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Un destello del cine nicaragüense después de 20 años

I. G. Lemes • La Habana

 

Al terminar la Revolución Sandinista, el cine de Nicaragua desapareció, recuerda la directora y actriz Florence Jaugey, francesa de nacimiento y nicaragüense por residencia. Desde 1984, Jaugey llegó a ese país centroamericano para filmar El Señor Presidente, como protagonista del elenco reunido por el director cubano Manuel Octavio Gómez.

Desde esa fecha hasta la actualidad, muchos han sido los aportes de esta mujer de cine al desarrollo del séptimo arte en Centroamérica. Su más reciente logro es traer al Festival de Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, La Yuma (2009), el primer largometraje producido en Nicaragua después de 20 largos años.

Panameños, mexicanos y nicaragüenses, entre ellos varios egresados de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, colaboraron para proyectar en la pantalla grande una historia sobre la juventud en Nicaragua. Para Jaugey, la carencia de producción cinematográfica en esta tierra ha provocado que se convierta en “un país sobre el que nadie habla”.

En 1990, Florence Jaugey fundó junto a su esposo Frank Pineda, también cineasta, la productora Camila Films, que subsiste desde entonces y acoge la realización de cortometrajes y documentales en Nicaragua. Entre los principales reconocimientos que ha obtenido por su trabajo, figura un Oso de Plata, obtenido en 1998 en Berlín con su cortometraje Cinema Alcázar.

A pesar de los aportes a la realización audiovisual en su país, y una consolidada mirada a la realidad femenina a través de estos medios, Jaugey su principal preocupación reside en inyectarle bríos al cine en Nicaragua.

¿Cuáles fueron las razones que condicionaron la ausencia de largometrajes durante dos décadas en Nicaragua?

Es la primera película nicaragüense desde hace 20 años porque el cine desapareció en los 90, cuando terminó la Revolución Sandinista. No se ha vuelto a crear un instituto de cine en Nicaragua, ni ninguna entidad que pueda apoyar la cinematografía. Por esa razón, todos los fondos se tienen que buscar en el exterior. Eso significa mucho trabajo de producción. También es muy complicado ganarse la confianza de los inversores en un proyecto de un país que no tiene industria. La película nos tomó 10 años montarla.

¿Pudiera La Yuma abrir caminos para que renazca la producción cinematográfica en Nicaragua? 

Ha abierto caminos ya porque es una película cara y se ha hecho con muy poca plata: tiene muchos actores, muchas locaciones. La hemos logrado hacer gracias a la voluntad y el deseo de la gente que trabajó para sacar una película en Nicaragua y en Centroamérica. No puede suceder que ese país tenga 20 años sin tener proyección a través de la pantalla en el exterior. Todo el equipo levantó la película para decir: Miren, podemos hacerlo. No hemos terminado la lucha, la película tiene que estrenarse en Nicaragua y tiene que estabilizarse la producción.

¿Cuál sería el factor esencial para que la producción cinematográfica florezca en ese país?

Hay dos aspectos importantes: el mercado y las decisiones políticas. Pero, no se puede dejar todo en manos de las empresas en un país que ha perdido su cultura cinematográfica desde hace 20 años: no se tienen los suficientes profesionales, etc. Si no hay una decisión política para fomentar la cinematografía a través de fondos, que se pueden buscar de miles de formas para la cultura, no lo vamos a lograr.

El cine puede ser rentable: es una arte y una industria. Lo increíble en Nicaragua es que hemos tenido apoyo de la empresa privada para filmar esta película, del Ejército, de la Policía Nacional, del Ministerio de Deporte. Pero, a nivel de cultura, de impuestos y finanzas, no existe una institución que ampare a la cinematografía.

Yo espero que no tengamos que esperar otros 20 años para hacer otra película, que dentro de poco tengamos un nuevo largometraje nicaragüense.

La protagonista del filme es una joven boxeadora y pobre ¿Qué visión de la realidad de la mujer en Nicaragua encierra La Yuma?

Es una mujer que no tiene cultura, educación, pero tiene una gran intuición y una gran inteligencia natural. Ella se dio cuenta de que el mundo del poder era el mundo de los hombres. Por eso entró al mundo de los hombres, porque si se quedaba en el mundo de las mujeres a la edad que tiene en la película ya tendría dos niños, hubiera perdido al primer marido, el segundo estuviera en la cárcel, el tercero le pega… ese es el destino clásico, desgraciadamente, de muchas de las mujeres de esta extracción social.

Ella, al no querer ese destino, entra al mundo de los hombres, hace boxeo y se reivindica como persona. Pero, no tiene la cultura y la educación de una muchacha acomodada, como para no vivir esa realidad sin violencia, sin tener que romper puertas y forzar el destino.

Usted ha sido reconocida como una de las mujeres que más ha contribuido al desarrollo del cine en la región ¿Cómo visualiza la presencia de las féminas en la realización cinematográfica de Centroamérica?

Hay una cosa muy extraña y no le hemos encontrado respuesta. En Nicaragua, la mayoría de las cineastas y productoras son mujeres, y sucede mucho en Centroamérica. Las mujeres poco a poco se van imponiendo, y resulta un poquito más fácil en el mundo de la cultura, porque de cierta forma es más abierto a las diferentes propuestas y visiones.

Por otra parte, hay una diferencia muy grande en el acceso al trabajo y a las responsabilidades públicas de las mujeres. Sin embargo, cargan con todas las responsabilidades de la familia. En el espacio público hay muy pocas mujeres, por eso ya se está hablando de cuotas para estos puestos en Nicaragua. Por algunos años debería funcionar este sistema para romper la brecha, y después se decidiría, como debe ser, por la real calidad de las personas, sean hombres o mujeres.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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