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El 18 de diciembre de 2009, cerca de
las 12 de la noche, llegaba a su
fin con un concertazo el II
Encuentro de Jóvenes Artistas y
Escritores de América Latina y
el Caribe, Casa Tomada, que
durante cinco días trajo a la
Casa de las Américas a alrededor
de 25 invitados de varios países
de la región, y a todos los
interesados en acercarse a las
poéticas, los espacios y los
obstáculos que inquietan y hacen
crecer los diferentes ámbitos de
la creación actual en nuestro
continente.
La euforia por haber conseguido
llegar hasta este punto, en un
evento cuya suma de acciones
resultó muy positiva, disimulaba
el cansancio tras un año
tremendo, el 2009, durante el
cual la Casa celebró sus cinco
décadas. Los días siguientes
obligaban al resumen.
El inicio fue temprano, el 16 de
enero, con el anuncio en
conferencia de prensa de la
edición 50 de nuestro
emblemático Premio Literario,
cuyos jurados evaluarían en esta
ocasión novelas, obras de
literatura testimonial, libros
para niños y jóvenes, literatura
brasileña y otorgarían el premio
extraordinario sobre Latinos en
los EE.UU., con el que se
inauguraba un nuevo y oportuno
programa de estudios en la
institución.
Ese mismo día, en horas de la
tarde, quedaba abierta la
exposición De la abstracción…
al arte cinético, muestra
colectiva que reunió piezas de
la Colección Arte de Nuestra
América, entre las que figuran
baluartes de las tendencias
óptico-cinéticas que han marcado
la creación de vanguardia en la
plástica del continente.
Comenzaba así el Año Cinético.
Moverse, en el cumpleaños 50 de
la Casa, era más que una
metáfora.
Del 2 al 11 de febrero tuvo
lugar el Premio Casa. Alrededor
de 500 libros pasaron por las
manos de los jurados que,
divididos por categorías,
emitieron su veredicto el mismo
día que en la Galería
Latinoamericana quedaba abierta
la primera exhibición personal
del Año Cinético: Cinética,
de la chilena Matilde Pérez,
que contó con la presencia de la
presidenta del país
sudamericano, Michelle Bachelet.
El exilio voluntario,
del boliviano
Claudio Ferrufino-Coqueugniot;
Mañana es lejos (memorias verdes
de los años rabiosos),
del argentino
Eduardo Rosenzvaig;
La prometida del señor de la
montaña o La doncella del
Huillallaco,
de Yoli Fidanza
(Argentina);
Réquiem,
poemario del brasileño
Lêdo Ivo, y
Bugalú y otros guisos: ensayos
sobre culturas latinas en
Estados Unidos,
del puertorriqueño
Juan Flores, resultaron las
obras ganadoras en la edición 50
del Premio.
Como es tradicional desde hace
cerca de una década se dieron a
conocer también los premios
especiales José Lezama Lima
(Poesía), José María Arguedas
(Narrativa) y Ezequiel Martínez
Estrada (Ensayo), otorgados a
los libros
El alternado paso de los hados,
del peruano Carlos Germán
Belli;
La ceiba de la memoria,
del colombiano
Roberto Burgos Cantor, y
Globalización e identidades
nacionales y postnacionales… ¿de
qué estamos hablando?,
del chileno Grínor Rojo,
respectivamente.
El 12 de febrero la Casa
participó en
la inauguración de la Feria
Internacional del Libro Cuba
2009, consagrada, entre otros
homenajes, a la celebración de
los 50 años de la institución
fundada por Haydée Santamaría.
Más de 30 títulos de diversos
géneros de la literatura chilena
contemporánea (al país
sudamericano estaba dedicada la
cita) fueron “el plato fuerte”
de las presentaciones de la
Casa, cuyo stand mereció uno de
los premios de diseño que
tradicionalmente se otorgan en
esta reunión anual.
En ese contexto, La Ventana,
el portal informativo de la
Casa de las Américas y
La Jiribilla organizaron con
éxito el Taller “Desafíos de la
contrainformación en los medios
digitales”, que contó con la
participación de importantes
comunicadores de medios
alternativos y otros
intelectuales del ámbito cubano
e iberoamericano.
También supimos de la elección
del poeta y ensayista Roberto
Fernández Retamar, presidente de
la Casa, como Premio ALBA de las
Letras en su edición de 2008.
Compartía honores con el
boliviano Jorge Sanjinés,
ganador del reconocimiento en
Artes.
Apenas concluía el ajetreo en el
Complejo Histórico Militar
Morro-Cabaña, cuando a finales
de febrero se abrían las
sesiones en la sede de 3ra y G,
en El Vedado habanero, del
Coloquio Internacional “Ciudad y
mujeres en la cultura y la
historia latinoamericanas y
caribeñas”, y exactamente un mes
después tuvieron lugar los
encuentros y presentaciones
correspondientes al Coloquio
Iberoamericano “Del papiro a la
biblioteca virtual”.
A inicios del mes de marzo tuvo
lugar la visita a la Casa del
presidente de la República
Dominicana, Leonel Fernández,
quien en animada charla con
Fernández Retamar evocó los
lazos culturales y vínculos
intelectuales de Juan Bosch y
Pedro Mir con Cuba.
Por esos días se inauguró la
segunda de las muestras
personales del Año Cinético:
León Ferrari, agitador de formas,
consagrada al artista argentino,
representado en La Habana por su
nieta Maitén Zamorano, quien
aceptó en su nombre la Medalla
Haydée Santamaría, que entrega
la Casa de las Américas. También
la recibieron este año los
maestros Antonio Martorell, de
Puerto Rico, y Carlos Colombino,
de Paraguay.
En abril, el Premio de
Composición reunió a un jurado
de prestigiosos creadores del
continente, quienes evaluaron 22
obras para cuartetos de cuerda
procedentes de nueve países de
la América Latina y el Caribe.
Resultó ganador el joven
colombiano Fabián Harbeith Roa
Dueñez, con Bestiario.
La revista Casa de las
Américas dedicó sendas
ediciones al aniversario 50 de
la Revolución (no. 254) y a la
celebración de las cinco décadas
de la entidad cultural (no.
255), número este que contó con
una amplia sección de Letras que
reunió a importantes autores de
nuestro continente.
Un excelente colofón para esta
primera etapa de homenajes y
celebraciones tuvo lugar el 28
de abril, en la sala Che
Guevara, al arribar a la fecha
de fundación de la Casa con un
acto en el que participó, junto
con otros dirigentes y
personalidades de la sociedad y
la cultura nacionales, el
presidente Raúl Castro Ruz. En
ese contexto se le confirió a
Roberto Fernández Retamar la
Orden José Martí, que otorga el
Consejo de Estado de la
República de Cuba.
El mes de mayo (del 18 al 28)
deparaba uno de los eventos
tradicionales de la Casa: el
Premio La Joven Estampa, que se
convoca cada dos años. El
galardón fue para el muy novel
Milton Raggi (La Habana, 1991),
con su serigrafía sobre acetato
Abrir y cerrar los ojos
(2009). En el lobby
de la Casa pudieron verse
trabajos de Juvenal Ravelo y
Rogelio Polesello, ambos jurados
del concurso, como parte de los
homenajes del Año Cinético.
Además, en esos días tuvo lugar
uno de los más hermosos momentos
del 2009: el concierto Con
las mismas manos, que reunió
la poesía de Roberto Fernández
Retamar con las canciones de
Silvio Rodríguez, en un diálogo
orgánico y muy recordable.
Sin embargo, junto con el
trabajo y las celebraciones, el
año trajo algunas noticias
tristes. La primera de ellas, a
inicios de 2009, fue la muerte
de Arquímides Nuviola, fundador
de la Casa, gran cuidador de los
libros y los amigos de la
institución. Luego fue la angustia
por
la enfermedad y el posterior
fallecimiento de Mario
Benedetti, quien fundara en 1967
el Centro de Investigaciones
Literarias. El 19 de mayo se le despedía desde la sala Che
Guevara, mientras tenían lugar
sus exequias en Montevideo. A
estos dos entrañables miembros
del equipo de la Casa les
decía un sencillo y doloroso
adiós.
Y seguimos moviéndonos
Desde el segundo trimestre del
año, especialistas de la
Biblioteca, del Fondo Editorial
y de otras áreas de la Casa
recorrían el país con sus
propuestas para Leer América,
programa iniciado en 2006 con la
finalidad de promover la obra de
los autores de nuestra región en
lugares donde su difusión quizá
no es muy sistemática. De esta
manera, la Casa llegaba a la
mitad de un año intenso y sus
trabajadores preparaban todas
las energías para el colofón,
que prometía más y bueno desde
diversas áreas de la creación.
Tocaría a la plástica volver a
“mover las paredes” de la
Galería Latinoamericana en el
mes de septiembre, cuando quedó
inaugurada la exposición Luis
Tomasello: la sustancialidad
intrínseca de la luz, que
contó con la presencia en
nuestros predios del maestro
argentino.
El 20 de octubre se daban a
conocer los resultados del
Premio Casa de las Américas-Clacso
“Cuba, a cincuenta años de la
Revolución: balance, desafíos y
perspectivas”, en el que
resultaron ganadores los
trabajos presentados por Julio
César Guanche, Kirenia Rodríguez
y Félix Julio Alfonso (ensayo) y
María Cienfuegos, Alejandro
González y Lázaro Eduardo
Herrera Bermúdez (fotografía).
La recta final del año, del 15
al 20 de noviembre, se inició
con el Encuentro Internacional
de Revistas Caribeñas,
organizado por el Centro de
Estudios del Caribe, que celebró
durante el 2009 sus tres décadas
de existencia.
La Semana de Autor, del 24 al
27, acogió al colombiano William
Ospina, ganador del premio de
Novela Rómulo Gallegos en este
año por su obra El país de la
canela. El ensayista, poeta
y narrador fue generoso con un
público ávido por conocer más
acerca de sus poéticas, y regaló
disertaciones sobre la creación
literaria, la lengua española y
otros asuntos durante las
jornadas del evento.
En medio de una Habana frenética
de tanto cine, la plástica
convidaba otra vez, con la
apertura en la Galería
Latinoamericana de la singular
muestra Le Parc-Lumière,
del argentino Julio Le Parc,
última de las exposiciones
personales del Año Cinético.
Entretanto, el comité
organizador de Casa Tomada, que
había venido soñando el evento
que cerraría el año en la Casa
de las Américas, intensificó sus
labores. Se ataban los últimos
cabos, ya estaban listos los
sprays, la Sala de lectura
era un enorme mural y los más
modernos recursos bibliográficos
estaban al alcance de quienes se
animaran a ocuparla.
Esto no ha terminado, decían los
especialistas jóvenes de la
institución (con el insoslayable
apoyo de todos los que pasaron
por encima de las “fronteras de
edad”), conscientes de una
tradición de creación y esfuerzo
colectivo que ha definido 50
años de la Casa.
El 14 de diciembre, a las 10 de
la mañana, cuando la Mambo Jazz
del Conservatorio Amadeo Roldán
hizo que el joven maestro
Alexander Abreu se sumara a la
“descarga”, y un grupo de
diseñadores encabezados por
Nelson Ponce comenzó a
intervenir una de las paredes
interiores de la institución, ya
se había conseguido el
propósito: Casa tomada por los
jóvenes.
Después vinieron los paneles,
los intercambios en pequeños
grupos de
artistas-creadores-pensadores,
el taller de teatro, las
disertaciones sobre música,
artes plásticas, artes
escénicas… hasta desembocar en
ese viernes 18 que se estuvo
construyendo animadamente
durante cuatro días.
Muy diversos fueron los
homenajes recibidos por la Casa
dentro y fuera de Cuba durante
este año. El Instituto Cubano
del Libro, la Universidad de La
Habana, el Programa de Estudios
Martianos, la Unión de
Escritores y Artistas de Cuba,
la Oficina del Historiador de la
Ciudad, entidades del Sistema de
Naciones Unidas, entre otras
instituciones de la cultura y la
sociedad cubana, se hicieron eco
de la celebración.
En Ecuador, México, Venezuela,
Brasil, Perú, Chile, Argentina,
Grecia… y muchos otros sitios,
no dejaron pasar la ocasión para
saludar el esfuerzo de esta
institución que mira a la
América Latina, el Caribe y el
mundo de nuestras letras y
nuestro arte, en general,
dondequiera que se encuentre.
La
celebración ha sido trabajando.
Algo cansados, pero contentos;
así se llega al final de este
año inmenso. Nuevas energías y
sueños abrirán el ya muy próximo
2010, siempre mejor, que nos
espera. |