Año VIII
La Habana
2009

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 CRÓNICAS DE LA REVOLUCIÓN  (9 Parte)
CAMILO Y CHE (XXXIII)
William Gálvez • La Habana
 

MARTES 16 DE SEPTIEMBRE: La Antonio Maceo arribó a un monte que los invasores bautizaron como Monte de las Jutías, por la gran cantidad de estos roedores comestibles. Por su origen campesino mucho de los columnistas eran expertos en capturarlas. Aquel día la carne de ese animalito fue el principal menú, aunque para los que no dominaban cómo prepararla, se la comieron con ese olor, nada agradable, conocido por “chero”; pero, según reza el hablar popular, cuando el hambre aprieta, nada se interpone.
 

Por los campesinos conocieron que la Columna No. 8 había caído en una emboscada, en Cuatro Compañeros, cerca de La Malograda, lugar en que combatieron la noche del pasado 13. También recibieron noticias de un grupo disperso y decidieron esperarlo. Por ellos conocieron lo ocurrido.

Los invasores guevarianos eran nueve: los tenientes Hugo del Río, con M-l; Carlos Figueredo (traidor) con San Cristóbal, Miguel Lorente, y los soldados Evangelista Toledanos, Ramiro Santiago ―muere combatiendo en Santa Clara―, Orlando Borrel, todos con Garand, Ángel González, Benigno Mayedo, ambos con San Cristóbal y Hugo Díaz, desarmado.
 

Relataron a Camilo lo que le sucedió, narrado anteriormente. Ignoraban qué dirección había tomado Che o dónde estaba el resto de la tropa. Tampoco pudieron dar noticias concretas acerca del resultado del combate. Los dispersos fueron guiados por dos jóvenes que se habían encontrado por el camino y decían ser escopeteros. Sin embargo, el campesino de la finca donde acamparon los reconoció como individuos que asaltaban y robaban a nombre del M-R-26-7. Máximo Quevedo y Edel Casaña, eran sus nombres. En las indagaciones por más detalles de las fechorías de la pareja, se fue la noche del 16 de septiembre.

 

CHE: “Septiembre 16.- Pasamos por la finca Hevia. Un práctico campesino de la zona se nos une (...). Un prisionero se nos ha escapado. Salimos como podemos rumbo a Remedios en manos de (un) campesinos que nos guía (...). Allí nos abastecemos en la tienda. Seguimos y acampamos en un marabusal. Habíamos burlado al Ejército, pero sabíamos que el mismo nos seguía el rastro… "
 

A media madrugada pudieron comer. Para el guerrillero no hay hora de comida, pues siempre tenía hambre. También se distribuyeron algunos alimentos en conserva, lo más socorrido en la magra dieta del insurrecto. Guevara se interesó por una pista a pocos kilómetros, para aviones pequeños, que utilizaba la arrocera donde se encontraban.
 

El hijo del propietario del comercio, José Reina, dijo ser conocedor de una buena parte de aquella zona, y se brindó como práctico. A la hora de salir, dejaron en libertad a los que por seguridad habían sido detenidos, menos uno, que no era confiable. Se desplazaron a uno dos kilómetros hasta la finca La victoria, propiedad de la familia Sarduy Telfor. El jefe invasor los saludó cordialmente y la acogida a los barbudos y peludos procedente de la Sierra Maestra fue recíproca. Por tal razón, Che y Ramiro charlaron un buen rato con ellos.
 

Por ellos conocieron que Hugo Díaz, uno de los perdidos, había estado allí el pasado 14, y fue conducido al campamento de Camilo. Como a las 20:00 horas estuvo lista la comida; todos la disfrutaron con placer.
 

De los tres caballos que mandaron a buscar, no vino el mulo, pues el dueño lo había soltado para que no se lo llevaran; pero Che insistió que volvieran a buscarlo y recriminó al propietario, que era el detenido sospechoso. En todos estos trajines y la preparación para continuar camino, y despedirse de los vecinos bajo una leve llovizna, llegó a su fin el 16 de septiembre.    

 

SEPTIEMBRE 17: Fue un día aciago para la Antonio Maceo en lo que a comida se refiere. Sólo quedaban dos jutías —de las cazadas anteriormente— para repartir entre toda la tropa. Hubo relevo de práctico. Antes de retirarse el guía al que Camilo le puso Ubaldo por Eduardo—, le entregó una nota salvoconducto, considerando que pudiera encontrarse con la Ciro Redondo:

                “Sep – 17- 58

El señor Eduardo Pimentel ha sido práctico de la zona a una patrulla Rebelde.

Pueden utilizar sus servicios o dejarlo pasa.

               Camilo Cienfuegos

               Comandante”
 

Luego de un día de hambre y sed, y aún con suficiente luz solar continuaron camino. El práctico, cuyo pomposo y extenso nombre: Arsenio Recio Tamayo del Risco, su mote —Carey— lo hacía parecer un experto, al poco rato de iniciar el derrotero, comenzó a dar señales de estar perdido. Se paraba, miraba como queriendo orientarse y expresaba: —Yo creo que es por aquí—. Al rato volvía a hacer lo mismo. Así pasó toda la noche, entre manglares y cerca de la costa.
 

El Carey daba risa a los de la vanguardia; era muy simpático en sus expresiones. En aquella difícil situación, tal carácter ayudaba a calmar la desesperación y la incomodidad. Según dijo posteriormente, el motivo de su desorientación eran los nervios. Escuchó hablar a los rebeldes de una ejecución y pensó que él era el candidato, si se perdía. El comentario, se relacionaba con los dos delincuentes llegados junto con los hombres de Che y que habían sido autores de varios delitos, incluyendo la muerte a palos de un anciano para robarle.
 

Pararon en un monte donde abundaba el agua. Se ordenó explorar, para ver si se localizaba la casa del campesino en la cual, según Carey, acamparían. Los exploradores dieron con la casa, pero ya el sol alumbraba y no se debían seguir camino. Al final de la jornada del 17 se encontraban en terreno pantanoso llamado Ojo de Agua de Manatí.

 

CHE: “Septiembre 17.- Hoy atravesamos la finca La Victoria y acampamos en un lugar protegido. Camilo nos ha dejado noticias de su ruta y nos deja aviso de que nuestros nueve hombres están con él. Una patrulla investiga algo sobre que una barca carbonera nos puede llevar por vía marítima y vuelve con noticia de que no hay tal barca y que el Ejército se nos está encimando mucho.”
 

Al lugar que anotó Guevara, habían llegado en la noche pasada y en las primeras hora del 17 reiniciaron la marcha con José Reina como práctico. Che cabalgaba en el mulo, la herida que recibió el pie en un combate en la Sierra Maestra aún no le permitía caminar bien y los heridos en las demás bestias.
 

Para los invasores de ambas Columnas, caminar en las tinieblas de la noche era un tormento, el que se aumentaba con la casi constante compañía del agua; el cotidiano sufrimiento del dolor punzante de los pies; el peso que aumenta a cada paso, los tropezones y caídas, el fango mal oliente, aprisionando los pies, como queriendo detenerlos, en ocasiones a las bestias le costaba mucho poder salir del lodo, la sed y el hambre que aparecen pronto a pesar de haber tomado agua y comido, pues nunca era lo suficiente. La mayoría caminaba realizando un extraordinario esfuerzo o inspirado en la actitud ejemplar del Che y Camilo, el primero que además tuvo que sufrir el implacable padecimiento asmático.


CONTINUARÁ
 

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La Habana, Cuba. 2008.
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