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En cada una de sus obras
está presente su
universo interior, sus
vivencias y experiencias
con la tierra, la
naturaleza y lo
campesino, instantes que
han estado en él y lo
han acompañado desde que
muy pequeño recorría la
Sierra Maestra. Así
comenzó Nelson Domínguez
a conocer el arte, a
interesarse en todas y
cada una de sus
expresiones, cuando a
principios del triunfo
de la Revolución
aprendió a modelar
cerámica, a pintar y
hacer grabados en el
taller de pintura de su
escuela Camilo
Cienfuegos.
Esos fueron los primeros
pasos de este grande de
la plástica cubana.
Allí, en su natal
Santiago de Cuba,
comenzó una pasión que
nunca más puedo detener.
Hoy Nelson Domínguez es
un empedernido creador
que aborda el arte desde
sus más diversas formas,
pero siempre sin
desprenderse de sus
raíces.
En el 2009 Nelson
resultó merecedor del
Premio Nacional de Artes
Plásticas, máximo
reconocimiento que
otorgan el Consejo
Nacional de las Artes
Plásticas y el
Ministerio de Cultura de
nuestro país, y que han
decidido conferirle por
su destacada labor
artística, porque su
obra, además de variada
y diversa, incluye
pintura, dibujo,
cerámica, escultura y
grabado y en cada una de
sus entregas hay rigor,
experimentación, pero
principalmente
profesionalidad
artística.
Con el Premio Nacional
de Artes Plásticas 2009,
Nelson Domínguez
conversó La Jiribilla.
Con un creador, para
quien, después de haber
recibido importantes
reconocimientos
nacionales e
internacionales como el
del Festival
Internacional de Pintura
de Cannes, el Premio del
Centro de Promoción
Cultural Alejo
Carpentier, y el Premio
de Honor de la Bienal
Gráfica de la India,
entre otros, este, es
especial, diferente a
todos los demás, es un
reconocimiento único,
fundamentalmente,
porque, según el
artista, es algo que no
buscó. Es un premio que
“ha venido como una de
esas sorpresas que te
aguardan como resultado
del trabajo cotidiano”.
El premio le fue
entregado a Nelson
Domínguez en la noche
del pasado 23 de
diciembre, ceremonia en
la cual agradeció a
todos los presentes y
comentó que le venían a
la mente aquellos
momentos en los cuales
los deportistas cubanos,
en ciertos momentos de
sus logros, pensaban en
una persona a la que,
humildemente, esa noche
dedicó su galardón:
Fidel.
“Para mí, Fidel ha
dejado de ser un hombre
físico para convertirse
en potente idea. Es un
gran árbol bajo el que
nos guarecemos contra el
viento y el frío, y al
ser el más alto en el
bosque, nos indica la
dirección y ruta de cada
uno de nosotros. Miles
de razones me hacen
dedicar este humilde
reconocimiento a este
coloso de todos los
tiempos.”
A decir de Manuel López
Oliva, “hablar de Nelson
Domínguez es como
referirse al aire, los
paisajes, todos los
elementos que nos
rodean, porque es un
creador ya instalado en
el arte cubano y su
ambiente pictórico, un
artista completamente
identificado con la
naturaleza”.
Así lo califican muchos,
un artista, un creador,
un cubano, que ha hecho
de su obra, una parada
obligatoria dentro del
arte cubano, y para el
cual este año que ya
concluye, “ha sido, más
que otra cosa, tiempo
para reflexionar sobre
lo realizado, para
planear la continuidad
de mis propósitos
creativos, y al mismo
tiempo proyectarme con
más decisión en cada
plano de mi vida”.
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