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Ser escultor requiere, además de los
estudios pertinentes,
ingenio, voluntad,
sabiduría, esfuerzo y
muchos otros elementos
que solo los verdaderos
escultores saben. Tal
vez escultores como
José
Villa Soberón,
Premio Nacional de Artes
Plásticas 2008 y
reconocido por su
trabajo no solo en
nuestro país, sino en
muchas ciudades del
mundo.
La obra de Villa nos convida a
dialogar, a compartir, a
comunicar estados de
ánimos y sentimientos, y
en él, a decir de
Hortensia Montero,
curadora de su más
reciente exposición
personal, Mutantia,
en el Museo Nacional de
Bellas Artes, se
aprecian “dos aspectos:
una obsesión por
mantener la relación
armoniosa con la
naturaleza, eminente
conquistadora de sus
representaciones
mediante la ejecución
conceptual y estética, y
el misterio del esencial
contraste de luces y
sombras. La tenacidad
propia y la laboriosidad
cotidiana del artista
conforman estructuras
reveladoras de un
paisaje visual inédito y
singular, así como el
inconfundible ritmo
subyacente en sus obras,
sustento vital de
armónicas creaciones que
aporta la homogeneidad y
la identidad de su
discurso”.
Se conoce que es muy
duro el trabajo de un
escultor, tal vez el más
difícil dentro del campo
de las artes plásticas.
¿Cómo logra Villa no
estancarse dentro de
este mundo?
Creo que sí, que la escultura es una
disciplina especialmente
difícil y más en las
obras destinadas al
espacio público. Este
tipo de obra,
generalmente de gran
formato, se realiza con
materiales perdurables,
casi siempre se realiza
por encargo, es muy
costosa, pesada de
manipular y trasladar,
por lo que no funcionan
los mecanismos
habituales del mercado
del arte.
En nuestro país es particularmente
compleja por las
dificultades económicas
y la escasez de
recursos, sin embargo,
creo que es un campo que
se ha desarrollado mucho
en estos últimos años y
no solo en la producción
de obras, sino también
en la calidad de las
propuestas, y de manera
particular entre los mas
jóvenes creadores que le
han dado una visión
renovadora a la
escultura cubana actual.
Pienso que, como otros
escultores, estoy
insertado en esta
realidad de desarrollo
permanente.
¿Qué necesita expresar a
través de su arte?
Quisiera que mis obras
pudieran despertar y
comunicar emociones,
enriquecer los
sentimientos más
naturales y sencillos
del ser humano y
expresar un grupo de
relaciones que se
producen en las formas y
los materiales dentro
del espacio de la
escultura, es lo que
siempre ha marcado mi
trabajo.
José Villa es
particularmente conocido
por su obra figurativa,
porque transgrede el
espacio urbano de
nuestras ciudades y nos
hace interactuar con
cada uno de sus
personajes, por
regalarnos la presencia
inmortal de esas grandes
figuras de la cultura
como Beny Moré, del
Prado cienfueguero; el
Caballero de París que
pasea por las afueras
del Convento de San
Francisco de Asís; o el
solitario
John Lennon, que medita
en uno de los bancos del
capitalino Parque de 17
y 6.
Su capacidad de humanizar, como él
mismo ha dicho, cada
personaje que esculpe,
ha hecho de cada uno de
ellos una pieza única e
irrepetible desde que
comenzó esta producción
en el año 2000, tras
ganar el concurso de
Homenaje a Lennon con la
pieza de 17 y 6.
A partir de ese año Villa ha
realizado “diez
esculturas a figuras muy
reconocidas en el mundo
y en nuestro país”, sin
embargo, la abstracción,
tema de la presente
exposición en el Museo
de Bellas Artes, ha sido
“durante más de 30 años
la expresión que más me
ha acompañado, y muestra
de ello son el casi
centenar de obras que
hoy acumulo no solo en
Cuba, sino en otros
países del mundo”.
Desde entonces Villa Soberón trabaja
las “dos líneas
artísticas a la vez
—figuración y
abstracción—, y han sido
varias las razones que
me estimulaban a ello,
principalmente a no
sentirme encasillado en
una única manera de
expresarme”.
La escultura, se piensa
y se concibe, en muchos
casos, como algo
estático, rígido. Sin
embargo, en esta
muestra, utiliza de
manera recurrente la
espiral como expresión
de movimiento. ¿Cómo lo
logra?
El símbolo de “la espiral” me
resultó interesante como
elemento central de esta
serie, principalmente
por todos los
significados que
provoca, lo sugerente y
comunicativo que
resulta. También es
atractiva visualmente y
permite que el
espectador establezca, a
partir de sus
experiencias formales,
táctiles y visuales,
sugerentes lecturas de
cada una de las
esculturas.

"Espiral", 2009.
Acero
Su obra ha sido siempre
singular, entre otras
cosas, porque rompe con
lo urbano, se relaciona
con el contexto social,
obras de mediano y gran
formato enclavadas en el
centro de algunas
ciudades. ¿Por qué
entonces esta exposición
en un interior?
Siempre he concebido mi trabajo como
una interacción pública.
Creo que el espacio
natural para la
escultura es el urbano,
que es donde este tipo
de obra puede cumplir
mejor con su naturaleza
expresiva. Al realizar
esta muestra, me fue
necesario elegir una
escala intermedia para
las piezas que la
conforman, y de esta
forma, que fueran las
propias esculturas de la
exposición en la sala
las que modelaran el
espacio como únicas
protagonistas.
¿Cuáles fueron los
mayores desafíos que
enfrentó José Villa para
realizar esta
exposición?
Mi obra anterior era básicamente
realizada para encargos
concretos, ahora el reto
era enfrentar una
exposición personal por
primera vez, es decir,
poner a dialogar obras
concebidas
deliberadamente para ser
apreciadas dentro de un
mismo espacio.
También fue un reto tener que
realizar todas las obras
en el transcurso de este
año sin disponer del
tiempo necesario para un
trabajo tan laborioso,
ni poseer todos los
recursos para enfrentar
un reto de esta
magnitud. Pero sobre
todo estaba el
compromiso de exponer en
la sala del Museo
Nacional, una
oportunidad que no había
tenido antes, y que
deseaba acometer con una
propuesta novedosa,
dinámica y
contemporánea.
No sé si finalmente lo he logrado,
pero tengo que reconocer
que me demandó un enorme
esfuerzo del que solo
pude salir airoso porque
tuve la suerte de tener
la ayuda y la
cooperación de muchos
colaboradores, ayudantes
y amigos. Creo que valió
la pena.
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