Año VIII
La Habana
12 al 18
de DICIEMBRE
de 2009

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Gaston Pauls:

“Hago cine para venir a La Habana”

Cobertura Especial La Jiribilla

 

Gastón Pauls está de visita en Cuba por quinta vez desde que conoció estas tierras en el año 2000. El público cubano lo conoce por su interpretación en Iluminados por el fuego —Primer Premio Coral en el Festival de 2005—, por su papel de guerrillero argentino en la saga de Steven Sodeberg sobre el Che, y también por la serie de televisión Montaña rusa, de la que jura no se avergüenza. Esta vez, sin embargo, no ha venido a La Habana como actor, sino en su recién estrenado rol de productor: Las manos al piano, un documental sobre la relación “sensual y sexual” del ídolo argentino Fito Páez con su piano, ha tenido su prèmier mundial en el 31 Festival. Junto con Alejandro González, director del filme, y “el hijo de la obra”, el propio Fito, Gastón compartió con el público y la prensa sus impresiones y detalles de la producción. Estos minutos con La Jiribilla revelan no solo a un artista completo, sino a un ser humano sensible que hace de su talento una filosofía de vida.

Eres uno de los actores más reclamados por los directores argentinos, tu carrera crece a nivel internacional a la par del prestigio de la cinematografía de tu país. Con una carrera en ascenso, ¿por qué incursionar en la producción?

Creé mi productora en Buenos Aires y al principio la idea no era producir películas donde yo no trabajara. Pero cuando vino Fernando, como director, a proponerme esta película con Fito como eje central, pues me emocionó la posibilidad de producirla. Yo soy fanático de Fito desde chico. En realidad, me metí en la producción por eso, por ser fanático de Fito.

¿Cómo te enfrentas, como actor, ante personajes tan distintos como el de Nueces para el amor y el de Iluminados por el fuego?

Con seriedad y amor por lo que hago, con orgullo y agradecimiento. Primero agradezco que el director me ofrezca un papel, que haya confiado en mí. Y una vez que me ofrece el guión, me preparo con la seriedad y la humildad que merece cualquier película. Luego disfruto lo que hicimos, porque somos muchos. Quienes hacen una película son muchas personas y yo soy solo uno de ellos.

En Nueces para el amor haces de un chico que se enamora cuando va a la despedida del grupo Sui Generis. ¿Te creíste ese personaje, poder estar en esa despedida? Y ahora trabajas sobre otro icono de la música: primero Charly y ahora Fito…

Ellos están muy relacionados. De hecho, hace unos días tocaron juntos. Charlie está recuperándose. Ha sido relacionarme más con músicas que me han ayudado a crecer, a ser quien soy… Fito me ayudó a ser quien soy, Charly García me ha ayudado a ser quien soy, y han ayudado a muchos en ese país en el que me toca vivir. Nos han ayudado a entender, a estar despiertos y a ser mejores personas. Haber hecho una película en la que había música de Sui Generis y ahora hacer una película donde se relata parte de la vida de Fito, es un gran orgullo.

Pudiste ver el documental de Tristán Bauer sobre el Che y también aquí se presentó el año pasado la película de Sodeberg, donde haces de guerrillero argentino. ¿Cómo fue trabajar en una película sobre el Che y después poder venir a La Habana de espectador a ver el documental de Tristán, usando botas de guerrillero?

¿Botas como estas? [Señala sus pies y ríe] Estoy hablando mucho de orgullos; pero haber trabajado en la película sobre el Che, poner mi cuerpo al servicio de un relato sobre un hombre que está al nivel de Cristo, al nivel de los grandes personajes de la historia de la humanidad, que han acompañado a los que sufren, que nos han hecho entender lo que significa la palabra dignidad… haber trabajado en una película que habla de ese hombre, dignifica el trabajo de actor. Y venir ahora nuevamente a La Habana a ver el documental de Tristán, a quien quiero porque hice con él Iluminados por el fuego, escuchar al Che diciendo poemas de Neruda, de Vallejo, es un regalo. Estar en La Habana siempre es un regalo, uno se va con el corazón apretado; pero venir a La Habana y ver al Che entre cubanos, donde dijo lo que tenía que decir e hizo lo que quería hacer, pues es un regalo del que no me voy a poder olvidar nunca. Voy a poder decirles a mis hijos que yo vi la película en La Habana, en el Yara.

Cuando les cuentas a tus amigos sobre Cuba, ¿qué es lo que destacas?

La gente. Es un país despierto, no se arrodilla, no se ha caído en un mundo donde tanta gente se baja los pantalones, donde tanta gente dice una cosa y después hace otra. Es un pueblo que a pesar de los dolores y de las trabas avanza, uno puede cruzarse con cualquiera y tener una conversación de un altísimo nivel filosófico, siempre es un regalo para uno. Agradezco haber venido a La Habana. Cuando vuelvo a Buenos Aires, en medio de un mundo capitalista, consumista, tengo grandes discusiones con gente que intenta atacar ciertas cosas, así que digo: pues vayan a la Isla y luego lávense la boca. Hay un gran orgullo… es una palabra que estoy diciendo mucho, pero es lo que tiene el cubano: orgullo.

Vine por primera vez en el 2000 y desde entonces hasta acá he venido cinco. Yo hago cine para venir a La Habana. ¡Me encanta ser actor y todo… pero hago cine porque me gusta La Habana!

¿Qué te impresiona del Festival, lo crees realmente distinto de otros?

La pasión del cubano por el cine. He ido al Yara, al Karl Marx, a La Rampa… y veo al cubano hablar de cine en todos lados, siento que aquí se vive el cine con una pasión que en otros países es mucho más fría, falta corazón. Para un actor esto es un momento único.

¿Qué pasó de Montaña rusa al guerrillero?…

[Ríe] ¿Qué pasó? Bueno, hay más arrugas… Vine a Cuba en el 2007 y no sabía que se estaba pasando acá Montaña rusa y dije, “¡no lo puedo creer!”.

¿Te molesta el rótulo de galán que te ha dado la televisión?

¡No, ya han pasado tantos años que de galán queda poco…! En realidad le tengo mucho respeto a ese rótulo, es un desafío también. Pero yo siento que hay cosas distintas que quiero hacer, me divierten más los personajes sufridos, a los que les cuesta más comunicarse. Por eso disfruté tanto Iluminados por el fuego. Me atraen más esos personajes que los galanes, que me aburren un poco.

¿Televisión o cine?

Los dos, en realidad. Estoy muy agradecido por poder trabajar en un país como Argentina, donde no todos tienen acceso al trabajo, donde no todos tienen acceso a decir lo que les pasa. Hay mucha gente que no tiene voz, que ha sido silenciada, desaparecida. Poder decir lo que uno cree en una pantalla de cine o en un programa de televisión, pues tiene ese mismo valor. Todo radica en la seriedad con la que uno haga lo que hace, no importa si uno está escribiendo un libro o haciendo una radio… se trata de ponerle corazón a lo que uno hace.

Cuando hablas de la gente desaparecida, pienso en muchas de las películas argentinas que tratan el tema de la dictadura. Tantos años después, ¿se siguen sintiendo en la sociedad argentina las cicatrices de la dictadura?

Sí, porque en realidad la dictadura todavía está presente. No ya en ciertas actitudes del gobierno, sino en ciertas actitudes del pueblo. El pueblo también puede ser dictador, ¿sabes? Argentina es igual de fascista que el gobierno militar del 76, la sociedad muchas veces pide cosas que los militares hubiesen pedido y no pide cosas más valiosas y humanas como que a los chicos que están pasándola mal tengan comida, educación, acceso a un servicio de salud. Eso no les importa a muchas personas, les importa más que no les toquen lo que les pertenece, el auto caro que tienen, la casa… la falta de preocupación por el otro es también una actitud fascista.

¿Está entre los sueños del Gastón actor trabajar en Hollywood?

No. Mira, si es una película seria, no me interesa la maquinaria Hollywood. No haría una película de millones de dólares cuando se pueden contar cosas más serias de manera más sencilla. No me interesa, la verdad. Me interesa encontrarme con gente valiosa en Latinoamérica, por ejemplo. Pero si sale algo valioso en cualquier lugar del mundo, que hable de lo que la vida es, no importa si es Hollywood o Turquía, lo hago en cualquier lugar. Hollywood, como industria, es un poco oscuro, busca entretener sin un mensaje concreto que pueda hablar de lo que la vida es.

¿Te gustaría dirigir?

Sí. Hay un proyecto que estoy manejando hace tres años, sobre la vida de un sacerdote argentino que mataron en el 75. Se llamaba Telmo Mujica. Era un cura de una familia de mucho dinero que se metía en los barrios más pobres a ayudar a la gente, a acompañar a la gente más pobre de Argentina. En aquellos años eso era muy peligroso, así que lo mataron. Estoy juntando información, grabando material documental y luego voy a hacer una parte de ficción.

¿Harías cine en Cuba?

Claramente. Incluso hay un par de proyectos rondando. Hace unos años, me llamaron para hacer un personaje en la película sobre Benny Moré, pero no pudo ser por cuestión de fechas. Pero hay algo por ahí… ojalá podamos llevarlo a buen puerto.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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