|
Recientemente conocí que el
legendario creador
puertorriqueño Rafael Hernández,
según su hermana Victoria, había
sido un compositor clásico al
que se le metió en la cabeza
hacer música popular, y vino a
escoger precisamente la cubana.
Y vaya que lo logró este
excepcional artista, autor de
piezas tan conocidas como
“Cachita”, una de las rumbas más
famosas, o “Capullito de Alelí”,
concebidas al más puro estilo de
nuestros compositores
nacionales.
De igual forma sucede con
algunas piezas musicales de
autores mexicanos como Agustín
Lara y Guty de Cárdenas, así
como también con las del
puertorriqueño Pedro Flores, que
han sido tan asumidas aquí que
muchos las consideran cubanas.
En el caso de Rafael Hernández
algunos afirman que “lo cubano”
en su quehacer musical, se debe
precisamente al muy largo tiempo
vivido entre nosotros, lo que se
ha venido repitiendo una y otra
vez en el transcurso del tiempo,
por lo que “causa asombro
conocer
─como
afirma el periodista Lino
Betancourt─
que el compositor boricua
solamente residió en Cuba
durante el lustro entre 1920 a
1925, aunque luego visitó la
Isla esporádicamente durante
mucho tiempo”.
Por su identidad caribeña
Nacido el 24 de octubre de 1891,
en un humilde hogar de la ciudad
puertorriqueña de Aguadilla,
cuando Rafael Hernández es
contratado en La Habana de 1920
para dirigir la orquesta del
Teatro Fausto, es un músico
completo.
Toca el trombón, el violín, la
trompeta, el contrabajo y la
guitarra. Acaba de ser
licenciado como sargento de una
banda de música organizada en
Nueva York al comienzo de la
Primera Guerra Mundial, con la
que viajó por algunos países de
Europa.
Como se sabe, en esos años,
─época
de oro de la trova y el son─
la rivalidad entre los
espectáculos musicales en la
capital cubana era muy fuerte.
Se encontraban en todo su auge
los teatros Campoamor, Encanto,
Alhambra, Payret, Actualidades,
Molino Rojo, y otros, pero el
talento del boricua unido a la
maestría de los intérpretes del
patio, provocaron que el Fausto
se convirtiera muy pronto en uno
de los favoritos del gran
público habanero.
Ya para entonces Rafael
Hernández era capaz de asimilar
en toda su dimensión “lo cubano”
en el pentagrama, sus canciones,
boleros, criollas, guarachas y
sones, que, sin duda alguna,
marcaron las composiciones que
luego daría a conocer El
Jibarito, y que hoy, continúan
siendo apreciadas por algunos
como genuinamente cubanas, y no
como puertorriqueñas, aunque no
se puede obviar, desde luego,
que la música de estos dos
países hermanos
─“de
un pájaro las dos alas” , al
decir de la poetisa boricua Lola
Rodríguez de Tió─
tienen una ennoblecida similitud
por su identidad caribeña.
Tú bien lo sabes, capullito de
alelí…
Luego de su estancia en nuestro
país, creó su famoso trío
Borinquen en la ciudad de Nueva
York, y justo en el Día de la
Canción Cubana, en 1926, dio a
conocer una de sus primeras
obras coronadas con el éxito,
“Capullito de Alelí”, por la que
obtuvo un reconocimiento.
En 1929, todavía en la gran
urbe, compuso su más famosa
pieza musical, la clave “Lamento
borincano”, popularizada por el
tenor Alfonso Ortiz Tirado y que
llegó a convertirse en un himno
de su Puerto Rico querido. Pero
esta no sería su única pieza
donde le canta a su país
lamentándose de la dramática
situación en que vive, pues con
posterioridad escribió
“Preciosa”, una obra también de
profundo contenido social.
A principios de los años 30
formó su conjunto Victoria, con
el que vivió momentos muy
importantes de su exitosa
carrera, y cuya denominación fue
un reconocimiento a su hermana
de igual nombre, quien era
además, su representante.
Se cuenta que en cierta ocasión
le preguntaron a Agustín Lara
una definición del género que
tanto cultivó, el bolero, a lo
que el músico mexicano
respondió: “si quieren saber lo
que es un bolero escuchen
“Campanitas de cristal” ”, tema
escrito por Hernández.
Su legado de inapreciable valor
Aunque es de suponer que Rafael
Hernández compuso muchas obras
en Cuba, lo cierto es que su
mayor producción musical,
─como
“Preciosa”, “Campanitas de
cristal”, “Perfume de gardenias”
y “Tabú”, entre otras─,
la escribió en México, donde
vivió largos años. Allí se casó
y nacieron tres de sus cuatro
hijos.
Numerosos fueron los
reconocimientos que disfrutó en
vida, no solo en su país, el
destacado compositor
puertorriqueño. Su corrido
mexicano “Que chula es Puebla”
es considerado un himno regional
en ese estado azteca. El tema
“Linda Quisquella”, también de
su autoría, se reconoce como el
segundo himno de la República
Dominicana.
El Jibarito falleció el 11 de
diciembre de 1965, a los 69
años, y sus restos fueron
llevados al Capitolio Nacional
de San Juan, en donde recibió
múltiples homenajes. Su funeral,
se afirma, fue la mayor
manifestación de duelo en Puerto
Rico.
En 1976, la Torre del Big Ben de
la ciudad de Londres proyectó en
su carillón la melodía de
“Campanitas de cristal”. En
Cubadisco 2009 recibió en el
habanero teatro América una gala
homenaje por su legado de
inapreciable valor en el
pentagrama de la creación
hispanoamericana. Su pieza “El
cumbanchero” ha sido grabada en
más de medio millón de
ocasiones.
De su herencia quedan unas 2000
composiciones musicales de
diversos géneros, muchas de
ellas con esa expresión cubana
que se le metió en la cabeza y
que hoy todos le reconocemos. |