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El pasado 4 de diciembre quedó
inaugurada en la Galería de 12 y
23
—en
el mismísimo corazón de la
céntrica barriada capitalina del
Vedado—
la muestra Filmegráfica,
cautivante exposición que agrupa
el quehacer de 35 artistas de la
plástica contemporánea cubana
que se han “atrevido” a
realizar, a partir de las
técnicas más tradicionales del
grabado, igual cantidad de
carteles inspirados en películas
cubanas.
La muestra, que además de
celebrar la presente 31 edición
del Festival Internacional del
Nuevo Cine Latinoamericano
constituye un homenaje a los 50
años del Instituto Cubano del
Arte e Industria
Cinematográficos (ICAIC) fue
ideada por la grabadora Paulina
Márquez y el diseñador Eduardo
Marín y, entre ambos,
compartieron la difícil y
hermosa encomienda de hacer la
curaduría.
Con Paulina conversamos en
entrevista exclusiva sobre
Filmegráfica, un proyecto
que, según comentó, tiene un
futuro prometedor.
“La idea surge como un tributo
de la plástica al cine cubano,
pero al cine con el que crecimos
y que se hizo a partir de 1959 y
es, también, un homenaje a los
primeros hacedores de carteles.
Queríamos celebrar de una manera
diferente, es decir, utilizando
las técnicas del grabado porque,
generalmente, los carteles de
cine se hacen en otras técnicas
que propician tiradas más
largas.”
¿Respetaron el tamaño del cartel
de cine tradicional?
Sí, de 50 x 70 centímetros.
Este proyecto ha convocado a 35
artistas de la plástica. ¿Cuál
fue el criterio de selección
generacional?
Participa una generación que ama
ese cine cubano y que brotó con
la Revolución: nacimos, crecimos
y vivimos con ese cine. Soy
grabadora y al soñar el proyecto
de inmediato me remití a mi
formación y quisimos convocar a
un grupo de artistas-amigos y
realizar una edición muy
limitada de cada cartel.
¿Es decir que la invitación fue
puntual y no a partir de una
convocatoria?
El proyecto se pensó para los
artistas que nacieron después
del año 1959 porque fueron los
que vimos la luz junto con ese
cine y, por lo tanto, el
resultado de este trabajo abarca
generacionalmente a los
creadores de los 80 y los 90.
¿No hubo artistas que repitieran
películas?
No, no queríamos que eso
sucediera. El proyecto estaba
basado en que cada artista
asumiera una película diferente.
Lo que sí sucedió es que algunos
artistas preferían unas
películas por encima de otras y,
aunque la exposición es un
homenaje al cine cubano, no
queríamos limitar al artista.
Si un creador pedía un cambio,
se hacía sin ningún tipo de
dificultad. Hay que tener en
cuenta que existen películas más
apegadas a la estética de
algunos y eso lo respetamos.
¿Por qué la cifra de 35?
Inicialmente el proyecto comenzó
con 25 y luego fue creciendo
porque varios artistas
insistieron en participar, y eso
nos hizo muy felices a Eduardo
Marín y a mí. Ambos estamos muy
contentos de tener tantos amigos
a nuestro alrededor.
Este proyecto ha sido un
verdadero reto porque lo
concebimos e hicimos realidad en
apenas seis meses. Trabajamos
con mucho gusto, pero también
muy duro y por suerte hemos
tenido el apoyo total de amigos
e instituciones, sobre todo del
Taller Experimental de Gráfica
de La Habana (TGH). Tenemos que
agradecer de manera muy especial
a Luis Lara Calaña, el director
del Taller, por creer en este
proyecto cuando se lo mostramos,
por confiar en nosotros y por
abrirnos las puertas de la
institución.
Seleccionaste la película cubana
María Antonia para hacer
tu cartel, ¿por qué esa y no
otra?
En realidad, fue Marín quien me
sugirió este filme. Él es un
especialista con una mirada muy
precisa. Debo recordar que
trabajo la temática de la mujer
y María Antonia, como personaje,
tiene que ver con las
motivaciones esenciales de mi
obra.
Generalmente la concepción del
cartel está asociada a los
diseñadores. En este caso son
pintores y grabadores haciendo
carteles que, como se sabe,
tiene sus propios códigos. ¿Cuál
crees que es el resultado mayor?
El asunto está justamente en
eso: no queríamos hacer el
cartel a partir de la visión de
un diseñador, sino de un pintor
o de un grabador. El resultado
son obras hechas con las
respectivas visiones del artista
de la plástica y no imitando al
diseñador. Es importante
destacar que las dimensiones del
cartel se respetaron, pero
indiscutiblemente son obras
únicas y un saludo al séptimo
arte de parte de los artistas de
la plástica.
En cuanto al uso del color,
¿hubo alguna limitación?
Ninguna. Nosotros nos limitamos
a facilitarles a los artistas la
película y ellos la recrearon.
Algunas piezas fueron impresas
en el Taller de Serigrafía
René Portocarrero, pero la
parte más fuerte fue en el
Taller Experimental de Gráfica
de La Habana, conocido también
como el Taller del Callejón del
Chorro en Plaza de La Catedral.
Ha sido muy hermoso que algunos
creadores que por determinadas
razones se habían alejado del
Taller, hayan regresado.
Sinceramente, creo que este
proyecto ha servido para que los
artistas se acerquen al Taller.
Igualmente hay que agradecer a
todos los impresores quienes se
han puesto en función de
nosotros y, particularmente, a
“Colage Habana” y a María Milián
y a Nora Otaño, la directora de
la Galería de 23 y 12.
¿Cómo se dieron esas jornadas de
trabajo?
Fueron tremendas: han sido de
mucha intensidad, de largos
horarios. Hay artistas que
estuvieron hasta más de un mes
porque tenían que alternar con
otros compromisos. Ha sido un
regalo para nosotros reunir a 35
artistas tan importantes no solo
de la plástica, sino de la
cultura cubana que es un
concepto mucho más amplio y
abarcador.
Estas obras están realizadas en
litografía, xilografías y
serigrafía…
Hay un grupo de obras que están
hechas en linóleo y otras en
madera porque queríamos que
hubiera diversidad de riquezas y
de texturas; es un proyecto que
se hizo en pocos meses y hay
técnicas que se demoran más que
otras y necesitábamos apremiar
el tiempo, es decir, acortarlo
lo más posible.
Marín fue quien hizo el cartel
de Filmegráfica algo que,
imagino, le fue complicado luego
de estar conectado con su rol de
curador en la muestra.
Marín es un hombre con una
larguísima experiencia dentro de
la cartelística cubana. Incluso
acaba de terminar un proyecto
personal relacionado con el tema
y cuando empecé a soñar con el
proyecto enseguida me di cuenta
de que necesita cerca de mí la
mirada de un diseñador. Lo llamé
e inmediatamente aceptó en la
doble condición de diseñador y
de curador.
¿Y en cuanto a la tirada?
La tirada es algo que diferencia
a la de los carteles que se
reproducen de manera más larga.
Esta es una tirada muy pequeña:
apenas la edición es de 40
ejemplares, es decir, muy
limitada. Eso le da valor a la
obra.
Luego de inaugurada
Filmegráfica, ¿qué otro
sueño sigue?
El primer sueño era inaugurar en
los días de la 31 edición del
Festival Internacional del Nuevo
Cine Latinoamericano de La
Habana, pero ya tenemos algunas
propuestas de presentar la
muestra en otros espacios
nacionales e internacionales.
En cuanto a mi obra personal, en
el 2011 tengo una propuesta de
una exposición con obras de gran
formato que se hará en la ciudad
alemana de Munich y también
participaré en un homenaje a
Paulina Álvarez, la emperatriz
cubana del danzonete, y otros
proyectos que aún están por
concretarse. |