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Si algún director de cine
quisiera filmar una versión
moderna del clásico Ciudadano
Kane, del genial y muy
polémico Orson Welles,
probablemente el personaje ideal
en el que pudiera estar basada
la obra sería el magnate de los
medios de comunicación Rupert
Murdoch.
Si Welles creó e interpretó a
Charles Foster Kane, inspirado
en la vida de William R. Hearst,
el atrevido cineasta que
quisiera acercarse a Murdoch
tendría en sus manos un rico
guión en el que no faltarían
varios de los elementos que
tanto ayudan a vender el cine
producido en Hollywood: un
multimillonario rodeado de
misterios, negocios turbios y
una fama de hombre excéntrico,
acrecentada por los medios de
comunicación —y son varios— que
controla en diversas partes del
mundo.
Murdoch ha ocupado titulares en
los últimos tiempos y no
precisamente por una nueva
adquisición de una televisora,
periódico o estación de radio,
sino porque persiste en la idea
de cobrar los contenidos que
aparecen en Internet. El tema
quizá no sea novedoso; pero la
fuerte posición de Murdoch,
sustentada en sus miles de
millones de dólares, ha
impulsado a otros a seguir el
modelo que ya se emplea en la
versión online del diario The
Wall Street Journal.
La supuesta explicación del
cobro a los usuarios de lo que
hasta ahora ha sido gratuito
comienza —y termina— con la
crisis económica que ha golpeado
a los medios. Estos han sufrido
una notable reducción de los
ingresos por publicidad y los
dueños optaron por disminuir las
plantillas e incluso muchos
cerraron las versiones
tradicionales y mantuvieron,
únicamente, presencia en
Internet; aunque las decisiones
fueron todavía más drásticas
para medios como Soitu.es que
anunció su desaparición por los
graves problemas financieros.
Ante estas realidades, los
propietarios —con Murdoch a la
cabeza— parecen haber encontrado
la “fórmula” para salir de la
crisis: obligar a los
internautas a pagar por el
acceso a los contenidos de los
medios.
La gran pregunta sería: ¿estarán
las personas dispuestas a
invertir su dinero en algo que
pueden obtener, por otras vías
—sitios— sin dejar escapar un
centavo? Murdoch cree que sí y
sus empleados, por supuesto, no
se atreven a contradecir al
australiano de nacimiento,
aunque con nacionalidad
norteamericana.
Murdoch y su poderosísimo grupo
mediático News Corp (al que
pertenecen Fox News, Sky, entre
otros) pretenden repetir el
éxito del modelo económico
implementado en el The Wall
Street Journal, considerado
uno de los medios financieros de
mayor prestigio en el mundo.
Para acceder al diario los
internautas pagan una cifra
cercana a los 150 dólares
anuales y esto le ha permitido a
Murdoch obtener ganancias
millonarias.
News Corporation registró en el
primer trimestre de 2009 un
beneficio neto de más de 600
millones de dólares, un 11% más
que el año pasado; sin embargo,
la mayor parte de esos ingresos
provino de la división de cine y
televisión, no de la prensa.
Los números positivos del
Journal impulsaron a Murdoch
quien anunció que en un futuro
no lejano uno de sus principales
medios, el británico The
Times, también iniciaría el
cobro. Aunque esa decisión
todavía permanece en suspenso,
el conglomerado de medios
Johnston Press ya exige dinero a
los usuarios para permitirles un
acceso total al contenido de
seis de los 300 diarios que
posee el grupo.
Además de las “gratuidades” de
la prensa online, Murdoch tiene
—o ha fabricado—un nuevo
enemigo: Google.
El popular servicio Google News
ofrece un resumen de los
titulares de los medios de forma
gratuita; no obstante, recibe
millones pagados por las
empresas interesadas en
publicitar sus ofertas. Esta
forma de ganar dinero no la
considera “justa” Murdoch quien
ha afirmado, en diversas
ocasiones, que planea “hacer
invisible” los contenidos de sus
medios a Google.
Probablemente cumpla la
“amenaza” y el acuerdo con el
buscador de Microsoft, Bing.com
—sin dudas, el principal rival
de Google en el mercado de las
búsquedas— mediante el cual se
ofrecerán allí de manera
exclusiva las noticias de News
Corporation demuestra que
Murdoch está dispuesto a elevar
la confrontación con Google.
Tal vez una de las frases
literarias más citadas de la
historia sea cuando el Hamlet de
William Shakespeare duda: “Ser o
no ser. Esa es la cuestión”. La
readaptación de esa frase se ha
convertido en un cliché, pero en
este caso funciona a la
perfección para ilustrar el
dilema en que se encuentra
Rupert Murdoch: cobrar o no
cobrar ¿habrá algún problema?
Para el magnate la respuesta a
la interrogante de seguro es un
“no” rotundo, solo que parece
olvidar que los usuarios de
Internet pudieran tener un
criterio diferente. |