Año VIII
La Habana
2009

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En el ocaso de la hormiga y el elefante
Aldo López-Gavilán Junco
Joaquín Borges-Triana • La Habana

 

Como dije la semana pasada en esta sección, de forma paulatina pretendo comentar los discos que recientemente he adquirido en la pequeña tienda que posee la EGREM en el patio de su sede de la calle San Miguel entre Campanario y Lealtad. A quienes se interesen por adquirir, a precios sencillamente fantásticos, discos de un pasado reciente y que ya no encontramos en otros establecimientos, les recomiendo que se den una vuelta por este sitio y de seguro no se arrepentirán.

Para hoy dedico el espacio de La compactera a hablar del disco que fuese la ópera prima del pianista Aldo López-Gavilán Junco, álbum editado en 1999 y que le deparase a su protagonista no pocos momentos de mucha satisfacción. De inicio, me parece importante señalar que este instrumentista es alguien que tiene la rara virtud de desempeñarse por igual tanto en la “música culta”, como en la popular. Es así que lo mismo lo podemos encontrar ejecutando la "Sonata en re mayor", de Domenico Scarlatti, con una interpretación en la que se destaca la coherencia de las intenciones, con un toque diríase que seco y puntual, o acompañando a Santiago Feliú en una banda en la cual el formato y el discurso melódico armónico resulta esencialmente rockero.

Graduado del Trinity College of Music de Londres, Aldito nació en 1979 en el seno de una familia musical. Su debut se produce cuando apenas era un niño de 12 años de edad en un concierto en el que actúa como solista junto a la Orquesta Sinfónica de Matanzas. Recién cumplido los 17, se presenta por primera vez con la Sinfónica Nacional. Su vocación por lo popular lo lleva a que a la par de continuar su carrera como concertista, prosiga desarrollando sus habilidades en el campo del jazz. Quizá por su magistral dualidad en las llamadas música culta y popular, los que le conocíamos de antemano no nos sorprendimos en el Cubadisco correspondiente al 2000 cuando el joven compositor e intérprete obtuviese tres galardones en el certamen: el Gran Premio del evento, el Premio de la categoría de jazz y el Premio a la ópera prima por su CD En el ocaso de la hormiga y el elefante.

En este exitoso disco se percibe que en lo armónico prevalecen concepciones modales, armonías superpuestas y otras técnicas pianísticas que en nada frenan lo más genuino de nuestras raíces y, por el contrario, nos enriquecen el panorama musical. Aunque todos los temas son de mi agrado, sugiero prestar especial atención a "Espiral", por su alegría y funcionar como suerte de tributo al júbilo incontrolable que tiene la música de Brasil.

Otro momento especial en el fonograma, para mi gusto, es el muy lírico "A mi hermanito lindo", singular instante de introspección, sensación que también se experimenta en el corte "Historia de la niña que le devolvió el tiempo al tiempo". Por su parte, "Sonbanchero", es una pieza que apela a la deconstrucción de ese clásico popular nombrado "El cumbanchero", y en la que la mano derecha de Aldito realiza un trabajo sencillamente excelente.

Sobresale también el corte titulado "Tema con bongó", composición en la que uno aprecia una base multicultural en sus conformantes. En especial, hay que llamar aquí la atención al trabajo del percusionista Carlos Rodolfo Valdés "Mosca", un virtuoso de su instrumento y quien de manera asombrosa logra que los parches de los bongoes armen una polifonía que remeda la sonoridad de las tablas hindúes, en una interacción con el repiqueteo del piano que me sorprende siempre que vuelvo a escuchar la grabación, en virtud de las connotaciones pianísticas detectadas en el quehacer de la percusión y de las reminiscencias de lo percutivo en lo pianístico.

Como compositor e intérprete, ya desde su primera producción discográfica y en cuanto ha realizado con posterioridad, tengo la impresión de que el principal rasgo en el quehacer creativo de Aldito es su perenne interactuar con la ley de los contrastes. Así, en un CD como En el ocaso de la hormiga y el elefante, por momentos López-Gavilán Junco nos transmite la sensación del más absoluto reposo y en otros, al oírlo experimentamos un profundo cúmulo de tensiones.

Sucede que como afirma el musicólogo y excelente crítico Jorge Fiallo, algo decididamente definitorio en este artista es "la búsqueda expresiva que parte del juego y el tema infantil ―presente en la mayor parte de sus obras― transfigurados por el joven que toma las riendas y se adueña de su cambiante realidad. Eso creo que es el mensaje definitivo de En el ocaso de la hormiga y el elefante, que en sentido general percibo en su música como una aparente ingenuidad que proyecta un nivel profundo de vivencias de las que, sin olvidar la racional academia, brota la imagen de un salto y una oscilación desde la cuna hasta la conga arrabalera, arrullando y arrollando al mismo tiempo".

Por último, quiero comentar que en el fonograma aquí reseñado se respira un fuerte sentimiento de libertad, el cual desborda los límites de la imaginación. Con discos como este, en el que se echa mano a elementos melódicos, armónicos y tímbricos legados por la cultura universal, se corrobora la tesis de que en las nuevas promociones de nuestros músicos, a la hora de rastrear el referente de influencias en ellos, ya resulta imposible buscar solo en lo nacional sino que hay que mirar hacia lo foráneo. A fin de cuentas es contraproducente negar lo nuevo de hoy del quehacer contemporáneo musical y que poco a poco se integra a lo cubano del mañana.

 
 
 

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