CHE: “Septiembre 24.-
Entramos en la finca El Colorado. En
el término de Florida y acampamos en
un monte.”
Serían las 03.00 horas de ese
miércoles, cuando contactaron con
José Miguel. Alrededor de su humilde
vivienda permanecieron hasta que al
amanecer se trasladaron para un cayo
de monte a unos mil metros, nombrado
Los Güines, barrio de San Gerónimo.
Che continuaba con asma. Se le pidió
al práctico que fuera a comprar
mercancía a la bodega de la región,
lo que hizo llevando tres bestias. A
José Miguel le solicitaron conseguir
dos reses y agua, ambas cosas se
resolvieron, por lo que el hambre y
la sed se calmaron. Por la noche el
guía Valdera regresó a su casa.
A la hora de partir no se pudo pues
José Miguel, quién se había brindado
para guiarlos, pidió autorización
para recoger unas vacas y se largó
con la familia. Esto más que una
demora, ocasionaba una gran
preocupación, pues no se podía
predecir cuáles eran sus
intenciones. De esta manera se ven
obligados a seguir acampados, por
supuesto redoblando las medidas de
seguridad. Es posible que el jefe
invasor considerara que aquel largo
descanso era necesario para todos.
SEPTIEMBRE 25: Ante esta situación,
sin práctico y con el lío de la
brújula, Camilo dio la orden de
acampar, alrededor de las cuatro de
la madrugada. Como vemos la
situación de ambas columnas es
similar en aquella zona. La Antonio
Maceo estaba en un monte, no muy
extenso, rodeado de palma cana y
guano, con mucha plaga y sin comida
ni agua. La perdida de Senén
preocupaba a todos. Cuatro días
después, cuando se capturaron dos
soldados enemigos, se supo lo
ocurrido.
LA MUERTE DE SENEN MARIÑO: Senén fue
entregado a los esbirros por el
práctico Eutimio Hernández, cuando
fueron a comprar en la bodega del
batey de Cayo Ciego. No tuvo
oportunidad de escapar ni de
defenderse. Trasladado para los
calabozos del cuartel del central
Baraguá, donde lo torturaron
brutalmente para que delatara dnde
se encontraba la columna. Al día
siguiente fue conducido hacia la
colonia El Palenque. Allí, no
obstante ser nuevamente torturado,
no lograron la delación y lo
asesinaron. Su cadáver fue
arrastrado por un jeep, para indicar
la suerte que esperaba a quienes
combatían la el tiranía.
El teniente Senén Mariño era uno de
los compañeros que más tiempo
llevaba junto a Camilo. Fue jefe de
escuadra y guerrilla independiente,
en los días en que el comandante
Cienfuegos operaba en los llanos del
Cauto. Era obrero agrícola cuando
acudió al llamado de la patria. El
valeroso combatiente entregó la
vida, antes que delatar a sus
compañeros de armas. De Senén
Mariño, Camilo escribió:
"Quedó
demostrado que nuestro compañero
supo comportarse a la altura de un
valiente revolucionario, no
denunciando el lugar donde nos
encontrábamos."
Con el fin de dar a conocer el
asesinato de Senén, emitieron el
siguiente documento:
“Ctel. A. Castillo C. De Ávila
26 de sept.
1958
Nro. 132.
ASUNTO: Informe encuentro con
forajidos.
Al : Jefes Opnes. Prov. Cguey.
Camp.
Agrte. / CGUEY.-
1- Tengo el honor de informarles que
según informe remitido por él... 1er
Tte (GT) Ramón Betancourt Osorio MM
Jefe Pto GR Stewart, tuvo encuentro
con forajidos en los Monte de la Fca.
Palenque, zona de esta Unidad, donde
resultó muerto un individuo no
identificado. Para su conocimiento y
efectos procedentes.
De usted respetuosamente
POR LA LIBERTAD DE CUBA
(f) P.S. Chaviano MM
Cmte. Jefe Esc 23 Rural”
Por otra parte, los bombardeos de la
aviación se repitieron. De nuevo sin
rumbo seguro, como venían haciendo
cada día, se inició la dura marcha.
La brújula pasó a las manos de
Pinares y luego a las de Camilo y
sucedió lo mismo. La columna No. 2
avanzaba con inseguridad, entrando y
saliendo de la costa por los
manglares, sin saber exactamente
dónde se encontraban.
LA YEGUA CRUDA: El comandante dio la
orden de acampar y esperar el
amanecer. Quería buscar a alguien
que los orientara. Al pasar cerca de
un terraplén, el Jefe Guerrillero
dispuso que el teniente Delfín
Moreno con hombres de su escuadra
explorara el terreno, con el
propósito de localizar algún
práctico. Al oficial le indicó que
si la tropa no estaba en ese sitio
cuando regresaran —y señaló hacia un
monte—, debían continuar hasta
encontrarla más adelante. La
columna, avanzó hasta otro monte,
situado a dos kilómetros más o menos
del anterior hacia el oeste.
El hambre era tanta que Camilo
autorizó el sacrificio de la bestia
más gorda y saludable. Le tocó a una
yegua. Después de repartir la carne
por pelotones —hasta la sangre
bebieron algunos— se preparaban los
fogones para el asado, cuando se
escucharon tiros de fusilería y
morteros no muy lejos y volvieron
los odiosos ruidos de la aviación.
Inmediatamente se suspendió la tarea
culinaria, en espera de que todo
pasara. En ese momento las
maldiciones contra la aviación no
eran a causa del peligro que
corrían, sino porque no les permitía
cocinar, pues de inmediato hubo que
apagar los fogones, para que el humo
no delatara su campamento.
La situación no era nada agradable.
Se pensaba en Delfín y en los demás.
Ya era más de las 13:00 horas y
ellos no aparecían. El tiroteo iba
en aumento y todos se aprestaban
para el combate. Los observadores
que estaban en los árboles, avisaron
que los exploradores se acercaban a
toda carrera y que se veían camiones
de guardias frente al monte
anterior. Al poco rato, llegaron los
rebeldes, bastante extenuados por la
apresurada carrera. Con ellos venían
dos obreros agrícolas: Santiago
Ortiz y Manolo Yero.
— ¿Qué pasó?—preguntó Camilo.
Delfín informó que avanzaron por el
terraplén y en una turbina
encontraron a tres campesinos. Los
detuvieron y le pidieron informes de
la zona y la ubicación de los
guardias. Delfín les planteó que
estaban perdidos y necesitaban salir
de aquel lugar. Entonces uno de
ellos —negro, alto, de fuerte
complexión física con “cara de
luna”, según palabras del propio
Delfín— les dijo que ellos no eran
de esa zona, que venían a trabajar
en cosecha del arroz, pero se
ofreció para buscar a un señor que
sí conocía bien todos aquellos
montes. El oficial rebelde aceptó la
proposición de “cara de luna” —Edilio
Sanabria— además, le entregó dinero
para que comprara cigarros, tabacos
y fósforos. Pero, “cara de luna”
avisó al mayoral de la finca y
juntos informaron al Ejército.
Aquí es necesario destacar dos
cosas: una muy negativa y otra
positiva. La primera es que fue un
error dejar ir solo a “cara de
luna”. En esos casos, si el emisario
no es de absoluta confianza, hay que
averiguar dónde vive la persona que
él plantea puede servir de guía y,
entonces, si es posible, salir a
buscarla. También, excepcionalmente,
puede dejársele marchar solo, pero
si junto a los guerrilleros
permanece algún familiar cercano que
garantice que el mensajero no pueda
cometer una delación.
La positiva, es que el olfato
guerrillero de Camilo en estos
casos, previendo cualquier
contratiempo, pensó que el lugar que
atacarían sería el primer monte, por
lo cual lo abandonó. Así sucedió, ya
que aunque el delator no conocía
dónde estaban los rebeldes, los
militares siguieron el rastro de los
exploradores, que al percatarse que
venían los camiones cargados de
militares, corrieron hacia ese
lugar. La reprimenda por el error
cometido no se hizo esperar.