Año VIII
La Habana
2009

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¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

Freddy Artiles
Cuestión de magisterio
Amado del Pino • La Habana

Esta es la última crónica del año. No me gustan los resúmenes y menos en un género leve y travieso como este. De todas las cosas que se festejan por estos días –entre melancolías e indigestiones-, pensé escribir sobre el Día del Maestro, que en Cuba se celebra el 22 de diciembre. Mi  mamá me ha dado las quejas por no felicitarla y creí que al recordar que ella fue mi maestra desde tercero a sexto grado , le podía rendir homenaje a todos los que lucharon por enseñarme algo.  La vieja me regañó mucho más en el aula que en la casa.  Otras veces he recordado que mi hermana supo diferenciar la condición de alumna de la de hija, pero yo me enredé en los roles y me costó bastante.

Debo pasar rápido por el recuerdo de mi padre –el maestro por antonomasia para todos los de mi zona-, encomendar a mis lectores a una crónica, de mis preferidas, que se llama “La venganza de la tiza”. Toda esa síntesis se debe a que acabo de enterarme de una triste noticia: ha muerto en La Habana Freddy Artiles.  Aunque tampoco prefiero llenar este espacio de obituarios, sobre el dramaturgo, investigador y sobre todo Maestro Artiles tengo que escribir.

No fuimos exactamente amigos.  Alguna vez señalé lo que considero limitaciones en algunas de sus obras dedicadas a los adultos. No así en las destinadas al público infantil, que solían complacerme. Tenía fama de áspero, cortante  y hasta de amargado. En el otro bando de esa visión estaba el rostro enamorado y siempre a su lado de Mayra Navarro y la opinión de algunos de sus más cercanos amigos. No hay que ocultar ninguna de esas evidencias porque el impulso de rendirle homenaje es más fuerte que cualquier desencuentro o discrepancia. Artiles se centró en el teatro para niños, subestimado por muchos y convertido, gracias en primer lugar a Freddy, en una disciplina universitaria, en un referente continuo dentro de la vida cultural cubana.

¡Y qué sabio, qué completo profesor fue siempre!

La  única que vez que me senté en el aula con él yo la pasé muy bien, pero falté al siguiente encuentro y Freddy –con esa sinceridad que suele molestar, pero a la larga aplaudimos- me dijo en otras palabras que yo no tenía suficiente motivación, que “no pintaba nada en ese grupo”. Y era verdad,  pero hasta los malos alumnos nos percatábamos de su eficacia docente.

Freddy matizaría los párrafos anteriores. Tal vez diera en recordarme que elogié obras dramáticas suyas como El Esquema o aquellos temas para broncas que no encontraron suerte sobre las tablas;  que también dejó testimonio de cosas que no le agradaban en mis estrenos, junto a algún seco pero válido elogio. Llegaríamos al acuerdo de que siempre nos quisimos y que discrepar, apelar a las sutilezas o la contrarréplica es parte de nuestro arte teatral.  Puede que me dijera esas cosas en oraciones cortas, como al descuido , como si toda la claridad, la pasión, la agridulce simpatía, la excelencia la reservara para sus profundas investigaciones, sus buenas artes de traductor y, sobre todo, para esa capacidad de enseñar, divulgar, defender.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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