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Por estos días, como
hace ya 31 años,
converge en Cuba el cine
latinoamericano: las
prodigiosas
cinematografías y las
que están en ascenso,
las que han quedado
rezagadas y las que solo
traen una o dos de sus
escasas producciones.
Los grandes cineastas y
las jóvenes promesas.
Los consagrados y los
que vienen con miles de
sueños escritos apenas
en un guión. Para
premiarlos, una decena
de expertos acompañan a
los espectadores en el
cine y vuelven luego a
verlas cuidadosamente:
aplausos y objetividad,
críticas y algo de sazón
individual podrían ser
las claves para
enfrentar lo que ya se
anuncia como una
constelación de filmes.
Para algunos críticos,
el 31 Festival del Nuevo
Cine Latinoamericano se
distingue por la
excelencia de las obras
en concurso.
Lucía Murat confiesa que
este panorama la
estimula y la inquieta.
Conoce muy bien el
Festival de La Habana
―el año pasado se ganó
al público con Maré,
una historia de amor―
y esta edición viene por
primera vez como jurado.
Lucía se formó primero
como periodista y luego
apostó por el cine. De
joven, integró la
guerrilla brasileña y
fue llevada a prisión en
los años más crudos de
la dictadura. Sus
primeras películas y las
que aún hace, transmiten
esa pasión por la vida
de quien mucho tuvo que
luchar por la suya. El
mundo entero la reconoce
como uno de los autores
prominentes de la
prodigiosa
cinematografía
brasileña.
La autora de Maré,
una historia de amor,
viene esta vez a premiar
las mejores obras de
ficción del concurso.
¿Cuándo dice: esta
película es buena?
Cuando me toca el
corazón. Lo más
importante en una
película es que tenga
vida, que sea profunda y
que te marque
definitivamente. Es la
primera vez que vengo de
jurado, pero conozco
este festival. Las
películas que se
presentan aquí son las
mejores películas
latinoamericanas del
año. Para mí es muy
interesante siempre
porque encontramos un
panorama muy general de
cómo anda no solo el
cine latinoamericano,
sino lo mejor del cine
latinoamericano. Muchas
de las que se exhiben
este año ya han estado
en importantes
festivales como el de
Berlín o el de Cannes.
Usted pertenece a una
generación muy cercana a
la que vio nacer al
Nuevo Cine
Latinoamericano. ¿Por
qué caminos anda hoy
este movimiento, si cree
que lo podemos
considerar como tal?
¿Dónde están su fuerza y
sus debilidades?
Nuevo Cine
Latinoamericano es un
nombre que tiene 30
años; pero para mí es
una cuestión de
historia. Todo el mundo
no lo logra ver así
porque no tienen la edad
que yo tengo. Cuando
estábamos en los 60, el
cine tenía una carga de
denuncia muy fuerte;
pero hoy la fuerza viene
de la diversidad, de los
jóvenes que tienen
nuevas preocupaciones,
que viven en nuevos
tiempos. Buscan la
autoralidad, la
profundidad, buscan
comprender. Y aún
tenemos un problema de
distribución muy fuerte,
porque la industria
americana tiene un gran
peso.
¿Qué aporta Brasil a
este panorama?
Hacemos unas 50 ó 60
películas al año. Brasil
es un país muy
diversificado, tiene
culturas muy diferentes,
y eso es precisamente lo
más importante que
aporta el cine
brasileño: que no se
queda estancado en
lugares comunes.
Evidentemente, el tema
de la violencia en las
ciudades es un tema muy
fuerte.
Algunos de sus trabajos,
como el documental O
Olhar Estrangeiro,
que hizo hace muy poco,
indagan sobre la visión
del Brasil que sostiene
el cine foráneo, sobre
todo enfocado hacia el
tema de género. ¿Cuánto
puede el cine
latinoamericano
transformar estas
visiones? ¿Cómo valora
la presencia femenina en
el cine que se hace en
nuestros países?
Ese es un documental que
me gusta mucho pero lo
hice casi por broma. Y
precisamente por este
tema de las mujeres. A
las brasileñas nos pasa
como a las cubanas,
somos clichés, incluso
entre los intelectuales,
pero sobre todo en el
cine menos autoral… que
trabaja y trabajan y no
se preocupa mucho por la
cultura del otro país.
Y eso me irritaba mucho.
Es un poco como cine
guerrilla: teníamos una
cámara y entrevistábamos
a la gente en los
festivales.
Observo una presencia
femenina muy fuerte en
nuestro cine. Es curioso
cómo en los más
importantes festivales
internacionales muchos
se sorprenden y
preguntan: “bueno, ¿cómo
en esa Latinoamérica
machista pueden las
mujeres destacarse tanto
en el cine, si nosotros
somos más?”. Y lo cierto
es que tenemos más
mujeres trabajando en
películas que en Europa
y que en EE.UU. No era
así en los años 70-80,
pero hoy hay una
cantidad y una calidad
muy grande. Y cada una
de ellas imprime su
sello y aporta nuevas
visiones sobre la
realidad que la
circunda, visiones
propias.
¿Apuesta por el cine de
autor en América Latina?
¿Cree que las películas
hechas por mujeres se
distinguen por ello de
las realizadas por
hombres?
Creo en el cine de autor
porque si se trabaja con
la industria te quedas
plastificado, como en
medio de una rueda en la
que no interesa si eres
mujer u hombre,
homosexual o
heterosexual… lo
importante es que
realices un trabajo que
haga que la rueda siga
girando. Pienso que en
el cine de autor tu
realidad importa mucho y
la comparten mujeres y
hombres a la vez, por
eso es que no creo que
las películas hechas por
mujeres sean distintas.
Al menos no hoy. En los
80, por ejemplo, sí
teníamos en
Latinoamérica un
colectivo de mujeres que
luchaban por una
participación en la
sociedad y eso influyó
un tanto. Tu realidad
individual también
determina tu obra.
¿La guerrilla y el
tiempo en prisión
determinaron la suya?
Sí, pero no
específicamente porque
trabajara el tema de las
prisiones o algo por el
estilo, sino porque a
partir de ahí sentía que
mi trabajo giraba cada
vez más sobre los temas
de la violencia, de la
tortura, de la sensación
de la supervivencia.
Desde entonces siempre
los tengo presentes, de
una forma o de otra.
Ahora mismo trabajo en
una película de ficción
que se llama Sala de
espera. Es una
reflexión entre dos
generaciones: la mía y
la de hoy, y estoy
trabajando también en
dos documentales: uno de
ellos trata sobre lo que
ha pasado con los indios
en el Brasil en los
últimos diez años. Esas
investigaciones me han
aportado mucho.
Usted disfruta su
profesión, se divierte
con ella…
¡Una película es un
mundo! Escribo y amo la
escritura de cine, adoro
las pesquisas. Y el
público es una caja de
sorpresas, es la mayor
satisfacción. |