Año VIII
La Habana

5 al 11
de DICIEMBRE
de 2009

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Fito Páez llegó a Cuba con Las manos al piano

Frank Padrón • La Habana

 Fotos: La Jiribilla

 

Entre Cuba y el argentino Fito Páez no solo hubo mutuo amor a primera vista sino de esos plenamente correspondidos, y al parecer, para toda la vida. 

El rockero nacido hace 46 años  en la provincia de Rosario pudiera haber dicho alguna vez como Lorca: “si me pierdo, que me busquen en La Habana”, y una vez más, la capital le recibe con los brazos abiertos, ahora desde su emblemático Festival de Cine. 

Y a propósito de esa manifestación, algunos se sorprenden aún cuando lo ven anunciado en una nueva peli, ignorando que la pasión del cantautor por el llamado séptimo arte es casi tan antigua como la que desde muy niño sintió por la música. 

Primero fueron  apariciones o actuaciones especiales en títulos tan significativos dentro de la cinematografía de su país en diferentes épocas como  Sur (1987) y El viaje (1990), de Pino Solanas, De eso no se habla (1993), de la Bemberg, o la multidirigida Historias de Argentina en vivo y La peli (2006), de Postiglioni; también paralelamente (aunque en realidad fue lo inicial) hubo colaboraciones en la banda sonora de filmes realizados por algunos de esos cineastas o de otros no menos importantes (Piaza, Subiela, Aristaraín, Maldonado…) de modo que, en puridad, no había que sorprenderse demasiado cuando un buen día, Fito decidió situarse definitivamente detrás de la cámara y comenzar a dirigir. 

Lo hizo modesta, pero atendiblemente en el mediometraje La Balada de Dona Helena (1993), partiendo de su propia canción homónima, y más tarde, ya más “en grande” a niveles de producción y dirección, los largos Vidas privadas (2001) y ¿De quién es el portaligas? (2007), aunque siendo honestos, los resultados no han sido muy aplaudidos por buena parte de la crítica. 

Como en todas sus acciones estéticas, como ha ocurrido con discos y conciertos, Cuba siempre ha estado entre los primeros países que las han recibido, lo cual ocurre también ahora, solo que con el músico y cineasta de “objeto” en vez de “sujeto” de la cámara. Se trata del documental Las manos al piano, que tendrá su premiére en La Rampa. 

Fito se llama Rodolfo 

Quizá muchos tampoco sepan que el nombre  artístico del cantautor es un diminutivo de su verdadero nombre: Rodolfo, el cual también titula el CD del año 2007 cuya grabación, justamente, recoge este testimonio fílmico codirigido por Fernando Rubio y otro caro amigo: el actor Gastón Pauls  (Iluminados por el fuego), el cual estrena productora (Rosstoc) de la que se encarga  junto a  Alejandro Suaya.   

Las manos…fue realizado mientras se grababa el fonograma Rodolfo en 2007 (mezclado en Circo Beat y editado en 2007 por Sony BMG) y muestra precisamente la relación íntima y esencial del músico con el cordófono. 

“Escuchar por primera vez un nuevo disco de Fito Páez es una experiencia enriquecedora, vital y movilizadora. Tan increíble como el resto de las escuchas, pero la primera vez es como ir descubriendo lentamente el velo a esas nuevas canciones y encontrarlas desnudas, repletas de fulgor, listas para vivir con nosotros para siempre como el mejor de los regalos. Así es Rodolfo  track por track”, escribió en su blog el colega Diego Passamonte. 

El amor (o la ausencia de este) en su variopinta y compleja paleta es el supratema del registro, encauzado y especificado en canciones como la hermosa Si es amor o Sofi fue una nena de papá (las desgarraduras de la soledad) o la melancólica Cae la noche en Okinawa, la hiperquinética (tanto como su autor) Siempre te voy a amar y la Zamba del cielo, donde Páez demuestra su apego a ese jugoso ritmo nacional; también hay creativos instrumentales tales como Nocturno en sol (que mezcla lo clásico al tango…que sabemos, no lo es menos) o Waltz for Marguie, sin olvidar un cálido homenaje a varios ilustres colegas en Gracias. 

Pero, como si fuera poco, en Las manos… tendremos también a ese otro Fito que, más allá de su faceta musical, es un grato conversador  que nos aporta lo que siempre queda fuera o hay detrás de cada pieza, para resumir con una frase lapidaria:  “Acá está todo lo que aprendí hasta el momento”. 

Y nosotros, espectadores agradecidos, también lo haremos de la música y el cine, de la vida que los nutre desde las manos, las teclas y la inspiración de esa galaxia llamado Rodol…fito Páez.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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