Año VIII
La Habana
2009

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Cita en Cienfuegos

Zoila Sablón  Cienfuegos

Por quinta ocasión, Cienfuegos celebró, del 11 al 14 de septiembre, el Taller de Crítica Teatral, iniciativa bajo las coordinaciones de la UNEAC provincial y del Consejo de las Artes Escénicas de ese territorio. Norge Espinosa, Yudd Favier, Ismael Albelo y Maité Hernández-Lorenzo viajaron hasta la sureña provincia en representación de la Sección de Crítica, adjunta a la Asociación de Artistas Escénicos de la UNEAC, para dar continuidad al diálogo que ese grupo de trabajo ha sostenido durante el lustro con los artistas cienfuegueros.

Las intensísimas jornadas, en la que apenas hubo descanso y pausa para un café, incluyó además de la muestra de una decena de espectáculos, el lanzamiento de la revista Conjunto, Nos. 148/149 y del tabloide Entretelones.

Velas Teatro, My Clown, Guiñol de Cienfuegos, Teatro de los Elementos, Teatro de la Fortaleza, Centro Dramático de Cienfuegos y Oxígeno expusieron en tan apretado programa sus espectáculos y procesos más recientes. Diferentes todos en sus propuestas estéticas, búsquedas, método de trabajo y líneas de creación, los colectivos señalan, en unos casos más visibles que en otros, determinadas voluntades por distinguirse y apuntalar un lenguaje y un diseño particular de su producción artística. Cabe decir que esta voluntad o disposición a ir trazando pautas distintivas o estéticas propias, no es una virtud per se ni una rotunda consolidación del trabajo. Es, en la mayoría de los grupos, un deseo, una posibilidad de insertarse en un panorama que por lo que percibimos intenta mantenerse activo.

Hoy el circuito teatral ha crecido. A los habituales Teatro Terry, Guanaroca, Guiñol, sala Aida Conde, necesitada de una urgente remodelación y mejoramiento técnico, se ha sumado la sede Teatro A cuestas, desde hace muchos años en construcción y que fuera originalmente concebida para el grupo homónimo cienfueguero, inexistente desde hace más de una década.

Velas Teatro, dirigido por el también actor Javier Fernández, ocupa la nueva instalación. No se trata aquí de una azarosa ubicación en un espacio. Fernández ha conseguido establecer una conexión, activa y participativa, entre Cienfuegos y Cartagena, Colombia, ciudad de residencia de Ricardo Muñoz Caravaca, destacadísimo dramaturgo y director del antiguo Teatro A Cuestas. Entre ambos artistas se ha establecido un inusual método de trabajo que les impone ciertas reglas de juego. Las mismas, de algún modo, exigen un replanteo de sus procesos de creación. Por una parte quizá esa perspectiva a distancia podría ser saludable y beneficiosa para un proceso menos contaminado por la mirada del autor, aunque, vale decir, que justamente el estilo de trabajo de Muñoz junto a Teatro a Cuestas transitaba por un proceso colectivo y por un intenso toma y daca con los actores y el resto del equipo. Pongo aquí mi interrogante por esa razón. Y de otro lado, el catalejo podría distorsionar y provocar un desfasaje en el resultado de ese proceso entre actor y director.

O, también, quizá puede ser un obstáculo eficaz hacia el interior del diálogo creativo. Es un camino apenas abierto.

“El otoño del cerdo Antonio”, de Muñoz Caravaca y dirección de Javier Fernández, fue la propuesta de Velas Teatro. El monólogo ilustra, de alguna forma, los intereses que el grupo persigue en su trabajo conjunto con el autor. Según explicó Fernández, una zona del colectivo se dedicará a producir espectáculos en los que las biografías y dilemas existenciales de los actores serán la principal fuente para la escritura dramática. Con este montaje su propósito se verifica. Un hombre en los márgenes entre su ser animal y con atisbos de su ser social, se debate en lo que suponemos es un chiquero. Esa ambigüedad, en ocasiones demasiado explícita, pone al descubierto complejas tensiones de identidad del personaje. Delimitado por una cerca de púa, muy cercana a los espectadores, el alambre traza una línea divisoria que nos agrede y que también nos permite interactuar con la historia. De una dureza visual y física que por momentos resulta agresiva, la puesta en escena en aras de enfatizar la historia personal del actor-personaje, emplea elementos de connotación sentimental y emocional ligados a la vida del actor.

El Guiñol de Cienfuegos presentó Chaplineando, unipersonal de Joel Pérez, actor de larga trayectoria en Teatro de los Elementos, desde hace algunos meses en la nómina del Guiñol. Joel, de excelente entrenamiento técnico en la especialidad del clown en varios centros de América Latina y Europa, nos seduce aquí con un espectáculo que quiere ser homenaje al personaje de Charlot, pero que, por momentos, desplaza la atención y va creando pequeñas historias paralelas donde lo fundamental es el virtuosismo clownesco. Es un montaje que, a pesar de poder engranar con mayor efectividad el personaje de Chaplin en una dramaturgia más coherente, resalta la destreza y el dominio técnico del actor. Con la inclusión de Joel Pérez y también del joven Christian Medina, el Guiñol diversifica el espectro de técnicas y lenguajes.

El Centro Dramático de Cienfuegos, cuyo director, Generoso González fue el principal anfitrión de nuestra estancia, ofreció dos trabajos que, de alguna manera, acentúan el interés de la compañía por el repertorio cubano. De autores de distantes generaciones y disímiles lenguajes escénicos pero que de algún modo conforman una línea en la dramaturgia nacional, el colectivo ofreció un fragmento de Chamaco, de Abel González Melo, y El lugar ideal, de Héctor Quintero.

De Chamaco, aún en ciernes en un proceso dilatado debido a reajustes internos, solo pudimos ver las dos primeras escenas. A pesar de que sería irresponsable dar conclusiones sobre un trabajo no terminado, el grupo expuso claras ideas de por qué tomó ese texto, cuáles serían las claves, sobre la base de la lectura que ha hecho el grupo, que sustentan los conflictos y las complejas relaciones interpersonales de la pieza.

El montaje de El lugar ideal quizá deba revisar algunos términos que han perdido la fuerza de su significación en el momento de su puesta en escena a fines de los 90. La escenografía apela a la provisionalidad de esta familia que se debate entre el supuesto bienestar y el patrimonio familiar. No obstante, tal como quedó dicho en el diálogo con el elenco y su director, quizá el vestuario reitera esta imagen de transitoriedad y vuelve retórica la imagen del espectáculo.

Teatro de la Fortaleza, dirigido por el poeta Atilio Caballero, presentó La tentación en el Teatro Terry. Aunque el colectivo hace alusión con ese nombre al Castillo de Jagua, cercano a la sede del grupo, sin embargo, en lo personal quiero ver algún guiño a la resistencia y tesón necesarios para persistir en el teatro desde la CEN (Ciudad Electro Nuclear), comunidad ubicada a la entrada de la Bahía de Cienfuegos. El grupo ha delineado un repertorio donde siempre los conflictos que más hostigan ese enclave son reelaborados y puestos
en evidencia. Tal ocurrió, con menos o más nivel de elaboración y eficacia, en Woyzeck y Tigre. Es en La tentación  donde advierto con mejor resultado tal propósito. Desde un realismo poético, donde es predominante el trabajo con los objetos y donde la textura visual del espectáculo produce una hermosa y potente plasticidad, los personajes recorren situaciones límite, siempre acosados por una figura mefistofélica. Solo que aquí lo que sería Fausto es
una mujer o mujeres. La madre y la hija, escindidas por el mar, las despedidas y los caminos, tiran de sus propios conflictos, se enfrentan a la soledad, la apatía, la abulia y la desazón. Colocadas en distintos contextos, ambas intentarán sobreponerse. Un mantel limpio y blanco sobre la mesa pervivirá como el símbolo de la familia, de la unión matrimonial, y de alguna esperanza en las cosas.

El mundo al revés, con versión y dirección de Lázaro Pérez Valdés, es la obra más reciente de My Clown. Con la participación de actores muy jóvenes, muchos de ellos recién egresados, el espectáculo no logra lidiar entre el texto original y la adaptación de Pérez Valdés. La versión, demasiado ambiciosa en su afán de complejizar una sencilla historia y en mostrar disímiles personajes clásicos del repertorio infantil, se hace confusa y excesivamente extensa. En la sesión posterior al visionaje de la pieza, el elenco, su director y los críticos acordaron hacer un replanteamiento de los presupuestos del espectáculo: la dramaturgia, el desempeño actoral y los diseños de vestuario y escenografía. Gracias a que el montaje aún se encuentra inconcluso, estos señalamientos serán eficientes y útiles en la medida en que el equipo creativo los considere y los aplique, luego de un análisis, en su proceso.

Oxígeno, agrupación de danza-teatro dirigida por Luis Manuel de Armas, ofreció fragmentos de su espectáculo más reciente a punto de estrenarse en el mes de octubre. Hola y Chau, a partir de la novela Los enanos, de Harold Pinter, es un complejo montaje en el que se emplean los medios tecnológicos, el audiovisual y se compone una imagen múltiple de diversas lecturas y de numerosas interacciones con el público. En las escenas, pudimos apreciar la fuerza de las imágenes, de las coreografías y de la propia historia que habla también de la experiencia personal por la cual transitó Luis Manuel junto a su esposa, bailarina de la compañía.

Se percibe, igualmente, la trayectoria anterior de De Armas, su investigación antropológica y experimental, su vínculo con el magisterio de Vicente Revuelta y la intensa experiencia que fue Chispa bajo su égida a fines de la década pasada.

Albelo llamó la atención sobre la necesidad de que Oxígeno, con cinco años de trabajo, pueda mostrar su quehacer en una temporada en la capital cubana. Entiende que el resto del movimiento danzario, el público y la crítica deben poner más atención a la agrupación, merecedora de algunos reconocimientos, y así entablar un intercambio más frecuente. Oxígeno ha participado en varias ocasiones en el Festival de Danza Callejera que organiza el grupo Danza Teatro Retazos y ha sostenido colaboración con jóvenes coreógrafos de Danza Contemporánea de Cuba.

Durante la última jornada, el viaje tocó otros pueblos y tuvo como destino Cumanayagua y la comunidad El Jovero. Allí nos recibió Teatro de los Elementos en su sede enclavada en el lomería escambrayano. Dos directores presentaron sus obras. La primera bajo la dirección de Christian Medina, invitado por el grupo, y la segunda, de Daisy Martínez, hoy laborando en Teatro Escambray.

En la plazoleta que sirve de cafetería y comedor al grupo, Medina introdujo algunas escenas de El gallo electrónico, de Yerandi Fleites, ante un público infantil que quedó deseoso de continuar disfrutando de la historia. Versionada para títeres de diferentes técnicas y para actores en vivo, la obra es una simpática recreación en la que vemos los típicos personajes de la fábula criolla: la envidiosa, la chismosa, el pícaro burlado, el antihéroe, la enamorada coqueta y los pillos comodines. Con eficientes soluciones titiriteras, aún el equipo puede detenerse más en la animación y juego titiritero, en algunas escenas en las que pueden limpiarse movimientos y ayudantías y un reajuste en los matices y trabajo vocal. Igualmente, se llamó la atención sobre puntuales disparidades en las  dimensiones de algunos muñecos y objetos. El gallo tiene probabilidades, atendiendo a estas observaciones, de ser un espectáculo atractivo en el panorama teatral de la provincia.

Sport shirt fue la segunda propuesta de Los Elementos, presentada en La Casita del Prado, de Cumanayagua. Martínez tomó el texto del argentino Daniel Veronesse, y lo reacomodó en una lectura que pasa por la soledad, la angustia y la imposibilidad de acción del personaje femenino. El unipersonal con un buen desempeño actoral de Yaneisy Román, sin embargo, se reciente en su ritmo y progresión dramática en varios momentos de la obra. Una mujer encerrada en una caja y vestida con una "blusa" también de cartón, narra la supuesta historia del abuso al que ha sido sometida por parte de su cuñado y el posterior asesinato de este, sospechamos, que por ella misma. El empleo de la caja como único elemento escenográfico podría de algún modo enfatizar el encierro en el que esta mujer solitaria ha vivido, la cárcel que le espera, el estrado desde donde ha confesado y la fragilidad en la que se ha mantenido. Sin embargo, todas estas posibilidades se vuelven retóricas e ineficientes en la medida en que transcurre la obra y la caja más allá de convertirse en un obstáculo con el cual el actor debe trabajar y crear niveles paralelos de interrelación, se vuelve en su contra y deviene un elemento entorpecedor en la progresión dramática y en las acciones.

Un sabroso helado hecho en la Empresa Láctea de Cumanayagua, famoso en esos parajes, fue el colofón del agitado día en las afueras de la ciudad. El Jovero, sede de vida y trabajo del grupo, es un sitio donde arraigaría mi casa. Ideal cobija para quien prefiere el monte, los sonidos de los "bichos" del campo y la lentitud del tiempo. Semejante a la experiencia de Teatro Escambray, el grupo mantiene un contacto directo con la comunidad, produce lo que consume y ha establecido la infraestructura necesaria para sostenerse y desarrollar la labor comunitaria desde su sede. Apenas unas breves horas no son suficientes para ofrecer una valoración, pero sospecho que aún los actores y el equipo de trabajo siguen apostando por ese camino.  Aún retengo en mi pupila las hermosísimas y rotundas imágenes de Inmigrantes, vistas hace más de una década en la sala Alejo Carpentier del Gran Teatro de La Habana. Quiero más de eso, aunque estoy consciente, ingenuidad aparte, de que el tiempo pasa, los cambios imponen otros cambios. Pero tengo fe en el espíritu del hombre y en su constante búsqueda del sentido del aquí y ahora.

La cita en Cienfuegos también me dejó deseos de hacer más, de seguir hablando de teatro con los compañeros de viaje. Tuvimos la suerte de estrenar el hostal de la sede de la UNEAC, ubicado frente al céntrico Parque Martí. Desde allí diseñamos "nuestras operaciones" que pocas veces escaparon del programa concebido. La intensidad de los días, las anécdotas que siempre salpican las conversaciones, los breves paseos en busca del oportuno café y alguna que otra salida en busca de lo imprescindible, permitieron una magnífica convivencia.

En la noche, horas antes de abordar la Yutong que, frío y borrachos por medio, nos devolvía a casa, sostuvimos el último encuentro con los teatristas que participaron del Taller. Debo decir que la mayoría estuvo atenta a las conversaciones y a la muestra, algo que ha sido una rareza en algunos encuentros similares. Esa noche en el patio de la UNEAC comentamos de la posibilidad de dejar la puerta abierta, de no obligarnos a esperar al año próximo y de lo beneficioso que sería ir revisando y asesorando los espectáculos aún en proceso antes de su estreno. La Sección de Crítica durante muchos años ha intentado, algunas veces lo ha conseguido, diseñar un programa sistemático en el que críticos y artistas de todo el país pueden verse las caras con mayor frecuencia y dialogar desde las ideas, desde lo propositivo para ir creando, colectivamente, los posibles diversos y plurales rostros del teatro cubano actual.
  

 

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