|
Gastón Pauls está de visita en
Cuba por quinta vez desde que
conoció estas tierras en el año
2000. El público cubano lo
conoce por su interpretación en
Iluminados por el fuego
—Primer Premio Coral en el
Festival de 2005—, por su papel
de guerrillero argentino en la
saga de Steven Sodeberg sobre el
Che, y también por la serie de
televisión Montaña rusa,
de la que jura no se avergüenza.
Esta vez, sin embargo, no ha
venido a La Habana como actor,
sino en su recién estrenado rol
de productor: Las manos al
piano, un documental sobre
la relación “sensual y sexual”
del ídolo argentino Fito Páez
con su piano, ha tenido su
prèmier mundial en el 31
Festival. Junto con Alejandro
González, director del filme, y
“el hijo de la obra”, el propio
Fito, Gastón compartió con el
público y la prensa sus
impresiones y detalles de la
producción. Estos minutos con
La Jiribilla revelan no solo
a un artista completo, sino a un
ser humano sensible que hace de
su talento una filosofía de
vida.
Eres uno de los actores más
reclamados por los directores
argentinos, tu carrera crece a
nivel internacional a la par del
prestigio de la cinematografía
de tu país. Con una carrera en
ascenso, ¿por qué incursionar en
la producción?
Creé mi productora en Buenos
Aires y al principio la idea no
era producir películas donde yo
no trabajara. Pero cuando vino
Fernando, como director, a
proponerme esta película con
Fito como eje central, pues me
emocionó la posibilidad de
producirla. Yo soy fanático de
Fito desde chico. En realidad,
me metí en la producción por
eso, por ser fanático de Fito.
¿Cómo te enfrentas, como actor,
ante personajes tan distintos
como el de Nueces para el
amor y el de Iluminados
por el fuego?
Con seriedad y amor por lo que
hago, con orgullo y
agradecimiento. Primero
agradezco que el director me
ofrezca un papel, que haya
confiado en mí. Y una vez que me
ofrece el guión, me preparo con
la seriedad y la humildad que
merece cualquier película. Luego
disfruto lo que hicimos, porque
somos muchos. Quienes hacen una
película son muchas personas y
yo soy solo uno de ellos.
En Nueces para el amor
haces de un chico que se enamora
cuando va a la despedida del
grupo Sui Generis. ¿Te creíste
ese personaje, poder estar en
esa despedida? Y ahora trabajas
sobre otro icono de la música:
primero Charly y ahora Fito…
Ellos están muy relacionados. De
hecho, hace unos días tocaron
juntos. Charlie está
recuperándose. Ha sido
relacionarme más con músicas que
me han ayudado a crecer, a ser
quien soy… Fito me ayudó a ser
quien soy, Charly García me ha
ayudado a ser quien soy, y han
ayudado a muchos en ese país en
el que me toca vivir. Nos han
ayudado a entender, a estar
despiertos y a ser mejores
personas. Haber hecho una
película en la que había música
de Sui Generis y ahora hacer una
película donde se relata parte
de la vida de Fito, es un gran
orgullo.
Pudiste ver el documental de
Tristán Bauer sobre el Che y
también aquí se presentó el año
pasado la película de Sodeberg,
donde haces de guerrillero
argentino. ¿Cómo fue trabajar en
una película sobre el Che y
después poder venir a La Habana
de espectador a ver el
documental de Tristán, usando
botas de guerrillero?
¿Botas como estas? [Señala sus
pies y ríe] Estoy hablando mucho
de orgullos; pero haber
trabajado en la película sobre
el Che, poner mi cuerpo al
servicio de un relato sobre un
hombre que está al nivel de
Cristo, al nivel de los grandes
personajes de la historia de la
humanidad, que han acompañado a
los que sufren, que nos han
hecho entender lo que significa
la palabra dignidad… haber
trabajado en una película que
habla de ese hombre, dignifica
el trabajo de actor. Y venir
ahora nuevamente a La Habana a
ver el documental de Tristán, a
quien quiero porque hice con él
Iluminados por el fuego,
escuchar al Che diciendo poemas
de Neruda, de Vallejo, es un
regalo. Estar en La Habana
siempre es un regalo, uno se va
con el corazón apretado; pero
venir a La Habana y ver al Che
entre cubanos, donde dijo lo que
tenía que decir e hizo lo que
quería hacer, pues es un regalo
del que no me voy a poder
olvidar nunca. Voy a poder
decirles a mis hijos que yo vi
la película en La Habana, en el
Yara.
Cuando les cuentas a tus amigos
sobre Cuba, ¿qué es lo que
destacas?
La gente. Es un país despierto,
no se arrodilla, no se ha caído
en un mundo donde tanta gente se
baja los pantalones, donde tanta
gente dice una cosa y después
hace otra. Es un pueblo que a
pesar de los dolores y de las
trabas avanza, uno puede
cruzarse con cualquiera y tener
una conversación de un altísimo
nivel filosófico, siempre es un
regalo para uno. Agradezco haber
venido a La Habana. Cuando
vuelvo a Buenos Aires, en medio
de un mundo capitalista,
consumista, tengo grandes
discusiones con gente que
intenta atacar ciertas cosas,
así que digo: pues vayan a la
Isla y luego lávense la boca.
Hay un gran orgullo… es una
palabra que estoy diciendo
mucho, pero es lo que tiene el
cubano: orgullo.
Vine por primera vez en el 2000
y desde entonces hasta acá he
venido cinco. Yo hago cine para
venir a La Habana. ¡Me encanta
ser actor y todo… pero hago cine
porque me gusta La Habana!
¿Qué te impresiona del Festival,
lo crees realmente distinto de
otros?
La pasión del cubano por el
cine. He ido al Yara, al Karl
Marx, a La Rampa… y veo al
cubano hablar de cine en todos
lados, siento que aquí se vive
el cine con una pasión que en
otros países es mucho más fría,
falta corazón. Para un actor
esto es un momento único.
¿Qué pasó de Montaña rusa
al guerrillero?…
[Ríe] ¿Qué pasó? Bueno, hay más
arrugas… Vine a Cuba en el 2007
y no sabía que se estaba pasando
acá Montaña rusa y dije,
“¡no lo puedo creer!”.
¿Te molesta el rótulo de galán
que te ha dado la televisión?
¡No, ya han pasado tantos años
que de galán queda poco…! En
realidad le tengo mucho respeto
a ese rótulo, es un desafío
también. Pero yo siento que hay
cosas distintas que quiero
hacer, me divierten más los
personajes sufridos, a los que
les cuesta más comunicarse. Por
eso disfruté tanto Iluminados
por el fuego. Me atraen más
esos personajes que los galanes,
que me aburren un poco.
¿Televisión o cine?
Los dos, en realidad. Estoy muy
agradecido por poder trabajar en
un país como Argentina, donde no
todos tienen acceso al trabajo,
donde no todos tienen acceso a
decir lo que les pasa. Hay mucha
gente que no tiene voz, que ha
sido silenciada, desaparecida.
Poder decir lo que uno cree en
una pantalla de cine o en un
programa de televisión, pues
tiene ese mismo valor. Todo
radica en la seriedad con la que
uno haga lo que hace, no importa
si uno está escribiendo un libro
o haciendo una radio… se trata
de ponerle corazón a lo que uno
hace.
Cuando hablas de la gente
desaparecida, pienso en muchas
de las películas argentinas que
tratan el tema de la dictadura.
Tantos años después, ¿se siguen
sintiendo en la sociedad
argentina las cicatrices de la
dictadura?
Sí, porque en realidad la
dictadura todavía está presente.
No ya en ciertas actitudes del
gobierno, sino en ciertas
actitudes del pueblo. El pueblo
también puede ser dictador,
¿sabes? Argentina es igual de
fascista que el gobierno militar
del 76, la sociedad muchas veces
pide cosas que los militares
hubiesen pedido y no pide cosas
más valiosas y humanas como que
a los chicos que están pasándola
mal tengan comida, educación,
acceso a un servicio de salud.
Eso no les importa a muchas
personas, les importa más que no
les toquen lo que les pertenece,
el auto caro que tienen, la
casa… la falta de preocupación
por el otro es también una
actitud fascista.
¿Está entre los sueños del
Gastón actor trabajar en
Hollywood?
No. Mira, si es una película
seria, no me interesa la
maquinaria Hollywood. No haría
una película de millones de
dólares cuando se pueden contar
cosas más serias de manera más
sencilla. No me interesa, la
verdad. Me interesa encontrarme
con gente valiosa en
Latinoamérica, por ejemplo. Pero
si sale algo valioso en
cualquier lugar del mundo, que
hable de lo que la vida es, no
importa si es Hollywood o
Turquía, lo hago en cualquier
lugar. Hollywood, como
industria, es un poco oscuro,
busca entretener sin un mensaje
concreto que pueda hablar de lo
que la vida es.
¿Te gustaría dirigir?
Sí. Hay un proyecto que estoy
manejando hace tres años, sobre
la vida de un sacerdote
argentino que mataron en el 75.
Se llamaba Telmo Mujica. Era un
cura de una familia de mucho
dinero que se metía en los
barrios más pobres a ayudar a la
gente, a acompañar a la gente
más pobre de Argentina. En
aquellos años eso era muy
peligroso, así que lo mataron.
Estoy juntando información,
grabando material documental y
luego voy a hacer una parte de
ficción.
¿Harías cine en Cuba?
Claramente. Incluso hay un par
de proyectos rondando. Hace unos
años, me llamaron para hacer un
personaje en la película sobre
Benny Moré, pero no pudo ser por
cuestión de fechas. Pero hay
algo por ahí… ojalá podamos
llevarlo a buen puerto. |