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Entre Cuba y el
argentino Fito Páez no
solo hubo mutuo amor a
primera vista sino de
esos plenamente
correspondidos, y al
parecer, para toda la
vida.
El rockero nacido hace
46 años en la provincia
de Rosario pudiera haber
dicho alguna vez como
Lorca: “si me pierdo,
que me busquen en La
Habana”, y una vez más,
la capital le recibe con
los brazos abiertos,
ahora desde su
emblemático Festival de
Cine.
Y a propósito de esa
manifestación, algunos
se sorprenden aún cuando
lo ven anunciado en una
nueva peli, ignorando
que la pasión del
cantautor por el llamado
séptimo arte es casi tan
antigua como la que
desde muy niño sintió
por la música.
Primero fueron
apariciones o
actuaciones especiales
en títulos tan
significativos dentro de
la cinematografía de su
país en diferentes
épocas como Sur
(1987) y El viaje
(1990), de Pino Solanas,
De eso no se habla
(1993), de la Bemberg, o
la multidirigida
Historias de Argentina
en vivo y La peli
(2006), de Postiglioni;
también paralelamente
(aunque en realidad fue
lo inicial) hubo
colaboraciones en la
banda sonora de filmes
realizados por algunos
de esos cineastas o de
otros no menos
importantes (Piaza,
Subiela, Aristaraín,
Maldonado…) de modo que,
en puridad, no había que
sorprenderse demasiado
cuando un buen día, Fito
decidió situarse
definitivamente detrás
de la cámara y comenzar
a dirigir.
Lo hizo modesta, pero
atendiblemente en el
mediometraje La
Balada de Dona Helena
(1993), partiendo de su
propia canción homónima,
y más tarde, ya más “en
grande” a niveles de
producción y dirección,
los largos Vidas
privadas (2001) y
¿De quién es el
portaligas? (2007),
aunque siendo honestos,
los resultados no han
sido muy aplaudidos por
buena parte de la
crítica.
Como en todas sus
acciones estéticas, como
ha ocurrido con discos y
conciertos, Cuba siempre
ha estado entre los
primeros países que las
han recibido, lo cual
ocurre también ahora,
solo que con el músico y
cineasta de “objeto” en
vez de “sujeto” de la
cámara. Se trata del
documental Las manos
al piano, que tendrá
su premiére en La
Rampa.
Fito se llama Rodolfo
Quizá muchos tampoco
sepan que el nombre
artístico del cantautor
es un diminutivo de su
verdadero nombre:
Rodolfo, el cual también
titula el CD del año
2007 cuya grabación,
justamente, recoge este
testimonio fílmico
codirigido por Fernando
Rubio y otro caro amigo:
el actor Gastón Pauls (Iluminados
por el fuego), el
cual estrena productora
(Rosstoc) de la que se
encarga junto a
Alejandro Suaya.
Las manos…fue
realizado mientras se
grababa el fonograma
Rodolfo en 2007
(mezclado en Circo Beat
y editado en 2007 por
Sony BMG) y muestra
precisamente la relación
íntima y esencial del
músico con el cordófono.
“Escuchar por primera
vez un nuevo disco de
Fito Páez es una
experiencia
enriquecedora, vital y
movilizadora. Tan
increíble como el resto
de las escuchas, pero la
primera vez es como ir
descubriendo lentamente
el velo a esas nuevas
canciones y encontrarlas
desnudas, repletas de
fulgor, listas para
vivir con nosotros para
siempre como el mejor de
los regalos. Así es
Rodolfo
track por track”,
escribió en su blog el
colega
Diego Passamonte.
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El amor (o la ausencia
de este) en su
variopinta y compleja
paleta es el supratema
del registro, encauzado
y especificado en
canciones como la
hermosa Si es amor
o Sofi fue una nena
de papá (las
desgarraduras de la
soledad) o la
melancólica Cae la
noche en Okinawa, la
hiperquinética (tanto
como su autor)
Siempre te voy a amar
y la Zamba del cielo,
donde Páez demuestra su
apego a ese jugoso ritmo
nacional; también hay
creativos instrumentales
tales como Nocturno
en sol (que mezcla
lo clásico al tango…que
sabemos, no lo es menos)
o Waltz for Marguie,
sin olvidar un cálido
homenaje a varios
ilustres colegas en
Gracias.
Pero, como si fuera
poco, en Las manos…
tendremos también a
ese otro Fito que, más
allá de su faceta
musical, es un grato
conversador que nos
aporta lo que siempre
queda fuera o hay detrás
de cada pieza, para
resumir con una frase
lapidaria: “Acá está
todo lo que aprendí
hasta el momento”.
Y nosotros, espectadores
agradecidos, también lo
haremos de la música y
el cine, de la vida que
los nutre desde las
manos, las teclas y la
inspiración de esa
galaxia llamado Rodol…fito
Páez. |