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Cuando supe que Curtis Hanson
estaba en Cuba, una suerte de
romanticismo y jactancia me hizo
imaginar mi firma bajo una de
esas entrevistas al estilo
The Paris Review. La mano
que mece la cuna (1992),
Río salvaje (1994), 8
millas (2002) y sobre todo
L.A. Confidential (1997),
obra maestra del cine negro, han
sido puntas de lanza de esa
cultura fílmica con la que
muchos hemos crecido. O al
menos, con la cual intentamos
crecer. Pensé —y concebí, no me
avergüenza— un cuestionario
estructurado hasta el detalle,
donde cada posible respuesta
tenía su contraataque. No
obstante, en la distancia corta,
la aureola en que imaginaba
envuelto al cineasta se deshizo
con las primeras palabras: “no
te avergüences si tu inglés no
es perfecto —me dijo en perfecto
inglés—. Yo soy quien se
avergüenza por no poder siquiera
presentarme o saludarte en tu
idioma”. Fue así cómo Curtis
Hanson se me hizo humano; la
superentrevista literaria, una
conversación impredecible; y el
cuestionario, una bola de papel
en el fondo del bolso.
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Por primera vez en la gran
pantalla, los cinéfilos cubanos
veríamos su obra de 1997, esa
que inmortaliza del coloso del
crimen que fue la ciudad de Los
Ángeles en la década del 50.
L.A. Confidential, sin
embargo, no es desconocida en
Cuba: no podría certificarlo,
pero quizá desde el propio año
de su estreno, el público cubano
se inquietó por ver aquella
cinta que cedió el Oscar a
Titanic. Desde entonces,
figura en las colecciones
digitales de los cinéfilos como
una de las mejores y más
populares películas de todos los
tiempos.
Así se inició la conversación:
Curtis Hanson quiso saber cada
detalle acerca del público
cubano, de su conocimiento o no
de la película, y yo indagué por
cada detalle del proceso de su
creación.
“Siempre quise hacer una
película sobre Los Ángeles
—me
dijo—.
Es realmente curioso; pero
siempre he estado muy interesado
en las diferencias entre ilusión
y realidad que se expresan en
esa ciudad, las diferencias
entre lo que la gente aparenta
ser y lo que verdaderamente son.
Tratar el tema en la ciudad en
que se construye esa ilusión,
fue importante para mí, una
deuda conmigo”.
Hanson creció en la ciudad de
Los Ángeles, y su experiencia de
vida constituye el basamento de
esta obra. Aún vive en esa
ciudad. Si hiciese hoy L.A.
Confidential y decidiese
enfocarla al presente, sin
embargo, no cree que sería muy
diferente de la que realmente
hizo. “De modo general es lo
mismo. El poder de crear la
historia te da la posibilidad de
hacer que el público se enfrente
a esa ilusión, a lo que fue y a
lo que es. Trabajé con la época
de los 50, pero traté de hacer
una selección de entre todo lo
que sucedía para contarla de una
manera que se acercara a la
actualidad, que el público la
sintiera real, contemporánea. No
me asomé a los 50 para narrar
cómo solía ser, quería que la
gente se olvidara de qué período
estábamos hablando”.
Decidí contarle entonces uno de
los hallazgos más curiosos de mi
investigación para la
entrevista: fue precisamente esa
maestría a la hora de lidiar con
sucesos del pasado y
reenfocarlos desde el presente,
la inspiración de Clint Eastwood
en Changeling (2008).
“¡No lo sabía! —respondió con
visible entusiasmo—. Admiro
mucho a Eastwood, así que me
haces muy feliz al contarme que
mi trabajo lo inspiró. Durante
muchos años, la investigación ha
sido mi vida. Yo crecí en Los
Ángeles, de modo que L.A
Confidential tiene mucho de
mi experiencia”.
L.A. Confidential,
aunque no obtuvo el Oscar a la
Mejor Película del año, sí se
alzó con la estatuilla a la
Mejor Actriz (Kim Bassinger) y
al Mejor Guión Adaptado.
Trasladar el best-seller
de James Ellroy, uno de los
autores más consagrados de su
generación, debe haber sido un
trabajo riesgoso. Por ahí,
también, una de mis preguntas.
“Adoro adaptar de las obras
literarias —contestó—. La novela
te da la experiencia de una
vida. Aunque soy también
guionista, preferí no limitarme
a mi experiencia de vida, sino
enriquecerla con la de otros. En
L.A… trabajé con el libro
de Ellroy y fue genial. Fue muy
difícil porque el libro era
enorme, tenía muchos personajes
y subtramas, así que mi
compañero de guión y yo tuvimos
que hacer muchos cambios. Y la
mejor parte fue cuando Ellroy
vio la película y nos dijo: me
encantó”.
A lo largo de su exitosa
carrera, Hanson ha sido el
responsable de filmes maestros,
incluso siendo tan distantes
como pueden serlo la propia
L.A. Confidential y En
sus zapatos (2005). Hacer
reír y a la vez reflexionar, no
obstante, parece ser la voluntad
que los acerca: “Trato de que el
público haga siempre las dos
cosas, aunque prefiero que
reflexione. En sus zapatos,
la historia de dos hermanas y su
madre, es muy graciosa pero en
el fondo pretende que la gente
reflexione sobre estas
relaciones. LA Confidencial,
aunque trata temas oscuros y
escabrosos es también graciosa.
Me gusta la combinación y
también el público, según
parece”.
Quizá sea ese el premio más
apreciado por este hombre que
respira humildad por cada poro.
Perder el Oscar ante Titanic
debió devastarlo… por muy
sencillo que sea, uno sabe
cuando hace algo realmente
valioso… eso he pensado desde
que tuve la mínima madurez para
percatarme de las leyes de la
vida, para tomar conciencia de
sus altibajos e interpretar
desde ellos el cine. De modo que
no quise perder la oportunidad
de escuchar, de su propia voz,
si ese momento configuró de
alguna forma su visión sobre los
grandes premios.
“Los premios… se sienten bien
cuando sucede, son estimulantes.
Pero me he dado cuenta de que
los filmes que más admiro de
toda la historia del cine, nunca
ganaron un Oscar, pocas veces
ganaron un gran premio. El
tiempo está siempre del lado de
los artistas.”
Para Curtis Hanson, el cine ha
sido una elección de vida, una
elección para la cual tuvo
tiempo. Durante sus años de
periodista, conoció y entrevistó
a muchos de los cineastas que
conforman la gran escuela
norteamericana. De entre ellos,
recuerda a John Ford como su
mayor inspiración. De América
Latina ha “adorado” siempre a
Buñuel.
Cierto es que la barrera del
lenguaje lo distancia de las
producciones latinoamericanas;
pero el haber trabajado con
cineastas del continente le ha
traído más de una satisfacción.
Por eso ha querido siempre venir
a La Habana, al Festival de
Cine. Había escuchado que la
cita anual habanera es distinta
de otros festivales; pero solo
ahora tiene la oportunidad de
constatarlo.
“Fui invitado al Festival y
acepté sobre todo porque siempre
he querido venir a Cuba
—explica—. Estoy muy interesado
en conocer La Habana, su gente,
los cineastas cubanos. Siempre
había escuchado que este
festival es un buen festival.
Estoy ansioso por ver la
reacción del público y también
por ver lo que aquí se presenta.
Valoro mucho el cine
latinoamericano. En una de mis
películas trabajé con un
camarógrafo mexicano y desde
entonces he admirado la forma en
que trabajan. Hay muchos y muy
buenos directores en América
Latina: Walter Salles, Alejandro
González Iñárritu, Alfonso
Cuarón. He descubierto que, de
alguna manera, todos hacemos
cine de la misma forma, o al
menos por el mismo motivo. Somos
artistas y queremos contar
historias. Eso no cambia.”
¿Qué valora Curtis Hanson en una
película?, quise saber cuando ya
el encuentro rozaba la hora y el
antes tranquilo vestíbulo del
Hotel Nacional empezaba a
colmarse de curiosos.
“Las mejores películas del
mundo, o al menos las que más me
han gustado, han sido las más
personales, las que provienen
directamente del corazón de los
cineastas. Si me lleva a lugares
desconocidos, a mundos
desconocidos, si me hace conocer
a personas o a caracteres
interesantes… entonces es una
buena película.”
Esa misma noche, en la pantalla
del cine habanero La Rampa,
L.A. Confidential nos
presentó a Los Ángeles, nos
introdujo en un mundo distante
de nuestra realidad —aunque tal
vez lo fue en la Cuba de los
50—, nos reveló personajes
universales y a la vez locales.
L.A. Confidential, ya lo
hemos visto, proviene
directamente del corazón de
Curtis Hanson, es también la
historia de su vida. Sigo al
maestro: entonces es una buena
película. Aunque claro, eso ya
lo sabíamos. |