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Cuando la Dirección de Cubarte, nos
propuso la realización de la multimedia
Aquí se enciende la candela sobre
Los Van Van en su Aniversario 40,
realmente me quedé estupefacto ante la
posibilidad real de involucrarme con la
historia de una orquesta reverenciada
por el pueblo cubano. En aproximadamente
un año de trabajo con todo lo
relacionado con la orquesta, he
comprendido lo que se debe de sentir
cuando se forma parte del staff de
agrupaciones como los Rolling Stones. Y
no me refiero a la cultura de marketing
en el star system donde a menudo
disfrazan tanto a estas personas como
para que llegues a creer que estás al
lado de músicos que son casi dioses.
Pero para nada es así cuando se trata de
Los Van Van porque el responsable del
concepto Van Van, su director,
compositor principal, arreglista y
bajista Juan Formell no puede ser más
sencillo aunque lleve sobre sus hombros
el mérito de mantener a la agrupación
anclada en un alto nivel de aceptación,
inalterable durante tanto tiempo.
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Los cambios lógicos que impone la vida
como es la salida de músicos que llevan
largos años en la orquesta, la
incorporación de nuevas figuras que
pudieran crear inquietud por la duda de
que no den la talla o la constante
sucesión de ritmos en la música popular
contemporánea que en un cerrar de ojos
pudieran convertir a Los Van Van en una
orquesta antigua, no han impedido que su
música figure entre las preferidas de
los cubanos, lo cual es mucho decir en
esta tierra de tan buenos compositores e
intérpretes.
Durante el proceso de investigación para
la multimedia Aquí se enciende la
candela, el recaudar toda la
información posible en cuanto a videos,
entrevistas, películas, documentales,
partituras, fotos, letras de canciones y
críticas acerca de esta obra monumental,
te van consolidando la opinión de que,
efectivamente, se trata de un suceso de
arte mayor. Sin embargo, es obvio que
para encontrarnos con el núcleo de este
fenómeno cultural, no hay otro camino
que el de escuchar sus obras musicales,
hay que sumergirse en la aventura de
navegar por sus 24 discos. Solo así
podemos palpar el auge de la música rock
anglosajona en el contexto de inicios de
los 70 y apreciar cómo Formell recoge lo
que le hace falta, pero sin abandonar su
empeño por sonar cubano.
Ya para los 80 se percibe en sus
grabaciones la certeza de que se saben
una orquesta cubana de clase y, por lo
tanto, se aventuran a transformaciones
que asientan todavía más la autenticidad
del sello Van Van. La década del 90
sorprende a la orquesta en otra dinámica
de renovación para al final confirmar el
secreto a voces que los muchachos de
Formell están mejor que nunca.
Y el nuevo milenio nos regala el milagro
de unos Van Van que están más allá de
cualquier explicación lógica sobre los
ingredientes de la fórmula de Juan
Formell para conservar tan vital su
querida orquesta. Quizá las respuestas
se encuentren en el conjunto de
componentes que integran la multimedia
Aquí se enciende la candela cuya
terminación Cubarte la tiene prevista
hacia los primeros meses del próximo
año. Por ahora, los dejamos con el
análisis de cuatro discos decisivos en
estas cuatro décadas, con la esperanza
de que, al menos, les resulte un indicio
de por dónde ha ido este gran fuego
musical del que estamos orgullosos todos
los cubanos.
La cuestión es arrancar (1969/ 1979)
Cuando el 4 de diciembre de 1969, en La
Rampa capitalina, específicamente en 23
entre O y P, Los Van Van de Juan
Formell ofrecen en una tarima su primer
concierto, se da comienzo a la evolución
de una orquesta que durante cuatro
décadas ha sido modelo de un avalado
concepto de calidad reflejado en los
tres pasos fundamentales de la creación
de una pieza como es el momento de
componerla. Ello se reitera cuando es
sometida a un proceso de orquestación y
obviamente en el momento de
interpretarla.
Para lograr esta nada fácil
coincidencia, Juan Formell se ha hecho
acompañar desde los mismos inicios de
Van Van, tanto por carismáticos
cantantes como por instrumentistas de
probado rango profesional, capaces de
impactar en los públicos más
heterogéneos.
En tal sentido, con las innovaciones de
Formell en el contexto de la música
bailable, asistimos a un hecho común en
lo relativo a la capacidad de la música
cubana, para renovarse a la hora
de asumir aquellas influencias foráneas
que arriben a nuestras costas.
Basta mencionar la cubanísima Banda
Gigante del Bárbaro del Ritmo,
que a partir de la estructura de una Big
Band, formato orquestal concebido
originalmente por los norteamericanos
para tocar jazz, el gran Beny Moré se
las agenció para otorgar el
inconfundible entorno criollo a esta
modalidad de agrupación con la cual se
han estampado memorables clásicos en el
patrimonio de nuestra nación.
Por su parte, a Formell se le reconoce
su decisión de apropiarse de
instrumentos musicales originarios de
otros contextos así como de timbres
provenientes del jazz y del rock,
conjunto de influencias que, mezclados
con ingredientes de la tradición cubana,
configuran un inusitado lenguaje en los
planos de nuestra música bailable.
Volumen I
Ejemplos de este contrapunteo entre lo
nacional y lo foráneo, se pueden
escuchar en el Volumen I de los
Van Van, grabado en octubre de 1969, en
el que por mucho que las obras aquí
recogidas nos ubican en el manejo de un
código sonoro cercano al de los grupos
del rock de los 60, una pieza como La
bola de humo, muestra la voluntad de
cantar en cubano, el deseo de plasmar en
cada pieza el diálogo cotidiano propio
del cubano de esa época.
Este primer disco, fundamentalmente,
apunta hacia los intentos de una
búsqueda por definir el estilo de la
orquesta, con piezas cuya cadencia
marcan el color de una atmósfera lo
suficientemente personal como para
afirmar con la certeza de un postulado
matemático: “Esa música suena a Van
Van”. Tal es el caso de “Yuya
Martínez” o el bolero-songo “Marilú”,
una de las piezas que identifica a Los
Van Van durante estos 40 años y,
además, influye en la continuidad de
dicha línea con otros bolero-songos como
“Elisa” y “El tren de Jagüey”.
Llegó el momento de apretar: (1980/1990)
Para esta segunda etapa es evidente que
a lo largo de diez discos predomina la
innovadora búsqueda, ahora con un
aliento experimental más asentado como
corresponde a una orquesta segura de sus
posibilidades que, cada vez más, se
despega de similitudes con estilos
venidos de otros orígenes, que si bien
desempeñaron su papel, ahora en plena
madurez, intenta recrear
intensamente
lo cubano.
En tal sentido, las composiciones de
Formell asumen una mayor diversidad de
géneros propios del patio así que junto
al songo, encontramos boleros, cha cha
chá, rumba, danzón, montuno y guaguancó.
Es el momento en que reaparece el
carismático cantante Miguel Ángel
Rasalps, “Lele”, además de incorporarse
un teclado sintetizador y con la
variación de que José Luis Quintana,
Changuito, no asume la batería en su
formato clásico, sino que le añade el
timbal y las pailas.
No obstante, la principal innovación es
la introducción de los trombones, no
como influencia directa de la música
salsa, sino que en opinión de Formell se
hace con la finalidad de compensar el
registro central de la orquesta y ello
da como resultado que se logre un sonido
mucho más compacto en relación con
trabajos anteriores, lo cual se conoce
en la jerga musical como un “sonido
macho”, cambio que se percibe a partir
de los siguientes trabajos
discográficos.
Volumen VII
Al escuchar detenidamente las
composiciones de Juan Formell para Los
Van Van a lo largo de su trayectoria, es
evidente que necesita reiterar el rumbo
por el que anda la orquesta en cada
momento específico por medio de un
opening.
Esta especie de arte poética se ha
puesto de manifiesto regularmente tanto
en discos recientes, como Chapeando
(2006) y Arrasando (2008) al
igual que en este Volumen VII de 1982.
Efectivamente, en la pieza “Somos Los
Van Van”, Formell ha dejado plasmado
para el futuro cómo era la orquesta en
esa etapa, los cambios por los que ha
atravesado para hacer este tipo de son y
sobre todo al afirmar en el texto de
dicha pieza que “Los Van Van siempre
serán lo que necesiten ser”, proféticas
palabras acerca de los nuevos caminos
que se abrirán para la música bailable.
De este magnífico disco son otros
conocidos temas como “Que no, que no”,
ranchera-son que tiene el toque de lo
eterno por ese “tumba’o” de la cadencia
en el montuno, algo así como una Marca
Registrada de Los Van Van, al punto de
que quien quiera incursionar en una
cuerda similar, sabe qué le van a decir
de inmediato: “… te pareces a la
orquesta de Formell”.
También, en este disco se encuentra el
primer gran éxito de César Pedroso, “Hoy
se cumplen seis semanas”. Dicho
tema tiene el encanto vanvanero que Pupi
ha reiterado en otros tantos temas como
“Tranquilo Mota” o “El negro está
cocinando”.
En cuanto al paradigmático “Baile del
buey cansa’o”, baste decir que dicha
pieza es otro de los temas de Formell
que rememoran toda una época, debido a
que esta conga-son contiene aires
caribeños entre sus ingredientes, para
convocar a un cadencioso balanceo que a
cargo de Van Van ha hecho historia.
Y para los que gustan marcar el
reciclaje de Formell con temas de época,
de este disco es que salió una popular
pieza interpretada por Yenisel Valdés
muchos años después en el disco
Chapeando. Se trata de la canción
“No me engañes más, que tú eres nada”,
interpretada aquí por el propio Formell
en un estilo absolutamente distinto al
arreglo posterior, pero igualmente
atractivo.
¡Esto no va a parar! (1993/2001)
Los Van Van enfrentan a los 90 como un
momento decisivo en la evolución de la
orquesta a partir de una dinámica de
cambios que no solo se manifiestan por
la salida y entrada de cantantes y de
instrumentistas de larga trayectoria,
sino que como todo organismo vivo,
necesita adaptarse al medio para no
perecer.
Precisamente, lo asombroso es que en la
medida en que la agrupación se aparta de
patrones tradicionales del estilo, Van
Van no deja de ser ella misma con ese
encanto que la ha distinguido durante
tantos años.
Toda crisis está matizada por
transformaciones que en el caso de Los
Van Van, las sustituciones pertinentes
pudieron haber dado al traste con la
existencia misma de la orquesta, pero
por algo Juan Formell sabe qué hacer
para actualizar y mantenerla en los
planos estelares que conocemos.
Lo último en vivo
El poderoso tumba’o del piano de Pupi
comienza uno de los mejores discos de
la colección oficial de Los Van Van. Me
refiero a Lo último en vivo de
1994, portador de un racimo de
excelentes composiciones grabadas
durante una actuación de la orquesta en
el famoso Salón Rosado de La Tropical,
canciones que dejan profunda huella
entre los bailadores que, asombrados, se
preguntan justamente lo que expone
Formell en este opening del
disco: ¿Qué tiene Van Van que sigue
ahí?
Quizá una de las respuestas la tiene
Angelito Bonne en un songo de absoluta
ascendencia popular como “Pura
vestimenta”, así como por la movida
versión a su cargo de “Si tú te vas”,
un tema de Formell de los años 70 que
ahora tiene un sonido tan distinto como
del día a la noche, señal que confirma
la hondura de las sucesivas etapas por
las que han pasado Los Van Van.
En cuanto a otro nivel de respuestas
para intentar averiguar qué pasa con Van
Van, es obvio que estas se encuentran en
las manos del maestro Formell cuando
decide tener entre sus vocalistas a
Mario Rivera, graduado de percusión del
Instituto Superior de Arte, quien, como
apasionado intérprete del género de la
rumba, por su carácter extrovertido y
por la absoluta convicción del
privilegio que significa ser cantante de
la orquesta, Van Van ha crecido con la
presencia de un adicto a la esencia de
esta leyenda viva a la cual se entrega
en cuerpo y alma.
En realidad, la susodicha canción que
abre el disco debiera llamarse, “¿Qué
tiene Formell qué Van Van sigue ahí?”,
porque cuando se escucha a Mayito lo
mismo en “Normal natural” que en “¡Qué
sorpresa!”, ha aceptado el desafío de un
modo tan sorprendentemente ajustado al
aliento vanvanero, que nos parece como
si hubiera estado desde siempre en la
orquesta, además de que se percibe como
un paso definitorio en la estrategia del
director para ganar terreno en los
nuevos tiempos que reclamaran una
impronta distinta por parte del
conjunto.
Y uno de estos signos del cambio es la
partida de Changuito quien deseaba
buscar nuevos aires y, por lo tanto, es
sustituido por Samuel Formell. Como
afirma César Pedroso en una reciente
entrevista, se iba “un conocedor de todo
lo relacionado con la música cubana,
sobre todo del ritmo y en particular por
su aporte a la base ritmática de Van
Van, pues creo un estilo en combinación
con Raúl Cárdenas ‘El Yulo’ en las
congas, para así consolidar el songo
creado por Formell, además del aporte de
mis tumbaos en el piano, el diseño en el
bajo de Formell y el carisma de Pedrito.
En cuanto a Samuel, criado desde niño al
lado de Changuito, ha ampliado con más
técnica y con un sabor personal el
sonido Van Van. Hoy por hoy Samuell,
afirma Pupi, es un creador inconfundible
dentro de Los Van Van, por su dominio de
valores ritmáticos, con mucha seguridad.
Tiene un sello propio dentro de la
agrupación al igual que los nuevos
cantantes, quienes también tienen su
originalidad.
Si Changuito desarrolló un estilo en los
70, Samuel lo fortaleció con
independencia, habilidad y
desenvolvimiento musical en estos
tiempos.”
Es en este disco en el cual aparece la
saga del conflicto entre “gallos” y
“gallinas”, que comenzó en “La Titimanía”
y concluyó en la pieza “La protesta de
las gallinas”, refrescante tema a través
del cual se expresa la protesta de las
mujeres maduras por el rechazo a favor
de las más jóvenes en “Que le den
candela”.
Aquí ni Formell ni Pedroso asumen tan
“peligrosa” responsabilidad, por lo que
es Pedrito quien se defiende junto al
coro que dice: “¡Gallina, si ya tú
bailaste, deja que el gallo coja un
chance!”.
Otro estelar bolero de Formell, y en su
propia voz, como para ratificar su
identificación con el género, se puede
escuchar en “Me haces falta”, con todos
aquellos ingredientes de exclusividad
que singularizan a un bolero en Los Van
Van.
¡Todo
está cuadrado, ni lo toques! (2001/2009)
La argumentación de la hipótesis acerca
de la historia de
Los Van Van
como un espacio de tiempo dividido en
cuatro décadas, está basada en sucesos
coyunturales muy precisos que definen
cambios en la alternativa musical de la
orquesta.
El nuevo milenio recibe a esta
institución musical cubana que, lejos de
dar señales de agotamiento, se aparece
con variantes que cohesionan todavía más
el concepto creador de dicha agrupación.
El movimiento de renovación entre sus
vocalistas al igual que mayores
oportunidades para que jóvenes
integrantes de la orquesta desarrollen
sus condiciones como compositores y
arreglistas, es un rasgo característico
de
Los Van Van
en esta cuarta etapa.
Arrasando
Y como ha tenido lugar en estos 40 años
de Los Van Van, corresponde hacia el
final de la primera década de este siglo
la aparición de un nuevo disco de la
orquesta. En este caso se trata del CD
Arrasando (2008), refrescante
opción que lo convierte en un proyecto
de renovadoras perspectivas para el
futuro de la orquesta.
Solo la madurez y previsión de Juan
Formell, explican su decisión de
entregar la Dirección Musical de Los Van
Van a Samuel Formell, además de ofrecer
mayores posibilidades en el terreno de
la composición a otros integrantes de la
orquesta como al propio Samuel y a
Roberto Carlos Rodríguez, quienes junto
a Boris Luna y Jorge Leliebre, también
tienen a su cargo el arreglo de
diferentes temas del disco.
Que entre 13 piezas, solo tres sean de
la autoría de Formell y que nada más
haga el arreglo de dos de ellas, es un
signo de los nuevos tiempos que marca
esta etapa de transición en Los Van Van.
Conocedor de las capacidades de su
equipo, Formell como director General de
la orquesta, confía plenamente en la
componenda colectiva para que las
innovaciones no alteren la esencia del
sello Van Van.
Aquí se encuentran piezas como “Me
mantengo, de Roberto Carlos Rodríguez y
“Mi songo”, de Samuel Formell, que junto
a “Que no te dé por eso”, de Robertón,
conservan intacto ese aliento vanvanero
que llama a los cubanos al baile.
El aniversario 40 de Los Van Van
reafirma el carácter fundacional de una
institución musical cubana que se
mantiene entre la preferencia de su
público a golpe de puro talento y con
la audacia necesaria que se requiere
para asumir los cambios no como
obstáculos, sino como señales de los
nuevos caminos a recorrer.
En tal sentido, el disco Arrasando,
nos asoma a un universo de opciones
múltiples que confluyen en un único
propósito: la continuidad en el tiempo
de la popular orquesta. Por tal motivo a
nadie se le ocurre cuestionar el hecho
que hacia mediados de 2008 se le entrega
a Juan Formell el Premio Mundial de la
Música Especial conjuntamente con el
cantante francés Charles Aznavour y el
productor musical norteamericano Quincy
Jones.
Un bonus track:
Eso que anda,
una fiesta del pueblo
El estreno en la Cinemateca de Cuba del
documental Eso que anda, de Ian
Padrón en la noche del 28 de noviembre,
hizo patente que la conmemoración del
aniversario 40 de Los Van Van será una
verdadera fiesta del pueblo cubano.
Con la presencia como invitados
especiales de integrantes de la orquesta
en estas cuatro décadas, el público allí
reunido recibió con aplausos, carcajadas
o lágrimas esta historia que no es otra
que la de su propia vida.
Con el profesional equilibrio del
balance de las emociones, entre melodías
impregnadas en nuestros genes, Padrón
acude a imágenes inéditas de Los Van Van
en un estudio de grabación durante los
años 70; nos muestra el momento difícil
por el que atraviesa César Pedroso,
cuando decide partir de la querida
orquesta para construir su propio camino
o explora la profundidad del calado que
significa el concepto Van Van para el
cubano mediante imágenes tomadas en la
Gira Nacional de 2006, con pasajes donde
el protagonista es el propio pueblo.
Personalidades como Pablo Milanés, José
Luis Cortés y el musicólogo Helio Orovio
apuntan desde la autoridad de sus
comentarios, conceptos que consolidan
nuestras apreciaciones ante tanto
jubileo provocado por la fragancia del
sonido Van Van. Sin embargo, son los
propios músicos de la orquesta quienes
muestran las razones que explican la
permanencia de una agrupación durante
tanto tiempo, sobre todo Juan Formell
quien aparece en distintos momentos del
tiempo Van Van, pero siempre con los
mismos preceptos que han mantenido a la
orquesta vitalmente renovada.
Con una excelente fotografía, Padrón
busca la coincidencia entre los
planteamientos de Formell y los
integrantes de la orquesta para
convencernos que en esta gran familia no
hay espacio para las malas querencias o
contradicciones estéticas porque es tal
el impulso del tren de la música cubana,
que sencillamente arrasa con todo
aquello que estorba al avance de Los Van
Van.
Cimientos de semejante historia como
Pedro Calvo es homenajeado desde la
mayor honestidad por Mayito Rivera
mientras que Samuel sostiene el proyecto
de la base rítmica de la orquesta por la
guía de un maestro como José Luis
Quintana “Changuito” o a otro joven como
Abdel Rasalp se le siente tan
comprometido en este empeño hecho
música, que sumamente emocionado no
encuentra una frase más oportuna para
asegurar que “ya era un Van Van desde el
momento en que nací”, sentimiento
coherente si tenemos en cuenta que su
padre es Miguel Ángel Raslps “Lele”, uno
de los fundadores de esta afamada
agrupación.
Por su parte, Robertón Hernández nos
revela un agudo sentido del humor
presente a lo largo de todo el
documental, jovialidad que para nada
oculta un preciso conocimiento de causa
acerca de lo que pasa cuando tocan para
un público tan identificado con la
orquesta como el cubano.
Es la expresión del respeto que sienten
Los Van Van por habérsele concedido la
gracia de la eternidad, ese difícil
galardón que solo otorga la sabiduría
popular a través del juicio de
generaciones como ha sucedido con otros
monumentos de nuestro patrimonio como
Miguel Matamoros o el Benny Moré.
Si en el DVD Aquí el que baila gana,
Ian Padrón nos muestra la euforia que
califica la relación entre la orquesta y
el público en un estelar concierto en el
Teatro Karl Marx en el 2006, el
documental Eso que anda viene a
ser el complemento necesario para
comprender de una vez y por todas la
privilegiada ascendencia de la orquesta
en esta tierra cuando se afirma con todo
lo que implica una afirmación tan
rotunda: ¡Van Van es Cuba! |