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Será porque diciembre
Concluye el año 2009 y
para Liuba María Hevia
ha sido, como casi todos
los precedentes,
agotador por la
intensidad con que ha
asumido su trabajo. Una
gira nacional
desarrollada en dos
etapas, con actuaciones
en todas las ciudades
cabeceras provinciales,
en numerosos municipios,
en decenas de hospitales
infantiles y en dos de
las universidades más
importantes del país: la
Universidad Central
Marta Abreu de Las
Villas,
en Santa Clara,
y la Universidad de
Oriente, en Santiago de
Cuba; presentaciones
mensuales en la capital
para niños en hospitales
pediátricos y escuelas
especiales, y también
para los círculos de
abuelos, como aquella
del 7 de abril en el
antiguo Convento de
Nuestra Señora de Belén
en la Habana Vieja;
participación en
eventos, programas
radiales y televisivos,
grabaciones…, hasta
concluir con el
concierto del 25 de
diciembre, para la
familia, en la Catedral
de La Habana.
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Sin embargo, a mi modo
de ver, hay cinco
acontecimientos bien
relevantes en su
quehacer durante el año
que termina.
El primero en
el tiempo, el
extraordinario y
memorable concierto en
el Teatro Karl Marx,
cuando el 14 de marzo
celebró, con una sala
repleta a más no dar y
durante más de dos
horas, sus 25 años de
trabajo artístico.
Luego, un hecho poco
conocido y divulgado en
Cuba: fue invitada, en
abril, al Festival de
Cançó BarnaSants, en
Barcelona, España, en un
homenaje especial a
Haydée Santamaría y al
aniversario 50 de Casa
de las Américas. Y días
después, en mayo, recibió el Premio
Especial del Cubadisco
por Liuba María Hevia
entre locos bajitos,
y aún el más
importante Premio
de Honor del
Cubadisco, en una
edición dedicada a la
música para niños, pero
que
distingue, sin duda
alguna, toda su
discografía, la
exigencia y excelencia
de su obra.
Meses más tarde, el
cuarto acontecimiento:
en septiembre representó
a Cuba en el Festival de
Habaneras de Cádiz, en
España, organizado por
la Universidad Nacional
de Educación a Distancia
(UNED). Y el quinto,
indudablemente,
la terminación de
Puertas, su último
CD. Desde Ilumíname,
en el 2002, no hubo otro
consagrado a su obra.
Casi seis años bien
“apretujaditos” en esas
13 canciones que
finalmente seleccionó
para conformarlo.
Trasponer entonces el
umbral de Puertas,
asomarnos a su historia,
a su nacimiento,
escuchar su convite, es
privilegio, tentación,
embrujo al que no
podemos sustraernos.
En una entrevista
anterior me explicaste
que tratabas de buscarle
un color diferente a
cada disco y que en
Puertas estarían
entonces presentes
instrumentos que siempre
habías amado
profundamente y que no
aparecían en trabajos
anteriores, como el arpa
y los metales, y que te
habías propuesto que la
canción estuviera
“delante, casi desnuda,
recibiendo todos los
golpes o las flores”.
¿Cuántos de aquellos
propósitos están hoy en
Puertas? ¿Qué
otros colores lo
diferencian de
Ilumíname, Del
verso a la mar,
Alguien me espera o
Coloreando la
esperanza? ¿Dónde
vive la continuidad?
Creo que Puertas
se acerca mucho a lo que
había soñado. Nuevamente
me propuse trabajar las
cuerdas, pero esta vez
destacando los registros
medios y graves, así que
encontrarán en varios
temas dúos de cellos y
combinaciones de violas
con cellos, ejecutadas
con inmensa fortuna por
Felipa Moncada, Ellis
Regina y Martha Salgado.
Y si de continuidad
hablamos, debo mencionar
también la presencia de
las guitarras que aquí
se mueven con más
libertad y variedad
tímbrica en las manos de
dos invitados que
aportan un sello
particular al disco:
Emilio Martiní, quien se
entrega con pasión en
las improvisaciones, y
Samuel González, quien
además de ser el
arreglista más joven del
disco, ejecutó varias
guitarras con una
limpieza francamente
admirable.
La presencia de la
cuerda de metales sí es
algo nuevo en mi
discografía: la trompeta
de Robertico García,
Alexander Abreu,
y
Robin Félix Martínez;
el saxofón
tenor de
Orlando Sánchez
“Cubajazz” y
Carlos Miyares; el
trombón de Amaury Pérez
Rodríguez…
todo un lujo para el
disco y de alguna manera
un modesto homenaje al
trabajo de Silvio con
Afrocuba y a ese disco
perfecto llamado
Causas y azares.
El arpa es un ángel que
añoraba mi canción desde
hacía mucho tiempo.
Finalmente aquí aparece
en complicidad con las
cuerdas de acero de mi
guitarra acompañando dos
canciones de amor. La
ejecuta la joven arpista
Anayza Núñez con
especial encanto.
La presencia del
clarinete mezclado con
la flauta, unida a la
limpieza de Niurka
González es otro color
que agradece el disco.
Otro instrumento que me
agradó muchísimo tener y
que constituye otra
novedad en mi
discografía, fue el
contrabajo, interpretado
por el camagüeyano Yandy
Martínez, quien logra
establecer un atractivo
diálogo con la voz. El
bajo eléctrico regresa
esta vez con el joven
Arnulfo José Guerra,
pero con más libertades
haciendo aportaciones no
solo rítmicas, sino
melódicas a las
canciones.
En Puertas pienso
que es innegable la
pluralidad rítmica,
gracias a la excelencia
de percusionistas de la
talla de
Ramsés Rodríguez,
Yaroldy Abreu y
Tomás “Panga” Ramos.
También está el piano
con un rol relevante,
que no es nuevo en mi
trabajo, pero que tiene
ahora mayor presencia,
unas veces como elemento
armónico principal,
otras veces sumándose a
las guitarras o
sustituyéndolas en las
segundas partes de las
canciones. Aquí he
tenido la fortuna de
tener también invitados
de lujo, Miguel Núñez,
Alexis Bosch y el joven
Abel Calderón.
Quizá hay otra zona
particular en el disco:
hacía mucho tiempo que
sentía la necesidad de
trabajar mi voz con
mayores libertades,
quería hacerme dúos en
determinadas líneas,
subrayando, sugiriendo
intenciones, quería mi
voz duplicada,
triplicada, con leves
contra cantos, buscando
ambientes que aportaran
vida a la canción, desde
mi propia voz.
Y por último, si algo lo
distingue de los
anteriores es su
sonoridad, y hablo desde
un punto de vista más
técnico, del proceso de
grabación, del
tratamiento de los
instrumentos, de la
profundidad sonora, y
aquí me complace
mencionar al inmenso
ingeniero, al gran
músico y excelente amigo
Orestes Águila, quien ha
logrado dimensionar la
música y ha realizado
una mezcla insuperable.
Claro, por mucho que el
disco estuvo concebido
antes de entrar al
estudio, hubo un espacio
dedicado a la
improvisación, donde
ocurrieron maravillosos
“accidentes”.
Ha sido intenso el
trabajo, pero no te
puedo negar lo mucho que
lo he disfrutado.
Las cosas con alma nunca
se perdieron
También anunciaste que
Puertas era un
disco nostálgico,
“narrativo, un tanto
fotográfico”. Sin
embargo, entre
añoranzas, tristezas y
desasosiegos, una
siempre ve el camino, la
luz, reafirmación y
certezas, ya sea en “Se
fueron”, en “Se busca” o
en “Escapar del pasado”.
¿Es entonces también un
disco que mira hacia el
futuro? ¿Un disco
nostálgicamente
optimista? ¿Es esa una
de las lecturas de su
título o son únicamente
puertas para desandar o
contemplar?
Diría que Puertas
es un disco fotográfico
y muy autobiográfico. En
momentos viaja al pasado
agradeciendo o
cuestionando; otras
veces transita el
presente con pocas
certezas y mira al
futuro curioso,
indagador, inquisidor.
Creo que es un disco
nostálgico, donde asoma
un testarudo optimismo.
La canción “Puertas”,
que da título al disco,
aparece a partir de un
“indiscreto”
acercamiento con el
mundo del derecho, más
específicamente del
derecho penal. Conocí a
tres jóvenes fiscales y
viví su afán de
encontrar verdades, de
intentar ser justas…,
por ellas se abrieron
“las puertas” a ese
mundo misterioso de
togas, tribunales y
juicios, tan lejos y tan
cerca de uno… Ese fue el
resorte que me puso
frente a la canción.
Luego aparecieron otras
asociaciones, porque las
puertas colman nuestras
vidas. ¿Cuánta historia
guardan las puertas?
¿Cuánto y cuántos se
esconden tras ellas?
¡Llegamos al mundo y
cruzamos la puerta de un
salón de parto!
Hay puertas que
clausuramos, otras que
derribamos, otras que
permanecen siempre
entreabiertas, y muchas
que jamás nos atrevemos
a cruzar. ¿Cuántas
puertas encontramos en
el camino?
Pero es
también un disco de
homenajes, donde saldas
deudas afectivas o
cognitivas, de
“gratitudes”, algo bien
usual en tus conciertos.
Aquí no solo está el
estremecedor “Se busca”
dedicado a Elsa, tu
madre, o “Con los hilos
de la luna”, el ya más
conocido canto al abuelo
Hevia, sino también
“Cautivo” o “Benedetteando”,
con expresa admiración
por Benedetti, en
“También como la
cigarra”, explícita
alusión a María Elena
Walsh, o al Principito
en “Lo invisible”, etc.
¿Es este uno de los
cordones umbilicales?
¿Así lo concebiste o así
brotó?
Los escritores, poetas y
trovadores que cito
—Naborí,
Miguel Hernández, María
Elena Walsh, Benedetti…—
han dejado una profunda
huella en mí, no solo en
la canción sino en mi
vida. No me propuse un
homenaje consciente,
pero agradezco mucho esa
mirada. “El don de
agradecer”, es una
herencia materna que me
encantaría compartir.
Por otra parte, como le
concedo tanto valor a la
familia, no es extraño
encontrar la canción que
le dedico a mi abuelo
asturiano, que nunca
olvidó el lugar de donde
vino, y tampoco es
extraño dar con la
canción que aparece
irremediablemente luego
de la ausencia de mi
madre.
Las personas que
aparecen de una u otra
forma en Puertas
son parte de mi
cotidiano, son ángeles
que me acompañan y con
los que suelo dialogar a
diario.
En casi
todos tus conciertos
acostumbras a tener
invitados “de lujo”.
Igual en varios de tus
discos. Baste citar como
ejemplos a Silvio
Rodríguez y Chucho
Valdés en Del verso a
la mar, y a Omara
Portuondo en Ángel y
habanera. Tres son
ahora los invitados
especiales: el portugués
Luis Represa (quien ya
te acompañó en un
concierto), el gaitero
asturiano José Ángel
Hevia, y la también
española Ana Belén. ¿A
qué responden estas
presencias todas? ¿Cómo
llegaron a Liuba y a
Puertas estos tres
últimos invitados?
He tenido el privilegio
extraordinario de
compartir algunos de mis
trabajos con artistas
que respeto y quiero
profundamente, artistas
que han acompañado con
su música momentos
trascendentales de mi
vida y de mi carrera,
así que reconozco ser
una mujer afortunada.
Ha sido un placer
inmenso compartir en
Puertas con Ana
Belén, la voz femenina
preferida por mi madre,
la elegida de toda la
familia. Cantar con Ana
ha sido, no solo un lujo
sino una escuela. Ana
Belén es una ARTISTA en
mayúscula, una especie
de Rey Midas que
convierte en oro lo que
toca y alguien que ha
defendido y defiende
como pocos la canción de
autor. Ha sido un
verdadero honor
compartir con ella el
tema “Tristeza”, una
canción que dedico a
nuestro inmenso
realizador Fernando
Pérez y a su
impresionante obra
Suite Habana.
Otro invitado de lujo es
el cantautor portugués
Luis Represas, un hombre
extraordinario, un
enamorado de la música y
la gente de esta Isla.
Nos conocimos hace
varios años gracias a un
amigo común, Miguel
Núñez, que hizo un
arreglo maravilloso para
el tema que compartimos
“Será porque diciembre”.
Hace apenas dos años
colaboré en un bellísimo
disco de Luis Represas,
junto con Pablo Milanés
y la brasileña Simone.
Ahora Luis llega a
Puertas para ponerle
su acento encantador y
el hermoso timbre de su
voz.
He tenido la presencia
de otro invitado
especial, se trata del
gaitero asturiano José
Ángel Hevia, quien puso
alas al tema “Con los
hilos de la luna”, un
canto de gratitud a los
abuelos, y un homenaje a
los emigrantes, a esos
viajeros que cargan con
su cultura y su historia
como único equipaje.
La gaita única de Hevia
recrea aquellos días en
que caminaba de la mano
del abuelo por una calle
habanera y soñaba con
Asturias.
Varios
son los arreglistas que
han participado en el
disco. Una vez más el
Guajiro Miranda lleva la
voz cantante, pues
interviene en seis de
ellos, pero también
están Miguel Núñez en
dos, Arnulfo Guerra en
tres, Samuel González en
dos, Alexis Bosch y
Héctor Raúl Arias en
uno, y Liuba en tres.
¡Cuántas visiones,
cuántos conceptos,
cuántos modos! Sin
embargo, Puertas
logra una armonía, una
unidad, un único color.
¿Cómo lograr esa voz
única y múltiple a la
vez?
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Grabación de Puertas, Liuba,
Guajiro, Arnulfo
y Lucía |
Cuando selecciono el
repertorio del disco se
disparan dentro de mí
“imágenes sonoras”, por
decirlo de alguna
manera. Voy imaginando
el formato instrumental
que pudiera asociarse a
la canción y de acuerdo
a la temática y al
género del tema, pienso
en los músicos que
pudieran hacer el
arreglo.
Una vez que el
arreglista termina su
obra, comienza una fase
de trabajo conjunto,
donde se quitan o añaden
vestiduras a los temas y
se va buscando una
unidad que conforma el
disco. Gracias a la
capacidad imaginativa de
cada arreglista y a la
personalidad tan
diferente de cada uno,
se pueden escuchar
iguales o parecidos
formatos con soluciones
muy diversas.
Me gusta trabajar con
arreglistas diferentes,
disfruto unirlos,
acoplarlos, que dos o
tres de ellos compartan
el arreglo de un mismo
tema. Me atrae
especialmente ese tipo
de “experimento”, pienso
que es algo seductor y
enriquecedor para todos.
Siempre
has buscado —y logrado—
que todo el diseño del
disco responda artística
y conceptualmente a una
unidad, a un lenguaje, a
la poesía propia de tu
obra, que luego tiene
una continuidad en el
concierto de
presentación y en los
soportes audiovisuales.
¿A cuál sendero se abrió
Puertas? ¿Qué lo
distingue en su
presentación?
Para el diseño de
Puertas teníamos dos
caminos: uno que jugara
con imágenes corporales
asociadas a las puertas
como los ojos o las
manos, y el otro con
imágenes reales de
puertas. La fotografía
de Alderete que había
captado bellísimas
puertas y rejas de la
ciudad, nos inclinó por
la segunda variante. Los
diseñadores Laura Llópiz
y Pepe Menéndez
hicieron, a mi juicio,
un trabajo exquisito,
con un formato atípico,
el uso de troqueles,
texturas y colores
contemporáneos sin
perder la sobriedad que
también deseábamos
encontrar en lo gráfico.
De momento pensamos que
el primer clip del disco
debe ser con el tema
“Con los hilos de la
luna” y ojalá pueda
salir nuevamente de la
imaginación de Pepe
Hevia, quien está
realmente conmovido con
la temática, porque el
abuelo Hevia tenía con
él una bellísima
relación.
Se busca lo mejor de la
utopía
El año 2010 abre también
sus puertas. Por una o
por varias de ellas,
quién sabe, entrará esta
última producción
discográfica de Liuba
María Hevia. Trece temas
inteligente y
estremecedoramente
hilvanados por una
poesía nada
contemplativa, que
conducen a la reflexión,
a la valoración de lo
que somos y a la certeza
de lo que podemos ser.
“Las cosas con alma
nunca se perdieron,/envían señales y
reconocemos /la misma
mirada con otro
sombrero./Están en
nosotros reclamando
sueños, / salvando este
instante, desafiando el
tiempo…”,
nos ratifica, nos
alerta.
Trece canciones, todas
de su autoría. Algunas
ya se habían dejado
escuchar en varias de
sus presentaciones (“Con
los hilos de la luna”,
por ejemplo)
o como parte de la banda
sonora de la telenovela
El balcón de los
helechos (“Lo
invisible”, “Antes que
nazca el día” y “Tema
para Verónica”),
pero la mayoría iniciará
su andar desde este
disco:
“Se fueron”, “Será
porque diciembre”,
“Tristeza”, “El sueño
del ángel”, “Cautivo”,
“Se busca”, “Escapar del
pasado”, “Puertas” y
“También como la
cigarra”. Auguro que
ninguna tendrá corto el
sendero.
Por alguna de esas
puertas hemos de salir,
sin duda, a buscar “lo
mejor de la utopía”,
“aunque marchite en este
tiempo la esperanza, /
aunque clausuren la
ventana de escapar, /
aunque el silencio haga
un concierto a la
distancia, / aunque
destierren el asombro y
el azar”,
para seguir “cantando al
sol como la cigarra”.
Entonces, “atenta la
ciudad, atenta la
ciudad”,
ya llega Puertas.
31 de diciembre de 2009
Los créditos
Producción general:
Liuba María Hevia
Grabación: Orestes
Águila / Lucía Huergo
Mezcla: Orestes Águila
Masterización: Orestes
Águila / Víctor Cicard
Diseño gráfico: Laura
Llópiz / Pepe Menéndez
Fotografías: Ángel
Alderete
Producción musical:
Liuba María Hevia /
Arnulfo José Guerra /
Lucía Huergo
Estudios Abdala, La
Habana, Cuba, 2009.
Las canciones
1. Lo invisible
2. Antes que nazca el
día
3. Se fueron
4. Con los hilos de la
luna
5. Será porque diciembre
6. Tema para Verónica
7. Tristeza
8. El sueño del ángel
9. Cautivo
10. Se busca
11. Escapar del pasado
12. Como una novela rosa
13. Puertas
14. También como la
cigarra.
Notas:
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