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También el tiempo define una
época. Llámese cronológica o
analógica, la aceleración a que
nos tiene sometido el desarrollo
tecnológico y la compleja
realidad social de hoy, hacen
que diez años sean el
equivalente a diez siglos en la
Antigüedad. Quien lo dude,
deténgase a pensar. De ahí que
al cumplir el nuevo siglo su
primera década, sea pertinente
volver sobre lo hecho, no solo
para encarar los nuevos desafíos
y continuar, sino también para
recapitular y celebrar.
Así lo ha entendido el Centro
Cultural Pablo de la Torriente
Brau al celebrar los primeros
diez años de uno de sus
programas más importantes: el
Salón y Coloquio de Arte
Digital. Su ubicación temporal
fue su primer reto; mantenerse
desde ella y proyectarse hacia
el ámbito cultural del país con
evidentes resultados a su favor,
es, hoy por hoy, su mejor
tarjeta de presentación. Su
apego a aquellas manifestaciones
que, de algún modo, han marcado
la renovación de nuestra
identidad visual, oral y sonora
en el decenio, bien habla sobre
su contribución a la continuidad
de la cultura nacional. Y entre
estas destaca la que nos ocupa,
el cartel. No de otra forma
podía ser. Pasarse el Centro
Pablo sin una exposición de
carteles en este aniversario del
arte digital cubano habría
significado obviar una de las
vertientes que mejor identifican
su hacer: su interés por
mantener viva la tradición de
una escuela de cartel entre las
nuevas promociones de
diseñadores gráficos cubanos. De
ahí que en el décimo aniversario
de este evento nacido como “una
apuesta a favor de la
imaginación y la belleza” no
podía faltar este medio de
comunicación visual, tan dado a
testimoniar sobre fechas y
acontecimientos, y a
perpetuarlos con inteligencia y
belleza.
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A tal efecto, se convocó a diez
cartelistas del patio,
representantes de diversas
generaciones y tendencias
estéticas, para refrendar este
aniversario con imágenes, bajo
el sugestivo título 10 X 10: 10
años de Arte Digital, esto es,
uno por año. La probidad del
empeño y lo encomiable del
resultado está fuera de toda
duda. Diez carteles y un único
mensaje: celebrar y perpetuar lo
realizado en estos nuevos,
inquietantes territorios de la
creatividad, con lo que se pone
de manifiesto el sentir y el
decir de aquellos que, durante
todos estos años, han
contribuido a hacer del Centro
Pablo lo que es, un espacio
imprescindible del acontecer
cultural de la capital y, por
extensión, de la nación, en el
que no ha faltado la presencia
solidaria del arte de diversos
países, ni los vínculos con
otros espacios de creación
foráneos. Venimos del mundo y
vamos hacia él. Quien lo dude,
deténgase a pensar, tal y como
lo han hecho los diez
cartelistas que, a diez años del
inicio de una trayectoria
cultural en más de un sentido
estimulante y positiva, le
rinden homenaje al arte digital
cubano y al Centro Pablo con
esta exposición. |