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Como dije la semana pasada en esta
sección, de forma paulatina pretendo
comentar los discos que recientemente he
adquirido en la pequeña tienda que posee
la EGREM en el patio de su sede de la
calle San Miguel entre Campanario y
Lealtad. A quienes se interesen por
adquirir, a precios sencillamente
fantásticos, discos de un pasado
reciente y que ya no encontramos en
otros establecimientos, les recomiendo
que se den una vuelta por este sitio y
de seguro no se arrepentirán.
Para hoy dedico el espacio de La
compactera a hablar del disco que
fuese la ópera prima del pianista Aldo
López-Gavilán Junco, álbum editado en
1999 y que le deparase a su protagonista
no pocos momentos de mucha satisfacción.
De inicio, me parece importante señalar
que este instrumentista es alguien que
tiene la rara virtud de desempeñarse por
igual tanto en la “música culta”, como
en la popular. Es así que lo mismo lo
podemos encontrar ejecutando la "Sonata
en re mayor", de Domenico Scarlatti, con
una interpretación en la que se destaca
la coherencia de las intenciones, con un
toque diríase que seco y puntual, o
acompañando a Santiago Feliú en una
banda en la cual el formato y el
discurso melódico armónico resulta
esencialmente rockero.
Graduado del Trinity College of Music de
Londres, Aldito nació en 1979 en el seno
de una familia musical. Su debut se
produce cuando apenas era un niño de 12
años de edad en un concierto en el que
actúa como solista junto a la Orquesta
Sinfónica de Matanzas. Recién cumplido
los 17, se presenta por primera vez con
la Sinfónica Nacional. Su vocación por
lo popular lo lleva a que a la par de
continuar su carrera como concertista,
prosiga desarrollando sus habilidades en
el campo del jazz. Quizá por su
magistral dualidad en las llamadas
música culta y popular, los que le
conocíamos de antemano no nos
sorprendimos en el Cubadisco
correspondiente al 2000 cuando el joven
compositor e intérprete obtuviese tres
galardones en el certamen: el Gran
Premio del evento, el Premio de la
categoría de jazz y el Premio a la ópera
prima por su CD En el ocaso de la
hormiga y el elefante.
En este exitoso disco se percibe que en
lo armónico prevalecen concepciones
modales, armonías superpuestas y otras
técnicas pianísticas que en nada frenan
lo más genuino de nuestras raíces y, por
el contrario, nos enriquecen el panorama
musical. Aunque todos los temas son de
mi agrado, sugiero prestar especial
atención a "Espiral", por su alegría y
funcionar como suerte de tributo al
júbilo incontrolable que tiene la música
de Brasil.
Otro momento especial en el fonograma,
para mi gusto, es el muy lírico "A mi
hermanito lindo", singular instante de
introspección, sensación que también se
experimenta en el corte "Historia de la
niña que le devolvió el tiempo al
tiempo". Por su parte, "Sonbanchero", es
una pieza que apela a la deconstrucción
de ese clásico popular nombrado "El
cumbanchero", y en la que la mano
derecha de Aldito realiza un trabajo
sencillamente excelente.
Sobresale también el corte titulado
"Tema con bongó", composición en la que
uno aprecia una base multicultural en
sus conformantes. En especial, hay que
llamar aquí la atención al trabajo del
percusionista Carlos Rodolfo Valdés
"Mosca", un virtuoso de su instrumento y
quien de manera asombrosa logra que los
parches de los bongoes armen una
polifonía que remeda la sonoridad de las
tablas hindúes, en una interacción con
el repiqueteo del piano que me sorprende
siempre que vuelvo a escuchar la
grabación, en virtud de las
connotaciones pianísticas detectadas en
el quehacer de la percusión y de las
reminiscencias de lo percutivo en lo
pianístico.
Como compositor e intérprete, ya desde
su primera producción discográfica y en
cuanto ha realizado con posterioridad,
tengo la impresión de que el principal
rasgo en el quehacer creativo de Aldito
es su perenne interactuar con la ley de
los contrastes. Así, en un CD como En
el ocaso de la hormiga y el elefante,
por momentos López-Gavilán Junco nos
transmite la sensación del más absoluto
reposo y en otros, al oírlo
experimentamos un profundo cúmulo de
tensiones.
Sucede que como afirma el musicólogo y
excelente crítico Jorge Fiallo, algo
decididamente definitorio en este
artista es "la búsqueda expresiva que
parte del juego y el tema infantil
―presente en la mayor parte de sus
obras― transfigurados por el joven que
toma las riendas y se adueña de su
cambiante realidad. Eso creo que es el
mensaje definitivo de En el ocaso de
la hormiga y el elefante, que en
sentido general percibo en su música
como una aparente ingenuidad que
proyecta un nivel profundo de vivencias
de las que, sin olvidar la racional
academia, brota la imagen de un salto y
una oscilación desde la cuna hasta la
conga arrabalera, arrullando y
arrollando al mismo tiempo".
Por último, quiero comentar que en el
fonograma aquí reseñado se respira un
fuerte sentimiento de libertad, el cual
desborda los límites de la imaginación.
Con discos como este, en el que se echa
mano a elementos melódicos, armónicos y
tímbricos legados por la cultura
universal, se corrobora la tesis de que
en las nuevas promociones de nuestros
músicos, a la hora de rastrear el
referente de influencias en ellos, ya
resulta imposible buscar solo en lo
nacional sino que hay que mirar hacia lo
foráneo. A fin de cuentas es
contraproducente negar lo nuevo de hoy
del quehacer contemporáneo musical y que
poco a poco se integra a lo cubano del
mañana. |