Año VIII
La Habana
2009

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La música cubana de un puertorriqueño
Josefina Ortega • La Habana
Fotos: Cortesía de la autora

Recientemente conocí que el legendario creador puertorriqueño Rafael Hernández, según su hermana Victoria, había sido un compositor clásico al que se le metió en la cabeza hacer música popular, y vino a escoger precisamente la cubana.

Y vaya que lo logró este excepcional artista, autor de piezas tan conocidas como “Cachita”, una de las rumbas más famosas, o “Capullito de Alelí”, concebidas al más puro estilo de nuestros compositores nacionales.

De igual forma sucede con algunas piezas musicales de autores mexicanos como Agustín Lara y Guty de Cárdenas, así como también con las del puertorriqueño Pedro Flores, que han sido tan asumidas aquí que muchos las consideran cubanas.

En el caso de Rafael Hernández algunos afirman que “lo cubano” en su quehacer musical, se debe precisamente al muy largo tiempo vivido entre nosotros, lo que se ha venido repitiendo una y otra vez en el transcurso del tiempo, por lo que “causa asombro conocer como afirma el periodista Lino Betancourt que el compositor boricua solamente residió en Cuba durante el lustro entre 1920 a 1925, aunque luego visitó la Isla esporádicamente durante mucho tiempo”. 

Por su identidad caribeña 

Nacido el 24 de octubre de 1891, en un humilde hogar de la ciudad puertorriqueña de Aguadilla, cuando Rafael Hernández es contratado en La Habana de 1920 para dirigir la orquesta del Teatro Fausto, es un músico completo.

Toca el trombón, el violín, la trompeta, el contrabajo y la guitarra. Acaba de ser licenciado como sargento de una banda de música organizada en Nueva York al comienzo de la Primera Guerra Mundial, con la que viajó por algunos países de Europa.

Como se sabe, en esos años, época de oro de la trova y el son la rivalidad entre los espectáculos musicales en la capital cubana era muy fuerte. Se encontraban en todo su auge los teatros Campoamor, Encanto, Alhambra, Payret, Actualidades, Molino Rojo, y otros, pero el talento del boricua unido a la maestría de los intérpretes del patio, provocaron que el Fausto se convirtiera muy pronto en uno de los favoritos del gran público habanero.

Ya para entonces Rafael Hernández era capaz de asimilar en toda su dimensión “lo cubano” en el pentagrama, sus canciones, boleros, criollas, guarachas y sones, que, sin duda alguna, marcaron las composiciones que luego daría a conocer El Jibarito, y que hoy, continúan siendo apreciadas por algunos como genuinamente cubanas, y no como puertorriqueñas, aunque no se puede obviar, desde luego, que la música de estos dos países hermanos “de un pájaro las dos alas” , al decir de la poetisa boricua Lola Rodríguez de Tió tienen una ennoblecida similitud por su identidad caribeña.  

Tú bien lo sabes, capullito de alelí… 

Luego de su estancia en nuestro país, creó su famoso trío Borinquen en la ciudad de Nueva York, y justo en el Día de la Canción Cubana, en 1926, dio a conocer una de sus primeras obras coronadas con el éxito, “Capullito de Alelí”, por la que obtuvo un reconocimiento.

En 1929, todavía en la gran urbe, compuso su más famosa pieza musical, la clave “Lamento borincano”, popularizada por el tenor Alfonso Ortiz Tirado y que llegó a convertirse en un himno de su Puerto Rico querido. Pero esta no sería su única pieza donde le canta a su país lamentándose de la dramática situación en que vive, pues con posterioridad escribió “Preciosa”, una obra también de profundo contenido social.

A principios de los años 30 formó su conjunto Victoria, con el que vivió momentos muy importantes de su exitosa carrera, y cuya denominación fue un reconocimiento a su hermana de igual nombre, quien era además, su representante.

Se cuenta que en cierta ocasión le preguntaron a Agustín Lara una definición del género que tanto cultivó, el bolero, a lo que el músico mexicano respondió: “si quieren saber lo que es un bolero escuchen “Campanitas de cristal” ”, tema escrito por Hernández. 

Su legado de inapreciable valor 

Aunque es de suponer que Rafael Hernández compuso muchas obras en Cuba, lo cierto es que su mayor producción musical, como “Preciosa”, “Campanitas de cristal”, “Perfume de gardenias” y “Tabú”, entre otras, la escribió en México, donde vivió largos años. Allí se casó y nacieron tres de sus cuatro hijos.

Numerosos fueron los reconocimientos que disfrutó en vida, no solo en su país, el destacado compositor puertorriqueño. Su corrido mexicano “Que chula es Puebla” es considerado un himno regional en ese estado azteca. El tema “Linda Quisquella”, también de su autoría, se reconoce como el segundo himno de la República Dominicana.

El Jibarito falleció el 11 de diciembre de 1965, a los 69 años, y sus restos fueron llevados al Capitolio Nacional de San Juan, en donde recibió múltiples homenajes. Su funeral, se afirma, fue la mayor manifestación de duelo en Puerto Rico.

En 1976, la Torre del Big Ben de la ciudad de Londres proyectó en su carillón la melodía de “Campanitas de cristal”. En Cubadisco 2009 recibió en el habanero teatro América una gala homenaje por su legado de inapreciable valor en el pentagrama de la creación hispanoamericana. Su pieza “El cumbanchero” ha sido grabada en más de medio millón de ocasiones.

De su herencia quedan unas 2000 composiciones musicales de diversos géneros, muchas de ellas con esa expresión cubana que se le metió en la cabeza y que hoy todos le reconocemos.
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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