Año VIII
La Habana

26 de  DICIEMBRE
de 2009
al 1ro de ENERO de 2010
 

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Entrevista con José Villa Soberón

Una espiral enigmática que comunica

Liliana Rodríguez Simón • La Habana

Foto: La Jiribilla

 

Ser escultor requiere, además de los estudios pertinentes, ingenio, voluntad, sabiduría, esfuerzo y muchos otros elementos que solo los verdaderos escultores saben. Tal vez escultores como José Villa Soberón, Premio Nacional de Artes Plásticas 2008 y reconocido por su trabajo no solo en nuestro país, sino en muchas ciudades del mundo.

La obra de Villa nos convida a dialogar, a compartir, a comunicar estados de ánimos y sentimientos, y en él, a decir de Hortensia Montero, curadora de su más reciente exposición personal, Mutantia, en el Museo Nacional de Bellas Artes, se aprecian “dos aspectos: una obsesión por mantener la relación armoniosa con la naturaleza, eminente conquistadora de sus representaciones mediante la ejecución conceptual y estética, y el misterio del esencial contraste de luces y sombras. La tenacidad propia y la laboriosidad cotidiana del artista conforman estructuras reveladoras de un paisaje visual inédito y singular, así como el inconfundible ritmo subyacente en sus obras, sustento vital de armónicas creaciones que aporta la homogeneidad y la identidad de su discurso”.

Se conoce que es muy duro el trabajo de un escultor, tal vez el más difícil dentro del campo de las artes plásticas. ¿Cómo logra Villa no estancarse dentro de este mundo?

Creo que sí, que la escultura es una disciplina especialmente difícil y más en las obras destinadas al espacio público. Este tipo de obra, generalmente de gran formato, se realiza con materiales perdurables, casi siempre se realiza por encargo, es muy costosa, pesada de manipular y trasladar, por lo que no funcionan los mecanismos habituales del mercado del arte.

En nuestro país es particularmente compleja por las dificultades económicas y la escasez de recursos, sin embargo, creo que es un campo que se ha desarrollado mucho en estos últimos años y no solo en la producción de obras, sino también en la calidad de las propuestas, y de manera  particular entre los mas jóvenes creadores que le han dado una visión renovadora a la escultura cubana actual. Pienso que, como otros escultores, estoy insertado en esta realidad de desarrollo permanente.

¿Qué necesita expresar a través de su arte?

Quisiera que mis obras pudieran despertar y comunicar emociones, enriquecer los sentimientos más naturales y sencillos del ser humano y expresar un grupo de relaciones que se producen en las formas y los materiales dentro del espacio de la escultura, es lo que siempre ha marcado mi trabajo.

José Villa es particularmente conocido por su obra figurativa, porque transgrede el espacio urbano de nuestras ciudades y nos hace interactuar con cada uno de sus personajes, por regalarnos la presencia inmortal de esas grandes figuras de la cultura como Beny Moré, del Prado cienfueguero; el Caballero de París que pasea por las afueras del Convento de San Francisco de Asís; o el solitario John Lennon, que medita en uno de los bancos del capitalino Parque de 17 y 6.

Su capacidad de humanizar, como él mismo ha dicho, cada personaje que esculpe, ha hecho de cada uno de ellos una pieza única e irrepetible desde que comenzó esta producción en el año 2000, tras ganar el concurso de Homenaje a Lennon con la pieza de 17 y 6.

A partir de ese año Villa ha realizado “diez esculturas a figuras muy reconocidas en el mundo y en nuestro país”, sin embargo, la abstracción, tema de la presente exposición en el Museo de Bellas Artes, ha sido “durante más de 30 años la expresión que más me ha acompañado, y muestra de ello son el casi centenar de obras que hoy acumulo no solo en Cuba, sino en otros países del mundo”.

Desde entonces Villa Soberón trabaja las “dos líneas artísticas a la vez —figuración y abstracción—, y han sido varias las razones que me estimulaban a ello, principalmente a no sentirme encasillado en una única manera de expresarme”.

La escultura, se piensa y se concibe, en muchos casos, como algo estático, rígido. Sin embargo, en esta muestra, utiliza de manera recurrente la espiral como expresión de movimiento. ¿Cómo lo logra?

El símbolo de “la espiral” me resultó interesante como elemento central de esta serie, principalmente por todos los significados que provoca, lo sugerente y comunicativo que resulta. También es atractiva visualmente y permite que el espectador establezca, a partir de  sus experiencias formales, táctiles y visuales, sugerentes lecturas de cada una de las esculturas.



"Espiral", 2009. Acero

Su obra ha sido siempre singular, entre otras cosas, porque rompe con lo urbano, se relaciona con el contexto social, obras de mediano y gran formato enclavadas en el centro de algunas ciudades. ¿Por qué entonces esta exposición en un interior?

Siempre he concebido mi trabajo como una interacción pública. Creo que el espacio natural para la escultura es el urbano, que es donde este tipo de obra puede cumplir mejor con su naturaleza expresiva. Al realizar esta muestra, me fue necesario elegir una escala intermedia para las piezas que la conforman, y de esta forma, que fueran las propias esculturas de la exposición en la sala las que modelaran el espacio como únicas protagonistas.

¿Cuáles fueron los mayores desafíos que enfrentó José Villa para realizar esta exposición?

Mi obra anterior era básicamente realizada para encargos concretos, ahora el reto era enfrentar una exposición personal por primera vez, es decir, poner a dialogar obras concebidas deliberadamente para ser apreciadas dentro de un mismo espacio.

También fue un reto tener que realizar todas las obras en el transcurso de este año sin disponer del tiempo necesario para un trabajo tan laborioso, ni poseer todos los recursos para enfrentar un reto de esta magnitud. Pero sobre todo estaba el compromiso de exponer en la sala del Museo Nacional, una oportunidad que no había tenido antes, y que deseaba acometer con una propuesta novedosa, dinámica y contemporánea.

No sé si finalmente lo he logrado, pero tengo que reconocer que me demandó un enorme esfuerzo del que solo pude salir airoso porque tuve la suerte de tener la ayuda y la cooperación de muchos colaboradores, ayudantes y amigos. Creo que valió la pena.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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