Año VIII
La Habana
2009

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La Curva del Toro
Amado del Pino • La Habana

El título obedece a la referencia más firme que tuve para visitar a mi hija en la escuela donde cursa el bachillerato. En Cuba ese tipo de centros internos, en pleno campo, tienen una larga historia que tuvo como espléndida banda sonora una canción de Silvio Rodríguez, en los días del grupo de Experimentación Sonora del ICAIC. La música y la idea de “la nueva escuela” perduraron más que el documental al que apoyaba, pero ambas obras daban inmediato testimonio de un acontecimiento social que, después de una afincada tradición, dirá adiós en un par de años. Las circunstancias del país son otras y se ha determinado que este tipo de escuelas regresen a la ciudad. Pero volvamos a mi viaje paterno con La Curva del Toro como señal, como amuleto contra mi pertinaz despiste.
Tras dos cambios de vehículos y el reencuentro con pueblos medios de la provincia de La Habana que no visitaba desde hace más de una década, llegué a la curva de marras y comencé el viaje de un par de kilómetros en el corazón de la espléndida campiña cubana. Recordé una certeza que apunto en mi obra El zapato sucio. Efectivamente, los campesinos cabalgan poco y prefieren la bicicleta; aunque, como ayer, las ruedas se llenen de fango y les cueste avanzar. Solo me crucé con un hombre que utilizaba el caballo, pero el gordo personaje lo hacía sentado muy cómodo en un carretón o carro.

Las pocas vacas pastaban en un césped recién lloviznado y no encontré los chivitos o cabritos que siempre persigo en el campo cubano, como resonancia de mi infancia rural. Las palmas sí que estaban esbeltas y radiantes.

A Adriana del Pino le tocará formar parte de la última hornada que pase por las Escuelas en el Campo. Tal vez la mayoría de los padres prefiere tener los hijos en casa. Yo tengo mis dudas. Sé que no es fácil para la familia enfrentar la distancia cada semana y otros inconvenientes; no olvido que para el estado significan ríos de combustible y de otros recursos la movilización constante de miles y miles de adolescentes. Pero la experiencia de la vida colectiva, el contacto con el lugar donde germinan las semillas, será un regalo para mi hija, la muchacha sonriente que me esperó ayer tras la tenue frontera de La Curva del Toro.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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