Las tardes del Malecón
 

A través de un calado jirón de nube, rosa
por el último rayo del sol agonizante,
luce Venus su fuego de pulido brillante
y la luna su espectro de palidez medrosa.
El crepúsculo acaba. La tarde silenciosa,
avanza lentamente, y el manto acariciante
de sus velos, extiende sobre el rizo constante
de las ondas, que mueren en la orilla rocosa.
Ha expirado la rubia luminaria del día
y, mientras que descansa el Morro su grandeza
sobre la dura margen de la costa bravía,
simulando la sombra de un gigante tendido,
la noche, calurosa, descansa su pereza
sobre la superficie del mar adormecido.
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Este soneto pertenece al escritor cubano Carlos Martínez Baena. Fue publicado en 1920 en la revista Castalia. El Malecón ha sido uno de los motivos más recurrentes en las obras premiadas en los Salones de Arte Digital del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau.