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La luz está en todas
partes. Rodea cada uno
de los espacios de
nuestra cotidianidad:
las estrellas, los
carros, las ciudades,
nuestras casas, incluso
nuestras vidas tienen,
con más o menos brillo,
luces que alumbran hasta
los lugares más oscuros.
Esta ha sido la búsqueda
constante del artista
argentino Julio Le Parc,
quien, en cada una de
sus obras, nos lleva por
todo un recorrido que
refleja realidades,
estados de ánimo y
utopías, todo a través
de la luz y sus formas.
Obras ideales del arte
cinético que juegan y
reflexionan con los
espectadores; pero que,
sobre todo, crean un
universo extraordinario
a partir de ilusiones
ópticas causadas por el
movimiento de la luz, ya
sea natural o
artificial.
Su relación con este
arte comenzó para la
segunda mitad del siglo
XX, cuando, apenas un
joven, se interesaba
cada vez más en las
formas y expresiones de
la luz. La obra de Le
Parc fue y es, desde sus
inicios, de lo más
importante de la
cinética en
Latinoamérica, por lo
cual, es un placer
entonces compartir con
este artista y maestro
de las artes, un pequeño
pero fascinante
encuentro realizado en
la sala Manuel Galich de
Casa de las Américas, el
pasado miércoles 9 de
diciembre, donde de este
lado, los espectadores
admirábamos las más de
una anécdota, contadas
por el singular artista.
Como parte de las
celebraciones que han
tenido lugar en Casa de
las Américas a lo largo
de este año, dedicado al
arte cinético y
conmemorando el
aniversario 50 de
dicha institución, Le
Parc dialogó con el
público presente en la
sala, a los cuales
comentó además, sobre la
exposición Le Parc.
Lumière que quedó
inaugurada este 10 de
diciembre en la Galería
latinoamericana de Casa.
Le Parc. Lumière
es un conjunto de obras
que forman parte de un
proyecto anterior
realizado por
Daros-Latinoamérica, una
exposición temática
realizada en Zurich en
el año 2005, explicó el
artista. “En ella hay
una búsqueda constante
de luz y movimiento. Se
le dio forma a cada
pieza en particular en
cada exposición,
partiendo, en algunos
casos, de obras de los
años 60 y 70”.
La creación joven y el
desarrollo de lugares
propicios para la
preparación y el
encuentro de los más
nuevos artistas
latinoamericanos, es una
tarea que ocupa a los
intelectuales del
continente que buscan un
espacio de intercambio y
confluencia de
experiencias, técnicas e
ideas, en pos de un arte
contemporáneo menos
comercializado y más
valorativo, explicó el
artista. “Los elementos
de moda atados al
sistema comercial y
otros intereses hacen
que el arte sea falseado
y sobrevalorado (…) es
el dinero el que manda,
no el valor estético,
visual y artístico de la
obra”.
Por ello, proyectos como
este han ocupado gran
parte del espacio de
Julio Le Parc, quien
comentó también, sobre
su participación desde
hace algún tiempo en la
restauración de un
inmueble, en Río de
Janeiro, dedicado a la
creación y al encuentro
de los jóvenes y
artistas
latinoamericanos.
Igualmente, dio detalles
de dos de sus más
recientes obras, una
llevada a cabo junto con
otros artistas en la
ciudad de Monterrey en
México, donde se admira
desde hace algún tiempo
una escultura
experimental de más de
20 metros de altura,
confeccionada con tubos
de acero que alumbran
las noches de la
importante ciudad
mexicana. Y otra
“colección móvil” de un
muro de 20 metros de
largo x 7 metros de
alto, que se encuentra
actualmente en la ciudad
de Miami, y está
calificada como una de
las obras más
monumentales de su época
(la original data de
1963), donde pequeñas
láminas de acero unidas
las unas a las otras
reflejan las luces de la
populosa ciudad.
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Pero, ¿hasta qué punto
se ha insertado Julio Le
Parc en los estudios de
arte contemporáneos, en
la percepción y
manipulación de la
imagen? ¿Hasta dónde han
influido las nuevas
tecnologías en su obra?
Ante estas interrogantes
aclaró que con los
nuevos medios se pueden
hacer cosas
espectaculares para con
la imagen y la luz. Sin
embargo, siempre tiene
que haber una relación
entre los medios usados
y las nuevas
tecnologías, de lo
contrario, el aspecto
creativo queda solo en
eso, se detiene. Es lo
que nos ha permitido
llegar hasta aquí.
“A veces se tienen
muchos artefactos y
tecnologías y no se
pueden hacer simples
movimientos que a
pequeña escala yo
realizo fácilmente. Lo
importante es que
siempre el artista sepa
que ha de prevalecer su
idea, evitando estar
dominado por estos
elementos.
“Nunca distingo entre
las tecnologías usadas o
las maneras de
experimentar de cada
artista; pero siempre es
bueno que se avance de
acuerdo a las
experiencias y los
elementos que tienen a
su alcance los
creadores.”
La idea de cómo llegar
hoy a la muestra de este
hombre-artista fue el
resultado de varias
investigaciones y
encuestas realizadas al
público, el mismo al que
iba dirigida la obra.
“Todo fue una búsqueda
realizada para ver cómo
llegar a cada una de las
personas, pensamos que
había una mitificación
entre la gente y lo que
esta veía en las
galerías”.
“Este arte es un trabajo
en la superficie y las
cosas ópticas, y después
de un grupo de
experiencias e
investigaciones visuales
se llegó a la conclusión
de que la mejor manera
de llegar a la gente era
a través de sus ojos
‘comunes’".
“El mayor líder en
cambios estéticos y
culturales de la
sociedad”, así lo
calificó Manuel López
Oliva, destacado pintor
y crítico de arte
cubano, quien, como
parte del público
presente en el
encuentro, dialogó y
rememoró anécdotas de él
y otros de los jóvenes
creadores de la Isla que
participaron junto con
el maestro Le Parc en
aquella 2da. Bienal de
La Habana en 1986.
Para el artista hubo más
que palabras de
agradecimiento y elogio
por su obra, y por lo
que esta ha significado
en el entorno del arte
contemporáneo
latinoamericano, la
cual, a decir de López
Oliva, “es una obra con
una poética densa hasta
cierto punto, pero
caracterizada siempre
por una excelente
comunicación con el
público”.
De su estancia en La
Habana por aquellos días
de 1986, y su relación
con el público cubano Le
Parc recordó que "se
trabajó durante un mes
en el taller, pero el
público interactuó
maravillosamente", en
aquella y las demás
estadías en la capital
cubana del destacado
artista.
Sucedió en varias
ocasiones entre las
décadas del 70 y 80, y
hoy, más de 20 años
después, el público
cubano vuelve a recibir
a Julio Le Parc,
considerado parte
orgánica y de referencia
de la plástica cubana,
en una exposición que
esperemos nos conduzca
una vez más al
alucinante mundo del
movimiento donde el
brillo, las sombras y
las luces iluminan uno y
otro nuestros pasos. |