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Los “nuevos” enemigos cada vez
están mejor preparados, se
refugian en el anonimato digital
y aprovechan las
vulnerabilidades en las redes
para lanzar sus ataques. Ellos
pueden ser desde un adolescente
de 15 años o un gran grupo
“terrorista”; aunque presentan
objetivos comunes: mediante el
uso de las más modernas
tecnologías pretenden robar
información confidencial militar
o quizá provocar el derribo de
aviones, la destrucción de los
servicios de comunicación y de
gas.
Ante estos peligros, que para
muchos solo existen en las
mentes de hábiles guionistas de
televisión y escritores, pues
nadie debería sorprenderse de
que los ejércitos de diversas
naciones realicen operaciones
conjuntas de defensa cibernética
y que los enormes presupuestos
militares, aun en tiempos de
crisis, incluyan importantes
cifras para la ciberseguridad.
Los argumentos anteriores los
repiten constantemente las
campañas de publicidad, creadas
por las empresas contratadas por
los ejércitos para tratar de
convencer a los contribuyentes
que su dinero está muy bien
empleado en sufragar a los
cibersoldados.
Pero en esta “confrontación”
persisten elementos extraídos de
las reminiscencias de la Guerra
Fría y que, sin duda, resultan
sospechosos. Por ejemplo, los
llamados enemigos son los
mismos: rusos que han atacado a
las redes georgianas y también
estonias; chinos que han
realizado más de 40 mil acciones
contra EE.UU. y tampoco podía
faltar en esta lista los
ciberterroristas norcoreanos
quienes han intentado robar
secretos —incluso nucleares— de
Corea del Sur.
Otro elemento llamativo de la
que algunos califican como
“Ciberguerra Fría” es que los
principales protagonistas en
esta nueva carrera armamentista
son, una vez más, los mismos. De
acuerdo con un informe de la
corporación McAfee, EE.UU,
Israel, Rusia, Francia y China
son las naciones que más dinero
invierten en la “confrontación”.
Gran Bretaña no aparece en la
lista; pero fue uno de los
primeros países en contar con
una persona a cargo de la
ciberseguridad, Neil Thompson,
quien tiene entre sus metas
principales reclutar —por
supuesto, con importantes sumas
de por medio— a ex hackers para
utilizar sus conocimientos ahora
en beneficio del ejército
británico.
Un poco antes de la experiencia
en el Reino Unido, durante la
última administración de George
W. Bush, su equipo de asesores
puso en marcha la “Iniciativa
Integral de Ciberseguridad
Nacional”, una estrategia que
establecía una mayor
coordinación entre las múltiples
agencias de inteligencia para
frenar el ciberterrorismo;
aunque la llegada a la Casa
Blanca de Barack Obama, un
hombre que siempre agradecerá su
triunfo al uso que su grupo de
comunicación hizo de las redes
sociales en Internet y que
también ha declarado que en su
campaña electoral recibió
ataques cibernéticos, pues era
previsible un refuerzo —más
dinero— de la Iniciativa de la
era Bush.
Obama apoyó el establecimiento
de una Cibercomandancia que
tiene entre sus objetivos
principales la unificación de
organizaciones cuyo control
actualmente está repartido entre
el ejército de tierra, mar y
aire, y crear un único grupo
coherente y capaz de defender a
EE.UU. de ataques informáticos
online, de acuerdo con las
palabras de Bryan Whitman,
portavoz del Departamento de
Defensa.
El segundo paso que había
anunciado Obama era el
nombramiento de un coordinador
nacional de ciberseguridad. Para
nadie es un secreto cuán difícil
le ha resultado a uno de los
Premios Nobel de la Paz más
controvertidos de la historia
formar su gabinete y tal vez por
eso la nominación del “ciberzar”
demoró tanto.
El Presidente norteamericano
mantuvo al anterior secretario
de Defensa, Robert Gates, y
finalmente decidió que otro
miembro de la tristemente
recordada administración Bush,
Howard Schmidt, será su
“ciberzar”, el cual residirá en
el Consejo de Seguridad Nacional
(NSA, por sus siglas en inglés).
Schmidt trabajó como asesor de
ciberseguridad de Bush; pero tal
vez lo más interesante es
analizar el currículo de este
hombre (al que presentan como un
Romanov de los tiempos modernos,
aunque de seguro su “reinado” no
durará tanto). Schmidt es
presidente del Foro de seguridad
de la información, un consorcio
que agrupa a 300 empresas y
organizaciones del sector
público y que se declara “sin
ánimo de lucro” (¡dudoso!).
Además, este veterano de la
Fuerza aérea norteamericana y
antiguo miembro del FBI, laboró
como jefe de seguridad nada
menos que de Microsoft y fue
director de información de
seguridad en eBay, el sitio de
subastas más importante en
Internet.
Con estos antecedentes se pueden
deducir algunas cosas: Schmidt
tiene una larga experiencia en
materia de seguridad y, sobre
todo, ha tenido estrechos
vínculos con los militares y con
el sector informático, una
combinación de elementos que,
probablemente, hayan convencido
a Obama para nombrarlo “ciberzar”.
Las funciones, al menos las
públicas, que tendrá Schmidt son
diversas: desde sus oficinas en
la NSA deberá presentar informes
al asesor de seguridad de Obama
para coordinar la política de
seguridad cibernética del
gobierno tanto para agencias
militares, como civiles;
mientras, el tan publicitado
Cibercomando, que está situado
en la base de Fort Meade,
Maryland, en las cercanías de
Washington, sin duda, también
tendrá un lugar importante en la
agenda del ciberzar.
En las informaciones publicadas
sobre el nombramiento no queda
muy claro si las funciones de
Schmidt están encaminadas,
únicamente, a la defensa; pero
si revisamos la historia, es
fácil comprender que en las
tareas del ciberzar el término
“acciones ofensivas” no está
descartado. |