructora de Artes Plásticas y aunque yo me dedicaba a la literatura coincidíamos mucho porque Ada también era devota de esa rama artística. Participábamos juntos en lecturas, tertulias y otras actividades, así comenzó una estrecha amistad.

“Me di cuenta de que su vida era multifacética: se dedicaba a la pintura, la literatura y cantaba; hacía todo con una fuerte inclinación hacia el público chico, es decir, los niños. Yo la llamaría ‘mujer del renacentismo’. Cantaba además sus poemas, los cuales musicalizó. La admiraba porque no sabía cómo podía dedicarse a tantas diligencias a la vez. Así nació nuestra amistad, yo creo que favorecida por llevar una vida bastante agitada. Ada siempre estaba metida en algún proyecto, cantaba en todas las actividades que realizábamos aquí en la casa de la Cultura y lo que más me llamaba la atención, fueron sus cualidades de autodidacta”.

Su poesía: trunca pero certera

“Practico una teoría que no sé si otros la compartan. Para mí, la creación artística tiene sus edades, y sus etapas. Para un joven poeta la edad de los 15 a los 18 años es la ideal para escribir. La edad de los primeros desengaños amorosos, de los encuentros y los desencuentros… y la confrontación con el entorno. Ya cuando el poeta llega a sus veintitantos años empieza a descubrir otras perspectivas y expectativas de la vida, ese era el caso de Ada Elba. Ella llevaba una vida muy loca ―en el mejor sentido de la palabra― lo mismo estaba cantando para niños, que después se iba a pintar, que hacía sus propias composiciones.

“Su poesía hay que verla en el contexto histórico social que vivía: los años 70 y 80. Por ese entonces existía una vida cultural bastante fuerte: los festivales universitarios, los festivales obreros, los talleres literarios y en ese contexto plasmó su obra.  

“Ella se movía en el dilema de sus propias perspectivas como ser humano, la filosófica, la política y la idea social que se vivía en ese momento. Segmentos de su obra tienen que ver con el re-hallazgo de Latinoamérica, el despertar. Por otra parte, desde el punto de vista conceptual de su poesía, le ocurrió lo mismo que a todos los que pertenecemos a esa generación, el encuentro con la obra de César Vallejo. Él fue el vínculo con lo académico, lo revolucionario, y la vanguardia latinoamericana. Ese fruto permeó la generación de los años 70, incluso ella en muchos de sus poemas, desde el punto de vista contextual, evoca textos de César Vallejo, y no tanto de Neruda.

“Por eso insisto en que la vanguardia latinoamericana está presente en su poética, es una vanguardia que se debate entre lo coloquial y lo conceptual. Ada Elba pudo escapar de lo coloquial y trató de no hacer concesiones estéticas. Fue ella misma y fue consecuente con su manera de ver la vida, con su calurosa personalidad, con su humanismo. En el plano personal era una amiga extraordinaria.

“Cuando muere estaba en comenzando su madurez estética, estaba en un espacio vital que podría haber penetrado otros vericuetos de la estética poética. Yo no puedo dar mi opinión desde el punto de vista musical pero sí como poeta.


“A mí no se me olvida la noche en que supe del fallecimiento de Ada Elba. Tenía infinitas posibilidades para solidificar su obra, era fantástica para la poesía infantil. Muchas veces le confié poemas míos para que los revisara porque su opinión me resultaba muy importante.”

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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