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Paloma Zambrano es según
sus propias palabras
“artista y astróloga”,
pero además, y
sobre todo, es la nieta
del creador argentino
León Ferrari. Le
interesan mucho las
terapias alternativas
porque “la astronomía
es como un lenguaje
simbólico y tiene mucho
que ver con el arte”.
Llega por primera vez a
La Habana como portadora
de un entrañable
mensaje de su abuelo,
a quien le fuera
otorgado el Premio ALBA
de las Artes en la
reciente Cumbre de la
Alianza Bolivariana.
“Hay mucho de astrología
en la obra de mi
abuelo”, nos confiesa al
indagar sobre el vínculo
que existe entre sus dos
pasiones: “en parte
consciente y otras
inconscientemente. Ahora
justo se realizó una
muestra de León con
planetas y elementos muy
simbólicos que utiliza
tal vez sin darse
cuenta.”
La Fundación Ferrari
Con la voz de Ferrari al
hombro, Paloma se
considera una
continuadora de la
tradición familiar y
comprometida con la
perdurabilidad de la
obra de uno de los
artistas más versátiles
del continente: “Somos 7
nietos, 6 mujeres y 1
varón. Mi abuelo produce
muchísimo, tiene miles
de obras, y va todos los
días al taller, trabaja
de lunes a domingo,
desde las nueve de la
mañana hasta la una de
la tarde. Él produce y
produce..., y a nosotros
nos cuesta mucho
organizarnos para
ayudarlo. Desde chicos
trabajamos con él. Por
eso estamos intentando
armar la Fundación, para
organizarnos y así poder
trabajar en la
documentación, la
conservación, y todo
cuanto tenga que ver con
su obra, para que la
gente pueda utilizar
todo este material de
archivo. Tenemos
muchísimas ideas.
Queremos mantener la
intención de León.
Nosotros no somos León,
somos las nietas, pero
queremos preservar su
obra, mantener su
acción, y hacerlo con la
ayuda de investigadores,
historiadores del arte y
críticos.
“Mi bisabuelo también
era artista, hacía
fotos, pintaba iglesias,
y creo que a León le
legó todo eso. Así que
el arte está, existe en
todos, solo que algunos
lo manifiestan, otros
no, es una expresión
humana natural. En el
2010, en enero, se hace
la primera muestra de la
fundación, le llamamos
Fundación Augusto y León
Ferrari: Arte y acervo,
pues León quiso que sea
también de su padre.
Partiremos de Bogotá y
quisiéramos que itinere
por toda América Latina,
se exponga en lugares
pequeños, y después que
viaje por Europa, el
Oriente, para
extendernos en una
especie de gira mundial.
Eso es lo ideal, lo que
estamos proyectando.
“Hay obras nuevas,
raras, que encontramos
en las mudanzas de las
casas, rollos que
estuvieron por más de
20 años guardados
—desde los 80—, y
nosotros desenvolvimos
ahora en 2009, esas
cosas a las que solo por
ser sus nietas y estar a
su lado hemos podido
acercarnos,
redescubrirlas. Es otra
mirada, aspectos que no
se vieron nunca antes y
que no parecen del León
Ferrari al que todos
estamos acostumbrados.”
León Ferrari como unidad
Ferrari desarrolló un
lenguaje artístico
propio utilizando
técnicas como el
collage, la fotocopia y
el arte postal, pero
también experimentó con
diversos materiales. En
1962 realizó la primera
escritura abstracta,
ininteligible, la cual
continuó hasta la
actualidad. En su
capacidad creativa,
polemiza con la relación
entre violencia y
religión en la cultura
de Occidente, pero
Paloma lo prefiere como
una unidad: “No lo vemos
como el antirreligioso,
el político, para
nosotras todo es lo
mismo, toda la
experimentación de León,
todo lo que a él le pasó
lo tenemos muy
unificado. A veces hay
una imagen de León muy
cristalizada, pero en
realidad él experimentó
muchísimo y hay gran
parte de su obra que no
se conoce; además, ahora
produce de una manera
increíble, tiene 90 años
y hace tres obras por
día. Tiene un taller en
las afueras de Buenos
Aires, una casa llena de
cosas. La Fundación está
a la vuelta y él nos
manda sus trabajos
constantemente. Es muy transpersonal, hay algo
de él que va más allá de
límites territoriales,
del hecho de ser
argentino, de haber
vivido en Brasil... Me
parece que aborda sobre
todo al hombre y a las
temáticas humanas como
un todo único. Es muy
libre cuando crea, tiene
algo de niño, de jugar
con el arte.”
Cuba en León
Estos últimos años los
cubanos hemos
redescubierto a León
Ferrari. La Casa de las
Américas expone sus
obras en el contexto del
Año cinético que celebra
el aniversario 50 de la
institución, se le
otorga la Orden Haydée
Santamaría y, con todo
sentido de ética y
justicia cultural, un
prestigioso jurado de la
tercera edición de los
Premios ALBA de las
Artes le confiere por
unanimidad el galardón.
Al hablar sobre la Isla
y lo que significa para
su abuelo, Paloma
asegura: “León se
emociona mucho con Cuba,
lo dijo en el discurso
de agradecimiento al
Premio. Tiene muchísimo
afecto por la Isla, y
además ha venido como
tres veces. Me parece
que a él le emociona que
ocurran todos estos
movimientos artísticos y
que lo vean como
referente en Cuba. Le
emociona por la lucha
que lleva este país por
los derechos humanos y
la libertad”.
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Paloma Zambrano
junto a Frei
Betto, Premio
ALBA de las
Letras
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León Ferrari y Mira Schendel
“Hubo una muestra que
organizó un curador del
MoMA, el venezolano Luis
Pérez Oramas, donde hizo
una especie de unión de
la obra de León Ferrari
y de Mira Schendel, la
artista brasileña. Es
muy interesante la
exposición porque
intenta agrupar lugares
donde ellos se tocan,
por vivencias, por
historias, por arte.
León tiene muy unido el
arte con la vida, para
él es lo mismo. Su obra
es muy auténtica, muy
personal, no es un ente
separado. Esta muestra
viajó al Reina Sofía, en
Madrid, y ahora va a
exponerse en Porto
Alegre.”
El Cristo de Ferrari
En el Premio Di Tella
de 1965 presentó “La
Civilización Occidental
y Cristiana”, un Cristo
crucificado en un
bombardero
estadounidense. La obra
no fue exhibida, pero sí
las tres cajas que
formaban parte de su
representación y que
transitaban por el mismo
tema de las guerras y
las formas de
intolerancia que han
sido los pilares de su
quehacer. Estas cajas
incitaron la oposición
de críticos y censores
lo que provocó una
respuesta contundente
del artista en una carta
que publicó la revista
Propósitos.
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“León tiene
un carácter
transpersonal”, continúa
contando Paloma, “me
parece que él puede
captar los símbolos más
profundos. La obra del
avión es un símbolo, fue
realizada en el 1965 y
estamos en el 2010 y
sigue funcionando. Esa
profundidad que tiene se
traslada y no hay
límites en el tiempo.
Existe algo que lo
atraviesa, que lo
supera, que él mismo no
puede controlar. Capta
las ondas más profundas,
como Van Gogh, que en su
época todo el mundo
creía que era loco, pero
estaba percibiendo algo
que era más visionario.
“Es, además, muy abierto a
las nuevas tecnologías,
yo le hablo de
astrología y es
receptivo. Es como los
niños que son libres,
escuchan, experimentan,
juegan y se toman las
cosas de una manera
especial, y el arte
simboliza eso, es un
medio, una vía para
decir cosas, y en su
vida también es así. Lee
mucho, le gusta el cine,
la música y estar con mi
abuela. Ese es el León
que conozco.”
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