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“Una fotografía no es el mero
resultado del encuentro entre un
acontecimiento y un fotógrafo;
hacer imágenes es un
acontecimiento en sí mismo… Una
vez terminado el acontecimiento,
la fotografía aún existirá,
confiriéndole una especie de
inmortalidad (e importancia) de
la que jamás habría gozado de
otra manera. Mientras personas
reales están por ahí matándose
entre sí o matando a otras
personas reales, el fotógrafo
permanece detrás de la cámara
para crear un diminuto fragmento
de otro mundo: el mundo de
imágenes que procura sobrevivir
a todos.”
Susan Sontag, crítica e
historiadora de la fotografía
universal, me sigue pareciendo
una voz ineludible cuando se
trata de escribir unas líneas
sobre una manifestación que
revolucionó el curso todo de la
historia del arte occidental.
Asimismo la cita de Sontag nos
previene de la interesante
dualidad de dos hechos que
suceden en una manifestación tan
relacionada con el reflejo de la
realidad misma: primero, el
fotógrafo como hacedor de
imágenes que se eternizarán y
segundo, su capacidad para crear
otro mundo, supuestamente tan
real, que, una vez fotografiado
se perpetuará por siempre.
En su muestra Fotografías
recientes en el Centro
Hispanoamericano de Cultura,
Pedro Meyer, artista consagrado
y uno de los principales
protagonistas de la historia de
la fotografía mexicana desde la
segunda mitad del pasado siglo
hasta la actualidad, vuelve una
vez más a resignificar en sus
imágenes ese quehacer de la
fotografía concebida como una
creación en sí misma: “Estoy muy
consciente —ha escrito y
publicado bajo el título “El
pincel de la cámara”— de que a
los defensores de la ‘imagen
directa’ les gustaría retener el
aura de veracidad de la
fotografía, aún cuando todos los
hechos apuntan en contra de tal
argumento. La fotografía es un
mero fragmento de evidencia de
algo que tuvo lugar frente a la
cámara, no un fragmento de
realidad como algunos gustarían
interpretar.”
Las fotografías se muestran,
ahora, como una expresión,
además, de la contemporaneidad
de su labor aplicando las nuevas
tecnologías digitales. Y está
claro que, para Meyer, estas
herramientas proporcionan
posibilidades de realización y
factura más logradas y cada vez
más imaginativas.
Como pensador y teórico del arte
que cultiva, la capacidad
virtual de estos medios
digitales no otorga
imaginación, ni debe ser un
factor de alejamiento del
concepto mismo de fotógrafo
profesional, sino que, como él
mismo ha resaltado, la
computación otorga mayores
opciones de realización que
permiten, como ha afirmado en su
artículo “Una fotografía es una
fotografía”, una “precisión en
el corte y edición de la imagen
(que) era inimaginable en el
pasado.”
La palabra fotografía, nos ha
recordado Meyer, quiere decir
“escribir con luz”: “nunca en mi
vida tuve una experiencia más
cercana a realmente escribir con
luz que lo que he tenido en años
recientes, cuando, al amparo de
una lápiz electrónico, he podido
mover a voluntad todos esos
píxeles que capturé con mi
cámara digital o fueron
escaneados de una película.” Y
no solo esta reescritura que
para él es la fotografía, sino
también “la opción de definir y
combinar estilos, lo que habría
escapado a la mayoría de los
practicantes de la fotografía en
el pasado”. Como todo creador
honesto consigo mismo y con su
público, y en su afán
investigador, Meyer se cuestiona
en sus reflexiones, una y otra
vez, qué tendencia, estilo o
signo, engloba este nuevo
quehacer en la fotografía
realizada, verificada, terminada
con medios digitales:
“¿Es acaso esto un ‘neo-pictorialismo’?
¿O quizá un nuevo
‘neo-realismo’? ¿O incluso algo
totalmente nuevo y diferente?”
se pregunta.
Cualquier respuesta, por
supuesto, pienso que la
tendremos en estas últimas obras
suyas en las que el fotógrafo
explora sus “opciones para
expresarse por medio del empleo
de recursos digitales” y en
temas que “son tan variados como
la vida misma”, como escribe en
sus palabras al catálogo
firmadas por él en Coyoacan en
este año 2009.
Como también ha escrito en el
catálogo de su exposición, “para
muchos de los que creamos, la
última creación es la que más
nos mueve, esa que nos abre el
espacio para interrogarnos sobre
nuevas inquietudes o que abre
ese intervalo del presente en
vía hacia el porvenir en que
queremos adivinar lo aún
desconocido”. Caminos
ciertamente ignotos aún, Meyer
nos deja estos últimos ensayos
fotográficos, como una muestra
de su amistad por Cuba y los
cubanos. |