Año VIII
La Habana
14 al 20
de NOVIEMBRE
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El arte digital, el Taller La Siempre Habana
y los artistas cubanos

Carina Pino Santos • La Habana

 Fotos: La Jiribilla

 

Las imágenes estaban allí, muy nítidas y reconocibles para todos: tórculos, prensas, formas y figuras que habían sido talladas en grabados —ahora aumentadas mil veces por el lente—, pinceles, tintas, gubias, matrices, herramientas e instrumentos habituales en todo taller de gráfica de hoy. Sin embargo, las veíamos transformarse en máscaras puntillistas, viejitos durmiendo sobre sombreros de raras damas del siglo XVII, extrañas criaturas, abstracciones, mujeres pop con gafas, sirenitas ínfimas, torniquetes, papirotes, y así, en una lista sinfín de trasmutaciones sin nombre.

¿Qué estaba sucediendo ante nuestros ojos? Treinta artistas trabajaban sobre tomas digitales de la cámara de Juan San Juan, fotógrafo y editor de gráfica digital mexicano quien las amplió e imprimió en 15 telas con imprimatura que viajaron desde Coyoacán, México, o sea, fueron traídas del Taller La Siempre Habana del artista cubano Luis Miguel Valdés, a quien, por cierto, se le homenajea en este X Salón de Arte Digital como uno de los pioneros, junto a Frémez, en la introducción del arte realizado con estos nuevos medios en Cuba.

En realidad —nos reveló San Juan— es una segunda experiencia, pues la primera fue en la Fundación Sebastián, cuando 17 telas fueron impresas con fotos de la publicidad política mexicana, y fueron intervenidas por el pintor mexicano, Eloy Tarcisio, director de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda, en el Centro Nacional de las Artes en Coyoacán. Al mismo tiempo una cantante, Tanana, vocalizaba mientras pintaban en las lonas, enriqueciendo el acto artístico.

A partir de este trabajo, a ambos, Luis Miguel Valdés y Juan San Juan, unidos en la vida artística (pues ambos compartieron la planta alta y baja del primer Taller en México antes de separar sus espacios artísticos) la idea les pareció magnífica. Ahora se trataba de que el público asistiera al proceso en sí y la intervención sería un happening. Se llamaría Arte sin fronteras, invocando el célebre concierto de Juanes en la Plaza de la Revolución, mas ahora refiriéndose al hecho de que “no existe lindes entre el arte digital y el arte”, me asegura Luis Miguel. De modo que trajeron las telas con las impresiones fotográficas realizadas por San Juan del Taller de Gráfica La Siempre Habana, por donde “han pasado a lo largo de estos diez años muchos artistas cubanos, todos de primera línea”, como expresara en entrevista Luis Miguel a la periodista Estrella Díaz. Imágenes sobre las que los artistas pintarían con acrílico. Y si bien la idea inicial fue la de incorporar a los cubanos que han trabajado en La Siempre Habana, ya en la Isla y al calor del propio evento, se abrió a todos los participantes en el salón y a todos los que quisieran aunarse e incluso pintar sobre una misma tela.

“Se vuelve como una fiesta” me dice Luis Miguel, mientras le ayudo a liberar las presillas y enrollar telas que, al amenazar una llovizna, en la tarde del viernes 6 de noviembre, nos vemos prestos a bajar al patio techado de abajo del Centro Pablo.

Un cuarto de siglo ha transcurrido desde aquellos primeros experimentos que realizara Luis Miguel, a quien pudieran haber considerado no muy cuerdo, cuando recién llegada al Instituto Superior de Arte (ISA) la primera computadora comenzó a realizar los trabajos artísticos iniciales, para los que se ayudó  de amigos y del Instituto Pedagógico de Pinar del Río, su provincia natal, en esta etapa de producción de las primeras obras con ordenador.

En 1989, por primera vez puede disfrutar de aquella experimentación. Ha producido dos videoclips con música de Pablo Milanés y las imágenes hechas en ese programa —todavía sin mouse, que trabajaba en el Instituto Superior de Arte y que luego en Pinar del Río pasaba a video, como explica el artista en la entrevista citada a Estrella Díaz— las estrena en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, donde coincide, ¿nada menos? que con Robert Redford quien presentaba, entonces, su filme Habana.

El Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, pionero también en abrir los caminos al dominio de las herramientas proporcionadas por las nuevas tecnologías, invitó a la realización de esta intervención  con varios objetivos: el homenaje a Luis Miguel Valdés como iniciador del arte digital en Cuba antes mencionado, la participación de artistas cubanos en esas imágenes que representan al Taller La Siempre Habana —sitio de concurrencia de importantes artistas gráficos cubanos y latinoamericanos—, la celebración del décimo aniversario pronto a cumplirse de ese centro de creación, y finalmente, pero no menos importante, el colofón del X Salón con todos estos artistas interviniendo libremente en las telas como festejo final de diez años de esfuerzos revertidos en una trayectoria ya enriquecida.

Rigoberto Mena, Zenén Vizcaíno, Luis Miguel Valdés, William Hernández, Eduardo Abela, Octavio Irving Hernández, Manuel López Oliva, Adigio Benítez, Rafael Zarza, Ever Fonseca, Agustín Bejarano, Aziyadé Ruiz, entre tres decenas de nombres relevantes de la plástica cubana, además de la integración al grupo de la argentina Alicia Candiani, permitieron, gracias a su generosidad, un trabajo vivaz que honró a Luis Miguel Valdés, al Salón y a los artistas cubanos quienes, pese a carencias y dificultades, han logrado sostener una indagación plástica con los nuevos recursos de la tecnología, aunque estos no deben de separarse de cualquier otro soporte o medio para crear el arte contemporáneo, en ese único concepto que signa al arte, a un arte sin fronteras ni apellidos, que es el verdadero arte en cualquier parte del mundo.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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