Año VIII
La Habana
2009

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César López y Habana Ensemble
Clásicos de Cuba
Joaquín Borges-Triana • La Habana

 

He tenido el privilegio de ser testigo de la evolución como artista del camagüeyano César López, desde que allá por la segunda mitad de la década de los 80, cuando él apenas era un adolescente, inició su carrera musical como parte del grupo acompañante del admirado Bobby Carcassés. Por entonces, yo era estudiante de periodismo y César recibía clases de saxofón en la Escuela Nacional de Música. Ha transcurrido el tiempo y algo más de 25 años nos separan de aquellos días en que ambos coincidíamos en las maravillosas noches de jam sessions que se desarrollaban en el club Maxim.

En ese período, asistí al paso de este músico por las filas de Irakere, hasta la fundación de su propio grupo, Habana Ensemble (integrado en la actualidad por Alexis Bosch, piano y teclados; Ruy Adrián López-Nussa, batería y timbal; Yorbanys Córdoba, congas y percusión; José Ermida, bajo eléctrico y acústico; Joaquín Moré, voz y percusión menor; Emilio Martiní, guitarra eléctrica y acústica; además de César López en el saxo alto y el soprano), colectivo que ya también puede ser considerado como una escuela en la que diversos instrumentistas han culminado la formación docente recibida en las aulas, pero que se valida como tal en el ejercicio directo de la profesión.

De cierta forma, la noche del 17 de mayo de 2008 significó para César López y Habana Ensemble el reconocimiento al esfuerzo que ha implicado llevar adelante esta agrupación. En dicha fecha, ellos recibieron uno de los grandes premios entregados en la emisión correspondiente del Cubadisco, gracias al fonograma titulado Clásicos de Cuba y que sale al mercado a través del sello Bis Music. Es cierto que recibir un premio en el mundo artístico no siempre es sinónimo de total justeza porque en ello inevitablemente hay la dosis de subjetividad de la que ningún jurado puede desprenderse por completo, pero también resulta verdad que obtener determinado galardón, al que muchos han aspirado, representa una forma de legitimación a la que no debemos renunciar. Por ello, para César y sus músicos tiene que resultar un motivo de legítima satisfacción haber salido del teatro Carlos Marx con la más ansiada distinción de la discografía cubana.

No dudo en afirmar que este álbum representa la madurez plena de César López y Habana Ensemble, pues por su nivel de complejidad fue un reto asumir algo así. Concurrí al concierto que, efectuado en el Amadeo Roldán, aparece registrado en el fonograma y que sirvió para celebrar en 2007 el décimo aniversario de la agrupación. Para aquel memorable festín, César planificó una entrega especial: hacer acompañar a su banda por la Orquesta de Cámara de La Habana, formación encabezada por el holguinero Iván del Prado quien, para mi gusto personal, resulta el más sobresaliente director sinfónico entre los varios que existen en el presente en nuestro país.

La combinación entre un grupo de jazz y una formación cameral no es muy corriente y preparar el repertorio para el concierto debió demandar de los implicados en el mismo un notable esfuerzo, no solo para el momento de la presentación, que por demás iba a ser grabada para la edición de un disco, sino en particular para todo el proceso previo, que abarcó la selección de los temas a montar, la confección de las orquestaciones, la transcripción de las partituras de cada uno de los instrumentistas involucrados y el ensayo del material a tocar, tanto por separado cada una de las dos partes, como de conjunto.

Téngase en cuenta que tal cúmulo de acciones había que hacerlas sin dejar a un lado el trabajo cotidiano que los integrantes de Habana Ensemble y de la Orquesta de Cámara de La Habana desarrollan en sus respectivos proyectos y de manera individual. De ahí que el resultado final haya que valorarlo doblemente, no solo por el altísimo rigor estético que se percibe en los nueve cortes incluidos en el CD Clásicos de Cuba, sino también por lo que debe haber representado en cuanto a esfuerzo y desgaste personal haber acometido un proyecto como este.

Un primer acierto del fonograma radica justo en el repertorio escogido para la ocasión. Es verdad que bajo el rótulo de “clásicos de Cuba” podrían mencionarse otras muchísimas composiciones que no están en este disco, pero las que aquí han sido plasmadas, sin discusión alguna pertenecen a tal selecta categoría. A lo anterior se añade que a la hora de seleccionar, había que tener en cuenta que fuesen temas con líneas melódicas lo más amplias posible, lo cual facilitaría el desempeño del instrumento solista. Hay un relativo énfasis en canciones que se inscriben dentro de la corriente del filin, algo comprensible si se piensa en lo que dicho movimiento representó en la historia de nuestra música en cuanto a dar origen a una renovadora concepción armónica del bolero y que no poco le debe al horizonte del jazz, género en el que los miembros de Habana Ensemble se mueven como pez en el agua.

Entre los compositores seleccionados por César López para interpretar en este álbum sus melodías están César Portillo de la Luz (“Noche cubana”), José Antonio Méndez (“Quiéreme y verás”), Ángel Díaz (“Rosa mustia”), Marta Valdés (“Tú no sospechas”), Julio Gutiérrez (“Llanto de luna”), Piloto y Vera (“Scherezada”), Sindo Garay (“La tarde”), Tania Castellanos (“En nosotros”) y Pablo Milanés (“Tú mi desengaño”). A partir de los temas elegidos de tan destacados creadores de la cancionística nacional, se hicieron un conjunto de orquestaciones para integrar de manera orgánica la sonoridad de un grupo como Habana Ensemble con la procedente de una formación como la Orquesta de Cámara de La Habana, arreglos que corrieron a cargo de Alexis Bosch, Emilio Martiní y el propio César López. Quiero resaltar este trabajo porque pienso que ahí está la base de los notables resultados alcanzados al final. Las orquestaciones lograron que ninguna de las dos partes involucradas en tan difícil aventura viese disminuido su intervención en el proyecto a un papel de segundo plano. Por el contrario, cada una de ellas complementa a la otra, con lo cual grupo y orquesta son protagonistas en conjunto del hecho musical.

Algo que me maravilla en particular es el sonido registrado en los pasajes de cuerdas, que no funcionan como simple apoyatura o colchón sino que nos transmiten una personalidad específica, la que Iván del Prado le ha inyectado a esta formación cameral, en la que la afinación resulta laudatoria, cosa que no siempre pasa con tales instrumentos entre nosotros. Sobre dicho respaldo, brilla el concepto improvisatorio proveniente del jazz, pero de una forma contenida, sin caer en excesos. En ese sentido, si bien todos los integrantes de Habana Ensemble hacen bien lo suyo, junto al desempeño de César como saxofonista, creo que hay que felicitar lo hecho por Alexis Bosch desde el piano y a Emilio Martiní en las guitarras eléctrica y acústica. De igual modo, el cantante Joaquín Moré se revela una vez más como uno de los buenos vocalistas de nuestra música popular en el presente.

Otro aspecto que hace de Clásicos de Cuba un fonograma impresionante, entre los mejores registrados en nuestro país en lo que va de siglo XXI, es la calidad de la grabación, a cargo de un equipo de técnicos al frente de los cuales figuró Eduardo Pérez, quien supo colocar cada plano en el lugar preciso, para que ningún detalle se perdiese en el contexto de toda la masa sonora. Con diseño del artista de la plástica Reinerio Tamayo, en el CD el saxofón de César funciona como hilo conductor y protagonista principal de la grabación, con ese saber hacer al que López nos ha acostumbrado desde los ya lejanos años 80. Así pues, como se afirma en la enjundiosa nota de presentación del álbum y que está escrita por Gustavo Falcón:

“En cualquier caso este disco es un testimonio más de la grandeza, versatilidad y capacidad de fusión de nuestra música y así mismo de la pericia de nuestros músicos, de la riqueza polirrítmica y sonora de nuestros géneros musicales y de la belleza inmortal de algunas de las grandes melodías nacidas del genio del pueblo cubano, de cuyos autores con justicia se enorgullece y a quienes esta entrega también honra”.

 
 
 

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La Habana, Cuba. 2009.
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