Año VIII
La Habana
2009

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 CRÓNICAS DE LA REVOLUCIÓN 
CAMILO Y CHE (XXXVIII)
William Gálvez • La Habana
 

CHE: “Septiembre 21.- Estamos encontrando muchas dificultades para obtener buenos prácticos. Los campesinos de esta zona son peones de los ganaderos que mantienen grandes haciendas cuya administración es llevada a cabo como los señores de horca y cuchillo. Conseguimos un práctico que de mala gana nos lleva a las orillas del río Durán o Altamira. Acampamos en la finca Ojo de agua y comemos vaca asada.”
 

Al parecer Che no tuvo los problemas de Camilo con la brújula, ya que él era un experimentado alpinista, y por medio de ella se encaminaron al oeste. Luego de mal andar un poco más de una legua, en las primeras horas del domingo hicieron un alto a la orilla del río Altamira o Durán. Cerca de allí encontraron el bohío de Israel Manzo. Con él la vanguardia conoció que la Antonio Maceo acampó en esa zona y de la aparición de la pareja de guardias exploradores. También indicó un lugar de mayor seguridad para vivaquear.
 

Luego de la debida exploración se mandó a buscar el resto de la tropa encabezada por el comandante Guevara, quienes se trasladan pasado el meridiano para montar el nuevo campamento, en la finca Cimarrón, situada en la zona de Ojo de Agua, bastante cerca del mar, con concentraciones militares en los alrededores, como apareció en el parte anterior.

En la primera hora mañanera se ubicaron en un humilde bohío y sus alrededores, la mujer de Anastasio Agüero, que estaba sola, a pesar de atenderlos se puso nerviosa al ver a los barbudos y peludos. Su esposo estaba trabajando la tierra, al regresar en horas de la tarde, encontró su casa llena de rebeldes. Che habló con él y entre otras cosas le pidió que le vendiera cuatro cerdos, el campesino alegó que dos eran hembra, por tal razón se pudieron contar con el par de machos.
 

Un vecino que fue a curiosear estuvo dispuesto a servir de guía hasta la zona de Baraguá. Varios columnistas fueron a comprar en una bodega no muy lejos. Entre las cosas que pudo conocer Guevara fue la protección que dio el mayoral de la finca Cimarrón a la pareja de soldados exploradores, y que desde su casa, donde había un teléfono avisaron de la ubicación de la Antonio Maceo, por lo que era de suponer que ellos también estaban denunciados, como realmente sucedió.
 

Además de la información transmitida por este señor, supieron que el guía Regino González puso al tanto a un soldado amigo de sus servicios a los rebeldes. Lo anterior apareció en uno de los partes del ejército. Ya de noche pudieron disfrutar de la comida. Más tarde varios invasores fueron en busca del mayoral Ramón Peláez, de la finca del Cimarrón. Mientras lo trasladaban ante Guevara, otros se quedaron en su casa para evitar que realizaran alguna llamada, dándose el caso de que uno de ellos pudo escuchar por el teléfono, pues era de línea abierta, la orden de que la tropa que estaba en el embarcadero de Santa María se retirara, ya que los insurgentes habían pasado, luego escuchó la contraorden. Rápidamente se informó al comandante.
 

El mayoral, negó ser colaborador de los militares, aunque reconoció que los guardias hicieron la llamada desde su casa. A pesar de su negativa Guevara sabía que mentía. No obstante, para que la familia no se preocupara, lo envió custodiado a dormir a su casa. Como no podían conocer la verdadera ubicación del enemigo, el jefe invasor consideró mantenerse en el mismo lugar y mandar exploraciones al amanecer. Descansaron en el monte de marabú.

 

SEPTIEMBRE 22: Cerca de la una de la madrugada de ese día, los columnistas de la No. 2 se vieron obligados a detener la marcha y acampar, pues estaban extraviados algunos invasores —entre ellos Pinares y otros tres oficiales—, quienes aparecieron cuando ya amanecía.

Si la jornada anterior fue difícil, esta transcurrió sin problemas. Comieron bien y descansaron en terrenos de la finca San Nicolás, sin la tensión ni la preocupación de saberse rodeados por el enemigo. Alrededor del mediodía se escucharon ruidos de carros y disparos en dirección de la línea férrea. Suponían que se trataba de algún traslado de tropas del Ejército. A media tarde cayó un buen aguacero, y eso, indudablemente, los favorecía: los caminos se hacían intransitables para los vehículos, lo cual evitaba la persecución enemiga, por supuesto más desagradable que la empapada que nos dimos, la que ya era cotidiana.
 

Partieron después de comer y cruzaron el terraplén desde el pueblo de Florida, al norte de la posición insurrecta, hasta la playa de Santa María del Sur, que también era patrullada, pero pasaron sin dificultades, tratando de no dejar rastro.

 

CHE: “Septiembre 22.- “No tenemos prácticos. Sin ellos atravesamos la finca Arizona y acampamos en Chicharrones. Se nos une un práctico que nos indica que está cercana la línea férrea y nos recomienda no la crucemos.”
 

Realmente los nombres que menciona Guevara no aparecen en el mapa y Joel dice en su libro que se encuentran en la finca Cimarrón, también lo vemos en el parte del ejército, pero lo histórico no es el nombre, sino el hecho, y a él vamos. Bien temprano en la mañana llevaron al mayoral al campamento. La casa quedó con vigilancia. Se le indicó que buscara una res para la comida, pero regresó alegando que no pudo capturarla. Sin embargo, Anastasio, el campesino de la casa sí pudo hacerlo. Pasado el meridiano se ordenó una exploración en el cruce de la vía del tren. Estaba limpia de peligro.
 

El rancho se efectuó al final de la tarde y poco después ya estaban caminando, con el guía Leandro García. El mayoral también ayudaría en esa tarea, aunque lo llevaron detenido, pero cuando pasaron por su casa, pidió que su hermano lo sustituyera, pues él se sentía mal. Tanto él como la familia estaban muy nerviosos, conscientes de sus relaciones con los aforados, pensaba que nada bueno les esperaba en el camino. El comandante aceptó, pero les aclaró que cualquier delación, costaría la vida a su hermano Benjamín.
 

Antes de partir, dos columnistas plantearon no poder continuar uno, por su estado físico, fue de los salidos de Oriente y el otro por estar mal de salud, era de los incorporados el pasado 17. El primero Evodio Martínez, pudo llegar a su región, el segundo, Fernando Diéguez Pupo, fue detenido y asesinado por los guardias en la zona de Vertiente.
 Posteriormente José C. Pérez se incorporó a las huestes insurrectas de la Sierra Maestra. Restando 3, quedan 145 columnistas en la Ciro Redondo.

 

SEPTIEMBRE 23: Aproximadamente a las cinco de la madrugada de ese día, los camilistas acamparon en un pequeño cayo de monte, rodeado de pantanos y con una plaga superior a la habitual. A pesar de haber andado durante diez horas el camino estaba en tan malas condiciones que solo avanzaron unos 10 km. A media mañana se envió una exploración en la que iba Almanza, quien habló con dos conocidos, los que aceptaron servir de guía por 8 ó 10 km. Uno, Eutimio Hernández; del otro no se ha podido conocer su nombre.
 

Ese día no hubo comida. Como el tupido monte les permitía avanzar aunque hubiese claridad, se inició la marcha a las 16:00 horas. El camino era malo, entre manglares, marabuzales y pantanos. Al fin alcanzaron terreno firme, pero sin vegetación. Se decidió esperar a que anocheciera para seguir andando.

De aquí en adelante el camino mejoró algo, pero no faltaban sus buenos fangales. Después de más de dos horas de marcha, se llegó cerca de un terraplén, hasta donde los prácticos dijeron conocer. Esa vía lleva a las arroceras de los Aguilera y era patrullado, por lo que hubo que seguir a través de potreros, con el consiguiente retraso en el avance. También demoraba la marcha las cercas de alambre de púas que debían cortar y empatar nuevamente, para que el enemigo no descubriera su rumbo. Amaneciendo acamparon en los montes de Cayo Toro.


CONTINUARÁ
 

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La Habana, Cuba. 2008.
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