Año VIII
La Habana
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de DICIEMBRE
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Conversación con Hanna Schygulla y Alicia Bustamante

Mujeres sin categorías

Mabel Machado • La Habana

Foto: Cortesía del Diario de Festival

 

“La afinidad artística y la amistad están fuera de toda órbita que pueda encerrar el idioma o el lugar donde nacimos”. Así entiende la actriz cubana Alicia Bustamante el porqué de su identificación con la diva alemana Hanna Schygulla . Ambas unieron sus carreras en Berlín (1994), cuando la actriz de Plaff y Adorables mentiras, dirigiera a la musa de Rainer Werner Fassbinder en el espectáculo musical Entre dos mundos.

Desde entonces estas mujeres han mantenido un estrecho vínculo artístico y personal, que ha inspirado a Schygulla  a realizar un documental de 105 minutos sobre Alicia, estrenado por estos días en La Habana, como parte del 31 Festival Internacional de Nuevo Cine Latinoamericano. La Johanna de El amor es más frío que la muerte (1969), la Karin de Las amargas lágrimas de Petra Von Kant (1972) o la Willie de Lili Marleen (1980), se pone ahora detrás del lente de la cámara para recrear la vida de su amiga tal y como la conoce: espontánea y con talento cómico, profesora y actriz universal.

“Donde se tocan las emociones profundas somos más iguales que incompatibles. Sobre todo si no buscamos la diferencia, y nos dedicamos a encontrar un punto común. Con Alicia, me pongo en su lugar cuando habla, y ella se pone en el mío cuando yo lo hago. Lo que nos une también, es que somos las dos un poquito fuera de categorías”, explica Hanna.

Si todo queda fuera de los métodos, ¿cómo se plantean Hanna y Alicia la creación? ¿Cómo se aventuran a la vida?

Le voy a robar a Hanna algo que dijo hace tiempo responde la Bustamante, que a mí me gustaba mucho, y de lo que ha hablado Marta Valdés, nuestra querida compositora. Una vez, conversando con nosotras, Hanna expresó que para ella resultaba, con el tiempo, mucho más interesante la vida real lo que da cada día que la ficción. Por eso ella siente más inclinación por el género documental.

Puedo parafrasear ahora también a Benedetti, cuando decía que cumplir la tarea de vivir es simplemente vivir y a la vez es tan difícil. Soy de las que piensan, y creo que Hanna coincide conmigo, que cuando la vida y el escenario, la vida y el arte se separan, ya no se funciona igual. Creo que debe haber una consecuencia entre la vida de la actriz, el actor, el intérprete y la vida misma. De lo contrario, uno está jugando tantas veces a ser la actriz, o a ser un personaje que termina por diluirse el individuo.

A mí me cuesta definirme por fragmentos. Cada persona es un todo que depende de la función que uno le asigne. A partir de este criterio, nosotras, desde el momento en que nos conocimos, hicimos esa fusión artística, en la que Hanna, casi sin saber nada de mí, luego de uno o dos años, me convidó para hacer sus puestas en escena, a dirigirla en todos sus unipersonales. Ella nunca había dirigido teatro. Después de que yo actuara la última vez en Cuba Sábado corto pasaron diez años para que volviera a subirme a un escenario. Y mi regreso fue bajo la dirección de Hanna. Nada de eso podría haberlo hecho alguien que no fuésemos nosotras dos, porque es demasiado lo que se va creando día a día con el convivir. Pero además, ¡la vida es tan sabrosa!, ¿no?...

En esta obra cinematográfica que se presenta en el Festival, ¿de qué manera logra Hanna documentar la vida cotidiana de una actriz sin que parezca que esta juega en la escena,  sin rozar la ficción?

Yo filmaba cuando las cosas se daban, cuando había visitas en la casa. Recogí con la cámara lo que salía de cada situación, del curso normal de la vida. A veces ella me contaba algo que se convertía en esos actos de creatividad que me gustan tanto, porque imita algo que ha vivido. En ocasiones, le pedía rehacer una escena, y como ella es actriz, era capaz de hacerlo también con el gusto de lograr una síntesis después. La primera vez es única, claro, e intentaba agarrar esa siempre; pero su condición de actriz me permitía rehacer hasta dos y tres veces las tomas. Al inicio discutíamos. Ella me decía que no sería lo mismo, y yo le replicaba que por eso ella como actriz debía lograr que pareciera igual. Este detalle resulta interesante porque en la filmación fue ese detalle el más difícil.

El documental… una experiencia cotidiana

Hanna Schygulla ha trabajado en más de 40 filmes, alrededor de una veintena de ellos con el  director de cine, teatro y televisión Fassbinder (1945-1982), reconocido como uno de los más valiosos  representantes del nuevo cine alemán. Esta actriz ha actuado también en películas firmadas por Wim Wenders, Jean-Luc Godard  y Carlos Saura.

Alicia Bustamante ha acumulado en Cuba una larga trayectoria como docente y profesional del teatro con su paso por compañías como el Conjunto Dramático Nacional y el Teatro Musical de La Habana. Las memorables cintas locales Cecilia, La muerte de un burócrata y Un día de noviembre cuentan con la interpretación de Alicia. Aunque desde 1991 trabaja como actriz y directora de arte en la  compañía de teatro francesa Les Turpials, la trayectoria de esta cubana en Europa no es tan conocida como en la Isla. Sin embargo, según cuenta ella misma, la presentación del documental en Alemania llegó “de una manera rotunda”, aunque  “la  idea inicial fue hacer ese trabajo pensando en Cuba, mi país. Yo apunté hacia una diana, pero no quería dar ahí en el blanco, no pensé nunca en eso. Es posible que por ello, durante el estreno en Alemania, quedé muy sorprendida por la reacción del público”.

Y al entregarse a contar esta historia, ¿sintió Hanna alguna vez temor por que no fuera entendida o bien acogida en Europa, tratándose de una mujer poco conocida en esa región?

Tenía mucha confianza en que Alicia llegara. El documental trata una experiencia cotidiana, que puede conmover a las personas, nos conozcan o no. Ella tiene una presencia que hace que a la gente se le abra la mente y el corazón. Así, yo no tenía que enfocarme demasiado en cómo darla a conocer, más bien trataba de evitarlo. Las dudas pueden ser productivas, pero a veces, si dudas demasiado, no haces nada. 

“Soy de los que tienen más simpatía con los necesitados”

Aunque la carrera de Schygulla no cesa y ahora mismo tiene entre manos un proyecto con Alexandr Sakurov sobre Goethe, la actriz no se permite nunca dejar de mencionar a Fassbinder, a quien conoció en Munich, durante los estudios de actuación. Su relación con el cineasta comenzó cuando ambos estudiaban actuación. Él se entregó rápidamente al arte de dirigir. Ella permaneció actriz; con Fassbinder hizo parte de esa carrera y ahora, al cabo de muchos años, se convierte como él en realizadora.

¿Nunca antes pensó en dirigir? ¿Aparece de algún modo este cineasta en su manera de afrontar el cine detrás de la cámara?

Cuando me preguntan si pretendo hacer un día una película respondo que sí, en cuanto encuentre una historia que me dé el coraje para enfrentarla. En el caso de este documental fue así: yo tenía la cámara en casa, y aunque había una manera ya preestablecida para hacer el documental, yo filmaba cuando lo creía oportuno.

Fassbinder podía hacer tantas cosas porque tomaba lo que las situaciones dan inmediatamente. No estaba, al inicio, buscando complicar, ni tratando de llegar a la perfección. Es esencial aprovechar las primeras ideas, no se trata de interrogar al protagonista, sino de dejarlo que exprese su filosofía, su humor, sin hacer teorías sobre eso. Esto me evocaba el recuerdo de las primeras experiencias con Fassbinder que se hicieron tan fácilmente, sin dinero, sin criterios clásicos.

Tomando las palabras de Hanna: “no sé qué tiene este país que cada vez que alguien lo menciona se destapa la magia”, asalta la curiosidad. ¿Dónde está el embrujo de Cuba para Hanna, qué le hace identificarse con ella, venir hasta acá a presentar su obra y participar de este Festival?

Soy de los que tienen más simpatía con los necesitados que con quienes tienen de sobra. Se abre más la imaginación en momentos de carencia, la gente es más gentil y cuando se necesitan unos a otros, no existe esa tensión que a veces sufrimos en los países ricos. Este punto de vista de quienes creen que el mundo puede cambiar para mejor, nos hace buscar soluciones alternativas al capitalismo. El fracaso de los modelos de socialismo en Europa del Este nos hizo sentir muy tristes a muchos, pero eso no quiere decir que el capitalismo tenga la última palabra porque, en realidad, está a punto de arruinar el mundo. 

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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